Blog de noticias literarias. Dirigido por Iván Thays.

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  1. Un retrato de la narrativa hispanohablante

    La I Bienal Vargas Llosa, que empieza la próxima semana en Lima, es un buen motivo para que “El País” realice un retrato sobre la nueva narrativa hispanoamericana. Para algunos está en su mejor momento, otros consideran que es más bien predecible y con falta de riesgo y compromiso. La nota entrevista editores, agentes, críticos y escritores y la firma el siempre al día Winston Manrique Sabogal bajo el título “Geografías de la novela”.

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    Algunos párrafos interesantes:

    Uno de los escritores que hace seis años señaló al horizonte fue el mexicano Jorge Volpi. Él empieza a despejar ese territorio al decir que “hoy los escritores de América Latina ya no parecen obligados a tocar ciertos temas (o a usar ciertos recursos formales). No hay una deontología crítica que indique sobre qué escribir o sobre qué no escribir. De allí una variedad inusitada de temas y estilos”. Pero antes de cualquier otra cosa, el agente literario Guillermo Schavelzon recomienda que “en algún momento habrá que dejar de hablar de los autores latinoamericanos como si fueran un conjunto o tuvieran una identidad común. Comparten —con variantes— la lengua, pero su voz y su mundo es muy diferente”.

    Javier Cercas no se considera un escritor español sino en español. Para él la narrativa latinoamericana también es su narrativa, y su tradición, cuenta, “se ha enriquecido extraordinariamente en el último medio siglo, porque lo que ha ocurrido en ese lapso en Latinoamérica es lo mejor que le ha ocurrido a la narrativa en español desde Cervantes”.

    Luego vino ese florecer de la literatura española de los ochenta que permite a José-Carlos Mainer, crítico, escritor y catedrático español, asegurar que “después del gran giro narrativo internacional de los años ochenta, los escenarios son urbanos y los protagonistas, perplejos, complicados y un poco culpables. Y, muy a menudo, tratan de indagar en el pasado cercano que creó un presente tan incómodo. O buscan implícitamente el diálogo y la confrontación con las generaciones precedentes por la vía del reproche, de la aceptación o del redescubrimiento de la verdad”.

    Se trata de una novela trasatlántica. Julio Ortega, escritor y crítico peruano y profesor en la Universidad de Brown, dice que es el momento de una época posnacional y posnarrativa. La novela, afirma, “ya no se define por su lenguaje local ni por su linaje regional. Más que el estilo del autor o la temática del relato, la novela cuenta con la inteligencia del lector. Es un espacio en construcción, un ensayo de nuestra libertad”.

    Cruce de caminos y puerto de llegada y salida, la novela hispanohablante ofrece dos vertientes, según Mayra Santos-Febres, escritora puertorriqueña y organizadora del Festival de la Palabra: la revisión histórica de los años ochenta con las narcoguerras, las guerras de guerrilla, las dictaduras militares revisitadas desde la infancia y la novela íntima experimental. Sin olvidar, agrega, las obras “desde perspectivas de identidades múltiples como lo la identidad gay, o desde lo femenino, o desde la raza”.

    Además de la recuperación de esa memoria, según Enrique Planas, escritor y crítico del diario El Comercio, de Perú, “hay una afirmación de una estética pop que nos habla de una cultura, en el caso latinoamericano, mutante, fruto de migraciones, encuentros y cruces. Nuevos autores que replantean la construcción de la identidad abriéndola a nuevas posibilidades de género, y, por fin, discursos profundamente subjetivos, que apuntan más a las historias íntimas que al gran retrato social”.

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    Celebrado ese multicolor paisaje temático, sus estructuras novelísticas no lo son tanto. El autor colombiano Jorge Franco, dice que “hubo más experimentación y propuestas estructurales en la época del boomlatinoamericano. Aunque hay que destacar una fuerte influencia de lo audiovisual y lo cinematográfico”. Opinión parecida a la de Carlos Granés, de la Cátedra Vargas Llosa, quien recuerda que otros autores más que en la arquitectura de la novela exploran con el lenguaje. “Si en una época se sentía más el sonido de Faulkner, ahora es el de Roth”.

    El tronco central sigue siendo la narrativa realista, dice el boliviano Edmundo Paz Soldán. Se trata, afirma, “de narrativas más bien despojadas, poéticas, ingrávidas. Hay también una intensificación del diálogo con los géneros populares, desde el policial hasta el horror”. Para el peruano Santiago Roncagliolo, si hay un movimiento en español en los últimos años es la crónica: “La no ficción crece en todos los países hispanohablantes… menos en España”.

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    Hoy coexisten dos ámbitos que se entremezclan, explica Julián Rodríguez, editor de Periférica: “novelas hasta cierto punto experimentales, que obvian los llamados ‘rasgos circunstanciales’, alrededor del tema o atmósferas, y las novelas que entroncan con esa idea de la búsqueda de la Gran Novela: novelas que tratan de construir un mundo, generalmente más extensas, menos fragmentarias. Pero siempre con trasvases”. En otras palabras, “no son unívocas”, según Juan David Correa, escritor colombiano y director de la revista Arcadia: “Hay escritores que arriesgan más en lo formal y lo estructural, y otros que se aferran a la idea de regresar por el camino de las novelas más tradicionales”

    Con una aclaración del argentino Pablo de Santis: “Las formas vanguardistas se repiten mucho más que la otra literatura, la que acepta que forma parte de una tradición. Ya lo dijo Gore Vidal: ‘Todo cambia en el mundo, excepto el teatro de vanguardia”.

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    Lo que se constata en las obras de las dos orillas, según el crítico español J. Ernesto Ayala-Dip, “es una mayor porosidad en cuanto a las estrategias y tendencias narrativas. Un mayor diálogo entre las preocupaciones, fundamentalmente en cuanto a los propósitos estilísticos y a la disposición a no abandonar el espíritu de investigación de nuevas o renovadas formalizaciones narrativas”.

    Raquel Garzón de la revista Eñe, deClarín, de Buenos Aires, destaca la vocación de riesgo de los novelistas: “Se escribe con una gran libertad y aunque siempre hay ecos (toda la cultura es un gran palimpsesto), no hay devociones, los jóvenes no sienten la presión de escribir a la manera de tal o cual autor como un mandato”.

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    El balance de la novela que hace Claudio López de Lamadrid, director de la División literaria de Penguin Random House, no es tan optimista frente al de la mayoría. Lamenta la poca ambición en las propuestas. Y, sobre todo, no ve una predisposición por parte de los lectores a las obras ambiciosas. “Al intentar adecuarse a los gustos del público, los muchos autores descuidan la investigación y el trabajo con el estilo, el único territorio que les es propio y que les distingue de las formas invasivas, pantallas y demás. Aclaro que la radiografía que acabo de pintarte no es exclusivamente hispana. Sucede lo mismo con las demás literaturas acomplejadas muchas veces con el tirón de las series y el poder de la imagen”.

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