Notas

“Los americanos están convencidos de que pueden comprarle su propia vida a la muerte”

Lionel Shriver en Barcelona. Foto: Antonio Moreno

La historia de los sueños de la clase media que se derrumban, las súbitas enfermedades que derrocan todas las ilusiones, los pésimos seguros de salud, todo eso que tememos tanto, de todo eso se trata la nueva novela de la extraordinaria escritora norteamericana Lionel Shriver (la película basada en su genial novela Tenemos que hablar de Kevin vale mucho la pena), publicada por Anagrama, Todo esto para qué. Ella estuvo en Barcelona para presentar su libro, el tercero que edita en castellano (también es muy recomendable El mundo después del cumpleaños) y ahí la entrevistó Laura Fernández para “El Mundo”.

Dice la nota:

“El sistema sanitario estadounidense me exaspera”, dice la escritora, que vive en Londres desde hace 20 años. “Si tuviera una enfermedad terminal querría poder decir ‘no’ a todo eso. Poder decir no a arruinar a mi familia por intentar alargar un poco una vida que ya no es mi vida”, añade. Lionel no cree que “todas las formas de vida sean sagradas”. Tampoco, la deTerry Schiavoo, cuyo caso discuten los personajes de ‘Todo esto, para qué’.

“Esa mujer apenas tenía actividad cerebral, ¡era una ameba! Y su caso llegó al Congreso de Estados Unidos. Es muy típico de los americanos ir en favor de la más mínima forma de vida que exista”, sentencia. Shep Knacker, el verdadero protagonista de la historia, el héroe de ‘Todo esto para qué’, es un tipo hecho a sí mismo (todos los personajes de Shriver lo son) que no fue a la universidad pero montó una empresa de lampistería que muy pronto se convirtió en una súper empresa. Una empresa que Shep vendió hace ocho años por un millón de dólares a uno de sus empleados, creyendo que por fin había llegado el momento de marcharse a ese paraíso del Tercer Mundo con el que lleva soñando desde que a los 16 años visitó Kenia y descubrió que la gente era mucho más feliz allí, con muchas menos cosas. Pero su mujer ha estado posponiendo la mudanza hasta el momento en el que arranca el libro. Decidido a irse, Shep compra los billetes y la misma noche en que le dice a su mujer que piensa marcharse con o sin ella, ella le cuenta que acaba de descubrir que tiene cáncer. Empiezan los gastos. Con su acostumbrada fiereza narrativa, Shriver detalla cifras (los 40.000 euros de una única sesión de quimioterapia) y maneras de actuar de las aseguradoras, y confiesa que ella misma, como Shep, viajó a Kenia con 16 años y descubrió que otro mundo era posible, un mundo en el que la gente sonreía sin pensar en lo que tenía o dejaba de tener. “Por televisión sólo vemos imágenes de gente muriéndose de hambre, pero cuando estás allí, descubres que son más felices que nosotros, viviendo sólo la vida, sin pensar en lo que pasará mañana, disfrutando el momento”, cuenta. Volviendo al tema de la enfermedad, “sé que es un libro incómodo porque nadie quiere oír hablar del cáncer, pero estamos conviviendo con él, y la ficción sirve para eso, para hablar de todo aquello que queremos evitar, de una manera diferente”.

Su la novela no se centra únicamente en el tema del cáncer (una extraña variante que tiene como origen la exposición de la protagonista, Glynis, la mujer de Shep, al amianto, el material aislante con el que se trabajaba en los 70 y que luego se prohibió por cancerígeno), sino en el tema de la enfermedad y en lo que cuesta estar vivo. “Quería ampliar el círculo a todos los tipos de enfermedades. Flicka representa a aquellos que ya nacen enfermos y que no saben lo que es estar sanos y lo que eso significa para su familia, a nivel de gastos; Jackson representa a la clase de catástrofe médica que nos buscamos nosotros mismos, es decir, estando sanos, queremos perfeccionar alguna parte de nuestro cuerpo y un error convierte el sueño en una pesadilla; y el padre de Shep, la vejez asociada a una época en la que los hijos tienen que pagar por cada día que vive de más su padre”, explica. “Los americanos creen que la vida puede comprarse. Creen que si siguen pagando se van a salvar. Seguro. Están convencidos de que pueden comprarle su propia vida a la muerte. Pero las cosas no son así”, dice la escritora, que cree que el Gobierno funciona “como una gran empresa que sólo busca enriquecerse más y más, enriquecerse hasta el infinito y enriquecer con ello a sus amigos contratistas”. Alérgica a los subsidios que mantienen “hasta a cuatro generaciones de una misma familia” sin trabajar en el Reino Unido (“aquí, el 25% de la clase trabajadora vive de subsidios, en muchos casos, heredados”, dice, indignada), la escritora es partidaria de un Estado que controle el mínimo posible el dinero. Un Estado más pequeño. “Cuando les dejas entrar, lo único que hacen es robar. Si dejas que controlen parte de tu dinero, dejas de ser libre”, concluye.

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“Las series de TV se inspiran de autores como Balzac o Dickens”

Alessandro Mari

La novela Tan humana esperanza (Seix Barral), la primera escrita por Alessandro Mari -nacido en 1980-, es un prodigio de ambición, una novela histórica que nos conduce a los años de la unificación italiana donde el joven autor no se ha limitado a contar la historia, sino que ha querido reconstruir incluso el dialecto de aquellos años, los primeros del siglo XIX. Una novela épica de más de 850 páginas, escrita a manera de folletín pero también de serie de TV, que sorprendió a los críticos italianos. El autor estuvo invitado en la Feria del Libro de El Retiro.

Ahí lo entrevista, para ABC, E. Vasconcellos. Dice la entrevista:

Alessandro Mari debutó en la literatura hablando de un vendedor de estiércol. Colombino, uno de los personajes de su primera novela, «Tan humana esperanza» (Seix Barral), se dedica a llevar y traer boñigas, robarlas, mezclarlas y venderlas después de que un sacerdote las bendiga. Un ingeniero de mierda que da comienzo a un relato histórico de 860 páginas –sin contar preliminares ni epílogos– escrita en clave de humor, con un lenguaje ottocentesco y expresiones dialectales de la época.

Mari sorprendió a la crítica italiana en 2011 con un feuilleton moderno (un folletín, una historia repartida por entregas) con la estructura de una serie de televisión. La novela está ambientada en la primera mitad del siglo XIX, cuando la península Itálica aún estaba dividida en estados, y relata, a través de sus personajes, cómo germinó el Risorgimento (el nacimiento de la nación italiana) entre las clases populares. «No es fácil escribir sobre ello, te pueden atacar por cualquier frente…», asegura.

Cuatro soñadores vertebran la novela: el huérfano y locamente enamorado Colombino; Leda, una joven huida de un convento; Lisander, un pintor espabilado que conquista a una dama de la aristocracia y Garibaldi, pieza clave de la unificación italiana. Algunos datos serán desconocidos para el lector, pero el libro no pretende ser una lección de historia, advierte Mari. «No hay que obsesionarse por conocer el contexto de la obra antes de sumergirse en ella. Eso es querer ‘leer’ el mundo, ¡pero no leer la novela, bromea. «A mí me interesa más saber qué plantaban en el huerto que el nombre del rey en aquel momento».

(…)

La sucesión de capítulos en forma de escenas otorga una dimensión televisiva al libro. «Es como ver muchos capítulos seguidos de una misma telenovela», escribió el crítico Paolo Mauri en La Repubblica. «Alessandro emplea continuamente encuadres cinematográficos», recoge otro periódico. «Aporto muchos detalles para que el lector pueda ver la historia», señala el escritor. El efecto serial se consigue también con la introducción de gags de humor en los que casi se pueden oír las risas enlatadas de fondo. El tono general de la novela es desenfadado y rosa. «Algunos personajes tienen vidas bastante dramáticas… ¿Por qué no emplear la ironía para suavizar sus desgracias?».

Se equivocó el crítico literario al titular su reseña Quel feuilleton storico che si ispira ai fumetti e alle serie tv («Ese folletín histórico que se inspira en los cómics y las series de televisión»). Sucede justo lo contrario, al menos para Mari. «¡Las series han aprendido de la literatura del Ottocento, de la forma de contar de Balzac, de Dickens…! Además, las historias se publicaban ‘por entregas’ en el siglo XIX», reflexiona.

Junto a la estructura, el léxico es una de las peculiaridades del texto.«La historia tenía que ser contada con esas palabras», responde sin dudar de que su elección.Una aproximación fiel al universo de los personajes (al campo, al arte, al mar del 1800) requería «una lengua que ya no existe». «No podría haberlo descrito con el lenguaje actual», señala.

(…)

Alessandro no se considera un novelista, sino un storyteller (contador de historias). Cuando era pequeño, su abuelo, que era camionero, le contaba aventuras cuando volvía a casa después de un viaje. Muchas veces estaban repetidas, pero parecían distintas porque las contaba de maneras diferentes. Lo recuerda y señala: «Quizás sea ese el ‘punto’ de la literatura: que siempre se cuentan las mismas cosas, que todas las historias de amor son Romeo y Julieta… ¡pero escritas de otro modo!».

Notas

“El ser humano se deja atraer por tentaciones que muchas veces son dañinas”

Juan Villoro. Foto: Claudia Guadarrama

Arrecife es el nueva novela de Juan Villoro, publicada por Anagrama. La contratapa anuncia el tema:

Hubo un tiempo en que las playas eran un sitio de descanso. En la época del turismo extremo los viajeros necesitan otras emociones. El ex rockero Mario Müller descubre una visionaria posibilidad en el Caribe: los placeres del miedo. Y a orillas de un inmenso arrecife de coral edifica La Pirámide, resort que ofrece peligros controlados hasta que un buzo muere fuera del agua. Reflexión sobre los daños que elegimos para intensificar la vida, esta apasionante novela describe una nueva ecología: el cambio climático vacía los hoteles y el lavado de dinero los regenera como emporios fantasma. Pero Arrecife también es una historia de amistad, amor y redención. Villoro, uno de los mejores escritores latinoamericanos, otorga realidad a una utopía: los problemas de ese paraíso son las virtudes de una novela excepcional.

Y en “Milenio” entrevistan a Juan Villoro sobre la novela, que fue presentada hace poco en México DF. Dice la entrevista de Jesús Alejo:

“Nosotros escribimos porque recordamos”, dice Juan Villoro, quien encuentra en la memoria a la mayor cantera para la creación literaria, lo que de muchas maneras se refleja en su obra novelística, como sucede en su más reciente libro, Arrecife (Anagrama, 2012).

“A medida que envejezco pierdo muchas cosas, pero también una de las cosas de ir viviendo es que el pasado se vuelve más grande, incorporas más capas de experiencia, ya sea de otras zonas de tu propia vida o del pasado de tu país.”

Bajo ese entendido, el escritor encuentra que el itinerario del novelista es el de alguien que se mete en un camino largo, tan largo que se extravía y dicho extravío se convierte en la historia que busca en secreto: “Me gusta mucho plantear una novela como algo en lo que te vas a perder y vas a descubrir.

“Hay novelistas que ya conocen ese mundo, tienen una idea muy clara de hacia dónde van a llegar, pero hay quienes escriben para descubrir ese camino. Soy de los segundos: en la novela te debes abandonar un poco para avanzar a ciegas y luego corregir mucho; tienes razón al decir que me interesa mucho la memoria y eso puede ser un vicio narrativo, porque me interesa al grado que de pronto escribo tanto del pasado de los personajes, que me olvido de la novela.”

Ese fue uno de los retos que se planteó Juan Villoro en Arrecife, una historia de amistad, amor y redención, aun cuando también habla de la violencia, de los peligros de la vida y hasta de los sacrificios mayas; todo junto es un coctel que pretende reflexionar en torno a los excesos de la humanidad.

“Me interesaba, primero que nada, contar la historia de una amistad, en donde dos personas recuperan el pasado, si bien uno está más seguro de ese pasado que el otro. Luego quería situar la historia en el presente mexicano, en donde hay un clima de violencia que no trata la novela de manera directa, pero sí es un espejo de los peligros que rodean a la condición humana.”

Esa recreación del pasado tiene como escenario un hotel en el que se ofrecen, como parte de su programa de actividades, aventuras peligrosas, vinculadas lo mismo con el juego, el alcohol, las drogas, los deportes extremos, los animales venenosos o las chicas que no te convienen: “todo eso forma parte del atractivo que muchas veces te hace daño.

“El ser humano es un depredador y se deja atraer por tentaciones que muchas veces son dañinas. Siempre me han intrigado los resorts turísticos, porque son sitios aislados que parecen como naves interplanetarias, donde la gente vive en una situación de total aislamiento, además los hoteles son espacios narrativos por excelencia, porque como autor buscas historias singulares de las personas y en un hotel estamos obligados a ser singulares.”

A Juan Villoro no le interesa tanto la idea de la crítica social, pero al mismo tiempo sabe de la necesidad de reflexionar acerca de los problemas de nuestros días, con una sociedad en la que derrochamos la violencia, en la que hay decapitados, pero hay quienes por deporte juega al gotcha, una representación de la violencia.

“En qué medida vivimos en una comunidad donde la muerte es gratuita y pareciera no tener tiempo para la vida”, se pregunta Juan Villoro; la respuesta se encuentra en Arrecife, una historia en la que se funden muchas de sus obsesiones literarias.

Notas

José Marmol por Daniel Mordzinski.- El dominicano José Marmol ha ganado el Premio Casa de América de Poesía 2012 con la obra Lenguaje de mar. Aquí el homenaje que Daniel Mordzinski le hace al poeta de larga trayectoria. Enhorabuena. 
Foto: Daniel Mordzinski

José Marmol por Daniel Mordzinski.- El dominicano José Marmol ha ganado el Premio Casa de América de Poesía 2012 con la obra Lenguaje de mar. Aquí el homenaje que Daniel Mordzinski le hace al poeta de larga trayectoria. Enhorabuena. 

Foto: Daniel Mordzinski

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Salvan la casa de Conan Doyle

La casa de Conan Doyle, mal conservada como se ve en la foto, será reconstruida.

La casa de Arthur Conan Doyle, el prolífico autor de la saga de Sherlock Holmes, iba a ser demolida porque estaba muy descuidada por sus actuales propietarios. Iban a hacer ahí ocho casas. Pero el valor literario e histórico de la vieja casa victoriana, diseñada por el mismo Conan Doyle, y la oposición de intelectuales e instituciones culturales pudo más y se logró evitar que sea demolida. Ahora, toca invertir en ella para que vuelva a un estado decente.

Dice la nota:

El Tribunal Superior de Londres ha salvado hoy de la demolición la casa victoriana de Arthur Conan Doyle en Surrey (Inglaterra), donde el escritor escocés escribió trece novelas del sagaz detective Sherlock Holmes.

La fundación para preservar ese edificio histórico, la llamada “Undershaw Preservation Trust”, presentó el pasado 23 de mayo un recurso contra su derribo que ha sido aceptado por el tribunal y que impedirá que la casa victoriana se transforme en ocho viviendas, sin tener en cuenta su valor literario.

En la vista, el juez Ross Cranston alegó “errores legales” para revocar la decisión del ayuntamiento de Waverley, que en septiembre de 2010 había dado luz verde a las obras en la casa en la que el autor escocés escribió la historia más conocida de Sherlock Holmes, “El perro de los Baskervilles”.

Gibson consideró que la vivienda que diseñó el propio Conan Doyle, quien vivió en ella desde 1897 hasta 1907, había sido “gravemente descuidada por sus actuales propietarios”, la empresa constructora Fossway. Según Gibson, que cuenta con el respaldo de personalidades del mundo literario, los dueños de “Undershaw” (el nombre dado a la casa) la perciben simplemente como una “oportunidad de inversión”, sin tener en cuenta su valor histórico y literario.

Tras la vista, Gibson dijo que la batalla para salvar “Undershaw” había sido “larga y difícil” y recordó que ese lugar tiene un gran valor histórico y debe ser tratado con reverencia”. También agregó que “la vida y los trabajos de Conan Doyle son una parte fundamental de la cultura británica”.

Desde 1920, la casa victoriana salvada hoy de la demolición fue empleada como un hotel antes de quedar vacía en 2005 y, desde entonces, comenzó a deteriorarse. El proyecto contra el que se pronunció el tribunal pretendía demoler parte de la estructura de la casa, la construcción de una nueva ala de tres plantas y la conversión en garajes de lo que eran los establos.

“Undershaw” se vendió a Fossway, una compañía que tiene su sede en las Islas Vírgenes británicas, en febrero de 2004. Además de la “Undershaw Preservation Trust”, a ese proyecto de reconversión se oponían también, entre otros, el expresidente del Consejo de las Artes Christopher Frayling, los escritores Julian Barnes e Ian Rankin y el actor y director Stephen Fry.

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“El primer sorprendido de todo era yo”

Joao Ricardo Pedro. Foto: Francisco Seco

El caso de JK Rowling no es el único (pero sí el más impresionante) en el que una persona pierde el empleo, dedica su tiempo a buscar trabajo y escribir una novela, y al final la novela le da para comer. Le acaba de ocurrir al escritor portugués Joao Ricardo Pedro, cuya novela ‘O teu rostro será o último’ ganó un premio con bastante dinero y se ha convertido en una de las novelas más vendidas de Portugal.

Antonio Jiménez Barca cuenta la historia para El País:

A mediados de 2008 el ingeniero de telecomunicaciones portugués João Ricardo Pedro, de 39 años, fue despedido de su empresa, junto a un puñado de compañeros (y como muchos portugueses en estos años) y se quedó en casa con una indemnización y el futuro temblando delante de él. Durante unos días no supo qué hacer. Pero una mañana dejó a sus dos hijos en el colegio, recogió la casa y, una vez solo en su habitación (su mujer trabaja de economista) se dijo: “Ahora o nunca”. “Y esa mañana comencé a escribir. Lo hice por lo más evidente, una especie de relato de las cosas que hacía: la compra, la casa, la comida… Durante seis meses eso me sirvió de entrenamiento. Después, ya iba dando cuenta de los personajes que fueron saliendo”.

Todos los días, tras dejar a los niños en el colegio y salvando las horas que dedicaba a dar clases particulares de matemáticas, João Ricardo Pedro, de ocho y media a cuatro de la tarde, invariablemente, escribía una narración de capítulos cortos e historias imbricadas, sin plan preconcebido ni notas preliminares ni mucho orden ni concierto, confiando sólo en su instinto de novelista novato y en sus muchas lecturas. El resultado es O teu rostro será o último, una deliciosa novela, ganadora del último Premio Leya de novela en Portugal, el de mayor dotación del país, con 100.000 euros. El libro, además, se ha convertido en el volumen más vendido en la recientemente terminada Feria del libro de Lisboa y en el fenómeno literario de la temporada.

(…)

“Es curioso, porque lo que más me atraía de todo era el hecho de pensar que podía pasarme las mañanas en casa, escribiendo, sin hacer otra cosa. Eso es lo que me decidió”. Ricardo Pedro es amable, cercano, acogedor y simpático. Vive en un piso de clase media lisboeta, con juguetes de niños pequeños recogidos en las esquinas y muchos libros y discos compactos apilados por las estanterías. “Fui haciendo todos los capítulos al mismo tiempo. Así que lo vi crecer en bloque, y el primer sorprendido de todo era yo”, explica.

Después, su mujer, Isabel, le convenció para que se diera prisa en acabar a fin de enviarlo al multimillonario premio Leya. “Así que me puse a escribir a todas horas, incluidos los fines de semana. Y lo envié”.

Y ganó. Y el país, Portugal, abocado a una crisis cada vez más honda, con la troika vigilándolo todo, con un desempleo creciente del 15% y miles de jóvenes obligados a emigrar a Angola, a Brasil o a Francia, acogió con interés una buena noticia por fin: la historia del parado que aprovecha que vienen mal dadas para cambiar de rumbo y salir así del hoyo. Ricardo Pedro salió, pues, en todos las televisiones y despachó multitud de entrevistas en las que contaba su vida y daba así cierto aliento a una sociedad asfixiada.

(…)

Ahora, desde la mesa del despacho de su casa en la que escribe su segunda novela, de la que no sabe nada todavía (“aún estoy en fase muy preparativa, me dejo llevar”) Ricardo Pedro, que aún conserva una alumna a la que da clases particulares, extrapola su ejemplo y lo convierte en regla de política internacional: “Tal vez lo que haga falta es confianza en nosotros mismos y confianza en los otros para poder salir de esta. Pero da la sensación de que los Gobernantes no confían unos en otros. De que el alemán no se fía del griego y viceversa. Y sin esa confianza, no hay nada que hacer”.

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Mario Bellatin reseñado

carátula de la novela

Violeta Gorodischer reseña el libro Disecado de Mario Bellatin (editorial Sexto Piso) para Radar Libros. Una buena reseña, interesante, aunque el título, “Y mañana será Aira”, es equívoco. Equívoco en varios sentidos: en primer lugar, porque no hay escrituras tan diferentes como las de Aira y Bellatin. Son tan distintas que casi llegan a ser opuestas. Mientras que en Aira abunda la ramificación, el absurdo o el disparate, el dislocamiento en varios fragmentos y la extensión arbitraria de una idea mínima hasta hacerla ocupar 70 páginas en promedio; en Bellatin ocurre lo contrario, un proceso de constricción, parecido a la deshidratación de los alimentos, que constriñe y comprime novelas de temas complejos y extensos (que abarcan desde lo autobiográfico a la espiritualidad, desde los conflictos sociales transmutados -nunca camuflados- a la pregunta por la creación artística) en obras brevísimas. Y en segundo lugar, porque el título podría conducir a pensar que Bellatin está buscando acceder al privilegio de ser el sucesor de Aira, y no es así. Mario Bellatin, y es mi opinión pero creo que compartida por muchos, es el escritor latinoamericano más insólito, inclasificable e incomparable que existe en la actualidad. Verlo como sucesor de Aira, o de cualquier otro escritor, por más experimental que este sea, es perder la noción de lo que la obra de Bellatin es ahora mismo: un complejo organismo que incluso excede lo literario. Y la reseña de Gorodischer, justamente, subraya ese carácter compacto, insólito e incomparable que “nos deja sin palabras”. 

Dice la reseña:

“Quisiera ubicarme dentro del texto, fundido en los vacíos que originan las palabras”, dijo alguna vez Mario Bellatin, anticipando lo que ahora, en Disecado, ya no puede disimular: que para él lo interesante no está en el texto sino en otra parte. Después de Canon Perpetuo, Efecto Invernadero, Salón de Belleza, Damas Chinas y una obra tan compacta como prolífica, Bellatin por fin hace carne su deseo en este nuevo libro. No es que haya un cambio radical con lo que venía escribiendo: si hasta ahora su obra fue adoptando la forma de patchworks (papeles, plaquettes, performances) es porque nunca consideró que el libro fuera importante. Por otra parte, siempre redujo a cero la figura de autor: desde las citas falsas dentro y fuera de su universo narrativo, hasta la organización de un congreso de escritores con dobles de Margo Glantz, Sergio Pitol, Salvador Elizondo y José Agustín, o aquella famosa reseña de Kawataba a partir de fragmentos críticos de su propia obra. Y Disecado, de alguna manera, vendría a ser la evolución natural de todas esas apuestas, tal vez su jugada más arriesgada: aquí no hay historias, ni personajes, ni autor. Un libro terminal, tendiente a la no escritura.

Todo empieza cuando el narrador ve aparecer a los pies de su cama a una suerte de fantasma llamado Mario Bellatin que, a su vez, tiene información del autor mexicano ya muerto. El narrador decide entonces bautizar a este ser como ¿Mi yo?, y se dedica a escuchar pasivamente un discurso en donde la intertextualidad entre vida y obra no se hace esperar. Mientras cambia de apariencia hasta convertirse en un derviche girador (y aquí no olvidemos que Mario Bellatin se hizo devoto del sufismo hace ya varios años), el fantasma monologa un relato alucinado en el que aparecen múltiples referencias a la obra de Bellatin, incluyendo la revelación de que la muerte de Bellatin fue a causa de la enfermedad que le contagió un actor cuando el escritor adaptó la novela a pieza teatral. De ahí a la travesti que recita Nietzsche, el masajista ciego de los subtes o el niño experto en canarios no hay más que un paso y no queda muy claro hacia dónde; en qué momento se tuerce el rumbo de la narración. La asociación de hechos es arbitraria y se tiñe de la confusión de los sueños: el silencio se materializa a través de nexos narrativos sin conexión entre sí. De esta manera, el deseo del personaje se duplica en la acción real: lo que busca Bellatin, en cualquiera de sus formas, es “escribir sin escribir”. Hacer avanzar la trama sin que haya conflicto. Incluso, sin que los lectores entiendan cómo, por qué llegaron hasta ahí. Como si aquellos vacíos de las palabras empezaran a hacerse visibles a partir de estas estrategias.

La segunda parte del texto es una nouvelle llamada El pasante de notario Murasaki Shikibu. Y es tanto más confusa que la primera, que el lector desprevenido no sabrá ya qué hacer. Básicamente, porque se trata de un chiste compartido entre Bellatin y su íntima amiga Margo Glantz, que aparece como “Nuestra Escritora”. Un viaje a las cuevas de Ajanta, en India; un impulso de la mujer que la lleva a subir corriendo los cinco mil escalones hasta perderse en las cuevas, y una serie de metamorfosis que la hacen transformarse en Murasaki Shikibu, la autora japonesa de Genji Monogatari, y luego en un simple pasante de notario, son las líneas ¿argumentales? de la historia. La única explicación lógica para esta secuencia delirante emparentada con la escritura de César Aira es recurrir al ping pong literario entre Bellatin y sus amigos. Se trata más bien de una forma extratextual de entender la literatura, porque así como ahora Bellatin parodia a Glantz, ella se encargó antes de hablar del narcisismo del escritor en la película Invernadero, de Gonzalo Castro. Para terminar, en el final de ambos relatos, Bellatin incluye una lista de “tips” para analizar los relatos: “Fíjense”, dice y enumera: “Explicar la importancia de la presencia del perro sin pata trasera en la vida de Mario Bellatin”. “Ver quiénes eran los dobles de los escritores que se presentaron en París.” “El personaje ¿Mi yo? se transforma en una letra para pasar a ser después el propio Mario Bellatin.” Una burla del carácter programático de los textos en general. Una manera de mostrar, por si quedaban dudas, que el suyo es un libro inexplicable. Un libro que, fiel al deseo de su autor, nos deja sin palabras.

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Javier Marías: “La Marca España me trae sin cuidado”

Javier Marías

En el Círculo de Bellas Artes de Madrid, con motivo de un número doble de la revista Ínsula dedicada a él, se la he rendido homenaje a Javier Marías. Una serie de intelectuales y profesores han dedicado jornadas a su obra y Domingo Ródenas, de la Universidad Pompeu Fabra, no ha dudado en declarar que es el escritor español más prestigioso en el extranjero. Winston Manrique estuvo presente y lo resume así para El País.

Dice la nota:

“Marías es el escritor español más prestigioso en el extranjero. ¿Por qué? “Por ser uno de los novelistas europeos más renovadores”, afirma Domingo Ródenas, de la universidad Pompeu Fabra, de Barcelona. “Ha desarrollado un estilo que no es un aspecto meramente formal sino una manera de contemplar el mundo. Su escritura es el pensamiento en acción, y a él asistimos los lectores”, asegura Alexis Grohmann, de la Universidad de Edimburgo. “Su obra es un canto a la sensibilidad, y expresa la profundidad del pensar”, explica el experto argentino Agustín Casalía.

A elogios y palabras como las anteriores Marías (Madrid, 1951) sólo atina a decir: “Leer las cosas que se escriben sobre lo que uno ha escrito no es fácil. A veces son iluminadoras, o tristes. Y yo creo que, queramos o no, en uno influye la opinión de los lectores, de los críticos y de la sociedad en general porque de una u otra manera devuelven la imagen de la cual es imposible hacer caso omiso” (…) 

“Es un autor sumamente europeo en el sentido de mirada cosmopolita y más allá de lo exclusivamente español. Escribe desde el mismo centro de Europa y su Historia”, según Grohmann.

Marías dice que su literatura es española “porque no puede ser otra cosa”. Recuerda que ha vivido fuera pero su infancia y vida son de aquí. Otro cosa es que siempre ha oteado el exterior y se ha nutrido del legado de la literatura universal lo que ha hecho que su obra registre un tipo de personajes, situaciones y estructuras narrativas que no corresponden a lo más típico español.

No comparte el patrioterismo generalizado: “La ‘marca España’ me trae sin cuidado. La cultura española no es englobable. Me interesan los individuos”. Sobre los recortes a la Cultura dice que es preocupante. Y reconoce que este año se ha “cabreado” con la declaración de la Renta porque lo que pague no irá a educación ni a sanidad y, en cambio, podría ir a Bankia, a la trama Gürtel o al caso Nóos.

(…)

Y en ese flujo el Tiempo es clave la manera como lo manipula de tal manera que va asociado a la idea de la digresión, y “como un elemento trivial puede tener protagonismo insólito”, asegura Grohmann. Su escritura es el pensamiento en acción a medida que es escritor escribe va revelando el mundo y el narrador se va enterando; “piensa el autor y piensa el lector y como lectores seguimos sus pasos”.

Traducido a más de cuarenta idiomas, su novela número doce está en camino, aunque confiesa que tiene demasiadas ideas “y eso es peligroso”.

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Balcells en digital

Vargas Llosa y Carmen Balcells, después del Nobel

La mítica (imposible quitarle el adjetivo cada vez que se le menciona) agente literaria Carmen Balcells respondió a unas preguntas de lectores en el ciber-espacio en las entrevistas digitales que el diario El País está realizando en el marco de la Feria del Libro en El Retiro. Dijo, entre otras cosas: “El secreto, si lo hay, es encontrar a ese escritor que tendrá el Nobel veinticinco o treinta años antes”.

Aquí alguna otras preguntas y respuestas:

¿Qué opina de muchos autores que han decidido colgar sus escritos en plataformas como amazon sin coste alguno, únicamente por el gusto de ser leídos? ¿Puede esconderse buena literatura ahí o al no haber filtro es mucho más difícil? ¿Lo considera una buena opción para alguien que empieza? Gracias.

No tengo ninguna objeción a que cada escritor cuelgue los textos donde quiera, sea internet o en el balcón de su casa; lo único que determina si un escritor es bueno o no, son sus lectores. ¿Que nos llama la atención lo que ha escrito? No abandonar la confirmación de ese talento.

Para muchos usted es una persona clave en la divulgación de la literatura latinoamericana, creo que esto es innegable. ¿Cree usted que su rol como agente literaria es diferente al de otro agentes y en casi afirmativo, en que se diferencia?

Yo no trato de que nada de lo que hago sea diferente, lo cual no quiere decir que no persiga la singularidad.

¿Quién cree usted que es el escritor que, a pesar de haberlo apoyado como agente, no ha obtenido todo el reconocimiento que a su juicio merecía? ¿Ha rechazado alguna vez a un escritor que luego probaría ser más talentoso de lo que usted había supuesto?

No uno, muchos. Por supuesto.

Se dice que miguel ángel asturias fue boicoateado, visto de menos por los autores y editores del boom de la novela latinoameriana, ¿hay algo cierto en esto?

Todo lo que se dice, si se investiga bien, debe tener un fondo de verdad, pero yo no he tenido esa experiencia. Sí he tenido una idea muy clara de lo que entorpecía a ese escritor, pero no lo voy a contar aquí.

Admirada sra. Balcells ¿Ha pensado en escribir sus memorias? Creo que podríamos aprender mucho de su experiencia y de su amor por los libros. También me gustaría preguntarle por sus papeles en Alcalá de Henares. ¿Se pueden consultar? Muchas gracias

Jamás. Los papeles todavía no se pueden consultar.

Que garantias hay de que los manuscritos que se envian a los agentes literarios no acaben en manos de profesionales de la escritura, que roban las ideas, y aparecen publicadas en otros paises, o en España (Camilo J Cela, Cristobal Zaragoza…etc)

Excelente pregunta, Juantras. Sólo puedo contestar por mí, y he hecho un exceso en mi vida profesional de personas magníficas, éticas, que además fueran buenos lectores. Nosotros le llamamos internamente el cuarto de los sabios.

¿Usted buscaba, busca, escritores singulares o se los encuentra? ¿Se deja encontrar? Gracias por su sensibilidad…

Para que usted vea lo difícil que es escribir, esta pregunta suya que he querido contestar con precisión no es sencilla. No me importa quién ha dado el primer paso, lo importante es el encuentro.

¿Cree que Pablo Neruda fue asesinado?

Ahora he visto todo el proceso y ¡menudo filón!

buenas tardes, ¿qué sintió cuando piso montevideo en busca de Onetti?

Una gran expectación y habla usted de una época en que el susto me acompañaba de la mañana a la noche.

¿Considera que la proliferación actual de libros de crónicas, es un fenómeno comparable al boom de la novela latinoamericana?

Ni pensarlo.

Estimada Carmen: ¿qué es más importante para un escritor en la elección del sello editorial, el factor económico o el prestigio de la editorial? Temo que escritores que en su día pasaron por outsiders han terminando cayendo en las garras de los sellos más comerciales.

Hace muchísimos años Vargas Llosa dijo una frase fantástica frente a una polémica sobre la oportunidad de publicar en una editorial comercial: “soy responsable de lo que escribo, no de las prensas que me imprimen”. El texto no se contamina por un sello editorial y el autor debe controlar su texto y el agente sus intereses.

Hola Carmen, para ti cual fue el escritor mas talentoso pero menos valorado por la gente en terminos de ventas.

¿Por qué crees que no he dado entrevistas nunca? ¿Cómo voy a tener la imprudencia de contestar a una pregunta semejante?

Doña Carmen, ¿Tiene alguna novedad en cuanto a autores nuevos se refiere, ha descubierto algún talento digno de su interés y del de los lectores?. Gracias

Sí, señor Stradivarius. Tengo tres fantásticos que, si usted quiere preguntar un poco más adelante o vigilar, ya verá cuáles son. Uno casi inédito y dos ya publicados.

Hola Carmen ¿Cree que el escritor debe vivir de otra cosa o siente como yo pena por autores que en vida se mueren de hambre y su obra es menospreciada, pero cuando fallecen son difundidos ampliamente en provecho de editores y editoriales?

No tome como menosprecio el desconocimiento.

Sra Balcells: ¿Qué importancia podría tener el título para el éxito de una obra?

Bastante.

Con mucha sinceridad y sin ambigüedades, por favor, dígame: ¿Cree Vd. que en los concursos literarios se valora la calidad de las obras presentadas, o bien se trata de una pantomina para deificar al autor elegido por el poderoso agente literario de turno? ¿Qué porcentaje daría Vd. a cada caso? Gracias

Querido Andrés Alcántara: con la misma sinceridad y sin ambigüedades sepa que no hay pantomima ninguna; el agente literario no interviene para nada en la decisión del premio. La decisión es de los miembros del jurado y de los intereses del que lo convoca.

Usted es una de las agentes míticas en este pais, tiene a 4 premios nobel, y una multitud de escritores consagrados tuvo en su momento un olfato único para descubrir los grandes talentos de la época como Luis Goytisolo, Manuel Vázquez Montalbán, Gonzalo Suárez, Eduardo Mendoza….. me interesa saber cómo reconocía a los grandes literatos en sus inicios. Gracias por dárnoslos a conocer.

Leyéndolos. El entusiasmo que me produjo Gonzalo Suárez cuando empezaba fue extraordinario, lo mismo que los otros escritores, Luis Goytisolo, Manuel Vázquez Montalbán o Eduardo Mendoza. Sólo decirle que representamos seis premios Nobel, no cuatro. Si me permite, para terminar, le diré que yo no los elegí, sino que ellos me eligieron a mí como administrador.

3 Notas

Una novela sin culpables ni héroes

Leopoldo Brizuela

Desde Madrid, el diario ABC comenta la presentación de Leopoldo Brizuela en la Feria del Libro de El Retiro, presentando Una misma noche, la novela ganadora del último premio Alfaguara. “La escritura tiene una potencia absoluta y fascinante para revivir los recuerdos” dice Brizuela.

Dice la nota de E. Vasconcellos:

Recordaba los detalles de aquel suceso con cuentagotas, hasta que los puso sobre el papel. «La escritura tiene una potencia absoluta y fascinante para revivir los recuerdos», explica, «creo que la literatura está precisamente para eso, para ayudar a recordar a la comunidad». Y añade: «Me resulta difícil pensar qué habría hecho si no lo hubiese escrito, qué habría hecho para librarme de ello».

El argentino no lanza una mirada analítica desde el presente hacia el pasado, sino que trata de reconstruir el «universo mental» de sí mismo y de su entorno en el momento del registro. Dar un salto en el tiempo y abstraerse de toda la producción cultural (enciclopedias, testimonios, películas) en torno al régimen de Videla.

Leopoldo vuelve una y otra vez sobre los resportes de la memoria. Le interesa esa capacidad tan propia del ser humano de olvidar lo que no le interesa o le produce dolor. «La memoria es una entidad en constante mutación», explica, «que nos permite modificar nuestro propio pasado».

El autor no juzga a sus personajes –inventados pero con un reconocido poso autobiográfico–, sino que les concede el beneficio de la duda en situaciones «oscuras». «Intento comprender qué pensaba cada uno, qué sabía y hasta qué punto podía decidir», señala. La sombra del colaboracionismo civil, activo o pasivo, es alargada en los regímenes autoritarios. Para Leopoldo, lo auténticamente «terrorífico» de la novela no es el asalto, sino el hecho de que Leonardo Bazán, su alter ego en la novela, «se encontrase frente a una dictadura que podía durar 40 años y simplemente eligiese una vida dentro de eso».

En su novela no hay culpables. Tampoco héroes. Trató de evitar los discursos épicos o victimistas de algunos supervivientes. «Cuando la gente habla de estos temas, resulta que todo el mundo fue valiente, resistió, salvó vidas… ¿Por qué nos da vergüenza reconocer que alguna vez tuvimos miedo?», se pregunta.

Leopoldo escribió «Una misma noche» entre las seis y media y las ocho de la mañana durante algo más de un año. «Eso te hace sentir tranquilo por el resto del día», sonríe. Trabaja encima de una cama, «en posición de buda», y escribe con papel y pluma: «Estoy convencido de que así pasan cosas distintas…».