Blog de noticias literarias. Dirigido por Iván Thays.

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  1. Pron entrevistado

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    Patricio Pron

    Patricio Pron está de visita en Buenos Aires, donde ha presentado su novela El espíritu de mis padres llega con la lluvia (Mondadori), luego de pasar por México como jurado del Premio Formentor, y Andrés Hax lo entrevista para Revista Ñ. Zapatillas Converse, lentes hipster de pasta gruesa a lo Elvis Costello, acento más madrileño que porteño (o rosarino). Así describen al autor de un libro que es una ficción autobiográfica. El que alguna vez pensó en dejar de escribir es ahora uno de los escritores más celebrados de su generación.

    Aquí algunas preguntas:

    ¿Como es tu relación afectiva actual con la Argentina? ¿Y cómo influye eso en su obra?

    Mi relación sentimental con la Argentina es tan buena y tan mala como es la de todos los argentinos en este país. Sin embargo yo me considero un escritor argentino a pesar de vivir afuera. Me gusta creer, en mis momentos de optimismo -que son escasos- que participo en una tradición específica de las letras argentinas, que es la tradición de aquellos autores que escribieron afuera. Pensando, sin embargo, en los efectos que iban a crear en la Argentina. Esa tradición es muy rica, por razones políticas posiblemente… Yo me considero parte de esa tradición. O aspiro ser leído como parte de esa tradición. 

    (…)

    En un momento pensante en dejar de escribir. Contame, ¿cómo fue eso?

    Simplemente yo había publicado una serie de libros aquí en Argentina y estaba descontento con los libros que había escrito. Y descontento con lo que se decía sobre esos libros. En buena parte lo que se decía de esos libros era muy positivo, pero no parecía reflejar mis intereses o mis aspiraciones. También tenía la impresión que en Argentina un escritor joven es alguien que tiene 39 años; y que era solo a partir de esa edad que eras tomado en serio. Al menos era así en esa época, los 90 en Argentina. Entonces yo me dije, “Pues tengo 16 años para desperdiciar, y lo mejor es que los desperdicie en un sitio donde pueda aprender algo.” Como Alemania. Pero me prometí firmemente no escribir más, en virtud de este descontento. Y dejé de escribir durante un periodo – muy breve, por otra parte, medio año o algo así. Simplemente no pude dejar de hacerlo. No fue una decisión deliberada volver a escribir. Simplemente fue una necesidad. En el momento en el que simplemente no pude dejar de escribir, la escritura se convirtió en uno de los tantos fracasos personales con los que cargo. Cuando volví a hacerlo, sin embargo, sí decidí hacerlo bajo premisas completamente diferentes a las que han precedido mi trabajo hasta el momento. Y eso sí fue muy enriquecedor.

    ¿Por qué no podías dejar? ¿Qué es lo que necesitabas del escribir?

    En primer lugar, había una necesidad de escribir en virtud de que —como sabes, mi memoria es muy mala; y buena parte de mi vida cotidiana se convirtió en una especie de persecución de mi mismo. Consistía en documentar lo que yo he hecho, tan solo para mi mismo y en virtud de que si no lo hacía lo iba a perder, me lo iba a olvidar. Por lo tanto, se me volvió ineludible volver a escribir. Al menos volver a llevar diarios. Pero por otro lado se me instalaba la convicción de que tenía algo para decir y que había algunas personas que estaban, allí afuera, con interés de escucharme. Y estaba la cuestión también de que, supongo por la forma en que fui criado, la literatura es para mí una forma de participar en los asuntos de mi tiempo. Quizás una forma ineficaz o incompleta, pero tal vez sea la única forma que yo conozco para expresar esta voluntad de la transformación que es un mandato para quienes somos hijos de activistas políticos de los setentas.

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