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  1. Alarcón gráfico

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    Shila Alvarado, compañera de aventura gráfica de Daniel Alarcón

    “Ciudad de payasos” es un cuento muy especial en la vida de Daniel Alarcón. No solo es uno de sus mejores relatos sino, si no me equivoco, es el que fue elegido en medio de miles de relatos inéditos por The New Yorker para ser publicado y luego… todo lo demás. El cuento apareció en su colección de relatos Guerra en penumbras y ha sido traducido y reseñado. Pero ahora ocurrirá algo especial con él: ha sido dibujado.

    Daniel junto a Shila Alavarado han hecho una versión gráfica del cuento y será presentada en la FIL Lima. Los dos dan su versión del proyecto en El Comercio.

    “Comenzamos a imaginar páginas —cuenta la artista—. Lo que no queríamos era encerrar la historia en los cuadraditos del típico cómic”, dice la ilustradora y lectora voraz de las historias de Daniel. ““Ciudad de payasos” fue siempre mi cuento favorito. Me gustó porque me abrió la visión que tenía de Lima. Y eso es lo que he querido hacer en el libro, dejar entre sombras la ciudad para que el lector la complete”.

    La complementación de ambos en este proyecto de novela gráfica no es algo que ocurra todos los días. Si bien el género es aún una curiosidad en nuestro país, la industria suele llevar por cuerdas separadas el trabajo de un dibujante y el del escritor. Empero, en “Ciudad de payasos”, editado por el sello Alfaguara, la sintonía entre ambos a lo largo de año y medio de trabajo, de reuniones, de largas sesiones en el Skype o el correo electrónico, queda clara al hojear las páginas de una obra tan íntima y personal.

    “Me apoyé siempre en la visión estética de Sheila y creo que llegamos a entendernos muy bien. Yo opinaba sobre la imagen y ella opinaba sobre el texto. Lo que importaba era que existiera una empatía. Que ninguna mirada rigiera sobre la otra”, explica Alarcón.

    Alvarado está de acuerdo: “Aprendimos en el camino a ceder, tanto en el texto como en la imagen. Incluso aprendimos a cuidar uno del trabajo del otro. Daniel siempre defendió mi trabajo, el espacio, el número de páginas del proyecto. Y yo siempre estuve pendiente de que la gráfica no cortara su texto”.


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