En estos días se está llevando a cabo la Feria Internacional del Libro en Santo Domingo, con el Perú como país invitado. Algunos bloggers dominicanos, como José Carvajal, lamentan la ausencia de dos autores peruanos muy ligados a República Dominicana: Mario Vargas Llosa y Santiago Roncagliolo. Se sabe que el segundo declinó la invitación, porque su libro Memorias de una dama nunca fue reeditado por Alfaguara, y sus ejemplares retirados, por presión de una familia notable del país. Del primero, no se sabe bien si decidió no asistir por compromisos previos, pero es poco probable que no se le haya invitado.
Sin embargo, y pese a la opinión que el mismo José Carvajal coloca en otro post de su blog, a partir del hecho de que no encontró libros de Mario Vargas Llosa en el stand de Perú, el que la muestra resaltase a Julio Ramón Ribeyro y no a nuestro Nobel, y la supuesta “delegación Humala” que no sé de dónde ha sacado (y tampoco sé si sabe que el humalismo y Vargas Llosa no son enemigos sino, al contrario, aunque con críticas, Vargas Llosa siempre ha defendido este gobierno), la verdad es que la delegación peruana fue bastante interesante -obviamente incompleta, eso es inevitable, faltan muchos nombres y espero que todos tengan su oportunidad en algún momento- y alguien que quisiera conocer lo que ocurre en la literatura peruana podría haber sacado bastante provecho de los invitados.
(Antes de pasar a lo siguiente debo aclarar que yo soy invitado a la Feria por los organizadores de Santo Domingo, no por la cancillería peruana, así que no tengo interés alguno en defender a la supuesta “delegación humalista”)
En primer lugar, Vargas Llosa tiene un lugar privilegiado en la muestra de Daniel Mordzinski sobre escritores peruanos. Así que censura del gobierno dominicano no hay. La carencia de libros de Vargas Llosa en el stand de Perú puede deberse a muchos factores, pero nunca a una censura. Luego, el hecho de que la cancillería haya decidido privilegiar a Julio Ramón Ribeyro antes que a Vargas Llosa tiene como antecedente la FIL Bogotá, donde la muestra principal fue dedicada al poeta Antonio Cisneros. El Perú intenta aprovechar estos espacios para mostrar una diversidad mayor frente a los autores mundialmente conocidos, como Vargas Llosa o César Vallejo. Para eso usa las Ferias del Libro, que son espacios privilegiados para abrir el abanico. La carencia de algunos libros (como los de Blanca Varela o Jorge Eduardo Eielson) tiene que ver con una carencia vigente en el propio país: no hay ediciones de esos autores, como muchos otros en el mismo Perú, donde se reedita poco; es triste pero cierto.
Por otra parte, si un lector se interesase por la literatura peruana más allá de los consagrados Vargas Llosa y Roncagliolo (que, desde luego, hubiera sido estupendo que estuvieran en la feria, así como Alfredo Bryce Echenique, quien no pudo asistir por motivos personales al igual que otros autores) se hubiera encontrado con una delegación muy interesante. Autores de prestigio, de aquellos que suelen asistir a diversas ferias, como Jorge Eduardo Benavides y Alonso Cueto. Poetas que no suelen participar en ferias pero con obras poderosas, como Enrique Verástegui, Rosella di Paolo, Marco Martos, Domingo de Ramos. Autores que representan la literatura andina como Mario Guevara y Oscar Colchado. Autores que actualmente han sido redescubiertos y son considerados como maestros para la generaciones actuales, como Augusto Higa. Y autores jóvenes que ya tienen bastante prestigio, como Jennifer Thorndike o Francisco Ángeles, cuya segunda novela ha sido unánimemente celebrada el año pasado en el Perú. Sé que también fueron invitados Jeremías Gamboa (quien es actualmente el autor joven más prestigioso del Perú en España) y Gabriela Wienner (una de las principales cronistas del nuevo periodismo peruano), pero no pudieron asistir. Sin embargo, sus nombres muestran el interés de la organización de tener una delegación amplia y significativa, pese a los escasos recursos con que cuentan.
Finalmente, hay que indicar que en el stand Perú hay una gran muestra de literatura de editoriales independientes. Las jóvenes editoriales peruanas que han apostado por el país y que luchan por encontrar un espacio entre los dos grandes grupos de poder, como son Penguin Random House y Planeta. Si el blogger José Carvajal se anima a ir al stand de Perú para darle otra oportunidad a esta delegación “humalista”, como la llama él sin mayor crédito, encontrará libros que pueden mostrarle un Perú que no es el de nuestro Nobel, pero es igual de válido y atractivo. Le recomiendo especialmente la novela de Carlos Calderón Fajardo, El fantasma nostálgico, un autor cuya muerte nos acaba de sorprender y cuyo valor literario es innegable. Y espero que pronto República Dominicana sea País Invitado de Honor en la FIL Lima para conocer a sus autores, no a sus célebres, sino a ese abanico de escritores que difícilmente cruzan las fronteras pero cuyo interés y talento es enorme.