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Leopoldo Brizuela reseñado

Leopoldo Brizuela
La novela de Leopoldo Brizuela, Una misma noche, ganadora del Premio Alfaguara de Novela 2012, ya está circulando en España y Ernesto Ayala-Dip le hace una reseña para Babelia. Con un tema centrado sobre la dictadura argentina, dice Ayala-Dip “es uno de esos relatos terribles que pueden servir para hacernos sus mismas preguntas y sus mismas reflexiones”.
Dice además:
No saber lo que estaba ocurriendo, es lo que uno puede creer que sucedió en Argentina entre 1976 y 1982. Pero a medida que pasa el tiempo se comienza a sospechar que la gente sabía más de lo que estaría dispuesto a aceptar hoy que sabía. O sea, parece que saber se sabía: primero porque es difícil no preguntarse por qué acribillan a alguien en el centro de la Avenida 9 de Julio o por qué secuestran a una persona en plena noche del 24 de diciembre. (He comprobado en algunos listados de desaparecidos que los llamados grupos de tareas no descansaban ni en días tan señalados como la Nochebuena, Nochevieja, primero de año o Reyes, ni incluso en los tan arraigados carnavales porteños).
(…)
Alguien llamado Leonardo Bazán vive en la misma casa familiar de siempre con su anciana madre. Es escritor. Estamos en la ciudad de La Plata. Año 2010. Una noche, un coche de la policía está aparcado enfrente de donde vive el escritor. Casi con su consentimiento, como si formara parte del mismo grupo, de la misma tarea nocturna, unos individuos entran en una casa y roban. Leonardo Bazán es testigo de una circunstancia extraña pero no excepcional. Digamos que es ahí, en ese instante, cuando la novela enfila hacia su ominoso nudo. Leonardo Bazán tiene las mismas iniciales que el nombre del autor, Leonardo Brizuela. Y como él, nació el mismo año y en la misma ciudad. Y como él, es escritor. No quiero indicar ningún trazo autobiográfico en la novela, aunque lo hubiera. Pero pienso que no debe haber nadie en ese país, con la edad de Bazán (o Brizuela), que no se haga las mismas preguntas que ellos. Bazán ha visto en la noche algo que le recuerda otra noche de hace treinta y cuatro años. Las noches son semejantes, una cercana sensación de abismo metafísico (“En este sitio, nosotros ahora somos Dios”, advertían los torturadores a sus víctimas). En el recuerdo difuso por los años y por una especie de resistencia ya no a saber sino a entenderlo todo, Bazán se encuentra con una verdad insoportable. Una visita al corazón de esas tinieblas llamado Escuela de Mecánica de la Armada (Esma) completa la definitiva respuesta a todos sus interrogantes.
Una misma noche es uno de esos relatos terribles que pueden servir para hacernos sus mismas preguntas y sus mismas reflexiones. Resulta curioso que ahora recuerde las palabras que Borges le dedicó a una novela de Adolfo Bioy Casares (El sueño de los héroes): “Novela de una trágica plenitud”. Curioso porque precisamente en la novela de Leopoldo Brizuela se dan cita la tragedia de un país y la plenitud de su forma narrativa. Y me acordé de La aventura de un fotógrafo en La Plata, del mismo Bioy Casares: esa coincidente atmósfera de conspiración y connivencias innominadas, de daydream inacabable. Lean Una misma noche y comprueben cómo la escritura de un hecho como el que se narra puede convertirse en su luto (que hubiera dicho Jorge Semprún) y en su luz.