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Argentina y las leyes kafkianas contra la importación de libros

Argentina y leyes kafkianas contra el libro
La ley del plomazo, que busca castigar la importación de libros a Argentina debido a su alto contenido de plomo (?), ha tenido reacciones y ha generado además ya algunas consecuencias. Un grupo de intelectuales argentinos reunidos en el colectivo Plataforma 2012 han firmado un manifiesto en contra de la ley.
Por otra parte, Revista Ñ anuncia que ya empezaron a faltar libros por culpa de las trabas legales a las importaciones. Además, dice que los libreros están indignados por la ausencia de algunos textos básicos. Horacio Gonzalez ha comentado que la medida debe replantearse: “Sin embargo, los libros no son electrodomésticos, cada uno es insustituible, un libro no reemplaza a otro, por lo que esta medida aduanera, tan poco significativa desde el punto de su importancia económica, teniendo una repercusión cultural desfavorable inversamente proporcional, en mi opinión puede repensarse”.
La medida, más allá del tema del plomo, es entendida como un apoyo a la industria nacional. Aquí las cifras que maneja Luis Cerioto, quien afirma que el 78 por ciento de los libros que se venden en el país son importados. La situación en Ezeiza es caótica, miles de libros esperan ser recogidos ahí por sus importadores, e incluso los libros que ingresan en las maletas de los viajeros son puestos en duda y nadie sabe bien qué puede y qué no puede ingresar. Un caos. Así pinta el artículo de Guido Carelli la situación:
En la dirección de Aduana de Ezeiza las respuestas cambian según quién conteste el teléfono. “Está todo parado. No envíe nada”, dijo el primer funcionario de la división Courier de la Aduana que atendió a este cronista, que prefirió –para obtener una respuesta– no identificarse como periodista.
Las compras a través de librerías online del extranjero y los envíos entre particulares quedan retenidos en Terminal de Cargas Argentinas, la empresa que administra el Depósito Fiscal del aeropuerto internacional. Quienes por estos días encarguen libros al extranjero, deberán hacer un pedido de liberación formal en la Aduana o contratar un despachante. Además, deberán abonar los costos del almacenamiento de la carga. El importe varía según el peso. Por una encomienda de libros de entre 0 y 5 kilogramos, el usuario debe pagar 10 dólares por el ingreso y 2 dólares por cada día que los libros queden demorados. Si el envío supera ese peso y hasta los 10 kilos, deberán abonarse 12 dólares por el ingreso y 4 dólares por día.
Los mismos operadores confirmaban que los envíos por correo postal no tienen mejor suerte. “Van a decir que los demoran en Aduana, pero es el Correo el que sabe qué contiene cada paquete”.
La normativa aduanera vigente impide que los argentinos que viajen al exterior ingresen con más libros que los que se permiten con el equipaje, aunque no explicita cuántos son. La Sección de Control de Equipajes de Ezeiza dio una respuesta ambigua. “Si son 20 libros, vas a tener problemas. Si los títulos se repiten puede considerarse que sea con fines comerciales, aunque va a depender del criterio del controlador de turno”, decía otra funcionaria. Si los libros pasan, sólo deberán abonarse impuestos (el 50%) cuando la compra supere los 300 dólares.
Al cierre de esta edición, la Cámara Argentina del Libro informó que ya inició gestiones para destrabar los ingresos minoristas.
“Tenés que hablar con la empresa de courier que contrataste y ver por qué disposición están parados, porque si venís acá, te voy a decir que no hay nada parado. Todos se lavan las manos”, explicó otra operadora. ¿Pero los libros están parados? “Sí, están parados”.
Pacho O`Donnell dice que los libros son insustituibles. Sus palabras son las más sensatas de todas:En un país que ha dejado de leer peligrosamente, el libro es un objeto de primera necesidad: todo lo que dificulte a la industria editorial aparece como realmente muy negativo, sobre todo porque contradice otras acciones del Gobierno dirigidas al fomento de la lectura.
Confío en que esta medida se revertirá pronto.
Porque se puede sustituir una tuerca, pero no el talento de un José Saramago.
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