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Zbigniew Herbert completo

Zbigniew Herbert
Zbigniew Herbert es uno de los grandes poetas polacos y de los mejores poetas contemporáneos, aunque como su nombre no suena con tanta fuerza para los premios Nobel puede pasar desapercibido. Desapercibido, sí, pero para quien no lo ha leído. La editorial Lumen apuesta algo por él y ha publicado su poesía completa, reseñada por Jaime Siles para el suplemento “Cultura” del ABC.
Dice la nota:
El primer Herbert –el de «Cuerda de luz» (1956)– intenta construir una perspectiva capaz de eliminar «la cicatriz entre el recuerdo y el ojo», entre la visión ideal y la real, que dé cuenta del abismo existente «entre nosotros y la luz». En esa escritura inicial aparecen ya muchos de los elementos recurrentes en Herbert: la casi ausencia de rima, la falta de interpunción, el uso de la mitología y una crítica –más o menos velada– de la realidad.
En «Hermes, el perro y la estrella» (1957) el tema es la condición dual de la verdad, la dificultad de interpretarla y la consiguiente incertidumbre que ello produce en la conciencia. De ahí que su respuesta sea «ofrecer una rosa / al mundo traicionado», la reconstrucción de las cosas perdidas –entre ellas, el alma– y el ataque –muy directo– contra «los granujas de la historia», expuesto en su primer gran poema, «El profe de ciencias», en el que encontraría la forma más adecuada a sus necesidades de dicción.
Una búsqueda de nuevos medios expresivos lo conduce a una investigación de y en el poema en prosa, del que llega a ser un maestro y que, en ocasiones, convierte en una fábula o un microrrelato.
Estudio del objeto (1961) lo confirma como lo que es: un poeta mayor. Aúna aquí la experiencia del verso con la de la prosa –o al revés– en un libro mixto en sus formas pero unitario en su contenido, plural en sus esquemas pero no en su unidad de significación. Expone allí que «el objeto más bello / es el que no existe» y dice que «la idea del vaso / se estaba derramando sobre la mesa».«Inscripción» (1969) supone una ampliación de su sistema formular: los poemas cambian de forma y –como en los libros anteriores– alternan con los escritos en prosa. Pero el eje de su pensamiento es la inexistencia de vínculos entre la naturaleza y el destino humano. «Don Cogito» (1974) es la culminación de esta visión objetivada en un personaje poemático que sirve de yo analógico al autor, que se describe a sí mismo como «un poeta de cierta edad / en la mitad de una edad incierta». Por eso ahora su «grito escapa a la forma» y «es más pobre que la voz».
A este nuevo ciclo pertenece una serie de grandes poemas como «La historia del Minotauro», «Prometeo de viejo», «Calígula», «Don Cogito relata la tentación de Spinoza», «Georg Heym: una aventura casi metafísica» y el alegato moral «Tornada de don Cogito», en el que se reivindica el ejemplo de Gilgamesh, Héctor y Roldán.
En el libro siguiente, «Informe de la ciudad sitiada», monólogo dramático y culturalismo siguen de la mano. El personaje poemático se mantiene pero aparece ahora un recurso antes solo esporádicamente utilizado: la enumeración y, con ella, el interés por «la belleza de lo transitorio», «el destello de la nada», la presencia de los referentes clásicos –como en «El divino Claudio» o «Anábasis»– y el compromiso ético, patente en el poema que da título al libro y, sobre todo, en su afirmación de que «si perdemos nuestras ruinas nada nos quedará». El último Herbert profundiza en los modos usados en sus libros anteriores y articula una de las más altas voces poético-morales de todo el siglo XX. Un habla, más que un lenguaje: un tono convertido en sistema de dicción.
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