Blog de noticias literarias. Dirigido por Iván Thays.

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  1. Una herida argentina que sangra

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    carátula de la novela

    Acabo de terminar de leer La misma noche de Leopoldo Brizuela, ganadora del premio Alfaguara de Novela 2012, y no puedo dejar de relacionarla con la enorme cantidad de novelas -algunas de manera elíptica, como Ciencias morales de Martin Kohan, y otras de manera concreta, como la de Brizuela- que tratan de reconstruir los años de la dictadura argentina. Y al parecer, el chorro no cesa (espero que no termine en hemorragia, como sucedió con la guerra civil española). Leo en Revista Ñ la reseña de Susana Rosano a un libro llamado Asfixia de Elisa Bellmann, editado por Homo Sapiens.

    Un médico psiquiatra a poco de jubilarse y su paciente, una mujer distante, un poco huidiza. Una novela que comienza planteando un enigma donde la identidad es una pregunta a resolver, una herida que sangra y una serie de acontecimientos que rápidamente se enredan con el pasado. El que tiene la paciente y también el que compartimos los lectores de este melancólico relato. Y en este sentido, el título de la primera obra de Elisa Bellmann, Asfixia se puede leer claramente como una metáfora de nuestra historia reciente. A quien se está asfixiando se le cierran los pulmones, el oxígeno deja de llegar a su cuerpo. Y aunque tenga la suerte de no morir, después de sentir asfixia nadie volverá a ser el mismo: el ahogo lo acompañará para siempre, como memoria del alma. Se trata de un trauma, de muertes que incomodan, de un dolor que no cesa.

    “El día de la tercera entrevista había una contradicción en su apariencia. Un agobio añejo era tan visible en la curva de la espalda. Tal vez no podía hacer nada más para ocultar su dolor y le asomaba, sin autorización, una infinita tristeza”. El diagnóstico da cuenta de la extraña relación que se establece entre el psiquiatra y esta mujer que llega intempestivamente a su consultorio, ubicado en una ciudad del interior del país, un viernes a última hora, con la sola intención de que le permitan hablar. La mujer fuma y fuma, enigmática, distante, mientras relata su historia personal donde hay una madre muda y muerta, una hermana gemela asesinada durante la dictadura y un padre comisario obstinado en perseguir al novio de la gemela, militante político.

    El psiquiatra es un hombre grande, viudo, cansado. Tuvo un pasado de éxito profesional, dictó conferencias, viajó y participó de congresos. Defendió incluso una teoría donde rechazaba la inimputabilidad. Al inimputable, pensaba el doctor, no se lo condena pero se le impide la posibilidad de purgar su culpa, de librarse del tormento de la culpa. Pero la mujer no siente culpa; enfrenta al psiquiatra desde una máscara y una vida de hierro. El pasado, parece decir, ya no le importa, puede controlarlo. Supo construir una vida afuera, en España, con hijos, marido y profesión. El pasado no le importa. Sólo quiere, y paga por ello, tan sólo poder hablar.

    Pero el pasado siempre vuelve, sobre todo cuando no se logra comprender. Vuelve como memoria o como pesadilla, como deseo o trauma, como amenaza o ilusión. Sólo se trata de reconstruirlo desde la memoria y acomodar cada pieza como en un rompecabezas. “No hay olvido mejor olvidado que el de los memoriosos, pues siempre es selectivo, obstinado y autoritario”, dice la novela. “Tú no puedes volver atrás/porque la vida ya te empuja/como un aullido interminable, interminable”, replica el poema de Juan Goytisolo. En esa tensión entre un pasado que acecha y la vida que siempre insiste se puede leer la impecable novela de Elisa Bellmann.

    También pueden leer la novela en Página12 a cargo de Beatriz Vignoli.

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