Blog de noticias literarias. Dirigido por Iván Thays.

Try Persona Pro
X
  1. Los mejores extranjeros del 2010 de Revista Ñ

    image

    libros

    Una lista de nueve títulos es la que presenta Revista Ñ con lo mejor de la literatura extranjera. Hay traducciones y autores latinoamericanos, cada uno con una breve reseña. No parece haber un orden especial en la lista.

    La lista incluye:

    La última noche en Twisted River
    John Irving
    Tusquets 
    Novela 
    658 págs.  

    Cuentos reunidos
    Kjell Askildsen 
    Relatos
    Lengua de trapo
    298 págs.

    Verano 
    J.M. Coetzee
    Novela 
    Mondadori
    255 págs.

    Galilea
    Ronaldo Correia Do Brito 
    Adriana Hidalgo
    Novela 
    306 págs.

    Nocturnos
    Kazuo Ishiguro
    Relatos 
    Anagrama 
    294 págs.

    Mi perra Tulip
    J.R. Akerley
    Novela
    191 págs.

    Tres ataúdes blancos
    Antonio Ungar
    Novela 
    288 págs.

    El tutú. Costumbres de fin de siglo
    Princesa Safo
    Club Burton 
    224 págs. 

    Grieta de fatiga
    Fabio Morábito 
    Relatos 
    Eterna Cadencia 
    192 págs. 

  2. 1
  1. Más sobre la lista “Babelia”

    image

    Libros del año por “Babelia”

    Los libros del año de Babelia, cuyo ganador fue Verano de JM Coetzee (reseñado por Colm Toibin para este npumero), es una extensa lista que tuvo a 55 votantes. Ya antes hice una mención al top10 de esta lista en el Moleskine Literario. Winston Manrique Sabogal hace el análisis de la lista y la califica como el éxito del mestizaje cultural. 

    Dice:

    Los libros del año de Babelia no solo significan el triunfo de Verano, de J. M. Coetzee (obtuvo 95 puntos, frente a los 79 del segundo), sino también el de la incesante búsqueda de nuevas formas de contar, de dar un paso más allá en las estructuras literarias. Es el éxito de un feliz mestizaje de géneros a través de la autoficción en su variable de memorias, o retazos de ella, y autobiografías en el cual los autores cuentan sus mundos íntimos a cara descubierta. Junto a las memorias del Nobel sudafricano, aparecen en la lista de los 20 primeros títulos tres obras de autores españoles escritas en las fronteras mismas de géneros literarios como la novela, la memoria, el ensayo, la reflexión, la filosofía, los artículos, el arte o la crónica. Son Marcos Giralt Torrente conTiempo de vida (puesto 10), Rafael Argullol con Visión desde el fondo del mar (12) y Félix de Azúa con Autobiografía sin vida (16). Además de otros títulos que no clasificaron.

    (…)

    Cinco de las conclusiones de la encuesta son: la constatación de que los libros de ensayo, en sus diferentes temáticas y estilos, y la poesía vuelven a destronar a la novela entre las preferencias, por segundo año consecutivo; las editoriales grandes o consolidadas han recuperado su dominio casi absoluto que el año pasado compartieron con las pequeñas y emergentes (El libro del año volvió a ser de Mondadori, como en 2009, lo fue Anatomía de un instante, de Javier Cercas; y Galaxia Gutenberg tiene seis libros entre los 20); las antologías y compilaciones de autores prestigiosos abundan; el dominio de los escritores-valores seguros en detrimento del riesgo o revelación; salvo, y aquí viene el quinto dato, libros como el cómic: Notas al pie de Gaza, de Joe Sacco (14).

    (…)

    No hay que olvidar que este año salieron a finales de otoño libros clave que de habersen comercializado antes su presencia en la lista habría sido otra y, quizá, alterado el resultado. Entre ellos están El cementerio de Praga, de Umberto Eco;Demasiada felicidad, de Alice Munro; Isabel II, de Isabel Burdiel, o Los infinitos, de John Banville.

  2. 1
  1. El año literario en Francia

    image

    Houellebecq ¿el flop del año francés?

    Vía el blog The Literary Saloon me entero de este artículo de L`Express donde un grupo de críticos literarios escogen el Top, el Flop y el resumen del año. Las respuestas son polémicas. En especial las de André Clavel y Jerome Dupuis.

    Clavel destaca a Coetzee, se lamenta por Easton Ellis (y por la mayoría de editados norteamericanos) y destaca sorpresas como la maravillosa Claire Keegan (editada en castellano por Eterna Cadencia):

    Top: L'été de la vie (Seuil), de J.M. Coetzee, un autoportrait magistral où, comme Houellebecq dans La carte et le territoire, le Nobel 2003 imagine sa propre mort, mais de façon autrement plus inventive et plus ludique que notre Goncourt 1010. 

    Flop: Suite(s) impériale(s), de Bret Easton Ellis, chez Laffont, un polar-nanar raté, plein de tics, d'esbroufe gratuite, d'auto-parodie, et sans intrigue véritablement construite. 

    En résumé: Quatre ténors américains m'auront déçu. Non seulement Ellis mais Paul Auster (Invisible chez Actes Sud, roman sans âme sur une trame inutilement labyrinthique), Thomas Pynchon, enlisé dans un remake sixties surchargé (Vice caché au Seuil) et aussi Don DeLillo, dont le Point Oméga (Actes Sud), une pseudo-réflexion sur la guerre, tourne en rond et assomme. Un cinquième larron, Jim Harrison, n'était pas non plus au mieux de sa forme dans ses Jeux de la nuit(Flammarion). 

    Les vraies surprises sont venues d'inconnus, l'américain-vietnamien Nam Le (Le Bateau Albin Michel), l'Islandaise Audur Ava Olafsdotir (Rosa Candida chez Zulma) ou l'Irlandaise Claire Keegan (L'Antarctique chez Wespieser), sans parler de Sofi Oksanen (Purge, Stock), très prometteuse. 

    Por su parte, Jerome Dupuis (igual que Emmanuel Hecht) lamenta la mediocridad del Goncourt de Houellebecq:

    Top: Le regard délavé et envoûtant d'Arthur Rimbaud, à Aden, en 1880, sur la fameuse photographie retrouvée par deux libraires parisiens. 

    Flop: L'attribution, seize ans après la parution de son premier (et meilleur) roman, Extension du domaine de la lutte, douze ans après avoir raté Les particules élémentaires et neuf ans après n'avoir pas couronné Plateformedu prix Goncourt à Michel Houellebecq, pour son médiocre La carte et le territoire

  2. 0
  1. Los 10 libros de “Babelia”

    image

    El libro del 2010. Foto: hablando del asunto

    El suplemento Babelia ha hecho una elección de los 10 libros del año, cuyo resultado nace de una encuesta entre 55 críticos y especialistas en literatura. Una vez cotejados los votos, el libro ganador es Verano de JM Coetzee, editado por Mondadori.

    Son 10 lugares, aunque en el décimo aparece un triple empate.

    El resultado de la encuesta, con los 10 mejores en orden de puntuación, aparece adelantado en el blog Papeles Perdidos:

    1- Verano, de J. M. Coetzee (Mondadori)
    2- Poesía reunida, de William Butler Yeats (Pre-Textos)
    3- Blanco nocturno, de Ricardo Piglia (Anagrama)
    4- El sueño del celta, de Mario Vargas Llosa (Alfaguara)
    5- El amor verdadero, de José María Guelbenzu (Siruela)
    6- Retratos y encuentros, de Gay Talese (Alfaguara)
    7- Algo va mal, de Tony Judt (Taurus)
    8- Dublinesca, de Enrique Vila-Matas (Seix Barral)
    9- Tarde o temprano. Poemas 1958-2009, de José Emilio Pacheco (Tusquets)
    10- Esencia y hermosura. Antología, de María Zambrano (Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores)
    Tiempo de vida, de Marcos Giralt Torrente (Anagrama)
    Tierra desacostumbrada, de Jhumpa Lahiri (Salamandra).

  2. 0
  1. Los discursos del Nobel

    image

    medalla premio Nobel

    Luego del discurso de aceptación del Nobel, que ha tenido sus detractores y sus fans, como era previsible, la revista Arcadia recuerda cinco discursos que se pueden encontrar en la red.

    Son los de William Faulkner, Ernest Hemingway, García Márquez, JM Coetzee y Harold Pinter. 

    Es una pena que no tengan también, aunque sea en transcripción, el de Orhan Pamuk que recuerdo mucho.

    Aquí les dejo el brevísimo discurso de Hemingway:

    Carente de toda habilidad para pronunciar discursos y sin ningún dominio de la oratoria o la retórica, agradezco a los administradores de la generosidad de Alfred Nobel por este Premio.

    Ningún escritor que conoce los grandes escritores que no recibieron el Premio puede aceptarlo a no ser con humildad. No es necesario hacer una lista de estos escritores. Todos los aquí presentes pueden hacer su propia lista de acuerdo a su conocimiento y conciencia.

    Me resultaría imposible pedir al Embajador de mi país que lea un discurso en el cual un escritor diga todas las cosas que están en su corazón. Las cosas que un hombre escribe pueden no ser inmediatamente perceptibles, y en esto algunas veces es afortunado; pero eventualmente se vuelven claras y por estas y por el grado de alquimia que posea, perdurará o será olvidado.

    Escribir al mejor nivel, es una vida solitaria. Organizaciones para escritores mitigan la soledad del escritor, pero dudo que mejoren su escritura. Crece en estatura pública a medida que se despoja de su soledad y a menudo su trabajo se deteriora. Debido a que realiza su trabajo en soledad y si es un escritor suficientemente bueno cada día deberá enfrentarse a la eternidad o a su ausencia.

    Cada libro, para un escritor auténtico, deberá ser un nuevo comienzo donde intentará nuevamente alcanzar algo que está más allá de su alcance. Siempre deberá intentar lograr algo que nunca ha sido hecho o que otros han intentado y han fracasado. Entonces algunas veces -con gran suerte- tendrá éxito.

    Cuán fácil resultaría escribir literatura si tan sólo fuera necesario escribir de otra manera lo que ya ha sido bien escrito. Debido a que hemos tenido tantos buenos escritores en el pasado es que un escritor se ve forzado a ir más allá de sus límites, allá donde nadie puede ayudarlo.

    Como escritor he hablado demasiado. Un escritor debe escribir lo que tiene que decir y no decirlo. Nuevamente les agradezco.“

  2. 2
  1. La desconfianza de J.M. Coetzee

    image

    JM Coetzee

    Casi podríamos dividir entre los escritores que no dudan, que son asertivos, y aquellos que hacen su obra desde la desconfianza. Coetzee sin duda es de los segundos. Y el estupendo artículo de Rafael Lemus en Letras Libres sabe destacarlo con solidez mencionando su capacidad de novelista y ensayista. La frase cable: “Entendemos mediante la inmersión de nuestro ser y nuestra inteligencia en la complejidad”

    Dice Lemus:

    La pregunta obvia sería: ¿por qué la narrativa y no el ensayo? O de otra manera: ¿por qué Coetzee elige crear personajes y tramas aun cuando, en sus libros más recientes, no parece querer otra cosa que discutir ideas sobre –digamos– los animales, el erotismo, el mal? En vez de responder, habría que arrojar algunos apellidos: Kafka, Beckett, Borges, Michon, Jelinek –intelectuales que también han optado por pensar a través de la narrativa. O incluso: Benjamin, Blanchot, Barthes –autores que prefirieron filosofar no en el vacío sino mientras interpretaban textos ya existentes. Lo que impera al final, en unos, en otros y en Coetzee, es un mismo deseo: el afán de encarnar el pensamiento. Para hacer eso, entretejer pensamiento y ficción, los narradores suelen reblandecer los pasajes realistas y echar mano de la alegoría. No Coetzee, y ese es uno de sus rasgos distintivos: incluye, sí, elementos alegóricos en sus tramas –alguna casa alevosamente dispuesta en medio de ninguna parte, una enferma terminal que se consume al mismo tiempo que Sudáfrica– pero jamás atenúa su realismo. Cualquiera que lo haya leído conoce esa rara mezcla de literalidad y simbolismo, relato y especulación, materia y espíritu, que destaca y enciende a sus libros. Allí está, por ejemplo, Vida y época de Michael K: una novela que es a la vezdescripción de un vagabundeo a través de Sudáfrica y meditación sobre la Sudáfrica que el vagabundo recorre. Allí está, también, la doble naturaleza de Foe: narrativa por un lado, reflexión sobre la narrativa por el otro. Allí está, por supuesto, la inusual combinación de Esperando a los bárbaros: naturalismo brutal, densa alegoría. Otro recurso a la mano de todo aquel que pretenda pensar por medio de la narrativa es, ya se sabe, la adopción del punto de mira de uno o varios personajes. A primera vista parecería que Coetzee se oculta detrás de protagonistas más bien cómodos: humanistas enfrentados, de una manera u otra, a la barbarie –un magistrado en Esperando a los bárbaros, un profesor en Desgracia, Dostoievski enEl maestro de Petersburgo, un par de escritoras en Foe Elizabeth Costello, todos sitiados por seres ásperos y violentos. Basta, sin embargo, que transcurran unas pocas páginas para que los muros entre los bárbaros y los civilizados se fracturen. Es entonces, ya perdidas las distinciones, cuando ocurre el momento clave –el punto crítico– de casi todas las novelas de Coetzee: ese instante en que los protagonistas, todavía más o menos al margen del caos, deciden lanzarse al abismo abierto bajo sus pies. En La edad de hierro: ese segundo en que la protagonista, una vieja enferma de cáncer, acepta al mendigo y al perro que han ocupado su jardín. En El maestro de Petersburgo: esa página en que Dostoievski opta por acompañar a un implacable joven nihilista, camarada de su hijo muerto. En Desgracia: cuando el profesor David Lurie se niega a defenderse de una acusación injusta y soporta estoicamente el castigo. En Elizabeth Costello: el apartado en que esa mujer, una escritora ya anciana, se resiste a confesar sus creencias, único requisito para que se le permita cruzar una puerta hacia el Otro Lado.

    ¿Qué pasa ahí? ¿Por qué personajes en apariencia tan racionales actúan, de pronto, tan inexplicablemente? Pasa, en principio, que esos personajes no son, en el fondo, tan racionales –las criaturas de Coetzee abandonan, en los momentos clave, la razón y confían en su instinto. Pasa, también, que en las obras del sudafricano no imperan las mecánicas leyes del conductismo –no toda acción tiene una causa identificable, y lo que creíamos haber entendido en, por ejemplo, la página 37 de Hombre lento no necesariamente determina lo que ocurre en las páginas 39 o 92. Pasa, además, que dentro de la moral de Coetzee (porque se delinea, sí, una moral a lo largo de la obra de Coetzee) nadie es verdaderamente inocente –y, por lo mismo, qué sentido tiene intentar esquivar los problemas cuando uno, nada más por el solo hecho de existir y ser blanco o burgués o civilizado, o, para el caso, negro o explotado o rústico, ya está en el centro del problema. Pasa, por último y por encima de todo, que el apetito de conocimiento, la necesidad de entender, arroja a los personajes de Coetzee hacia esos abismos –penetran la oscuridad porque ese, y no el frío raciocinio, es el único modo de comprender, de veras comprender, cualquier cosa.

  2. 0
  1. El doble de Coetzee

    image

    carátula del libro

    Una nota en La Nación sobre el desdoblamiento de JM Coetzee en Verano. Un libro espléndido, tremendo, la honestidad de un artificio, un cierre de vida, que espero puedan leer pronto como lo hice yo ayer, devorándome las páginas y preguntándome por mi propio verano.

    Dice la reseña:

    La construcción es menos complicada de lo que parece: los apuntes del comienzo siembran la suficiente incertidumbre como para alentar la curiosidad del lector. Vamos en busca del personaje cuya biografía se intenta componer, y las cinco entrevistas que se suceden suministran otros tantos retratos parciales, siempre subjetivos y, en cierta medida coincidentes, pero al mismo tiempo nos proponen otras historias que enriquecen el relato: las propias, las que han vivido cuando se relacionaron con Coetzee (y antes, o después), y las que permiten al autor extender su mirada hasta abarcar una llamativa variedad de cuestiones, desde el desarraigo, la culpa y la precariedad de los afectos hasta el aislamiento sudafricano, la complejidad de su realidad social o la naturaleza de la novela. En ese sentido, gracias a la agudeza y la sabiduría del autor, el libro es de una riqueza poco común. Como lo son sus personajes, en cuya interioridad se sumerge para revelarlos sin retórica, sólo y nítidamente a través de sus acciones o sus palabras.

    En cierto momento, se pregunta si no es inmoral que por causa de la fama exista más interés en su vida personal que, por ejemplo, en la de un refugiado brasileño (el marido de una de las entrevistadas) que trabajaba en un depósito de Ciudad del Cabo como guardia de seguridad y terminó muerto de un hachazo por una banda de asaltantes. Historias como ésa, la del padre enfermo con el que convive, la de la prima que fue su noviecita de infancia y aún guarda cierta ternura hacia su memoria, la de la mujer casada que fue su amante y lo define como un hombre frío, reprimido en el sentido más amplio, ajeno a la realidad e incapaz de conectarse de verdad con otro ser, o las de los restantes personajes que entran en escena confieren al relato vitalidad y vibración humana y revelan en todo su esplendor la maestría narrativa de Coetzee (no hay que olvidar que es él quien habla por boca de todos los personajes), así como la implacable honestidad con que ha emprendido su ejercicio de introspección. Con este artificio del desdoblamiento, que ya ha empleado en otras oportunidades (piénsese en Elizabeth Costello), puede ser a la vez el autor y el personaje, dialogar y discutir, depositar en uno las confesiones que el otro necesita descargar. Sólo que aquí Coetzee es el doble de Coetzee. Si el ejercicio de la confesión persigue, antes que nada decirse la verdad a uno mismo, se puede imaginar que Verano es otro tramo del diálogo que el autor sudafricano ha venido sosteniendo con sus dobles. Pero también puede ser que ni el autor ni su criatura estén demasiado seguros de esa verdad y apuesten a que ella se revele , o al menos se deje percibir, en el transcurso del diálogo, es decir, como fruto de la ficción misma.

  2. 1
X
X
X
X