Blog de noticias literarias. Dirigido por Iván Thays.

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  1. “No soy un escritor del Partido, detesto a los funcionarios corruptos”

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    Mo Yan

    Estupenda la entrevista de Bernhard Zand a Mo Yan que aparece hoy en el diario El País. El premio Nobel le ofrece unos minutos que, al final, serán un par de horas. Y dice todo lo que tenía guardado desde que ganó el Nobel. 

    Algunas preguntas:

    Pregunta. Su nombre artístico Mo Yan significa literalmente “no hables”. Parece que se toma eso muy en serio. ¿Por qué rehúye el contacto?

    Respuesta. Porque me cuesta realizar comentarios de corte político. Escribo deprisa, pero pienso de manera concienzuda. Cada vez que hablo en público, me pregunto posteriormente si me he expresado con claridad. No obstante, mis opiniones políticas están muy claras. Se pueden consultar en mis libros.

    (…)

    P. Sus libros pintan un amargo retrato de la China moderna. Parece que ni sus personajes, ni la sociedad, ni el propio país evolucionan en estas novelas.

    R. En ese sentido no soy típicamente chino. Las historias y los dramas chinos suelen terminar bien. Pero la mayoría de mis libros tienen un final trágico. Sin embargo, hablan de esperanza, dignidad y fuerza.

    P. Desde un punto de vista artístico, sus novelas se leen como películas: esquivan la mirada directa dentro de la mente de sus personajes.

    R. Eso forma parte de la experiencia espiritual de mi generación. Algunas personas han reconocido que la Revolución Cultural fue un error del Partido, pero también han aceptado que el Partido ha corregido este error.

    (…)

    P. En sus libros critica a los funcionarios del Partido Comunista y sus actos de forma radical, pero en sus declaraciones políticas, e incluso en esta entrevista, es usted muy blando. ¿Cómo explica esta contradicción?

    R. No existe ninguna contradicción con mi postura política si critico duramente a funcionarios del Partido. Siempre he hecho hincapié en que me considero un escritor de las personas, no escritor del Partido. Detesto a los funcionarios corruptos.

    P. El escritor chino Liao Yiwu dice que usted es un escritor al servicio del Estado, que no guarda ningún tipo de distancia con el Partido.

    R. Sé que Liao me envidia por haber recibido este premio, y lo entiendo. Pero la crítica que me hace no está justificada.

    P. ¿A qué crítica se refiere concretamente?

    R. Me reprocha, por ejemplo, que he ensalzado a Bo Xilai…

    P. El líder del Partido en Chongqing encarcelado por un supuesto caso de corrupción…

    R. Se refiere a un poema. Pero es todo lo contrario: estaba siendo sarcástico, escribí un poema satírico. Permítame que vuelva a escribirlo.

    Coge un cuaderno y escribe:

    Suenan las canciones rojas, resuenan los golpes contra los negros.

    El país entero tiene la vista puesta en Chongqing.

    Mientras la araña blanca teje una auténtica red,

    el caballo negro con diarrea no es ningún joven iracundo.

    Los poetas no son ni de izquierdas ni de derechas.

    “En otoño de 2011”, continúa Mo, “un amigo de Chongqing me pidió una caligrafía, que es algo que se suele hacer entre poetas. Le envié este poema, y me contestó: ‘No sé si tengo que reír o llorar’. En el país había por aquel entonces muchas personas que alababan al cabecilla del Partido Bo por su lucha contra los negros, es decir, la mafia, y porque dejaba cantar ‘canciones rojas’. A muchos escritores les pidieron que hicieran lo mismo. Cuando hablo de la araña blanca me refiero a los jóvenes en China que se pasan todo el día en Internet, y que realmente destapan a criminales: los funcionarios corruptos. El caballo negro con diarrea representa a todas las personas que solo personifican a los intelectuales. Y luego sigue una exhortación a mis amigos escritores para que no se adhieran ni a la izquierda ni a la derecha, sino que escriban en nombre de las personas.

    P. ¿Sus críticos han malinterpretado a propósito este poema para que la gente lo tomara a usted por un amigo de Bo Xilai?

    R. Mis enemigos son principalmente escritores, personas que también escriben poesía, y saben perfectamente que este poema es una sátira. Pero desde que me concedieron el Premio Nobel, miran mis errores con lupa y trastocan el significado de mis poemas.

    P. Uno de los principales reproches que le hacen los disidentes chinos es que haya contribuido con un libro que celebra el infame discurso de Yan'an de Mao Zedong, un discurso en el que se fijaron en 1942 los límites que no se iban a poder sobrepasar al escribir.

    R. Ese discurso es actualmente un documento histórico que contiene elementos razonables, pero también errores. Cuando mi generación y yo empezamos a escribir, fuimos ampliando y sobrepasando poco a poco los estrictos límites que nos habían impuesto. Ninguna persona con conciencia que lea textos míos de esa época podrá decir que no soy crítico.

    P. Pero ¿por qué contribuyó entonces con ese libro?

    R. Honestamente fue una idea comercial de un editor, un viejo amigo mío. Ya se había granjeado a más de 100 escritores, y durante una conferencia se paseó con un libro y un bolígrafo y me pidió que copiara un párrafo del discurso. Le pregunté: “¿Qué quieres que escriba?”. Y me dijo: “Mira, esto es lo que he elegido”. Fui lo bastante vanidoso como para hacerlo: quería presumir de mi caligrafía.

    (…)

    P. Actualmente es usted vicepresidente de la Asociación de Escritores de China. ¿Se puede ocupar ese puesto en China sin estar próximo al Gobierno?

    R. Es un título honorífico que no le importaba a nadie hasta que no me concedieron el Premio Nobel. Pero hay gente que cree que un nobel tiene que ser por principio miembro de la oposición. ¿Eso es así? A esas personas no les interesa lo más mínimo lo que escribo. ¿No debería concederse el Premio Nobel de Literatura por la literatura, por lo que uno escribe?

    P. En China hay personas que son perseguidas y encarceladas por lo que escriben. ¿No siente la obligación de aprovechar su distinción, su popularidad, para defender a esos escritores?

    R. He afirmado públicamente que espero que Liu Xiaobo recupere su libertad lo antes posible. Sin embargo justo después volvieron a atacarme y me obligaron a expresarme una y otra vez sobre esta misma cuestión.

    P. Entre sus críticos se encuentra el artista Ai Weiwei.

    R. ¿Y qué ha dicho de mí?

    P. También le tacha de ser un escritor al servicio del Estado. Afirma que es ajeno a la realidad del país y que, como intelectual, no es usted apto para representar a China.

    R. Pero ¿no son la mayoría de los artistas en China artistas al servicio del Estado? Muchos ocupan cátedras, otros escriben en periódicos estatales. ¿Y qué intelectual puede afirmar de sí mismo que representa a China? Yo no. ¿Puede Ai Weiwei? Creo que los únicos que pueden realmente representar a China son los que están ahí fuera excavando con las manos en la suciedad y adoquinando las calles.

    P. Usted no es solo miembro del Partido, sino que ha afirmado en numerosas ocasiones que cree firmemente en la utopía del comunismo. No obstante, ¿no demuestran gradualmente sus libros que el comunismo no funciona? ¿No resultaría natural decirle adiós a dicha utopía?

    R. Lo que escribió Marx en el Manifiesto comunista es de una belleza magnífica. No obstante, me parece muy complicado llevar ese sueño a la práctica. Por otro lado, cuando me fijo en el Estado de bienestar de los países de Europa, sobre todo del norte de Europa, me pregunto: ¿son concebibles estos Estados, estas sociedades, sin Marx? En cierto modo, el marxismo ha salvado al capitalismo, porque los que realmente se han beneficiado de las bendiciones de esa ideología son las sociedades occidentales. Los chinos, los rusos y los europeos del Este malinterpretamos a Marx.

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