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Iván Thays: “No sé si sería un buen lector de los libros que escribí, pero sí me interesaría el autor”
Muy agradecido al periodista Jaime Edgar Cabrera Junco (director de la muy recomendable bitácora “Lee por Gusto”) y Dante Trujillo, director de la revista Buen Salvaje, por la entrevista que me realizaron para el último número de la revista. Les dejo aquí el enlace y algunas preguntas. Más adelante iré poniendo más material de la revista, que esta vez tiene como protagonista al colombiano Evelio Rosero.

Algunas preguntas:
¿Cómo ves la narrativa latinoamericana actual?
Si hay algo en común es la divergencia, la disparidad de temas, de intereses. Entonces para mí la literatura latinoamericana es una enorme distorsión y me fascina que sea así.¿Qué autores consideras que son referenciales?
Para mí hay un gran escritor único en América Latina y ese es Mario Bellatin. Me parece que es el gran escritor latinoamericano e incluso más allá de América Latina. Es un escritor que tiene un mundo propio, y además es insobornable y absolutamente especial en lo que hace, en el modo de producir y entender la literatura. Y, obviamente, de esa misma generación, aunque un poco mayor, Roberto Bolaño me parece un enorme cierre de ciclo.¿Qué papel cumplen en todo esto las editoriales? Por ejemplo, Alberto Fuguet habla de la «mafia amarilla» al referirse a Anagrama.
Bueno, los problemas de Fuguet con Anagrama ya son patológicos, pero creo que las editoriales hacen lo que tienen que hacer, que es producir autores y venderlos. No significa esto que uno escriba para que la editorial te publique o por encajar en temas, como ocurre con los autores súper ventas. Ahora, cada editorial tiene sus propios intereses y por ello es obvia la diferencia entre el catálogo de Anagrama, Seix Barral y Alfaguara. Pero creo que el problema que ha surgido en Europa, por la enorme crisis que están teniendo, va a darle mucha más fuerza a la industria editorial latinoamericana, sobre todo a las editoriales independientes. Ese es el futuro en el que muchos coinciden y que creo que las editoriales independientes van a sostener este mundo tan rico y diverso de la literatura latinoamericana.Precisamente Juan Jesús Armas Marcelo declaró que Bolaño le parece un escritor «supravalorado». ¿Qué opinas?
No, para nada. Me parece que es el escritor que tiene exactamente lo que merece. No sé cuál es el criterio para decir que alguien está supravalorado. Independientemente del gusto literario, sí creo que Bolaño es un autor que merece mucho lo que tiene, porque no es un escritor de libros sino de obra. Es increíble cómo sus obras se relacionan unas con otras. Incluso esos dos monumentos que son Los detectives salvajes y 2666 ya estaban previstos en los libros anteriores.Sin embargo, no siempre te gustó Bolaño: decías que Los detectives salvajes te parecía una «novela pésima», que apelaba al «chistecito». ¿Cómo así cambiaste de opinión?
Como te dije, estoy tratando de entender el fenómeno Bolaño por encima del gusto literario. Es cierto que Los detectives salvajes tiene en la última parte chistes que no entiendo, pero en realidad a mí me decepcionó mucho El gaucho insufrible, me pareció una obra inacabada. Fue a partir de la lectura de 2666 que tuve una reconciliación muy grande con Bolaño y allí entendí que era un autor de obra no de novelas ni de capítulos. Algo así me pasó con Onetti, por ejemplo; el hecho de que haya libros que me gusten menos, y otros más, es secundario. Se trata de mirar el bosque y no los árboles.Pero quizás el «mito Bolaño» ha hecho que se le lea sin considerar todo esto que mencionas…
De hecho hay bastante de leyenda en Bolaño, pero quien dice que la leyenda empezó con su muerte se equivoca, pues Bolaño ya era antes una persona legendaria. Yo estuve en el famoso encuentro de Sevilla de 2003, que se realizó semanas antes de que muriera, y ya entonces era una leyenda para todos nosotros, y es que tenía una enorme personalidad, era un encantador de serpientes y era imposible que alguien así no se convirtiera en leyenda. Claro que su muerte hace que todo vuele más rápido, como por ejemplo su ingreso a Estados Unidos, que no sé si lo aceptaría ahora.(…)
Alguna vez declaraste que la literatura peruana «tira para abajo, es más bien mala, pero tiene individualidades geniales». ¿Piensas lo mismo ahora?
Pienso lo mismo de todas las literaturas. Creo que esto es cierto y cuando uno se sumerge en la literatura va encontrar más malos que buenos escritores. No solo me refiero a la literatura peruana, veamos la inglesa o la norteamericana. Ya no hay siglos de oro, y entonces sostengo esta idea y la amplío a todo el mundo.Abelardo Oquendo sostuvo en Buensalvaje que en el Perú «suele regalarse» el adjetivo «gran» para referirse a un escritor y que esto incluía, por ejemplo, a Julio Ramón Ribeyro. ¿Qué piensas tú?
Obviamente Abelardo Oquendo es un lector muy exigente, lo conozco desde la universidad y supe que él era así. Pero yo iría un poco más de puntillas con Ribeyro, quien sí me parece un gran escritor. Pero creo que cada uno ve todas las obras de autores, y al hacer las sumas va a sentir que la literatura, no solo del Perú sino de cualquier lado, es en general mala y tirando para abajo, como dije aquella vez.¿Por qué en tu web Moleskine Literario das cuenta principalmente de las novedades editoriales de afuera y muy poco o casi nada de las nuevas publicaciones en el Perú?
Como te dije, he perdido contacto con la literatura peruana hace mucho tiempo. Cuando empezó Moleskine hablaba mucho del Perú, pero ya me he desconectado. Hay editoriales que me sorprenden y que son muy jóvenes. Ahora me he dado el lujo de interesarme por autores sobre todo nórdicos. Me fascina, por ejemplo, Peter Stamm, a quien le daría el Nobel, pero está también Cărtărescu, cuya lectura de Nostalgia fue para mí un descubrimiento hermoso.(…)
¿Qué destacas de tu experiencia dirigiendo talleres literarios?
Después de 26 años te puedo decir que mi idea sobre los talleres ha ido cambiando y lo que más rescato es la amistad. Pero ahora creo que dictar talleres es una especie de misión. Va a sonar a Paulo Coelho, pero no me importa. Siento que dictar talleres es una misión, siento que hago bien al mundo enseñando literatura, ayudando a que la gente escriba, a que crean en ellos como escritores, incluso a personas que a veces no tienen ninguna posibilidad de ser escritores y que terminan escribiendo con una profundidad y belleza que me conmueve mucho.
(…)
¿Te encuentras trabajando actualmente en algún proyecto narrativo?
Sí, estoy trabajando en una novela, pero lo que ocurre conmigo es que estoy en un proceso de cambio muy fuerte, un salto cuántico, digamos, y ahora me interesan mucho las cosas espirituales, la razón final, el amor como objetivo y misión de vida. Entonces ese salto hace que replantee no solamente mi función como escritor, sino también mi obra. No sé qué cosa quiero como escritor, qué imagen quiero proyectar, que definitivamente no es la imagen que proyecté con La disciplina de la vanidad. Lo bueno de la literatura es que tienes todo el tiempo del mundo –mientras vivas, claro (risas)– para cambiar de perspectiva.Por eso da la sensación de que te encuentras perdido a nivel temático…
Claro, va por ese lado. Decreto ser feliz (nota: su libro de cuentos para niños) fue muy importante porque es un quiebre para mí. Creo que eso es lo que quiero. Con decirte que hace unas semanas decidí definitivamente aumentar el Daniel a mi nombre. No solo en mi Facebook, sino ya en mis próximas obras el crédito va a ser Iván Daniel Thays. Es una decisión que tiene mucho que ver con la idea de una nueva persona, de una nueva obra; es decir, de una nueva escritura.Si te vieras envuelto en una situación fantástica como en el cuento Borges y yo, ¿de qué crees que conversaría el Thays de 20 años con el Thays de ahora?
Le diría que estuvo perfecto lo que hizo (risas), porque si no hubiera hecho eso, no vendría lo otro. Me parece que todas las etapas de la vida son aprendizajes y lo peor que puedes hacer es arrepentirte de lo que hiciste. Quizás hay cosas que no haría, peleas que no empezaría, probablemente cambiaría de modos, pero en el fondo me parece que el Iván Thays de 20 años era una persona que amaba profundamente la literatura como la ama el de 46, y que estaba profundamente convencido de que la literatura no era un juego sino un arte que había que dominarlo y trabajar mucho. No sé si sería un buen lector de los libros que escribí, pero sí me interesaría el autor. A él sí le tendría confianza.
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