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Paul Harding entrevistado

Paul Harding/RBA
Paul Harding es el ganador del premio Pulitzer 2010 con su primera novela. Poco más sabíamos de él, hasta que la editorial RBA ha decidido publicar su novela Hombres de hojalata y Edmundo Paz Soldán ha logrado entrevistarlo para El País. Al parecer, es un gran conocedor de la literatura latinoamericana del Boom. Una mención aparte merece el hecho de que la novela ganadora del Pulitzer fue editada en EEUU en una editorial muy pequeña. Ahí también funciona el boca-oreja.
Aquí algunas preguntas:
Pregunta. ¿Vidas de hojalata está basada en una historia real?
Respuesta. La trama está basada libremente en relatos que mi abuelo materno solía contarme de su infancia en el estado de Maine. Como en el libro, su padre era un vendedor ambulante y tenía epilepsia, y fue forzado a abandonar la familia cuando se enteró de que su mujer planeaba internarlo en un psiquiátrico. Sabía de estas leyendas familiares solo lo suficiente como para despertar mi imaginación, pero no tanto como para saciarla.
P. Me han impresionado mucho las páginas que le dedica a la epilepsia, la forma en que la describe como un “relámpago”. Le ha debido ser difícil tocar esta enfermedad sobre la que hay tantos prejuicios.
R. Es verdad. Hay muchas ideas equivocadas sobre esta enfermedad: que es sagrada, trascendente, ecstática, etc. Decidí que la mejor manera de escribir sobre este tema era evitando cualquier descripción patológica o clínica y enfocándome en lo subjetivo, viendo cómo era la experiencia personal del personaje. Sin embargo, es verdad que los ataques epilépticos tienen que ver con corrientes eléctricas neurólogicas. También me aseguré de describir estos ataques como si fueran catástrofes físicas, hechos que disminuían cualquier lado trascendente o estático del personaje en vez de aumentarlo.
P. Los críticos han aplaudido el lenguaje de la novela. ¿El estilo, la voz es lo más importante a la hora de escribir una novela?
R. El estilo de un escritor, su voz, son parte tan indeleble de él como la forma de su cerebro. Así que no intenté conseguir un “estilo”. Solo traté de describir lo que veía y escuchaba de la manera más precisa posible; mi voz igual aparecía, de una manera menos consciente, menos ornamental. La belleza de un tema es inherente, de modo que mi trabajo es lograr descripciones exactas, no intentar que una prosa bonita se imponga a lo demás.
P. En su novela el mundo natural tiene mucha densidad, está lleno de detalles. Eso le lleva a algunas reflexiones metafísicas sobre la condición humana. ¿Cree que, como sugiere Javier Marías, hay algo que puede llamarse “pensar literario”?
R. Javier Marías me gusta mucho, estoy de acuerdo con él. El arte consiste en gran parte en ser testigo de las paradojas y contradicciones del corazón humano. El filósofo tiende a verse obligado a reconciliar estas contradicciones, mientras que el escritor puede ponerlas una al lado de otra, mostrarlas al lector. Eso le produce una satisfacción estética al lector, pues está viendo descrita una experiencia que reconoce como verdadera a pesar de su aparente imposibilidad.
P. Cuénteme un poco de su proceso creativo.
R. Como decía Wallace Stevens, las investigaciones de un filósofo son deliberadas, pero las de un poeta son fortuitas. Escribo totalmente basado en la intuición, en las sensaciones, por lo menos en las primeras versiones. Escribo interrogándome, es decir escribo tratando de descubrir algo, a la búsqueda de una revelación. Soy muy desordenado; me muevo por todas partes alrededor del mundo que estoy tratando de conjurar. Cada vez que me siento a escribir me enfoco en lo que me llama la atención en ese momento. Con los meses y los años lo que al principio parece un gran nube puntillista de sinsentido comienza a condensarse, a tomar una dirección uniforme, a ordenarse en órbitas coherentes. No es muy eficiente pero sí es un proceso absorbente.
P. La escena principal de la novela, la de un hombre en su lecho de muerte, me recuerda a una novela de Carlos Fuentes, La muerte de Artemio Cruz. ¿Pensaba en esa novela cuando escribía la suya? También ha mencionado que Terra Nostra, otra novela de Fuentes, fue clave en su desarrollo como escritor.
R. Por supuesto que Artemio Cruz estaba en mi mente, de la misma forma que Mientras agonizo, de Faulkner, estaba en la mente de Fuentes cuando escribía su novela. Una de las cosas que me impresiona de escritores como Fuentes y García Márquez y Cortázar es que tenían el espíritu de llevar a cabo un trabajo conjunto. Parecía como si estuvieran escribiendo capítulos de la misma gran Novela. Oliveira, el personaje principal de Cortázar en Rayuela, aparece en Terra Nostra y también en Cien años de soledad. Me encanta el hecho de que eran escritores que estaban tratando de añadir algo a lo que habían leído en Woolf, en Faulkner, en Poe. Mis primeros y pésimos intentos de escribir cuentos estaban tan influidos por Fuentes y su generación, que mi prosa en inglés parecía como si fuera una pobre traducción del castellano.
(…)
P. ¿Qué ha cambiado en su vida con el Pulitzer?
R. Mucho. Haber recibido un reconocimiento tan importante por mi primer libro ha sido una experiencia increíble, una lección de humildad. Ahora tengo mucha presión, se espera mucho de mi próximo libro, y también quiero devolverle el favor a la gente que me ha dado semejante voto de confianza. Sin embargo, si bien nadie había escuchado hablar de mí antes de 2010, ya había estado escribiendo durante 10 años. Me costó mucho lograr que esta novela fuera publicada, de modo que cuando mi suerte cambió ya estaba acostumbrado a la idea de ser un escritor que quizás nunca sería publicado. Durante un largo tiempo escribí por el solo hecho de escribir. Y como eso ha funcionado tan bien, no hay por qué cambiar. Solo quiero escribir ficciones de sustancia, ficciones hermosas en las cuales la gente pueda reconocer sus propias experiencias como seres humanos.
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