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El oficio editor de Mario Muchnik

Mario Muchnik
Mario Muchnik, argentino radicado hace décadas en España, ha publicado varios libros de memorias como editor (el más conocido lleva el singular título Lo peor no son los autores) pero, al parecer, aun queda más que decir en el tintero. Acaba de editar Oficio editor en El Aleph y Juan Cruz lo lleva a una panadería francesa en Madrid para hablar de lo que no puede comer (extraña la carne argentina) y lo que sí puede editar.
Dice la nota:
Su libro comienza con esta frase: “Hacer libros puede significar escribirlos o editarlos. Yo he hecho ambas cosas y soy incapaz de optar por lo uno o por lo otro: escribir me divierte tanto como editar, si bien editar tuvo la ventaja de darme de comer”. Y en el libro hay comidas memorables, “y también difíciles”. En las comidas uno puede arreglar cosas “si tiene voluntad de arreglarlas, pero también pueden ser un martirio”. En uno de sus vaivenes tuvo una importante relación con Planeta y con el hijo mayor de Lara, José Manuel, comió varias veces. “Siempre hubo armonía, incluso cuando había complicaciones por medio”. Vino blanco, pescado, buenos restaurantes. “Si no comes bien, no hablas bien, ¿no te parece?”. El hijo menor de Lara, Fernando, fallecido cuando era muy joven, le explicó un día por qué lo echaban de la empresa: “Porque tú no eres un empleado”.
No, no es un empleado. Es él mismo, acaso por eso su editorial, cuando dependía de otros, también se llamó Muchnik Editores. Él y su padre, don Jacobo. “José Manuel Lara lo llamó don Jacobo. ¡Qué feliz le hizo eso!”.
Oficio editor es un recuento y también una lección para editores nuevos. “Ahora los editores parecen cirujanos que vienen con su batita verde”. Y, entre otras cosas, “han cambiado las cenas y las comidas. Ahora comen bocadillos. ¡Si los editores trabajamos en las pausas, en las cenas, en los almuerzos!”.
Durante sus épocas más afluentes, Muchnik almorzaba con libreros de cualquier sitio. “Llamábamos a los almuerzos Cinco horas con Mario, pues podíamos estar ese tiempo hablando de libros”. Al final, también retrata a su entrevistador antes de irse a casa. Van a llamarle de Bilbao. “¡Nunca me habían hecho tantos reportajes!”. Es que es un autor, como los 500 que tuvo.
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