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El momento de Vargas Llosa

Vargas Llosa, el dominicano
Los honores que se le brindan a Mario Vargas Llosa no terminan. Gregorio Marañón, presidente del patronato del Teatro Real, ha declarado que Vargas Llosa presidirá un consejo artístico en el Teatro Real. Por otra parte, la República Dominicana (que se siente orgullosa del escritor desde que situó ahí una de sus novelas) le ha dado lo que sería su tercera nacionalidad.
Dice la nota:
Peruano, español y… dominicano. Mario Vargas Llosa “aceptó” la tercera nacionalidad, la que metafóricamente le ofreció el ministro de Cultura de República Dominicana, José Rafael Lantigua, durante el acto en el que el presidente del país caribeño, Leonel Fernández, impuso al Premio Nobel de Literatura la Orden de Cristóbal Colón en el grado de Gran Cruz Placa de Plata.
El pasado martes, en una fresca y acogedora noche de nostalgias, de teorías literarias, de valoraciones democráticas, de esbozos de una trayectoria dedicada a la escritura y de alabanzas a su figura y a su influencia, el autor de La fiesta del Chivo recibió con orgullo y agradecimiento la condecoración en un país que tiene un “sentido proverbial de la hospitalidad, y que abraza a quien viene a él, hasta hacerle sentir como en su propia casa”.
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Como parte del protocolo, correspondió al ministro de Cultura abrir el acto. Y lo hizo con la mente puesta en una noche vivida hace 35 años en un templo cultural llamado Casa de Teatro, en la zona colonial de Santo Domingo. “De pie, en la última fila, asistí a la primera presentación pública de Mario Vargas Llosa en suelo dominicano, algo que marcó el inicio de la relación del autor con nuestro país”. El fluir de su discurso transcurrió por menciones de varias de las obras del Nobel de Literatura, con especial atención para la que escribió hace 10 años sobre la dictadura trujillista. “La fiesta del Chivo es la novela fundamental de la era de Trujillo, la que mejor transmite lo que fue”.
Lantigua, entonces, aterrizó en el presente para demostrar el vínculo entre el país y Vargas Llosa. Y lo hizo recordando que “en su discurso en Estocolmo, al recibir el Nobel, mencionó en dos ocasiones nuestra patria. Para resaltar sus valores democráticos y para afirmar que es uno de los países en los que se siente como en casa”. Y tanto subió de emoción el tono del discurso, que, antes de terminar, el ministro se tomó la libertad, “con la venia del señor Presidente”, de decir que “el de Mario es el primer Premio Nobel que recibe la literatura dominicana”.
Le llegó al corazón al autor peruano. “Estoy conmovido por las palabras del ministro”, dijo. “Ahora tengo tres nacionalidades”. Aludió a su primera visita al país, “para colaborar con un documental. Tuve la oportunidad de recorrerlo y de hablar con muchas de sus gentes”. Y le quedó ese gusanillo que contagia a quien llega a la patria de Pedro Mir y de Pedro Henríquez Ureña. “Tenía la necesidad de volver”. Y lo hizo. Para hacer amigos, para disfrutar de los paisajes… y para investigar sobre la época de la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo (1930-1961). “La fiesta del Chivo fue muy difícil de escribir. No es una antología, sino un libro de presente y futuro sobre lo que no debe volver a pasar en nuestra tierra”, dijo. “Podemos decir que todos los pueblos de América Latina han sentido el horror de la dictadura, pero acaso ninguna se ha sentido con tanta ferocidad y crueldad como la de Trujillo”. Y entonces rindió honor a un pueblo del que destacó su “espíritu de resistencia y heroísmo” frente al régimen de fuerza.