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  1. “Me apenan las malas críticas que no son inteligentes”

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    Patricio Pron

    Inés Martín Rodrigo ha entrevistado extensamente, en la librería Tipos Infames, para ABC, al narrador argentino Patricio Pron a propósito de su nueva colección de relatos La vida interior de las plantas de interior (Mondadori), un grupo de personajes marcados por la soledad. Los temas del libro, y algunos cuentos en particular, son relevantes. También hay preguntas sobre el oficio del escritor y, cómo no, sobre la crisis que vive España.

    Aquí algunas preguntas: 

     ¿Por qué «La vida interior de las plantas de interior»?

    - Un parte de lo que sucede, sucede por error, lo que no convierte necesariamente esas cosas en erróneas. Creía haber escuchado de adolescente un disco de Stevie Wonder llamado «The Inner Life Of Plants» que tenía un título muy bonito. Tiempo después, cuando me puse a preguntarme si podía ser un buen título para este libro, me enteré de que el disco se llamaba «The Secret Life of Plants» y era la banda sonora de un documental. Vi el documental y resultó que era absolutamente absurdo, acerca de la experimentación con plantas en los 70 en Estados Unidos. El documental estaba basado en un libro que leí y descubrí que en él se dejaba constancia de una serie de experimentos para determinar la posibilidad de comunicarse de las plantas, que predijesen movimientos telúricos o cambios en el estado de ánimo de sus propietarios. Esto me pareció lo suficientemente absurdo como para que sirviese de inspiración para el libro que iba a escribir. Para entonces, el título había cambiado en mi cabeza y se había convertido en «La vida interior de las plantas de interior». Todo comenzó por un error, pero esos errores son lo que hacen interesante a la literatura y esta filiación retrospectiva del libro venía a hablar del hilo conductor de todos estos textos: la posibilidad de que la ficción cure. Corresponde al lector dudar de la posibilidad de que este libro realmente cure. El hecho es que es un libro acerca de personas heridas que encuentran en las ficciones que escuchan o que ellos mismos inventan una especie de consolación, algo así como el remedo, el sucedáneo de una cura.

    (…)

    - En la cabaña que Thoreau tenía en el bosque de Walden solo había tres sillas: para la soledad, para la amistad y para la sociedad. ¿Cuántas sillas tienen los personajes de «La vida interior de las plantas de interior»?

    - Solo una, para la soledad. Son personajes que están solos. Es sorprendente para mí haber escrito estos cuentos en este momento de mi vida, porque por primera vez en muchos años no me siento solo.

    - Quizá por eso los ha escrito.

    - Exacto. Los lectores creen que la existencia de los autores también es individual y que la fortuna de sus libros repercute directamente en su fortuna personal. Pero incluso los escritores más reacios a formar parte de multitudes, como yo, participan de ellas de forma involuntaria y se ven afectados por aquello que afecta a las personas que les rodean. Voltaire dice en el final de «Cándido» que en tiempos duros lo que hay que hacer es cultivar el jardín. Así que es una forma de cultivar mi jardín y el de algunos lectores.

    - El elemento autobiográfico está presente en algunos de los cuentos.

    - No hay una transcripción literal de elementos autobiográficos, porque carecería de interés para el lector, pero sí hay una recreación de algunos de ellos. Aquellos que no están basados en experiencias personales, están vinculados con historias que me han contado.

    - ¿Cómo y dónde pone el punto y aparte entre la ficción y la vida personal?

    - Desde luego es evidente que lo pongo. Diría que el límite se encuentra en aquello que escrito puede herir potencialmente a alguien.

    (…)

     ¿Cómo hizo la selección de los relatos?

    - Escogí trece relatos que creía que daban buena cuenta de las cosas que había estado procurando hacer durante ese tiempo. Quería un libro breve y que permitiese al lector tener una impresión de primera mano de las cosas que me habían estado interesando.

    - En el conjunto no hay nada discordante, todo tiene el mismo tono.

    - Es una cosa que no había previsto. A menudo las cosas más relevantes en literatura se producen de forma involuntaria, al menos por parte de los autores.

    - ¿Es un libro sobre la soledad?

    Es algo más complejo que eso. Es un libro que habla de las soluciones que se presentan a quienes se sienten perjudicados por la soledad en el contexto contemporáneo. Es también un libro sobre las numerosas derrotas y las muy escasas glorias de los escritores. Y es un libro acerca de la forma en que un puñado de personajes procura reparar los errores que ha cometido. Me siento incapaz de establecer ningún tipo de juicio moral sobre estos textos o sobre los personajes, lo cual no deja de ser irónico, porque yo soy su creador. Casi todos los personajes se encuentran en un momento en que comprenden que el juicio moral con el que han vivido es ineficiente y no les permite resolver los problemas que les afectan. Vivimos en tiempos en los que el juicio moral, más allá de que parece ser ejercido por las personas erróneas, es absolutamente ineficaz como orientación.

    (…)

    - Con el paso de los años, uno aprende a digerir las malas críticas.

    - Sí, desde luego. En realidad tan solo te apenan las que no son inteligentes. En sustancia, el juicio crítico es imposible. La única crítica literaria solvente sería aquella cuyo autor se hubiese visto sometido a las mismas influencias del autor de la obra reseñada. Todo aquello que se puede decir sobre la literatura es coyuntural, pasajero, y está supeditado a una determinada cantidad de factores. Quienes tomamos en serio la crítica, lo hacemos movidos por una pasión que en sustancia es irracional. La importancia excesiva que se le otorga a la crítica constituye uno de los síntomas más evidentes de una enfermedad literaria.

    (…)

    - ¿Aspiran todos los escritores a la inmortalidad de su obra?

    - Es muy posible. No tengo una opinión formada, o la tengo pero cambia cada veinte o treinta minutos. Muy posiblemente, todos los escritores comencemos a escribir con la finalidad de que recaiga sobre nosotros cierto tipo de atención. Con el tiempo, continuamos escribiendo para que esa atención se retire de nosotros y se centre en nuestro libros, al punto de que la atención sobre nosotros, a la que tenemos que ceder, a veces puede resultar engorrosa. Dicho esto, la inmortalidad me tiene sin cuidado. Escribir es la forma más idónea de intervenir en los asuntos de nuestra época, de una manera penosamente ineficaz, pero la única forma que nos resulta posible. Supongo que escribes porque crees que lo mejor de ti está en esos libros.

    - ¿Cómo se vive, desde dentro, la actual situación que atraviesa la industria editorial de nuestro país?

    - Decir que los escritores estamos dentro de las editoriales es un poco aventurado.

    - Forman parte de la industria.

    - Eso equivale a decir que una nutria despellejada forma parte de la vida cotidiana de una señora española de 60 años… Mi impresión personal es que la persistencia en el error de buena parte de la industria editorial, que repite con variables insustanciales aquello que no funcionó en el pasado, en términos económicos y artísticos, equivale a una especie de suicidio colectivo. Es muy posible que haya, detrás de las decisiones editoriales, un tipo de lógica que yo no comprendo, desarrollada por personas mucho más inteligentes que yo y que acabarán triunfando. Ahora bien, no parece haber ningún criterio objetivo que nos permita inferir que están ganando; por el contrario, lo que vemos es un retroceso de la literatura en términos de ventas y de importancia social de los libros. Es evidente que asistimos a una especie de monumental error, pero no creo que deba responsabilizarse solo a los editores, también comprende a los autores. Parece haber una tendencia en la sociedad a creer que la crisis es culpa de alguien, pero la crisis es de todos nosotros, hay algo que es parte de un espíritu de época, que posiblemente se convierta en una forma de gobierno, que se llama crisis y de la cual participamos todos.

    - ¿Y qué papel debe ejercer el intelectual ante la crisis?

    - Es absolutamente imposible mantenerse al margen en situaciones como estas. Los textos que me parecen más políticamente relevantes son los que no se proponen intervenir en el ámbito de los síntomas, como los desahucios y el desempleo, sino en el ámbito de la enfermedad misma, que es el de nuestras convicciones y valores, que son los que nos han llevado a tomar las decisiones que nos han conducido hasta la situación actual. Todos los intelectuales tenemos una cierta voluntad política, un cierto compromiso político, y ese compromiso se debe expresar en aquello que producimos. Vale la pena desconfiar de aquellos autores que hacen público su compromiso privado. Me resulta difícil creer que haya alguien allá afuera que requiere conocer mi opinión política para tomar la suya. Nadie necesita al hombre del tiempo para saber si hacer frío o calor.

    - Basta con salir a la calle.

    - Exacto, y eso es la política, salir a la calle. La sociedad peruana se ha visto más beneficiada con los libros de Mario Vargas Llosa que con sus opiniones políticas o, incluso, con su candidatura presidencial.

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