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  1. Una mezcla de Chatwin y Conrad

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    Bernardo Carvalho

    Nueve noches de Bernardo Carvalho es un libro muy importante en Brasil, una mezcla e autobiografía y ficción, pero recién ha alcanzado una traducción al castellano en Edhasa. La novela trata sobre el antropólogo estadounidense Buell Quain, perdido en la selva del Brasil en 1939, finalmente suicida. Una mezcla de Bruce Chatwin y Joseph Conrad, dice la contratapa. Leopoldo Brizuela entrevista a Carvalho sobre su novela para Revista Ñ.

    Algunas preguntas:

    -La crítica ha señalado que Nueve noches parece escrita “en estado de gracia”. Usted declaró que la gran energía creativa que exuda la novela provino de un largo período de bloqueo.
    -Bueno, no sólo de un bloqueo. Mis tres libros anteriores, alguno de los cuales ya fueron publicados en la Argentina, correspondían a la misma estructura narrativa. Para romper con aquel vicio, que me asfixiaba, resolví volver al cuento, un género que yo no abordaba desde mi primer libro, Aberración (1993). Entregué el libro, y al mes el editor me llamó para decirme no sólo que los cuentos eran pésimos sino que seguían repitiendo lo que había hecho hasta entonces, sólo que peor. Fue lógico que perdiera la chaveta. Quedé en un estado de hipersensibilidad, un estado límite, como si hubiera fracasado para siempre como escritor y nunca más fuera a escribir nada, enfermizamente atento a todo lo que pudiera traerme de vuelta a la literatura. Hasta que, tal como se narra en la novela, leí en el periódico Folha de Sao Paulo el artículo que hacía mención al suicidio de Buell Quain. Fue una centella. 

    -Quizá lo que resulte hipnótico de la novela sea el truco del “cazador cazado”. La figura del antropólogo, dedicado a observar indios krahó, sus redes de parentesco, es observada cuidadosamente por el autor en el marco de su tiempo –las vísperas de la Segunda Guerra y el apogeo del Estado Novo brasileño– y su propia familia de elección –los verdaderos caciques de la antropología como Lévi Strauss, Margaret Mead y Ruth Benedict, maestra de Quain. Su fracaso es el fracaso de toda una cultura; y en más de un sentido evoca el destino del poeta. 

    -Para mí, la seducción del personaje de Buell Quain, la belleza trágica de ese sujeto, más que en ninguna virtud suya o en nada que haya hecho, reside en haberse dejado contaminar por el objeto. Es un sujeto que parte de un lugar seguro –una familia de la alta burguesía, de profesionales americanos–, un lugar de conocimiento la Universidad de Columbia, donde era el niño mimado de la eminente antropóloga Ruth Benedict, para enredarse de tal modo con lo desconocido, que termina por perderse. Completamente. Hasta la muerte. Quain pasa a vivir el mismo terror que viven los indios. Es el sujeto que se confunde con el objeto, la imagen de la locura. Me interesa mucho lo que usted me decía sobre la identidad del itinerario de Quain con el trabajo de la literatura. Pero no estoy muy seguro de ver una identidad entre el suicidio de Quain y el fracaso del poeta, que en el fondo nunca es un fracaso, porque si no dejaríamos de escribir. Lo que sí puedo decir con certeza es que esa contaminación se dio en el mismo proceso de escritura de Nueve noches: yo mismo me contaminé de la locura de Quain. Hice esas entrevistas, investigaciones; pero también, como se cuenta en la novela, llegué a enviar cartas a todos los Quain que encontré en las guías telefónicas de tres estados norteamericanos, poco antes de la avalancha de cartas letales con ántrax. Me fueron devueltas por cientos, la mayoría sin abrir, y algunas abiertas, supongo, por los servicios de información. En mi caso, inversamente, fue esa contaminación lo que me salvó. 

    (…)


    -Sus personajes en el fondo no son más que huérfanos desesperados, ansiosos de inventar lazos de parentesco sustituto con otros varones, y quizá sea esa la única razón de empatía con los indios: la sensación de que ellos son los “huérfanos” que intentan labrar con la civilización que apenas si consiguen entender. 

    -Sí, claro. Pero esto ya está en la idea misma de la antropología moderna. De hecho, algo que me interesaba muchísimo es que la antropología estructural de Levi Strauss surge justamente con la noción de parentesco, con su comprensión genial de sistemas muy complejos de lazos de parentesco entre los indios. Como bien dice, toda la novela está asentada sobre la figura del padre y su falta. Creo que en todos mis libros, y no solamente en “Nueve noches” hay un cierto encanto por la idea del ser humano como un callejón sin salida, una contradicción en los términos, una especie suicida. Y es eso lo que da sentido a la literatura.

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