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En México disparan contra el Premio Alfaguara

Rosa Montero anuncia el Premio Alfaguara de Novela
Críticos mexicanos como Geney Beltrán, Armando González Torres, Rafael Lemus, David Miklos y Roberto Pliego criticaron el Premio Alfaguara, y de paso, todos los premios editoriales, por considerarlos convencionales, con interés en lo comercial y, además, mediocres y olvidables.“Al final es menos un premio que una inversión” resume Rafael Lemus. Mientras tanto, Pliego destaca la gran calidad del anterior ganador (Juan Gabriel Vásquez) y dice: “Si este año Alfaguara vuelve a premiar la calidad y no a inventar un falso prestigio literario, podremos seguir considerándolo como el único y verdadero reconocimiento a las letras en lengua española”.
Desde luego, todos se refieren a los premios en general y no específicamente al que acaba de ganar Leopoldo Brizuela, que aún no han leído (y cabe anotar que las entrevistas fueron hechas antes de que se supiese el resultado). Y creo, además, que tampoco han leído las obras anteriores de Brizuela, como Inglaterra, una fábula o Lisboa, un melodrama, porque de haberlos leído, sin duda, le hubieran dado un voto de confianza a ojos cerrados. Son novelas extraordinarias y nada dice que la que ganó el Alfagauara no pueda serlo también.
Dice la nota de El Universal:
Para el crítico literario y escritor Geney Beltrán la regla del Premio Alfaguara ha sido comercial, no literaria, por eso la calidad de los libros premiados es dispar “con predominio de lo mediocre y lo olvidable” y le onfirma que Alfaguara no tiene un interés en la literatura por sí.
“Tiene interés en las ventas y para eso ha venido organizando un premio con el aval de escritores importantes en el papel de jueces, pero que ha decepcionado al ser otorgado en la mayoría de los casos a novelas convencionales, formalmente timoratas y acríticas con el lenguaje y la materia a la que se acercan”, dice Beltrán.
Opinión semejante es la de Armando González Torres, Rafael Lemus, David Miklos y Roberto Pliego, pues aunque celebran una que otra novela -dos de ellos mencionan El ruido de las cosas al caer de Juan Gabriel Vásquez-, hacen una severa crítica.
Roberto Pliego dice que a través de ese galardón se erigen prestigios sobre cimientos muy endebles. “Un libro premiado alcanza enormes tirajes, lo que supone enormes ventas. Un premio no es sinónimo de calidad literaria, de hecho, significa justamente lo contrario: sometimiento al mercado, condescendencia con el gusto mayoritario, moda, apresuramiento”.
(…) El poeta Armando González Torres dice que la lógica comercial del premio en el género narrativo es muy parecida: mandar señales a ciertos segmentos del mercado, crear para el consumidor potencial un producto a su medida y venderlo rápido. “Esto no es intrínsecamente malo, pues, como toda publicidad, la literaria puede contener exageraciones y falacias. El problema es la ingenuidad con que el consumidor asume el prestigio del premio y la forma aquiescente con que muchas veces la crítica ratifica los prestigios fincados en la mercadotecnia”.
Eduardo Mejía, colaborador de EL UNIVERSAL señala que se trata del premio más internacional, sobre todo por la calidad de los jurados, como Mario Vargas Llosa, Carlos Fuentes, Jorge Semprún y Eduardo Mendoza “que saben de literatura”, pero además es un premio que “ha dado títulos sobresalientes, como La piel del cielo, la mejor novela de Elena Poniatowska, y Diablo guardián, que convirtió a Xavier Velasco en el favorito de toda una generación de lectores”. Mejía también destaca las novelas de Eliseo Alberto y Sergio Ramírez.
Geney Beltrán es enfático, dice que “a la editorial Alfaguara parece importarle más el prestigio del autor galardonado (Elena Poniatowska, Sergio Ramírez), o la temática particular de la novela en turno (la violencia, el narcotráfico), que supongan una venturosa explotación comercial, antes que una propuesta innovadora, venga de quien venga y trate el tema que trate. El premio Alfaguara, en ese sentido, no tiene prestigio literario”. Incluso, para Rafael Lemus, crítico literario de Letras Libres, es un poco ingenuo tomarse demasiado en serio este premio e ir revisando, año por año, quién ganó y con qué novela y qué tan buena" o “mala"es esta. "Desde luego que se han premiado un par de obras estimulantes y otras complacientes”.
Lemus afirma que “lo importante, creo yo, es que este premio -como otros premios patrocinados por poderosos grupos editoriales- no consiste tanto en descubrir y premiar la ‘literatura’ como en producir capital: capital simbólico para nuevos y viejos autores y capital a secas para el grupo editorial que organiza todo el tinglado. Al final es menos un premio que una inversión: se le dan al autor no sé qué tantos miles de dólares porque se sabe que, después de meses y meses de publicidad, su obra se terminará vendiendo y que la casa editora acabará recuperando su inversión de una vez o poco después, cuando el autor, ya revestido del prestigio que da el premio, vuelva a producir una nueva obra que, después de meses y meses de publicidad, se terminará vendiendo y…”.
David Miklos, por su parte, asegura que tanto Planeta como Alfaguara “distan mucho de ser apuestas y son la prolongación anual de más de lo mismo” y los sitúa en el contexto de galardones: “Creo que el premio Anagrama, pese a que no es el mejor remunerado, es el más codiciado en un sentido crítico: se premia cierta literatura de altos vuelos”.
González Torres señala que en premios como el Alfaguara los incentivos apuntan a que se reconozca a autores ya conocidos y a obras con fórmulas probadas; sin embargo, puede haber sorpresas, como la novela ganadora de 2011 (de Juan Gabriel Vásquez) que lo sorprendió gratamente y contrasta con la mínima calidad demuchos de los premios anteriores. “No creo en la práctica elitista que sataniza los premios como basura, pero desconfío absolutamente del lector que solo se guía por los premios para orientar sus decisiones de lectura”.
(…)
Antes de conocer el veredicto y luego de celebrar el premio a la novela de Juan Gabriel Vásquez por tener “una escritura finísima y una sapiencia narrativa que solemos echar en falta”, Pliego afirmó: “Si este año Alfaguara vuelve a premiar la calidad y no a inventar un falso prestigio literario, podremos seguir considerándolo como el único y verdadero reconocimiento a las letras en lengua española”.
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