Blog de noticias literarias. Dirigido por Iván Thays.

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  1. Cartas notables

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    Carta de Kurt Vonnegut

    Los emails han malogrado todo. La gente no escribe emails como quien escribe cartas. Y ya ni hablar de los amigos que te pasan la voz o preguntan por ti por FB, por Messenger o por Skype. Pero no todo es malo en el cyber-mundo. Al menos existe la posibilidad de guardar esa correspondencia. Y las anteriores. Letters of note (Cartas notables) es un site que se dedica a digitalizar y recopilar esas cartas escritas a puño y letra (o a máquina de escribir). Tienen joyas.

    Dice Facundo García en Página12:

    En un mensaje del 23 de diciembre de 1990, un Charles Bukowski de 70 años le describía a su amigo William Packard hasta qué punto tenía las tripas anudadas a la literatura. “No es mejor cuando vos elegís escribir, sino cuando la escritura te está eligiendo a vos. Cuando estás loco por eso, cuando se acumula en tus orejas, en tus agujeros de la nariz, en las uñas. Cuando es tu única esperanza”, ametrallaba. Poco antes de morir, Hank soltaba pistas para comprender lo que sería el epitafio de su tumba, que ha confundido a tantos con un consejo simple: “No lo intentes”. Tecleaba entonces Bukowski: “Una vez me estaba congelando en las calles de Atlanta. En el suelo sólo había periódicos. Y encontré una mina de lápiz y escribí en los pequeños márgenes de esos periódicos, sabiendo que nadie iba a ver nunca lo que pusiera. Era una locura. Y no se trataba de una actividad planificada ni para la escuela. Sucedía. Eso es todo (…) Nos hemos vuelto demasiado estrictos. Trabados. Posamos. Lo intentamos demasiado. No lo intentes. La cosa está ahí. Nos ha estado mirando fijo todo este tiempo, arañando para romper el cascarón”.

    El archivo de Letters… incluye ésa y otras joyas, y complementa la publicación de los textos con el escaneo de los originales y la cita de las fuentes. Y es una lástima que esté disponible sólo en inglés, porque recorrer sus entradas resucita destrezas de las que no siempre se tiene conciencia: leer y escribir en el papel, se entiende, era más que trabajar con signos tipográficos. Desde la cursilería psicópata de aquellos que aseguraban que “si lo escrito está borroso, será por la cantidad de lágrimas que he derramado”, hasta la astucia para notar el cambio en el trazo que dejaba una birome de acuerdo con la emoción de su dueño –pasando por el detallismo de quienes reconocían en la hoja los mazazos de una Remington o una Olivetti tecleadas con furia–, existió toda una subcultura que hoy se está marchitando.

    (…)

    De a ratos, en la correspondencia que atesora Letters… se agazapan la tristeza y algo que roza al humor involuntario. En noviembre de 1963, víctima de un cáncer que lo galopaba por adentro, Aldous Huxley le solicitó a su esposa Laura que le inyectara ácido lisérgico (LSD). La carta que la viuda envió posteriormente a un familiar explica que el autor de Las puertas de la percepción había estado bastante conversador, hasta que la agonía lo confinó al desierto de los monosílabos. “Le pregunté si él quería que yo también me inyectara (se refiere al ácido). El indicó que ‘sí’. Luego le pregunté ‘¿Quieres que Mathew se inyecte?’ Respondió que sí. ‘¿Y Ellen?’ Dijo que sí. ‘¿Y Jinny?’ Volvió a decirme que sí, con énfasis.” Si bien el extracto parece sacado de una fiesta de drogones, la crónica de Laura no deja afuera el halo poético con que la pareja revestía sus experiencias con alucinógenos. Sigue así: “Comencé a hablarle y a decirle ‘eres liviano y libre (…) déjate ir, arriba y adelante. Estás yendo hacia la luz, hacia un amor más grande (…) y lo estás haciendo bellamente’”.

    Por último, la serie incorpora composiciones que nacieron cuando la muerte ya estaba lejos. En mayo de 1945, con la Segunda Guerra Mundial a punto de terminar, el futuro maestro de la ciencia ficción Kurt Vonnegut les contaba a los suyos que estaba sano y salvo, y no “desaparecido en acción” como lo habían declarado. Desde un refugio en Le Havre, el soldadito ofrecía precisiones sobre sus desventuras como prisionero del ejército nazi en la ciudad de Dresden, territorio que un cuarto de siglo más tarde sería el centro de su famosa novela Matadero Cinco. “Fui capturado el 19 de diciembre del ’44. En la noche de Navidad, la Fuerza Aérea Británica atacó el área en la que estábamos. Mató a 150 de los nuestros”, narraba Vonnegut. “Los alemanes nos negaron medicinas y ropa y nos sometieron a largas horas de tareas pesadas. Nuestra comida consistía en 250 gramos de pan negro y una pinta de sopa de papas. El 14 de febrero, los bombardeos estadounidenses y británicos mataron a 250.000 personas en veinticuatro horas y destrozaron Dresden, posiblemente la ciudad más bella del mundo. Pero no a mí.”

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