Blog de noticias literarias. Dirigido por Iván Thays.

Try Persona Pro
X
  1. Kafka tributa en España

    image

    Santiago Roncagliolo

    No entiendo nada de números ni de tributos, pero lo que comenta Santiago Roncagliolo en su columna en La República del domingo es escalofriante, como un cuento de horror más que uno de Kafka, la verdad. La historia de cómo te embargan dinero y cobran hasta 3,000 euros por no contestar correspondencia que nunca llegó al contribuyente.  

    Dice la columna:

    La historia que voy a contar parece una pesadilla de Kafka. Lamentablemente, es real palabra por palabra.

    Recibí un mensaje de mi banco que decía: “diligencia de embargo”. El ordenante era la Agencia Tributaria.

    Hasta ese día, mi cuenta bancaria guardaba unos diez mil euros, el mínimo colchón que necesito para vivir durante el año que me toma escribir una novela. Desapareció hasta el último centavo.

    Decidí ir al banco directamente a pedir explicaciones. Tenía tanta angustia que tomé un taxi. Pero, al llegar a la esquina, el banco no estaba ahí.

    –Esta no es la esquina –le dije al taxista.

    –Le juro que esta es –respondió.

    Y sí era, pero el local del banco estaba cerrado y vacío. Se habían llevado hasta el cajero automático.

    Volví a casa y busqué mi cuenta en la banca on line. Pude acceder, pero ahí no había historiales, ni operaciones, ni cifras. Solo un cartel: “no figura ningún contrato actualmente”.

    Desesperado, llamé a la central del banco. Me explicaron que habían cerrado esa oficina, pero el personal se había trasladado a otra. Me dieron el número. Llamé y pregunté por las cajeras con que suelo hablar.

    Una estaba de permiso por maternidad. La otra estaba de permiso por alguna otra razón.

    Corrí a un cajero automático. Mi cuenta estaba bloqueada. Con una sonrisa burlona, el cajero me dijo “operación no autorizada”.

    Me presenté en un local cualquiera del banco. No sabía ni por dónde empezar a preguntar. La palabra “embargo” era la más fuerte de esa mañana, y comencé por ahí. En el banco me dijeron que los embargos de la Agencia Tributaria son automáticos.

    No se consultan ni se discuten. Ellos no sabían más que yo al respecto.

    Llamé al gestor que me asesora mis declaraciones de impuestos:

    –¿Se puede saber qué has hecho? Me han embargado. No tengo dinero ¡Nada!

    –Imposible. Todo está en orden.

    –Nada está en orden. Ha desaparecido todo lo que tengo para un año.

    El contable fue al día siguiente a la Agencia Tributaria. Ahí le explicaron que mi problema era no tener buzón.

    Mi despacho no tiene un buzón particular. Todas las cartas, incluso las de la Agencia Tributaria, han llegado siempre al buzón de la puerta. Esta vez, la agencia quería efectuar una verificación sobre mis declaraciones pasadas, y envió varios requerimientos. Por casualidad, precisamente estos, todos estos, llegaron cuando no había nadie en el despacho. Al no encontrar un buzón específico, se devolvieron. El siguiente paso legal no es localizarme por otra de las miles de vías posibles –mail, domicilio, gestor, banco– sino embargarlo todo. Lo del local bancario y las cajeras fue solo una casualidad añadida.

    El error quedó detectado pero, aun así, la maquinaria de embargo ya está en marcha, y es imparable. Por no responder las notificaciones, me corresponde pagar unos tres mil euros. Y el resto del dinero no me lo devuelven. Se deduce de mis ingresos en el futuro. Mientras escribo esto, trato de que alguien me preste dinero. Si la cuenta está en blanco, me cortarán la luz, el teléfono y el agua. Cuando consiga eso, tendré que resolver cómo escribir otro libro.

    No cuento esto para protestar contra los impuestos o contra nada en particular. Todo ha sido legal. Según la agencia, he sufrido un ataque fulminante de mala suerte. Pero, aun así, ha sido aterrador comprobar que tu dinero, en realidad, nunca ha estado en tus manos. Tu dinero son solo numeritos en una pantalla, y el control de la pantalla lo tienen los banqueros y los políticos. Un error, un azar, un suspiro… Y la pantalla se apaga.

X
X
X
X