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Todos hablan de Limónov

Emmanuel CarréreLa biografía del célebre rufián ruso Limónov, que ha publicada Anagrama, escrita por el francés Emanuel Carrére, está siendo leída por todo el mundo. Los comentarios de los lectores son muy favorables y las reseñas, en su mayoría, también lo son. Aunque hay de cal y arena. Rafael Narbona le brinda elogios en “El Cultural” mientras que Patricio Pron la considera fallida en ABC.
Dice Narbona:
Limónov se lee a un ritmo vertiginoso. Es una novela divertida, ocurrente y con una notable capacidad de análisis. No se limita a contarnos la biografía de un pequeño delincuente que durante un tiempo consigue introducirse en los círculos literarios de París y Nueva York y, más tarde, decide regresar a Rusia para iniciar una carrera política de tintes fascistas, no sin antes haber combatido a favor de la causa serbia y haber entrevistado a Karadzic en las colinas de Sarajevo. Además, es un excelente relato de la Unión Soviética desde los años de la postguerra hasta la actual era Putin. Hijo de un agente del KGB, Limónov soñará con huir de un país sin libertades ni alicientes para un joven inquieto, pero no tardará en descubrir que la perestroika sólo es el preámbulo de una catástrofe social y política. La nueva Rusia convertirá a una pandilla de malhechores sin escrúpulos en los amos de un país que apenas ha conocido la paz y la prosperidad. El Gulag no desaparece (sólo cambia de nombre) y la guerra de Chechenia reproduce los horrores de la campaña de Afganistán. Occidente no es un lugar menos abyecto, con sus políticos venales, sus empresarios arrogantes y sus intelectuales de pacotilla. Tal vez las mejores páginas se hallen en el relato del hundimiento de Limónov durante su estancia en Nueva York, cuando las editoriales rechazan sus manuscritos, mientras trabaja como criado de un multimillonario. Lleno de rabia y resentimiento, se plantea imitar al Travis de Taxi Driver, matando a una celebridad, pero una hebra de esperanza contiene sus propósitos homicidas. No es menos brillante la descripción de sus sucesivas relaciones de pareja. Durante años, convivirá con Natasha, una ninfómana alcoholizada que le engaña compulsivamente. Sin embargo, no la abandonará y sentirá que su promiscuidad sólo es el reflejo de su profunda vulnerabilidad.
Por otra parte, dice Patricio Pron:
Desafortunadamente, Carrère no conversa con otras personas que lo hayan conocido ni coteja lo que el escritor ruso ha dicho y dice de sí mismo con lo que otros pudiesen decir de él, y esto se debe a su interés por una figura que no permite matizaciones, que arrastra a su biógrafo (y, con él, al lector) sin que este tenga tiempo de vacilar, de preguntarse acerca de la verosimilitud de lo que se le está contando o de ejercer el juicio crítico con el que Limónov parece haberlo observado y descartado todo, a excepción de sí mismo.
(…)
Es difícil encontrar un contraste mayor, al punto de que el lector desearía que algo del descontento consigo mismo y con los demás que siempre ha caracterizado a Limónov se hubiese contagiado a su biógrafo, no sólo por el bien de sí mismo, sino también de su retrato del escritor ruso. No sucede así, pero ese lector se ve compelido de todas formas a dejar de lado estas objeciones ante las peripecias y los extraordinarios cambios de rumbo en la vida del personaje principal, así como la sobriedad y la inteligencia con las que Carrère realiza un esbozo de sociología literaria de la Unión Soviética de la década de 1960 (lo mejor del libro) y narra a través de su biografiado uno de los momentos más apasionantes de la Historia reciente de Europa Oriental: la disolución de la Unión Soviética, el caos político y económico subsiguiente, las guerras balcánicas, la instauración de un nuevo régimen de terror en Rusia, el ascenso de Vladímir Putin.
Al final de este libro no sabemos realmente quién es Eduard Limónov, pero sí de las circunstancias que llevaron a él y a otros a cambiar de rumbo una y otra vez y otra, y esas circunstancias son el resultado de los vientos de la Historia, que en Europa Oriental adquieren siempre el carácter de huracanes violentos y contradictorios que lo arrasan todo a su paso y sólo dejan ruinas.