Blog de noticias literarias. Dirigido por Iván Thays.

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  1. Antonio Ortuño: “La épica mexicana es una épica de batallas perdidas”

    La violencia de América Latina no deja de generar novelas. Antonio Ortuño en La fila india (Océano) narra un episodio de esa violencia, en torno a los inmigrantes centroamericanos en busca de un mejor destino en Estados Unidos. Les dejo una reseña muy positiva de Juan Pablo García Moreno, en Nexos Cultura, y una entrevista para la revista digital “Sin Embargo” realizada por Mónica Maristaín.

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    Algunas preguntas de la entrevista:

    - Leyendo La fila india pensé en que a los ciudadanos de a pie no nos quedan más que las instituciones, aunque sean corruptas, aunque sean tremendas…

    - El asunto es que nos tenemos que apañar con eso y a veces funciona. A veces la policía detiene al malo, a veces la salud pública te cura, pero al fin todo es una ruleta…

    - Tal vez si existe un lugar correcto desde donde narrar lo que sucede, sea este, desde aquello que llamamos “instituciones oficiales”.

    - Pensé mucho en eso antes de iniciar la novela, buscando desandar el propio automatismo, creando una protagonista que está a contrapelo del divismo exacerbado de los narradores de novelas.

    - La inclusión de un niño en la historia estimula la pregunta de qué tipo de sociedad queremos dejar a los que vendrán…

    - Hay un tipo de literatura que se hace desde la perspectiva de Mad Max: todo está podrido y nos damos de balazos, pero en realidad lo que uno quiere no es morirse sino saber cómo diablos sobrevivir a este horror.

    - La voz de los biempensantes en tu novela es la voz que muchos mexicanos no estarían dispuestos a admitir que tienen, pero la tienen

    - Claro, es una voz terriblemente mexicana, pero es off the record. Es lo que dicen los mexicanos cuando no están mirando a la cámara. Es lo que lees en los foros de Internet, de esos anónimos que nunca dan la cara, toda esa basura racista y clasista que se vuelca en las redes sociales cuando México juega con Costa Rica, por ejemplo.

    (…)

    El resentimiento del profesor, el ex marido de La Negra, parece ser descrito como un tinte nacional

    - Creo que sí. Si pudiéramos detectar el temperamento base de un mexicano, suponiendo que existiera tal entropía, lo que encontraríamos sería el resentimiento. Junta a dos mexicanos y se pondrán a hablar mal de un tercero y a quejarse de todo aunque les vaya bien. Es casi una ley newtoniana. Es probable además que hasta Slim se queje cuando se le va un millón, aunque le queden mil en la cuenta. Por supuesto, esto con todos los matices del mundo. No es una novela de tesis ni creo haber descubierto el hilo negro, sólo he tratado de reflejar esa característica tan extendida en el discurso social y personal de mucha gente en México.

    (…)

    - Parece ser que el matiz está dado en las mujeres y que ese carácter resulta estrictamente masculino…

    - Recuerdo haber leído un artículo polémico como todos los que escribe Martin Amis en donde criticaba el fanatismo de los musulmanes y trataba de rastrear esa masculinidad feroz en la historia de derrotas en distintas guerras y batallas. Sentía cuando lo leía que no hablaba de los árabes, sino de los mexicanos. La épica mexicana es una épica negativa, de batallas perdidas, el héroe muere desastrosamente o se convierte después en un dictador. Es una especie de vía en donde todo termina siempre para peor y que explica en cierta medida la ambición de un país que siempre está a punto de ser la gran cosa que nunca termina de cuajar. Eso está atado al carácter masculino del mexicano.

    - El tema de los inmigrantes, tan actual, esa manera de buscar el paraíso en la tierra y el alto precio que se paga por ello, es central en tu novela

    - Creo que la sociedad mexicana, como muchas, es bastante incapaz de lidiar con la migración, pese a que sea una sociedad, insisto como muchas, para la que la migración es un elemento fundamental. Partiendo por supuesto del hecho que hemos expulsado a unos cuantos millones de personas a los Estados Unidos al que se le adosa un discurso de victimismo, que contrasta con la paradoja terrible y grotesca por la que somos incapaces de entender la migración centroamericana a partir de nuestro propio ejemplo.

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