Adiós, Maestro.- El homenaje de Daniel Mordzinski al maestro Carlos Fuentes, a modo de despedida.
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Tumba de Carlos Fuentes en el cementerio de Montparnasse
Carlos Fuentes había asegurado la posteridad de sus cenizas en el cementerio de Montparnasse, al lado de las de su hijo y su hija, y cuando le toque el turno también la de su esposa Silvia Lemus. Las cenizas han partido ya hacia Francia y Fuentes estará rodeado de escritores latinoamericanos, como César Vallejo o su amigo Julio Cortázar, franceses como Charles Baudelaire, Guy de Maupassant, Margarite Yourcenar, Jean Paul Sarte, Simone de Beauvoir o irlandeses como Samuel Beckett.
El cementerio parisino de Montparnasse, donde próximamente descansarán los restos del escritor Carlos Fuentes, fallecido el pasado martes, acoge las tumbas de un sinfín de artistas, intelectuales y literatos, como las de Julio Cortázar y César Vallejo.
El mexicano, realizó hace dos años todas las gestiones necesarias para ser enterrado en este cementerio de París, ciudad a la que le unen fuertes lazos debido a su estancia como embajador entre 1975 y 1977 y, fundamentalmente, a que es en este cementerio donde reposan los restos de sus hijos Natasha y Carlos.
Según aclaró el pasado martes un portavoz de la Embajada mexicana en la capital francesa, serán los familiares del escritor quienes decidirán “los tiempos y las formas” de su traslado desde México, donde falleció, al cementerio parisino.
Aunque no de forma intencional, el literato compartirá recinto con el poeta peruano César Vallejo, que llegó a la ciudad en 1923 para dejar atrás desengaños amorosos y una vida de trabajos penosos en las minas andinas, y se quedó hasta su muerte. También con el argentino Julio Cortázar, que en 1951 aterrizó en París, para trabajar como traductor en la Unesco y que, pese a dominar completamente el idioma y ser naturalizado por el presidente François Mitterrand en 1981, nunca quiso escribir en francés.
Paradojas del destino, el escritor de “Rayuela” acabaría enterrado en este cementerio de la capital francesa pese a haber afirmado con frecuencia que vivir en Francia le había hecho descubrir hasta qué punto se sentía latinoamericano: “hay que estar lejos para amar la casa”, aseguraba… citando a Apollinaire.
(…)
Poetas como el simbolista Charles Baudelaire, cuyos restos descansan a la sombra de los tilos, fresnos y coníferas que bordean las avenidas de este camposanto. Igualmente están allí las tumbas de otros literatos como Guy de Maupassant, autor de “Bel-Ami”, Marguerite Duras o el Premio Nobel de literatura, dramaturgo y novelista irlandés Samuel Beckett, que comparte una sencilla lápida de mármol con su esposa en la senda principal del cementerio.
El autor de “Esperando a Godot”, que haciendo alarde de su humor absurdo hasta el final pidió que su tumba fuera “de cualquier color, siempre que sea gris”, vivió en París, adoptó el francés como su segunda lengua, y quiso quedarse en la ciudad también tras su muerte. No lejos de su lápida, se encuentra la de quien podía haber sido a su vez Premio Nobel si no hubiera rechazado tajantemente la distinción, el filósofo Jean-Paul Sartre, así como la de su alter-ego femenino, la también pensadora existencialista Simone de Beauvoir.
Las palabras de la lengua francesa quedan a buen recaudo en este campo de lápidas gracias a los fundadores de los dos diccionarios más famosos: Littré y Larousse. Montparnasse cuenta con otros exponentes extranjeros, como el fotógrafo surrealista Man Ray o la ensayista y militante Susan Sontag, ambos estadounidenses, o el escultor ruso Zadkine.
Si los amantes del rock acuden en peregrinación a tirar cerveza, cigarrillos y otras sustancias psicotrópicas a la tumba de Jim Morrison en el cementerio de Pere Lachaise, los nostálgicos de la “chanson française” tienen su contrapartida con Serge Gainsbourg en Montparnasse. La lápida de quien cantó “Je t’aime… moi non plus” aparece cubierta de billetes de metro en honor a su canción “Le poinçonneur des Lilas”, sobre un trabajador de esa estación del suburbano de la capital francesa, en la que Gainsbourg ya adelantaba que “no hay sol bajo tierra”.
Sea con sol o sin él, multitud de extranjeros se vieron irremediablemente atraídos por esta ciudad que inhala y exhala cultura, para vivir, trabajar y posteriormente, descansar eternamente en ella
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Objetos expuestos en el Museo de la inocencia de Estambul
El museo de la inocencia, surgido en la imaginación del premio Nobel turco Orhan Pamuk y plasmado luego en una novela, acaba de aterrizar en Estambul. Lo inauguró el propio escritor, evidentemente, y según la extensa nota de Juan Cruz en ADN Cultura es el “museo más extraordinario e insólito del mundo”.
Dice la nota:
Ha cuidado ese museo como cuida los libros: con mimo, con dedicación y con la decisión testaruda con la que aborda todo lo que toca. Al final, el museo se alza como un monumento raro a la decisión que alienta su novela más sentimental y poética: es una crónica del tiempo, con sus usos y costumbres, en un período determinado de la vida en Estambul. Ya se ha contado, pero no me canso de resumirlo, como él no se ha cansado con su propio proyecto: en esa novela, que en español publicó Mondadori en 2008, dos años después de que ganara el Nobel, Pamuk sitúa a un personaje obsesionado con la belleza de una prima suya, de la que se ha enamorado perdidamente. Como quiere tenerla siempre cerca (sus olores, sus vestidos, sus objetos) cada día que va a la casa de la amada el enamorado se lleva un objeto cualquiera, incluidas las colillas de los cigarrillos que ella consume. (…) Está cerca de aquella casa ante el Bósforo, en una casa de tres pisos que él compró para que también se pareciera a la casa que describe en el libro. Hace unas semanas reunió a la prensa internacional, y a muchos de sus editores, entre ellos su agente, Andrew Wylie, para contarles cómo lo había hecho. Esa mañana de viernes, después de haber contemplado la realidad en la que había convertido su historia flaubertiana, a este hombre habitualmente feliz lo vi abrumado, sudoroso, y acaso temeroso de mirar a los ojos de la multitud que iba a escucharlo contar que el museo tampoco era para tanto? Pero él superó el instante, se secó el sudor, y empezó a hablar como escribe en los libros. Explicando con fruición, y con energía, hasta envolverlos a todos con una magia muy especial que ya es el estilo de Pamuk, ese que convierte a Estambul (en Estambul , su autobiografía) en un lugar en el que también hemos vivido.
Juan Cruz además entrevista al escritor:
(…) lo que hace Pamuk, desde El libro negro hasta El Museo de la Inocencia , es escribir Ana Karenina por otros medios. La novela, para él, “es un espejo en el paisaje”. Pero no sólo: “La espina dorsal de la novela está basada en una característica humana, algo que sólo tiene la humanidad. Y esa característica es la compasión hacia los demás. La necesidad de entender a los demás. Eso es lo que nos hace humanos y solamente existe en nosotros. Creo que una novela funciona cuando muestra el mundo desde el punto de vista del personaje. Entendemos cómo se siente Ana Karenina en el tren. Está confusa, se siente melancólica mientras ve cómo nieva al otro lado de la ventanilla. Esa nieve no está allí porque sí. Es una observación psicológica del personaje”.
La novela funciona, sostiene Pamuk, “cuando el novelista se pone en la piel de los personajes, ya sean éstos del sexo contrario o pertenecientes a otra época histórica o cultural? Para mí, la nieve es una manera que tengo de aproximarme a las personas más pobres de Turquía. Hacer esto, ponerse en la piel de los demás, no sólo es un ejercicio respetable sino ético. La humanidad se basa en eso, en la compasión, en entender a los demás”.
Ésa sería una teoría filantrópica si no fuera, sobre todo, una teoría literaria, que Pamuk ha seguido como un discípulo férreamente atado a las enseñanzas de Tolstoi y de tantos novelistas clásicos, entre ellos los grandes novelistas del siglo XX, entre los cuales hay algunos de lengua española que él ha leído en inglés. En El novelista ingenuo y el sentimental , la memoria de Pamuk desliza algunos de esos nombres propios, y los desgranó en aquella conversación que tuvimos al atardecer en Columbia University, cerca de los paisajes que le son tan gratos a él como a su colega Antonio Muñoz Molina. “Cabrera Infante, Vargas Llosa, Julio Cortázar, Juan Goytisolo, Gabriel García Márquez, Javier Marías?”
De entre ellos, en nuestra conversación Pamuk singularizó a Goytisolo, que fue el primero en ocuparse de su literatura en nuestra lengua. Y no es fortuito. Pamuk dice: “Su manera de escribir y mezclar cosas es parecida a la mía. Sus imágenes son distintas, pero me siento cercano a él.” A esos escritores de lengua española los leyó en inglés, muy tempranamente. “Hablo en inglés y leo en inglés? A Borges lo empecé leyendo en inglés. Cortázar, García Márquez, Vargas Llosa, Cabrera Infante, Juan Rulfo, Carlos Fuentes, Javier Marías. A todos los he leído en inglés. El boom latinoamericano me inspiró. Creía que si ellos lo habían conseguido los turcos también teníamos esa posibilidad.”
(…)
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carátula del libro
Ahora que aún estamos sorprendidos por la súbita muerte de Carlos Fuentes, debemos reconocer que la novela política, que él tanto defendió y fomentó en su obra, no ha muerto sino que, al contrario, ha tomado nuevo brillo. Como muestra, la obra La carne de Evita de Daniel Guebel, editada por Mondadori, reseñada por Felipe Fernández.
Dice la reseña en el ADN Cultura:
Daniel Guebel reúne tres relatos y una obra teatral cuyo tema común es el peronismo enfocado desde una perspectiva nada convencional que apunta vigorosamente hacia el absurdo y lo disparatado.
“La infección vanguardista” presenta a Rafael Zarlanga, un artista que en la década del sesenta recibe la misión de colaborar en la recuperación “de los símbolos nacionales y populares”. Este plan, concebido por Perón en el exilio para apoderarse “de la sustancia de la Nación”, forma parte de la resistencia contra la dictadura militar e incluye bienes como las espuelas de Rosas y un bandoneón de Aníbal Troilo. Finalmente el General le encarga el diseño de “la ciudad utópica peronista”. Zarlanga excluye “el concepto de habitabilidad” en el diseño de esta urbe que, tras numerosas peripecias, termina convertida en un juego de mesa.
Una poética evocación del Taj Mahal introduce “Monumentos”. Este cuento se ocupa del Monumento al Descamisado, un proyecto del líder justicialista para homenajear a su pueblo. Ya enferma, Evita dispone que su cuerpo repose allí con lo cual se decide reemplazar la estatua del Descamisado por una de la Abanderada de los Humildes. El golpe de 1955 impide la obra. El argumento, además de mencionar el “escándalo necrófilo” en torno al cadáver de Evita y la mutilación de las manos de Perón, se refiere a un intento de transmigrar el alma de Evita al cuerpo de Isabelita.
En estas dos narraciones sobresale una cuidada amalgama de elementos ficticios y reales, favorecida por el hecho de que muchos sucesos históricos de nuestra saga política no son menos desatinados, extravagantes y siniestros que los inventados. En ellas Guebel consigue obtener la inmunidad de una verosimilitud humorística que se inscribe en la tradición de los falsos documentales al estilo de Zelig , de Woody Allen.
“La patria peronista” es una pieza en cuatro actos que podría definirse como un alocado sainete ideológico. Transcurre en la residencia de Puerta de Hierro donde Perón recibe a Pepe, un representante de la Juventud Peronista. Los otros personajes son Isabelita y el fantasma de Evita. Aunque la obra se alarga un poco, mantiene la comicidad de un diálogo cuyo lenguaje -por momentos deliberadamente chabacano y procaz- opera un efecto profanador que se inmiscuye con ferocidad paródica en la intimidad de la gesta justicialista para despojarla de su grandilocuencia heroica. Los toques irónicos abundan: según quién lo visite, Perón elige mostrar las fotos del edificio de la CGT y de Franco o las cambia por los retratos del Che Guevara y de su segunda esposa. En medio de la conversación con Pepe, éste le dice al General: “En su presencia yo no me atrevo a pensar” y luego le confiesa la veneración que siente por Evita (“es mi Virgen María”).
“El libro negro” trasmuta la carga religiosa de la figura de Evita en pasión erótica y propone una última metáfora al imaginar su entrega al pueblo como una entrega sexual en la que “abrazada a la patria, todo lo daba”.
Los cuatro textos de Guebel componen una enérgica desacralización del mito peronista no apta para justicialistas devotos. En conjunto, señalan los peligros que acechan a un partido político cuando -con la complicidad de dirigentes y seguidores- se deja arrastrar por el culto a la personalidad hasta una desmesura idolátrica en la cual los ideales se degradan en sombras grotescas de los principios originales
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Anthony Hopkins será Hemingway
Mientras Clive Owen hará un Hemingway joven, Andy García dirigirá un film titulado Hemingway & Fuentes sobre los años del escritor en Cuba, cuando escribió El viejo y el mar. ¿Y quién hará el papel de Hemingway viejo y barbudo? Pues Anthony Hopkins.
Dice la nota:
A Sir Anthony Hopkins se le acumulan los biopics: en cuanto acabe el rodaje de «Hitchcock», donde encarnará al mago del suspense, empezará con otra vida ejemplar: la de Ernest Hemingway en «Hemingway & Fuentes», filme que dirigirá Andy García alrededor de la relación entre el Nobel y Gregorio Fuentes, amigo íntimo del escritor y capitán de su barco, durante los primeros años 50 en Cuba, mientras escribía «El viejo y el mar» inspirándose en dicha amistad.
«Siempre he sido muy apasionado de la pesca y de este libro inmortal, por lo que supe que tenía que rodar este guión», ha declarado García, que interpretará a Fuentes en su filme. Por su parte, Annette Bening dará vida a Mary Walsh, cuarta y última esposa de Hemingway. Está claro que, pasado el centenario de su nacimiento, el autor de «Adiós a las armas» sigue de actualidad en la gran pantalla, pues estos días se presenta en el Festival de Cannes «Hemingway and Gellhorn», drama romántico con Nicole Kidman y un Clive Owen que se une a la larga nómina de intérpretes de «Papá».
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E.L. James arrasa en Estados Unidos
Juan Palomo dice en su Papelera (el blog que lleva en El Cultural):
Lo confieso: cada semana leo la lista de los libros más vendidos y me vence la desolación. ¿Cómo es posible que semejantes títulos (y no me refiero a los Mendoza, Grandes y alguno más) se hayan apoderado de la mayoría de compradores (no sé si lectores) de ficción y no ficción? ¿Acaso los libreros comienzan a ser sinceros y estos (les ahorro los nombres) son los que de verdad arrasan? Cómo puede ser que el mismo sello que cuenta en su catálogo con McCarthy, Naipaul, Benet, Eco y Coetzee, y que pronto lanzará toda la obra de Belén Gopegui, confiese, con datos fidedignos en la mano, que su libro más vendido esta temporada es Simiocracia de Aleix Saló, una suerte de cómic político, y que no es ni mucho menos el peor? ¿Tendrán razón los últimos agoreros? Se impone la contraprogramación: lean a Zanón, a Pinilla, a Gamboa, al último Fernando Vallejo, fascinante.
Inmediatamente encuentro la lista de libros más vendidos (no solo en España) de esta semana y me encuentro con estas listas. En España, Juego de tronos de lleva los dos primeros lugares y en Estados unidos los tres primeros lugares (sí, 1, 2,3) se los lleva E.L.James. La civilización del espectáculo en todos su esplendor.
ARGENTINA:
1 - “Caballos de fuego-Gaza”, de Florencia Bonelli
2 - “Cartas marcadas”, de Alejandro Dolina
3 - “La confesión”, de John Grisham
4 - “La princesa de las Pampas”, de Gabriela Margall
5 - “Las mujeres más solas del mundo”, de Jorge Fernández Díaz
(Fuente: Librerías Boutique del Libro, Clásica y Moderna, Cúspide, Distal, Santa Fe, Galerna, El Ateneo y Yenny)
BRASIL:
1 - “O filho de Netuno”, de Rick Riordan
2 - “Fazendo meu filme V.4”, de Paula Pimenta
3 - “Guia politicamente incorreto da filosofia”, de Luiz Felipe Ponde
4 - “A escolha”, de Nicholas Sparks
5 - “Jogos vorazes”, de Suzanne Collins
(Fuente: Livrariacultura)
CHILE:
1 - “El último tango de Salvador Allende”, de Roberto Ampuero
2 - “El jardín olvidado”, de Kate Morton
3 - “Casa de Riverton”, de Kate Morton
4 - “En el país de la nube blanca”, de Sarah Lark
5 - “Diez mujeres”, de Marcela Serrano
(Fuente: Feria Chilena del Libro)
COLOMBIA:
1 - “La civilización del espectáculo”, de Mario Vargas Llosa
2 - “La lámpara maravillosa”, de William Ospina
3 - “Daños colaterales: desigualdades sociales en la era global”, de Zygmunt Bauman
4 - “Roma: una historia cultural”, de Robert Hughes
5 - “Tinta indeleble”, de Guillermo Cano
(Fuente: Librerías Lerner)
MÉXICO:
1 - “Los juegos de hambre”, de Suzanne Collins
2 - “Cómo casarte tipo bien, por Cindy la Regia”, de Ricardo Cucamonga
3 - “Sinsajo”, de Suzanne Collins
4 - “La meta: un proceso de mejora continua”, de Eliyahu M. Goldratt
5 - “El país de uno”, de Denise Dresser
(Fuente: Cadena de librerías Ghandi)
PERÚ:
1 - “Usted S.A.”, de Inés Temple
2 - “La civilización del espectáculo”, de Mario Vargas Llosa
3 - “¡Viva la diferencia!”, de Pilar Sordo
4 - “Yo no soy tú”, de Josefina Barrón
5 - “En llamas”, de Suzanne Collins
(Fuente: Librería Crisol)
VENEZUELA:
1 - “El silencio y el escorpión”, de Brian A. Nelson
2 - “De que vuelan, vuelan”, de Michelle Ascencio
3 - “El fabricante de peinetas”, de Inés Quintero
4 - “Solo quiero que amanezca”, de Oscar Marcano
5 - “Los peores de la clase”, de Federico Vegas
(Fuente: Librería Alejandría)
ESPAÑA:
1 - “Juego de Tronos: canción de hielo y fuego 1”, de George R.R. Martin
2 - “Choque de Reyes: canción de hielo y fuego 2”, de George R.R. Martin
3 - “El enredo de la bolsa y la vida”, de Eduardo Mendoza
4 - “La bella bestia”, de Alberto Vázquez Figeroa
5 - “El abuelo que saltó por la ventana y se largó”, de Jonas Jonasson
(Fuente: Casa del Libro)
EEUU:
1 - “Fifty Shades of Grey”, de E. L. James
2 - “Fifty Shades Darker”, de E. L. James
3 - “Fifty Shades Freed”, de E. L. James
4 - “The Last Boyfriend”, de Nora Roberts
5 - “Deadlocked”, de Charlaine Harris
(Fuente: NY Times libros de ficción impresos y electrónicos combinados)
FRANCIA:
1 - “L’etrange voyage de monsieur Daldry”, de Marc Lévy
2 - “L’appel de l’ange”, de Guillaume Musso
3 - “L’Héritage T. 4”, de Christopher Paolini
4 - “7 ans aprés…”, de Guillaume Musso
5 - “Si C’etait a Refaire”, de Marc Lévy
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1962
Hay años mejores que otros. Y hay años extraordinarios. 1922, por ejemplo, fue un año excepcional para la literatura universal. Y para la literatura en castellano, el año 1962 (un año del Tigre), hace 50 años, fue prodigioso. Aparecieron libros como Tiempo de silencio de Luis Martín Santos, Aura de Carlos Fuentes, El siglo de las luces de Alejo Carpentier, Las ratas de José Bianco, Bomarzo de Mujica Laínez, entre otros (y en el contexto internacional: El cuaderno dorado de Doris Lessing; La naranja mecánica, de Anthony Burgess; Pálido fuego de Vladímir Nabokov; El hombre en el castillo, de Philip K. Dick o Un día en la vida de Iván Denisóvich, de Aleksandr Solzhenitsyn).
Por otra parte, 1962 fue el año en que Andy Warhol pintó su famoso retrato de la sopa Campbell; murió Marilyn Monroe; Los Beatles deja de ser un grupo underground y aparecen en escena con el nombre y las canciones que los llevará a la fama; Nabokov apareció en televisión por primera vez; John Steinbeck ganó el premio Nobel de Literatura, se estrenaron películas como El agente 007 contra el Dr No, Lawrence de Arabia, ¿Qué fue de Baby Jean?, El hombre que mató a Liberty Valance, El ángel exterminador, La conquista del oeste, Dulce pájaro de la juventud y Lolita de Stanley Kubrick; y, desde luego, se jugó el aguerrido Mundial de Chile 62, que ganó Brasil (el finalista fue Checoslovaquia), que tuvo como estrella principal a Garrincha pues Pelé estaba lesionado.
En fin, El Cultural ha invitado a seis escritores a que elijan su libro favorito de 1962.
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Jack Keroauc y Allen Ginsberg fotografiados por William Burroughs. 1953
Las cartas entre Jack Kerouac y Allen Ginsberg no solo nos permiten conocer la cotidianidad de esa amistad beat, sino que puede leerse como un testimonio de la época escrito a dos manos. En una nota de Elsa Fernández-Santos en El País pueden leer dos cartas del libro editado por Anagrama bajo el título Cartas. La obra es reseñada hoy por Nadal Suau para el suplemento “El Cultural” del diario El Mundo.
Dice la reseña:
La importancia histórica de los beats es indiscutible pero, ¿cuántas verdaderas obras de arte han dejado? ¿Qué ofrece realmente su literatura? Por mi parte, creo que el tiempo les está sentando regular, y dudo que ocupen un lugar de primer orden en el panorama del siglo XX. A menudo me parecen vicarios de otros fenómenos más interesantes, empezando, desde luego, por el Bebop. Sin embargo, también hay motivos para disfrutar con ellos: me gusta ver cristalizado el espíritu de una época hermosa en sus libros y en sus vidas, o intuir la sinceridad que late al fondo de su obra, entusiasta y viva. Aunque a veces trampeen, hay en ellos una inocencia (Kerouac), una rabia (Ginsberg) o una tragedia (Burroughs) palpitantes.
El mercado editorial sigue prestándoles atención. Gallo Nero ha recogido el Testimonio en Chicago de Allen Ginsberg, y Anagrama lleva un tiempo al rescate de documentos esenciales para la comprensión de su periplo. Primero fue la versión en rollo de En la carretera y luego la novela pseudoexistencialista Y los hipopótamos se cocieron en sus tanques, un inédito de Kerouac y Burroughs que no contaba nada nuevo. El libro que nos ocupa hoy es el más importante de todos ellos: las Cartas que Kerouac y Ginsberg se enviaron entre 1944 y 1963. La condición necesaria para afrontarlo es que te interesen los autores. Pero si uno cumple ese requisito, aunque sea con matices como en mi caso, es un libro muy valioso.
Esta correspondencia, bien seleccionada por sus editores y espléndidamente traducida por Antonio-Prometeo Moya, es un arsenal de datos, anécdotas y citas, con todos los chispazos de belleza y disparate que cabe esperar de estos dos amigos excesivos practicando una escritura doblemente espontánea, por convicción estética y por la intimidad del género. A mí me ha hecho sentir como nunca la tentación de las listas: nombrar, por ejemplo, todos los libros que leen y comentan, de Dickens a Cervantes pasando por Dante, Mann, Jean Genet, qué sé yo, Max Jacob O los autores con los que tratan y a los que retratan, a veces con ostensible mala baba (Mailer, Vidal), otras con afecto (William Carlos Williams). O de la música que suena, insuperable: Dexter Gordon, Bird Parker, Gerry Mulligan Agotaría con placer este espacio citando nombres.
(…)Descarados, Ginsberg y Kerouac se consideran sublimes: “el único hombre vivo que escribe realmente como nosotros es Faulkner”, dice el poeta; “Ginsberg es el gran poeta de los judíos americanos del siglo XX”, afirma el novelista. Como en Go! (vaya capones recibe el pobre John C. Holmes, por cierto), como en En el camino, asistimos a un festival ombliguista, una retahíla de wow-qué-locos-estamos, una complacencia extrema en ese movimiento desordenado del que se deja constancia. Kerouac y Ginsberg nos miran por el rabillo del ojo, convencidos de que la posteridad es suya.
(…) Kerouac y Ginsberg nos dejan unas crónicas animadísimas de sus drogotas viajes mexicanos que a mi juicio tienen más interés que las famosas Cartas de la Ayahuasca. También escrutamos su vida sexual, para descubrir las tensiones de Kerouac o los bandazos de un Ginsberg que, a los veintidós años, llega a escribir: “no voy a tener relaciones homosexuales nunca más; ahora mi voluntad tiene libertad suficiente para poner esto por escrito a modo de declaración final”. Y uno piensa en lo que vino después para él, y para todos, y piensa en Obama, y es optimista.
Al final, estas Cartas son tanto el retrato de una “generación desquiciada” (Kerouac) como el de dos individuos enzarzados en notable amistad, uno judío y el otro americano, “hijo de la naturaleza”, pero también, creo, con un sustrato católico más o menos visible. Esa amistad es de fuste: basta ver a Ginsberg aguantando un chaparrón rabioso de Kerouac en respuesta a unos comentarios críticos, y por cierto muy lúcidos, sobre aspectos de su obra. O a Kerouac ofreciendo su ayuda económica al otro. Basta ver sus distanciamientos y su admiración, su respeto y su comprensión. Nunca simpatizo con la voluntad estratégica de constituir grupos y generaciones para lanzarse a la conquista del mercado, y mucho de esto se intuye aquí y allá; pero la amistad no es inventada, y reconforta.
Joyce Johnson, que fue novia de Kerouac, tiene un libro que me gusta mucho, Personajes secundarios (Libros del Asteroide). Allí cuenta que, en los ochenta, asistió a una reposición de la película beat Pull my Daisy, en la que aparecen todos los miembros de la generación y se escucha la voz de Jack. Dice Johnson que su acompañante, anonadado ante lo que ha visto en la pantalla, pregunta: “¿de qué iba esto?”. Ella responde: “del derecho a seguir siendo un niño, creo”. Es curioso, porque lo último que leemos en el grueso volumen de estas Cartas lo escribió Ginsberg en 1963 y dice: “¡Todos somos niños! Sienta bien. ¡¡¡La palabra por fin!!!”. Tal vez aquí esté encerrada la belleza, pero sobre todo el fracaso final, de la generación beat: aspiraron a ser niños, pero apenas reinventaron la adolescencia.
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David Malouf
El ruego de Príamo, el padre de Héctor, a Aquiles porque se le entregue el cadáver de su hijo, es uno de los momentos más impactantes de la literatura universal. David Malouf, escritor australiano, recrea ese encuentro en Rescate (Libros del Asteroide), donde el protagonista Aquiles se descubre no en su parte divina sino humana.
Dice la nota de Winston Manrique en El País:
A los 9 años David Malouf descubrió la eternidad en un héroe. ¿Y dónde está el misterio de quien posee esa perpetuidad? La sola mención de su legendario nombre lo ilumina todo: Aquiles. Un hijo del tiempo que ha seducido a lectores y escritores que confirman que el mundo creado por Homero en Ilíada es un territorio que, aunque transitado muchas veces, cada nueva visita es como la primera. El penúltimo en volver a él ha sido David Malouf, uno de los escritores australianos más relevantes de la literatura contemporánea, que lo conoció siendo un niño en 1943, en medio de la Segunda Guerra Mundial que vivía Brisbane como cuartel general de la campaña del Pacífico del general MacArthur.
Descubrir la eternidad del arquetipo de héroe guerrero cuando vivía una guerra de verdad lo ha acompañado siempre. Épica, dolor, nobleza, orgullo y humanidad que ha vivificado en la novela Rescate (Libros del Asteroide) para mostrar el corazón del ser humano. En esas páginas rinde homenaje a las historias, al arte de contar y al hechizo que nos atrapa. Allí cobra vida un Aquiles contado, cantado, escrito y pintado más allá que como el caudillo y héroe de los mirmidones que mató a Héctor y conquistó Troya; y más acá, más adentro, de su divina figura que acoge su verdadera y humana esencia. Si Homero se detiene en los últimos 51 días del último de los diez años de la guerra de Troya, David Malouf lo hace en el mismo palpitar de esa epopeya: el encuentro entre Aquiles y Príamo, padre de Héctor y rey de Troya. Una bella y emotiva recreación literaria asemillada de filosofía y profundo conocimiento de los secretos humanos y los pliegues de su sensibilidad.
(…)
El rapto o huida de Helena con Paris se convierte en Rescate en el pretexto para narrar la historia de Aquiles, Patroclo y Héctor, pero en una versión diferente: todas las palabras de Malouf van encaminadas a cumplir el destino de revelar lo no sabido del encuentro entre Aquiles y Príamo y, así, su escrito pasa como antorcha por el mundo homérico…
“Es el centro del poema, es la escena clásica de un drama, es otra clase de encuentro entre los antagonistas; es una batalla diferente. Aquiles es forzado a escoger entre ser un guerrero o ser un hombre como Príamo, un hombre que también sufre pérdidas. Y Príamo juega un rol especial, no solo como rey, sino que lo ve como el padre que quiere hacer el funeral del hijo. Príamo está muy viejo para hacer el último acto de su vida en el campo de batalla. Escoge actuar en privado, con coraje, y una vez fuera del código, recuerda qué es ser un hombre. He querido usar este punto de la escena del poema como una pieza que puede estar sola, pero antes voy creando a Aquiles y Priamo con suficientes detalles para que el lector moderno pueda ver de dónde vienen ellos.
(…)
“Yo crecí en el tiempo de la guerra de Brisbane, una ciudad en la primera línea de la guerra con inminente peligro donde nuestros pensamientos eran de invasión. Creciendo en Australia fui muy consciente de que la generación previa de jóvenes, desde 1870, les habían preguntado si querían ir a la guerra. Como recuerdo de mi vida en Australia, como cualquier escritor de este siglo, mis libros estaban embrujados por la guerra y sus perdidas”.
Ausencias presentes que habitan en sus libros. Y lo hacen, especialmente, por un motivo, la complicidad entre guerreros, los diferentes hilos que trenzan los lazos de amistad. En Rescate se acerca a esos vínculos entre Aquiles y Patroclo. A las ideas y a los estragos del orgullo ante el desafío de los dioses o la vida misma que hacen extraviar a las personas o las empujan al precipicio…
“Dolor, alivio, las perdidas tarde o temprano llegan a nuestras vidas. Yo estoy interesado en los personajes que tienen un momento crucial en sus vidas y esto, frecuentemente, envuelve alguna pérdida que los puede destruir o llevar a encontrar el camino de regreso, a un nuevo punto de vista y a un nuevo comienzo. Me dan pena todos aquellos que se pierden y sorpresa y coraje por los que no se pierden. Por un lado, esencialmente, es una tragedia, pero, por otro, es una comedia por que es la forma como nosotros manejamos en la literatura estos hechos de la existencia humana”.
Creadores y escritores que, como las Moiras de los griegos, tejen los hilos del destino de sus criaturas y, como David Malouf, espolvorean el azar y las dudas sobre las historias y vidas que crean…
“Estas preguntas sobre nuestras vidas determinan qué mentiras están fuera de nuestro control (accidentes o destino, temperamento, familia y condiciones sociales) y cuándo pertenecen a la voluntad o a la capacidad de escoger. Esto es algo viejo: también Aquiles está atrapado entre la certeza de que si continúa en la batalla morirá muy joven, pero lo celebrará. En cambio, si él escoge tener larga vida y vivir no será nadie. La parte diferente, en cualquier existencia, está entre la determinación, la elección o lo accidental. Esto es lo que hace a la vida interesante porque es única, y esto es verdad y real para los hombres y las mujeres, o los personajes como nosotros los llamamos en los libros. Tenemos que administrar lo que se nos ha dado y hacer lo que podemos con ello. En nuestro temperamento y las condiciones dadas encontramos nuestro ‘destino’; pero también es algo imprevisible, oportunidad o accidente, nosotros tenemos que aceptarlo si vienen”.
Daniel Mordzinski me escribe: “Querido Iván, me invitaron a la Feria de Torino (dedicada a España y a Rumanía) a dar una charla. Aproveché para hacer unas fotinskis para Moleskine”. Y aquí están. Disfrútenlas.
Jorge Herralde, José Ovejero, Lali Gubern. Foto: Daniel Mordzinski
Enrique Vila Matas. Foto: Daniel Mordzinski
Ricardo Menéndez Salmón. Foto: Daniel Mordzinski

Julio Llamazares y José Ovejero. Foto: Daniel Mordzinski
Santiago Gamboa. Foto: Daniel Mordzinski

Eduardo Halfon. Foto: Daniel Mordzinski