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50 años de Cronopios

Julio Cortázar. Ilustración: Fernando Vicente/ El País
Hace 50 años apareció, en la editorial Minotauro, el libro Historias de cronopios y famas, firmado por Julio Cortázar. Es decir, hace 50 años que existen los cronopios, esos seres incapaces de pisar tierra firme, líricos, absurdos, sentimentales. Ayer se realizó un homenaje al libro, con la presencia de Aurora Bernárdez, quien comentó detalles sobre la escritura de este libro fundamental.
Ese libro, que fue precursor del microrelato (publicado por Minotauro), cumple 50 años y conserva todo su poder fabulador. Y es el hilo conductor del homenaje a Cortázar que se celebró ayer en el Centro de Arte Moderno, en Madrid, presidido por su viuda, Aurora Bernárdez. En la presentación del libro Mundo Cronopio, con ilustraciones de la artista italiana Judith Lange, Bernárdez dijo que Cortázar escribía estas historias “cuando se le ocurría, no como una novela que se empieza y termina”.
“Julio nunca se puso a escribir ‘los cronopios’. Era algo circunstancial. El iba al correo, por ejemplo, y le salía una historieta cómica, según se le iba ocurriendo. Después, con todo eso se armó el libro”, recordó Bernárdez, quien también es albacea del escritor.
Historias de cronopios y de famas es uno de los libros que mejor muestra hasta qué punto Cortázar “podía prescindir de los géneros. Escribe y basta”, dijo la especialista y profesora de la Universidad de Roma La Sapienza, Rosalba Campra. “Sus libros encierran un modo nuevo de acercarnos a las cosas y por eso uno queda enganchado, se contagia y empieza a encontrar elementos cortazarianos en aquello que ve”, comentó Campra. Y agregó: “Los ‘cronopios’ son despreocupados, poéticos pero también pueden ser crueles, hacer canalladas por diversión, y en los ‘famas’ uno podría ver a la gente más encasillada, menos tierna”.
Del homenaje a Cortázar, además de Bernárdez y Campra, participaron expertos en su obra, como Julio Ortega, miembro de la Cátedra Julio Cortázar de la universidad mexicana de Guadalajara.
Por otra parte, Juan Cruz también le rinde homenaje al libro y a los cronopios en su columna de hoy en el diario “El País”, donde resume la conferencia. Dice:
Ortega cree que enCronopios la voluntad de fragmentación que hay en el resto de la obra de Cortázar se manifiesta aquí como en otros artefactos (La vuelta al día en ochenta mundos, por ejemplo, o Prosa del observatorio). Pero enHistorias de cronopios y de famas alcanza una apuesta divertida y diversa que le sirve a Cortázar para dar rienda suelta a todos los factores de su ironía literaria…
En cuanto a la invención misma, dice Ortega, cronopios puede provenir de Cronos (tiempo) y topía (lugar), “lo casual que hay entre el tiempo y el lugar…”, el tiempo que se encarna en un lugar… Famas ya es más obvio, dice Ortega, y esperanzas “son más socializadas”… El profesor ha rastreado en las cartas que Cortázar le envió a Porrúa cuando se iba a editar el libro, en torno a julio de 1962… Le decía que eran personajes “petulantes y malignos”; se aconsejaba que, por si acaso se desmandaban esos tipos insolente, había que tener las ventanas abiertas de par en par, pues son intrusos, casuales y divertidos, pero también “bichos verdes y húmedos”.
Cortázar, decía Aurora, sintió ante este libro y ante todos los que publicó “la misma alegría”; en la carta que le envía a Porrúa agradeciéndole que se haya decidido a publicarlo destaca la figura heroica del editor, capaz de poner “entre dos tapas” sus ocurrencias, esos personajes “sinvergüenzas y atorrantes” capaces de “bromas espantosas” que le van “a hacer la vida imposible”…
Los cronopios, decía la cortazariana Rosalba Campra, autora deCortázar para cómplices, nos llevó a ver el mundo de otra manera, de una forma precisamente cortazariana, “pues Julio es de los pocos autores que ha convertido su apellido en un adjetivo; como hay kafkiano, hay cortazariano”, y eso proviene de la capacidad que tuvo para hacer que lo que escribió se pareciera a los sueños que uno no se atreve a explicar y que él escribió con una magia que perdura. La profesora Mariángeles Fernández, cortazariana de la primera hora, no pudo estar en el acto, muy a su pesar, pero me envió unas notas: “¿Acaso alguien volvió a subir inocentemente una escalera o dio cuerda a un reloj en adelante sin recordar las Instrucciones del gran cronopio Cortázar? Claro, todos queremos ser cronopios pero también, afortunadamente, tenemos algo de famas y algo de esperanzas. De lo contrario siempre perderíamos los trenes y no llegaríamos nunca a las citas. El mundo quizá sería más divertido pero tal vez habría demasiados cronopios desorientados llorando en las esquinas”.
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