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Álvaro Enrigue: “Pertenezco a la estirpe de los autores desorientados”
Hoy los lectores de “El País” tuvieron la oportunidad de participar de una charla digital con el reciente ganador del premio Herralde, Álvaro Enrigue, autor de Muerte súbita.

Aquí algunas preguntas:
Quevedo es el personaje que le hace contrapeso a Caravaggio, es el rival del partido de tenis que es lo que, para mí, le da linealidad a la narración y que sirve para hablar de otros temas en los intermedios y encontrar el punto de unión. ¿Por qué razón literaria no tiene tanta importancia la vida-obra de Quevedo en su libro?
en parte por que para los hispanoparlantes Quevedo es una figura ya arquetípica: cada quién tiene el suyo y debe ponerlo donde dice “el poeta”. Por otra parte, el Quevedo de la novela es un Quevedo anterior al Quevedo histórico y célebre, es todavía un muchacho que no sabe hacia dónde tirar. Me interesaba que su transformación en el monstruo de la moral imperial fuera no sólo posterior al juego, que fuera resultado del juego.
Enhorabuena por el Herralde, Álvaro. ¿Crees que el duro contexto que vive México ‘ayuda’ al escritor? ¿Qué sucede en tu país para que sea una cantera inagotable de notables autores y de propuestas muy avanzadas (Bellatin, Luiselli, Glantz, Pitol, Villoro y tú, entre muchos más)?
Creo que los años interesantes producen escritores interesantes –no que le recomiende a nadie vivir esos tiempos. En España están teniendo lo suyo de dificultades y es notorio, también, cómo han proliferado voces interesantes en el país. Pero es lo que José Emilio Pacheco llamaba una “teoría Nescafé” –instantánea. Con México siemente: uno de cada cuatro hispanoparlantes es mexicano. Eso ayuda a producir voces.
Poniendo en perspectiva tu obra, ¿qué te faltaría por escribir, sobre qué iría esa obra que le gustaría mucho escribir a Alvaro Enrigue y no lo ha hecho?
Es de pésima suerte contarlo, pero ahora estoy trabajando en un libro que me tardé tantos años en emprender como “Muerte súbita”.
Este año será festejado el Centenario de Octavio Paz. ¿Crees que la calidad de su obra está a la altura del boato de los festejos en ciernes?
Siempre he estado contra los homenajes, no por la horrorosa cursilería que generan en torno a la figura festejada, sino porque sustituyen al autor por la obra. Si vas al homenaje a X, ya no lo lees. Creo que a Paz hay que leerlo y mucho. conforme pasa el tiempo, me gusta más y más como poeta y no como ensayista –aunque tenía una prosa estupenda de verdad. Paz es como Borges u Ortega, leerlo es aprender a escribir.
Me has dejado con la intriga. ¿De qué trata ese nuevo libro en el que estás embarcado?
Tampoco es que lo tenga claro, Claudia. La verdad es que yo no me entero de qué se tratan mis libros hasta que la gente me lo dice. No soy un escritor cartesiano, con proyectos nítidos. Escribo porque es mi trabajo. Y tengo la suerte de que sea el mejor trabajo del mundo.
¿Un matrimonio entre escritores produce literatura?
Produce felicidad, en mi caso. Y la literatura, cuando es buena, es un método modesto para producir felicidad.
¿Qué autores/as has descubierto últimamente?
Quiero leer un libro gringo de los setenta que se llama “Stoner” –y que nunca tuvo éxito en Estados Unidos–, no se ni de quién sea, pero en Europa todos están locos por él.
¿Qué tal se lleva usted con su editor, el célebre Jorge Herralde?
Discutimos muchísimo, a veces a sombrerazos, que es la mejor forma de tener una gran amistad con tu editor. Y aunque siempre le hago rabietas, lo escucho con mucha atención.
¿A qué estirpe de obras o autores considera que pertenece usted y su brillante Muerte súbita?
A la estirpe de los autores desorientados.
Hola, Álvaro. Saludos desde Córdoba. ¿Tú también eres fan número 1 de Bolaño?
Estoy demasiado viejo para ser bolañólatra, pero tengo mucha envidia de los escritores que siguieron a mi generación: tienen un escritorazo hacia el cual apuntar cuando se sientan a trabajar. O un padre tremendo del cual librarse. Ambos casos me parecen saludables.
Su libro está basado en una investigación histórica sobre el tenis y el descubrimiento de datos relevantes sobre Caravaggio. ¿Que libros de ficción contemporánea fueron importantes para la creación de Muerte súbita?
El programa era, precisamente, que no se pareciera a ninguna otra novela –es arrogante y mamón ponerlo así, pero el juego era ese y si uno no juega cuando escribe, termina hecho un realista decimonónico.
¿Cuándo se le ocurrió la idea para esta novela y cuanto tiempo tardó en total necesitó para escribirla?
Se me ocurrió a principios de siglo y estuve circulándola desde entonces, pero escribí la primera línea en la primavera de 2009.
¿Cuáles fueron tus referentes para escribir esa “novela histórica” tan particular que es Muerte Súbita?, ¿A quien estabas releyendo mientras escribías?
Leí Lolita, leí Money –de Amis–, leí todas las novelas sobre tenis que se han escrito, y son muchas. Pero sobre todo leía materiales históricos y de historia del arte.
Mis más sinceras felicitaciones. ¿Hasta qué punto influyen en tu obra José Emilio Pacheco o Carlos Monsiváis?
José Emilio fue mi maestro. Me fui a Maryland a hacer el doctorado por que él daba clase ahí. sigue siendo el mejor conversador del mundo y el mexicano que más libros ha leído.
Como ha respondido con otra pregunta -muy gallego-, repregunto: ¿cuáles son sus influencias literarias? ¿Solo José Alfredo Jiménez?
Y Agustín Lara.
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