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Un corrido literario

narcotráfico en México
Todo el mundo se beneficia de las etiquetas, aunque a nadie le gustan. Élmer Mendoza, Ricardo Ravelo, Yuri Herrera, Lolita Bosch, Ioan Grillo y Juan Pablo Villalobos son algunos de los narradores que integran la llamada Narcoliteratura mexicana (que, como se ve por Lolita, no incluye solo autores mexicanos), una narrativa destinada a dar cuenta de la realidad del norte de México, la corrupción, el gobierno y los narcotraficantes (y de vez en cuando un corrido). “El Cultural” ha hecho una extensa nota al respecto, debido a Alberto Ojeda, donde solo se extraña al autor de La marrana negra de la literatura rosa, Carlos Velásquez.
Dice la nota:
Cuando se habla de su paternidad (en el marco de la fabulación), el autor más señalado es Élmer Mendoza (Culiacán, 1949), creador de la serie del detective Edgar el Zurdo Mendieta (La prueba del ácido, Nombre de perro…), por lo general embrollado en la resolución de entuertos sumergidos en las cloacas del narco. “Mi primera novela sobre este tema, El asesino solitario, la escribí en 1999, mucho antes de que comenzara la guerra”. Élmer Mendoza intenta sacudirse desde hace tiempo el sambenito de oportunista, que le adjudican los que ven en su obra una especie de aprovechamiento interesado de la violencia, sobre todo ahora que está en el candelero mediático. Con este dato, que ofrece a El Cultural, intenta defenderse de tales acusaciones. La etiqueta narcoliteratura, dice, es “un invento de la prensa y de los editores que ha funcionado muy bien. Es cierto que muchos críticos y académicos muy respetados me citan como su padre. Pues perfecto: si mi literatura no gana con el tiempo otro nombre, éste me vale”.
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Hay muchas voces encuadrables en este ámbito narrativo. Juan Pablo Villalobos (Guadalajara, 1973) se ha hecho su propio hueco en medio de esa polifonía. Fiesta en la madriguera (Anagrama, 2010), su ópera prima, tuvo el mérito de colocar la narcoliteratura en el mapa anglosajón. Publicaciones como The Daily Telegraph, Sunday Times, The Guardian procuraron numerosos elogios a su fábula sobre el turbio universo del crimen organizado, visto en la novela con los ojos inocentes de un niño. En opinión de Villalobos, sí hay un trasfondo mercantilista en la acuñación de este presunto género: “Me parece una perspectiva oportunista, una etiqueta para intentar vender libros. En el fondo estos sólo pueden dividirse en dos grupos: buenos y malos. Se han escrito magníficos libros sobre la violencia del narco en los últimos años en México, es un hecho. Y también se ha publicado un montón de basura”.
Yuri Herrera (Actopan, 1970), flamante chico Granta, se ha ganado también un puesto privilegiado dentro de este grupo de narradores. Con su debut literario, Los trabajos del reino (Periférica), daba cuenta de la vanidad de los principales capos mafiosos, que contratan vocalistas de corridos para que canten a los cuatro vientos sus hazañas. La tensión entre arte y poder sostiene toda la trama, contada con el léxico y el ritmo del lenguaje de la frontera. Herrera mira con reticencia la etiqueta en cuestión: “Me he resistido mucho a tenerla en cuenta, porque creo que simplifica algo mucho más complejo: la cantidad de libros que se engloban en ella tratan de muchas cosas”. Aunque entiende su carácter práctico: “Supongo que es muy útil en ciertos entornos, el académico por ejemplo, y que por otro lado sí hay una cantidad de libros que específicamente, sobre todo desde el periodismo, tomar el narcotráfico como núcleo de su trabajo”.
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Lo que se viene en el 2013 (España y traducciones)

El retorno de Jeffrey Eugenides
El blog Papeles Perdidos del diario “El País” ha elaborado una lista de libros que podemos esperar para el 2013, tanto de autores españoles como traducciones. Aquí están los avances de lo que se viene. En castellano, libros de Lolita Bosch, Laura Restrepo, Yuri Herrera y Rafael Chirbes. En traducciones, el año se presenta extraordinario, con la traducción del Booker de Hilary Mantel, y del NBA Louise Erdrich, una nueva novela de Philipe Claudel, un libro rescatado de Danilo Kis, libros de David Mitchell, Michael Chabon, Cynthia Ozick, Dacia Maraini, Emanuelle Carrere, Erri de Luca y la esperadísima nueva novela de Jeffrey Eugenides (además, sé que para marzo Anagrama traducirá la nueva novela de Ian McEwan, aunque no lo dice el post de Papeles Perdidos).
Dice:
El tema de la mujer cobra fuerza con obras como Reflejos en el ojo de un hombre (Galaxia Gutenberg), de Nancy Huston, que aborda la violencia, las desigualdades, los prejuicios y la prostitución; La ridícula idea de no volver a verte (Seix Barral), de Rosa Montero, sobre el papel de la mujer a lo largo de la vida (…)
La ficción literaria en español trae a Carme Riera con su novela autobiográfica Tiempo de inocencia (Alfaguara), Rafael Chirbes con En la orilla (Anagrama), Laura Restrepo con Hot Sur (Planeta), Ramiro Pinilla con El cementerio vacío (Tusquets), Manuel Vicente con El azar que la mujer nubla (Alfaguara), César Aira con Libro de cuentos y Los fantasmas (Mondadori), Cristina Fernández Cubas con La puerta entreabierta (Tusquets), Santiago Roncagliolo con Óscar y las mujeres (Alfaguara), Lázaro Covadlo con Taimir (RBA), Martín Casariego con El espejo del día (Planeta), Eduardo Lago con Siempre supe que volvería a verte (Destino) y Francisco González Ledesma con Peores momentos de morir (Planeta), Lolita Bosch con Campos de amapola antes de esto (El Aleph), Yuri Herrera con La transmigración de los cuerpos (Periférica) e Ildefonso Falcones con título aún por definir en Grijalbo.
La narrativa en otros idiomas traerá dos libros premiados como los mejores en 2012 en Reino Unido y Estados Unidos, respectivamente: Una reina en el estrado (Destino), de Hilary Mantel, con el cual ha logrado por segunda vez en Booker, y La casa redonda (Siruela), de Louise Erdrich. Otro autor doblemente premiado con el Booker que estará presente este 2013 es el australiano Peter Carey con La naturaleza de las lágrimas (Alfaguara); de Francia llegará Emmamuel Carrere con Limónov (Anagrama), Philippe Claudel con Olores (Salamandra), Mathias Enard con Calle de ladrones (Mondadori); de EE UU Cynthia Ozick con Cuerpos extraños (Lumen), Jeffrey Eugénides con La trama nupcial (Anagrama), John Irving con Personas como yo (Tusquets), David Foster Wallace con su primera novela La escoba del sistema (Pálido fuego), Michael Chabon con Telegraph Avenue (Mondadori), David Mitchell con El bosque del cisne negro (Duomo) y Ben Lerner con Saliendo de Atocha (Mondadori); de Serbia Danilo Kis con Lección de anatomía (Acantilado); de Italia Dacia Maraini con Amor robado (Galaxia Gutenberg), Paolo Giordano con El cuerpo humano (Salamandra), Lorenza Foschinni con El abrigo de Proust (Impedimenta) y Erri de Luca con El crimen del soldado (Seix Baral); de Albania, Fatos Kongoli con Una nulidad de hombre (Siruela). Uno de los libros que cerrará el año será el primer volumen de todos los cuentos de Anton Chéjov (Páginas de Espuma).
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La primera vez

Foto: Joel Robinson
Leila Guerrero ha escrito un excelente artículo para “El País” donde comenta la primera vez de muchos autores, qué tan difícil les fue publicar entonces. Aparece Santiago Roncagliolo, Lolita Bosch, Daniel Alarcón, Pedro Mairal, Marcelo Figueiras, Martín Kohan, Juan Pablo Villalobos, Rafael Gumucio. Para ninguno fue fácil. Y aún ahora, estoy seguro, tampoco lo es.
Aquí algunas de las historias:
Lolita Bosch, en cambio, tenía un plan. Ella, catalana y residente en México desde los 18, decidió que iba a publicar solo cuando tuviera 35 años.
—Un año antes de cumplir los 35 fui a una librería y anoté nombres de editoriales. Envié cinco novelas para adultos, una novela para niños, y empecé a recibir rechazos de todas. Debo tener 50. Pero yo pensaba que era un proceso natural. Un día supe que un editor, Constantino Bértolo, estaba al frente de un sello llamado Caballo de Troya. Lo llamé, pero me decían: “No se puede poner”. Entonces llamé y dije: “Le hablo de parte de la agencia Balcells”. Y se puso. Le dije: “Mira, no te llamo de la agencia Balcells. Soy Lolita Bosch y tengo cuatro novelas”. Se las envié y doce horas más tarde me escribió diciendo que se había enamorado de tres. Y publiqué Tres historias europeas en 2005. No me cambió a mí, pero sí a mi entorno. Para empezar, todo el mundo deja de preguntarte de qué vas a vivir.
Después de haber enviado una novela a catorce editoriales de cuatro países, y haber recibido el rechazo de todas, el peruano Santiago Roncagliolo, autor de Abril Rojo, se fue a España para intentar ser un escritor profesional. Allí supo que Ediciones del Bronce había iniciado una colección de libros sobre ríos y presentó una propuesta —el Amazonas— que fue aceptada. Pero él nunca había estado ahí, de modo que se encerró durante tres meses a leer todo lo que se hubiera publicado sobre el asunto y a fingir que estaba en Brasil.
—El libro se llamó El príncipe de los caimanes y salió en 2002. Un año después me llegó una carta de la editorial, preguntando si quería una caja con ejemplares, porque los iban a destruir. Pero yo sentía que había cumplido. “He publicado un libro en España. Si todo sale mal puedo volverme a Perú y trabajar como empleado bancario”.
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El argentino Marcelo Figueras, autor de Kamchatka, era un periodista joven cuando, en 1992, publicó El muchacho peronista, en Planeta.
—Todas las críticas fueron más o menos buenas, excepto la de Clarín. Era atroz. Mi siguiente novela, El espía del tiempo, es de 2002. Diez años me duró el trauma. Pero pensar que cuando publicás un primer libro te transformás en escritor es lo mismo que pensar que cuando sos padre por primera vez te transformás en padre. Es algo que vas a tener que demostrarte a vos mismo todos los días.
El chileno Rafael Gumucio, autor deLa deuda, era, en los años noventa, un joven inédito pero conocido (asistía al taller de Antonio Skármeta, del que salió un grupo de talentos magnéticos), cuyo primer libro se esperaba con ansias. En 1995, cuando tenía 25 años, entregó sus relatos a Planeta.
—Se llamaba Invierno en la torre y El Mercurio publicó una reseña que se llamaba “A patadas con las palabras” y decía que la condena para el autor era pasar cinco años y un día sin escribir. En un programa de televisión donde había críticos y escritores preguntaron: “¿Cuál es el peor escritor de Chile?”, y una señorita dijo “Rafael Gumucio”. Me quedé bloqueado por años, hasta que escribí Memorias prematuras, en 1999, y dije, bueno, si está mal, es el final de todo. Pero hubo críticas halagüeñas y ahí empezó mi carrera real.
El chileno Alberto Fuguet, autor de Missing, consiguió su primer contrato porque Antonio Skármeta, a cuyo taller asistía, le habló con admiración de un texto suyo a un editor de Planeta.
—El editor me citó en un café y me hizo firmar un contrato en una servilleta. Fue como existir antes de existir. Tardé tanto en escribir esa novela que antes publiqué un libro de cuentos, Sobredosis, en 1990. Es superimportante cómo se lanza un escritor y en ese sentido yo siento que sobreviví a pesar de todo. La fiesta de lanzamiento se hizo en una discoteca, con cocaína, con actrices. La crítica que salió en El Mercurio fue atroz, pero el libro se agotó en cuatro días. Si bien me dolía no ser aceptado, tampoco me interesó porque yo quería ser director de cine. Y entonces me envalentonaba, y pensaba: “¿Quieren pelear? Vamos a pelear”.
Si Daniel Alarcón, nacido en Perú y criado en Alabama, no hubiera recibido una beca del programa de escritura creativa de Columbia y no hubiera tenido como profesor a un editor de la revista Harper’s y si ese editor no hubiera mostrado interés por sus textos y no le hubiera dado la tarjeta de Eric Simonoff, un agente literario, y si Simonoff no hubiera firmado contrato con él y si el editor del New Yorker no se hubiera retirado dando así lugar a que la editora que lo continuó quisiera dedicar un número a nuevos escritores, y si Simonoff no le hubiera hecho llegar a esa editora un relato de Alarcón y si esa editora no lo hubiera publicado, ese relato no hubiera despertado, como despertó, el interés de tantas editoriales y es probable que su primer libro, Guerra a la luz de las velas jamás se hubiera editado en Harper Collins en 2007.
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Para el escritor argentino Martín Kohan, autor de Bahía Blanca, la primera publicación fue consecuencia de una paradoja blindada.
—La condición que me ponían las editoriales grandes para publicar un primer libro era tener ya publicado un primer libro. Había un grupo de escritores que estaban formando una editorial, y me acerqué. En 1993 salió La pérdida de Laura, en Tantalia. A la novela le fue bien, tuvo buenos comentarios, y entonces fui a Sudamericana. Yo había cumplido mi parte. Ahora quería que el sistema editorial cumpliera con la suya. Y en efecto, me publicaron mi segundo libro. Yo creo que el primero me abrió una posibilidad de publicación. Hasta ese momento me parecía imposible que alguien pudiera editar un libro mío.
Lo primero que publicó el argentino Pedro Mairal fue un libro de poemas, en 1996, y, si se comparan la discreta repercusión y los delicados comentarios que recibió ese libro con los de su primera novela, el resultado es porno duro.
—Yo había escrito Una noche con Sabrina Love, y un día un amigo me pasó las bases del Premio Clarín y la mandé. La novela ganó el premio en 1998. Se vendieron 20 mil ejemplares, estaba en las librerías, en los kioscos. Me reconocían los taxistas. Fue arrasador. Era una máquina de mercadeo puesta al servicio del libro, pero una máquina. Sentí que tenía que recuperar el silencio, hacerme invisible. Como si todo eso me quedara grande. Así que estuve cinco años sin publicar. Pero creo que el primer libro es importante, porque empieza a quedar claro un rol que era confuso: antes la gente se preguntaba, “¿y este qué hace?”. Después, sos el que hace libros.
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El mexicano Juan Pablo Villalobos trabajaba en Barcelona en una empresa de comercio electrónico. Después de que en México le rechazaran unos cuentos, escribió una novela que fue rechazada en tres editoriales de México y de España. Un día, mirando las novedades de Anagrama en la web, vio que estaba abierta la convocatoria al premio Herralde.
—La mandé pero asumí que no iba a ir a ningún lado. Cuatro meses después Herralde me mandó un mail diciendo que quería hablar conmigo.
El día de la cita, Villalobos se sentó a esperar en la recepción de Anagrama, entre las fotos de Vila-Matas, Paul Auster, Sergio Pitol.
—Pensaba, “joder, es como el peso de la tradición literaria”. Ese día Herralde me dijo: “Si yo fuera un editor serio no te publicaría, porque nadie te conoce, pero la novela me gustó”. Cuando publicaron Fiesta en la madriguera yo me seguí sintiendo tan escritor como antes, pero la mirada de los otros cambia. El libro te legitima.
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Las memorias de Jeanette Winterson

carátula del libro
Comparto la alegría de Lolita Bosch, y algunos fans más, por la publicación de las memorias de Jeanette Winterson ¿Por qué ser feliz cuando se puede ser normal?, editadas por Lumen.
Dice la nota:
“El demonio nos llevó a la cuna equivocada”. Con esta frase que en ocasiones le espetaba su madre adoptiva, la escritora inglesa Jeanette Winterson, considerada la Virginia Wolf contemporánea, comienza ¿Por qué ser feliz cuando se puede ser normal? su libro autobiográfico que llega ahora a España.
Jeanettte Winterson (Manchester, 1959) es una de las voces más prestigiosas de la literatura anglosajona. Sus novelas y adaptaciones a la pantalla le han valido numerosos premios, como el Whitbread Award del Reino Unido o el Prix d'Argent del Festival de cine de Cannes, y en España la editorial Lumen le ha dedicado la Biblioteca Jeanette Winterson.
Ahora, y como colofón de esta biblioteca, se publica el último libro de la autora, avalado por el éxito en su país: cuenta la historia de su vida, de una niña adoptada en Manchester (Inglaterra) por una pareja de evangélicos pentecostales con pocos recursos económicos pero con muchos dogmas y prejuicios. La escritora, que ya publicó cuando apenas tenía 24 años Fruta prohibida, muy autobiográfica y adaptada en capítulos para la cadena televisiva BBC, escribe ahora un texto descarnado sobre su propio origen y existencia, un libro cargado de dolor, belleza y poesía que hace bueno el dicho de que podemos moldear como barro algo de nuestro propio destino. Y todo gracias a la lucha, el empeño y el ahínco personal por cambiar su destino con la ayuda de los libros y la lectura.
Jeanette Winterson nació en Manchester en 1959 y a los pocos meses fue adoptada. Destinada a ser una profesional de la Biblia y a evangelizar el mundo, Jeanette se enamora a los 16 años de una mujer y se lo dice a su madre (amargada, obsesionada con la religión y con un revólver guardado en un cajón), que le dice: “¿Por qué ser feliz cuando puedes ser normal?”. Y de esa frase nace este libro, por el que también pasa la historia de Manchester, en el sur de Inglaterra, la primera urbe industrial del mundo, donde estuvieron Marx y Engels y base de la novela Tiempos difíciles, de Charles Dickens, como escribe la autora en un capítulo que titula Mi consejo para todos: vale la pena vivir.
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7 finalistas Ribera del Duero

premios
Son siete los finalistas del II Premio de Narrativa Breve Ribera del Duero. El libro ganador se llevará 50,000 euros y será editado por Páginas de Espuma. Sabremos quién es el ganador durante la Feria del Libro de Madrid.
Dice la nota de los jurados:
Convocado por el Consejo Regulador de la Denominación de Origen Ribera del Duero y la editorial Páginas de Espuma, la segunda edición del Premio Internacional de Narrativa Breve Ribera del Duero ya tiene a sus finalistas. Las obras que entran en la selección final, seleccionadas de entre seiscientos sesenta libros de cuentos presentados por escritores de veinticinco nacionalidades, vienen firmadas por siete primeros espadas “de perfil muy heterogéneo”, según el comité de lectura, “aunque todos ellos están ligados desde hace tiempo al mundo de las letras”. Los miembros del jurado, cuya identidad se desconoce, dará a conocer el nombre del ganador el próximo 31 de marzo, día en que se celebrará el acto de entrega en el Círculo de Bellas Artes de Madrid.
Los finalistas son:
Dioses inmutables, amores, piedras, de Lolita Bosch
Cuatro cuentos de amor invertebrado, de Marcos Giralt Torrente
Ensimismada correspondencia, de Pablo Gutiérrez
No hablo con gente fea, de Marcelo Lillo
Ideogramas, de Juan Carlos Méndez Guédez
El libro de los viajes equivocados, de Clara Obligado
Los constructores de monstruos, de Javier Tomeo
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Fet a America en vivo

Los diálogos publicados en Barataria
Se está llevando a cabo en Barcelona, desde ayer, el Fet a America. Un evento maravilloso del Colectivo Fu al que estuve invitado y no podré asistir. Ayer se inauguró el evento con Lolita Bosch e Ignacio Echevarría. A lo largo de estos días pasarán por la cita autores como Antonio José Ponte (Cuba) Carlos Velázquez (México) Diamela Eltit (Chile) Giovanna Rivero (Bolivia) Inés Bortagaray (Uruguay) Israel Centeno (Venezuela) Javier Vásconez (Ecuador) Juan Manuel Robles (Perú) Lina Meruane (Chile) Luis Humberto Crosthwaite (México) Marta Aponte Alsina (Puerto Rico) Pola Oloixarac (Argentina) Sergio Chejfec (Argentina / Venezuela) Slavko Zupcic (Venezuela) Tomás González (Colombia) Yuri Herrera (México).
Pueden seguir las incidencias del Fet a America en el blog que se ha creado para tal motivo, donde además se resumen algunas conversaciones realizadas antes de cada mesa redonda.
Además, pueden seguir en vivo algunas de las ponencias, desde las 18.hrs de España, a través del portal Canal-L.
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Adaptación de Lolita Bosch

Elisa K
El cuento de Lolita Bosch, “Elisa Kiseljak”, ha sido adaptado por una pareja de cineastas y se presenta en el Festival San Sebastián. “Es un film no de pensamientos, sino de emociones” dicen los directores.
Si el filme tiene una bisagra de 14 años, cuatro meses y algunos días, ¿por qué no un director para cada parte? Elisa K supone el debut como pareja cohabitadora en la pantalla de los catalanes Jordi Cadena, veterano cineasta, y Judith Colell, que ya ha conocido todos los posibles agrupamientos tras las cámaras: como directora de un capítulo del filme colectivo El dominio de los sentidos, en solitario con 53 días de invierno o en dúo como esta Elisa K. La idea de la pareja vino tras pensar Cadena en adaptar el cuento Elisa Kiseljak de Lolita Bosch, que transcurre durante la infancia de su protagonista, que es violada un domingo, y el final de su adolescencia, cuando 14 años después recuerda aquel hecho, que había quedado sepultado por toneladas de silencio en su memoria.
En un festival marcado por películas como Poetryy Bicicleta, cuchara, manzana, que hablan del olvido, y en el caso de la coreana, sobre cómo la sociedad actual apuesta por ese olvido, Elisa K es otra visión de ese mal del mundo actual. “El hecho de no enfrentarse a los temas claves, que no los encare, es parte de nuestra sociedad”, apunta Colell, que empezó como auxiliar en un rodaje de Cadena. “Hay más olvidos, como el asunto que ha surgido recientemente de la pederastia de curas, y con el Papa intentando taparlo”, corta Cadena. “Nos interesa este olvido, y leímos en EL PAÍS un artículo sobre las personas violadas que se olvidan, antes de que conociéramos el cuento de Bosch”, sigue Colell. “Hay varias asociaciones sobre el tema y sí, parece que los niños crean una barrera para seguir adelante. Después algo regurgita los hechos: puede provocarlo un olor, un sonido, una imagen, una mirada…”.
Cadena comenta que conocieron un caso igual -fueron abusos en lugar de violencia- cuando ya estaban en mitad del rodaje. “Es un mecanismo de supervivencia”, dice Colell, “ y de eso va también Elisa K, de cómo puedes seguir viviendo con eso, y cómo quedas cuando lo recuerdas, tu vida se destruye y debes volver a crearla y a crearte, con eso que te va a acompañar siempre”.
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Carta de protesta

cartel chauvinista de los Zetas, grupo paramilitar al que se le atribuye la masacre.
Lolita Bosch, del Colectivo Fu, me envía esta carta para ser firmada por intelectuales, artistas y en general todos aquellos que se quieran implicar en el rechazo a la violencia que vive México ahora.
Los que quiera firmar o enterarse más pueden mandar un email a nuestraaparenterendicion@gmail.com o ir al blog http://nuestraaparenterendicion.blogspot.com
Hola a todos a raíz de los últimos acontecimientos, pero también como respuesta a meses, años de desgaste, los artistas, pensadores, lectores, escritores, profesores, estudiantes, críticos y demás ciudadanos interesados, mexicanos de nacimiento o de corazón, debemos comenzar a criticar, protestar, imaginar y proponer, de una manera activa y sistemática. Creemos que nos urge inventar recursos para ser quienes somos y no quienes nos están acorralando a ser. Tratando de superar, nosotros también, nuestra aparente rendición ante lo que nos sucede. Nuestra perplejidad constante.
Quiero invitarlos a que busquemos la manera de inventarnos entre todos un proyecto crítico y riguroso para manifestarnos contra la inseguridad que se está viviendo en México. Necesitamos cómplices, ideas, inventos. Necesitamos escucharnos los unos a los otros, saber qué nos ocurre más allá del hartazgo y el dolor, proponer caminos, encauzar quejas, rebelarnos.
Somos muchos y somos necesarios. No pueden convencernos de lo contrario. Y no podemos seguir diciendo que no hay nada que hacer, nada que inventar o nada que cambiar. Que todo va a seguir siempre igual. Porque si es así, nosotros tampoco vamos a ser distintos. Y eso no podemos aceptarlo. Debemos ser capaces de argumentar, comprender, dialogar. Desde adentro y desde afuera. Debemos pensar que tenemos algo que decir enfrente de todo lo que está ocurriendo. Que nos toca. Que somos capaces de establecer una conversación seria y crítica alrededor de todas las cosas que nos atañen. Y que no podemos hacerlo solos. Sino que debemos recurrir a los demás para que nos ayuden a entender, a entendernos. Y, sobre todo, tenemos que hablar por / con los millones de mexicanos que no pueden hacerlo.Porque todavía somos capaces de pensar que podemos inventar nuevas maneras de expresarnos. Y este foro es un inicio que trata de ser honesto y exigente. De evitar que sigamos resignándonos. De convertirse en algo nuestro y valioso.
Súmate a este llamado.Es una propuesta artística, radicalmente independiente y ciudadana que tiene que ver con todos nosotros. Una lectura de nuestra sociedad que hoy resulta urgente y que debemos hacer entre todos. Inventa, propón, sugiere. Y apoya esta iniciativa firmando esta carta para que podamos ver primero cuántos somos y después qué es lo que somos capaces de hacer. Qué ocurre.
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¡No mames! Lolita Bosch en Lima

¿Lolita Bosch? Fuente: facebook
Cuando la escritora española Lolita Bosch tiene problemas en el aeropuerto de México DF (vive dando saltos entre México y España), simplemente desnuda una parte no especificada de su cuerpo y muestra un tatuaje que dice YO SOY MEXICO y la dejan pasar. Lolita ama México, donde vivió durante muchos años, con una pasión tan grande que el año pasado, en octubre, organizó un Festival de Literatura mexicana en Barcelona. Este año organizará uno de Latinoamérica por el mismo mes. Lolita, qué duda cabe, cuando no está ella en América Latina se la lleva a las Ramblas.
Pero ahora está aquí. Lolita Bosch se encuentra en Lima para dictar un taller en el Centro Cultural Español y mañana dará una conferencia en el mismo lugar titulada “El espacio del escritor”, presentada por Juan Manuel Chávez. Ayer, además de dictar la primera clase de su taller, tuvo tiempo en Lima para hacer tres cosas: comer chifa, hacerse un nuevo tatuaje (aun no sabemos de qué va ni dónde va pero sí el precio, 60 soles) y conversar con el diario Expreso sobre la que podría ser llamada su novela mexicana. Narcotráfico, tacos, mexicanos y, esperemos, corridos.
Dice la entrevista:
–¿Hay mucho de periodístico en tu trabajo?
Sí, sobre todo en el proceso de investigación. Pero no se refleja en mi escritura, porque sino haría crónica, la cual me gusta mucho, pero no me sale. Ese juego de tiempos no lo podría hacer en una crónica, por ejemplo.–¿Y qué vienes escribiendo ahora?
La historia del narcotráfico en México desde 1905 hasta el 2002. Es una novela extensa e intensa que ya tengo bien avanzada y espero terminarla el año que viene. Me ha tomado seis años de trabajo.–¿No tienes miedo al tocar un tema tan sensible en México?
No, porque el narcotráfico no mata escritores.