Blog de noticias literarias. Dirigido por Iván Thays.

Try Persona Pro
X
  1. “Junot Díaz vuelve a las fórmulas del Boom”

    image

    carátula del libro

    En la revista on line The Nervous Break Down, Sabina Murray ha escrito un texto en torno al libro de cuentos de Junot Díaz This Is How You Lose Her donde se pregunta si Junot Díaz es feminista. La conclusión es que sí.

    Dice:

    So is Junot Díaz a feminist? Yes. His vision of an ideal publishing world has not only writers of color on an equal footing in a Caucasian-normative, male-dominated industry, but also women. He supports women. Díaz—unlike his fictional voice Yunior—even identifies with women.

    Por otra parte, muy interesante, realmente extraordinario, el texto que Melanie Pérez Ortiz ha escrito en la revista 80grados.net sobre el mismo libro, al que no considera una colección de cuentos sino una novela. Melanie inscribe el libro dentro del contexto latinoamericano, los sobrinos o nietos del boom. Y dice que no se escapa del exotismo que muchos norteamericanos admiraron del boom y que aún hoy siguen buscando en los textos recientes.

    Dice:

    La crítica se refiere a este libro como una colección de cuentos. Se equivoca. Es una novela o, en el peor de los casos, un texto, en el sentido de que tiene una trama hilada a partir de una sucesión de relatos que también se sostendrían individualmente. El caso es que todos cuentan una sola historia. Es la historia del desamor. Es desamor entre el yo y el otro, pero también entre yo y yo. Si Cien años prometía que “las estirpes condenadas a cien años de soledad no tendrán una segunda oportunidad sobre la tierra”, con lenguaje menos apocalíptico, Díaz nos cuenta la historia de Yunior, quien consigue romper con el patriarcado. Al menos se cuenta sobre cuando este personaje se permite caminar fuera de esta narrativa; dar un paso. Es un comienzo. Sin macho no hay dictador en lo público ni en lo íntimo; parece obvio. Es, como muchos de los textos más importantes en la narrativa latinoamericana del Siglo XX, un texto que mata al padre (Pedro Páramo de Juan Rulfo, La muerte de Artemio Cruz de Carlos Fuentes, Las tribulaciones de Jonás de Edgardo Rodríguez Juliá o La importancia de llamarse Daniel Santos de Luis Rafael Sánchez). Sólo que éste no es un padre político, ni un divo musical, sino el padre infiel y autoritario que todos llevamos dentro.

    Seguir leyendo

  2. 3
  1. Como parte de las actividades de la Miami Book Fair International, se ha propuesto a los twitteros escribir una historia a través de RT. El primer tuit es de Junot Díaz, ni más ni menos, y dice:
“  “The dogs hadn’t barked all week.” ”
Pueden seguir...

    Como parte de las actividades de la Miami Book Fair International, se ha propuesto a los twitteros escribir una historia a través de RT. El primer tuit es de Junot Díaz, ni más ni menos, y dice:

     “The dogs hadn’t barked all week.”

    Pueden seguir la historia en la cuenta de witter de WLRN-MiamiHerald o en el hashtag #WLRNStory.

    Dice la nota:

    As part of the ongoing Miami Book Fair International festivities, WLRN is giving readers a chance to co-author a story with Junot Díaz. Beginning at 5pm today, they will tweet out the first line to a story—provided by Díaz—from their Twitter account. Then readers will use the hashtag “#WLRNStory” to add onto Díaz’s line, and later each other’s lines, and ultimately the entire thing will unfurl before them.

  2. 1
  1. Junot Díaz: nuevo libro, 500,000 dólares y autocrítica

    image

    Junot Díaz

    This Is How You Lose Her es el libro de relatos que acaba de publicar Junot Díaz, luego del éxito enorme que tuvo con su novela La vida breve de Oscar Wao. Mi impresión es que Junot es mejor cuentista que novelista, aunque para confirmar eso tendré que leer sus nuevos relatos. Junot Díaz, quien con la novela ganó el premio Pulitzer de ficción, acaba de ganar la considerada “beca para genios”, la famosa beca McArthur, dotada ni más ni menos que con medio millón de dólares. La beca lo encontró en plena promoción de su libro de cuentos y, desde ya, Díaz ha declarado que esta bendición empieza a pesarle. Un escritor como él, cuyo oficio es lento y ansioso, no puede menos que sentirse apurado por un honor así.

    En una entrevista reciente para The New York Times, el entrevistador Sam Anderson lo califica como un narrador de “combustible lento” y titula la nota “Junot Díaz Hates Writing Short Stories” (Junot Díaz odia escribir cuentos). Ahí habla sobre su proceso lento y lleno de fracasos, como considera su escritura, pero de su capacidad veloz para leer. La autocrítica es un freno, declara, pero también un buen consejero. Y menciona a Hijo de Jesús, de Denis Johnson, como un libro perfecto.

    Aquí algunas preguntas (en inglés).

    What was your plan for this new collection? I wanted to capture this sort of cheater’s progress, where this guy eventually discovers for the first time the beginning of an ethical imagination. Which of course involves the ability to imagine women as human.

    So you had your conceptual framework. How did the writing go? Miserable. Miserable. The stories just wouldn’t come.

    How many stories did you generate in total? I’ll tell you what, I can name the stories for “The Cheater’s Guide to Love” before “The Cheater’s Guide to Love” came. There’s a story called “Primo” that was supposed to be at the end of the book — that was a miserable botch. I spent six months on that, and it never came together. There was a story called “Santo Domingo Confidential” that was trying to be the final story, that I spent a year on. I must have written a hundred pages. It was another farrago of nonsense. I wrote a summer story where the kid gets sent to the Dominican Republic while his brother is dying of cancer; he gets sent because his mom can’t take care of him. It was a story I called “Confessions of a Teenage Sanky-Panky,” which was even worse than all the other ones put together. And that was another 50-page botch.

    That must be tough. That’s why I never want to do this again. It’s like you spend 16 years chefing in the kitchen, and all that’s left is an amuse-bouche.

    (…)

    So turn on your harsh paternalistic, militaristic critic — It’s my dad.

    O.K., invite your dad in: I want to hear his review of Junot Díaz the bad writer. What is wrong with that stuff? What are the mistakes you make? First of all, nonsense characterization. The dullest, wet-noodle characteristics and behaviors and thoughts and interests are ascribed to the characters. These 80-year-old, left-in-the-sun newspaper-brittle conflicts — where the conflicts are so ridiculously subatomic that you have to summon all the key members of CERN to detect where the conflict in this piece is. It just goes on, man. You know, I force it, and by forcing it, I lose everything that’s interesting about my work. What’s interesting about my work, for me — not for anyone else; God knows, I can’t speak for that — what’s interesting in my work is the way that when I am playing full out, when I am just feeling relaxed and I’m playing, and all my faculties are firing, but only just to play. Not to get a date, not because I want someone to hug me, not because I want anyone to read it. Just to play.

    Seguir leyendo

  2. 3
  1. Junot Díaz publica nuevo libro de cuentos

    image

    Junot Díaz

    Boris Kachka, en la revista Vulture, se encuentra con Junot Díaz en un café de Union Square para hablar del nuevo libro de cuentos que aparecerá bajo la firma de Junot, luego del éxito que fue La maravillosa vida de Oscar Wao. El libro se titulará This Is How You Lose Her. Aunque Junot ya no es el joven maravilla de la literatura pos-colonial norteamericana, con más de 40 años, una relación seria y una vida de profesor en MIT, sigue siendo el inquieto que siempre ha sido, el de las frases rotundas y los coqueteos con las chicas guapas. Y el que sabe que escribir para un hijo de dominicanos emigrados a EEUU, incluso cuando se tiene éxito, siempre será motivo para una media sonrisa. Como cuando te nace una hija, dice, y todos dicen “qué bien” pero sonriendo de lado. Solo los ves contentos cuando nace un varón". Por ello, dice Junot, escribir novelas es como tener hijas mujeres para los dominicanos de los años 50. Pero, agrega, a él le encantan las niñas.

    Dice:

    Díaz still keeps a place in Harlem but lives about half the time in Cambridge, teaching courses at MIT on everything from “bildungsromans of color” to media studies and postapocalyptic fiction. (He calls his facility with theory his “best-kept secret.”) Those ideas are refracted through the ids of Díaz’s lost-boy characters, as are the earth-shattering events—dictatorship, colonialism, cancer—that fill out his fiction. It’s literature masquerading as autobiography, a technique Díaz attributes to an unlikely influence, Philip Roth. “There is a game he played with readers that is wondrous, man”—those hall-of-mirror characters, sometimes called Philip Roth, who blur the line between writer and narrator. “He’s a Jersey boy—a bad boy, a very bad boy. But with an astonishing commitment to the fucking craft.”

    Díaz has an even more powerful inspiration, though: the telenovela. “In a telenovela,” he says, “the chasing of a girl or a boy will allow people to put up with anything—genocide, slavery. So you can talk about an alien invasion or genocide as long as you have some girl-chasing.” The device showed up in “Monstro,” Díaz’s story in The New Yorker’s recent science-fiction issue. It’s an excerpt from what Díaz hopes is his next long novel, about a 14-year-old “Dominican York” girl who saves the planet from a full-blown apocalypse. Díaz has been trying to write a sci-fi novel for twenty years, and he believes he’s closer than ever. Having taken eleven years to write Wao, he knows that, “no matter what anyone says, the real measurement of who I am as a writer will be taken after I write my next novel.”

    The stories, he understands, won’t make the same splash. When he told a friend about them, “an image sprang to mind, which was the look on my grandparents’ faces when somebody told them a daughter was born. They were … happy,” he says, offering a disappointed half-smile. “If you’d seen their faces when a son was born, you would’ve known something they were happy about. Writing short stories in a culture like ours is like giving birth to girls in a Dominican conservative family in the fifties.” But that doesn’t mean he subscribes to the hierarchy. “As an artist, I know what I have to do. I have to fucking do this book. And I loved it. I love girl children.”

  2. 5
  1. José Marmol por Daniel Mordzinski.- El dominicano José Marmol ha ganado el Premio Casa de América de Poesía 2012 con la obra Lenguaje de mar. Aquí el homenaje que Daniel Mordzinski le hace al poeta de larga trayectoria. Enhorabuena.
Foto: Daniel...

    José Marmol por Daniel Mordzinski.- El dominicano José Marmol ha ganado el Premio Casa de América de Poesía 2012 con la obra Lenguaje de mar. Aquí el homenaje que Daniel Mordzinski le hace al poeta de larga trayectoria. Enhorabuena. 

    Foto: Daniel Mordzinski

  2. 2
  1. Las paredes abajo de Jean Rhys

    image

    Jean Rhys

    Una vida sin ti (Lumen) es el título del libro que reúne escritos varios de Jean Rhys, la famosa autora de El mar de los zargazos, cuya vida fue entonces, y lo es aun ahora, un enorme misterio.  Entre esos textos figura su famosa autobiografía inconclusa Smile Please pero que, al parecer, debió titularse Y las paredes se vinieron abajo. En el ABCD las artes y las letras leemos un acercamiento (sospecho que de Rodrigo Fresán, aunque no va firmado) a esta autora misteriosa.

    Dice:

    Al final de su autobiografía inconclusa leemos: «El infierno de los que buscan, luchan, se rebelan. El cielo de los que no pueden pensar o evitar el pensamiento, de los que carecen de imaginación? Mea culpa, mea culpa, mea maxima culpa».

    Bienvenidos al divino infierno de Jean Rhys (Dominica, 1890), mujer única y escritora distinta que vivía la vida privada para, enseguida, convertirla en obra personal. Una de esas vidas de novela. O, mejor dicho, de novelas. Porque lo reunido en el acontecimiento editorial que es Mi vida sin ti constituye uno de esos extraños casos en los que la ficción no solo se nutre de la realidad, sino que, además, acaba anticipándola. Ficciones donde Rhys -futurista a su manera- se las arregla para «recordar» algo que no le ha sucedido aún pero que le sucederá.

    Así, hay que leer Viaje a la oscuridad (1934), Cuarteto (publicado en 1929 con el sugerente título de Posturas), Después de dejar a Mr. Mackenzie (1931) y Buenos días, medianoche (1939) ensamblándose como una gran novela de la que se desprenden variaciones sobre el aria rara de una dama/vagabunda nacida Ella Gwendolene Reese Williams. Alguien que a los 16 años viaja a Inglaterra a estudiar en la Royal Academy of Dramatic Art. Y se convierte en leyenda nómada, extraviada y secreta. Posa desnuda, recorre Europa, se casa tres veces (uno de sus maridos fue espía y compositor de canciones), es madre de un hijo muerto, trabaja en cantinas de soldados durante la Primera Guerra Mundial y llega al festivo París de los años 20, donde es amante de su «descubridor», Ford Madox Ford (Cuarteto es un devastador roman à clef que narra la perversa relación de Rhys con los Ford). Pasa hambre, se hace alcohólica, fracasa en el suicidio, acaba en prisión y -la dama desaparece- su rastro se borra en 1940, creyéndosela muerta. En 1956, la BBC pone el siguiente aviso: «Solicitamos a Jean Rhys o a cualquiera que la conozca, por favor, ponerse en contacto con la BBC para discutir adaptación de Buenos días, medianoche». Y -la dama reaparece viviendo casi como una reclusa en Cornwall- Rhys vuelve a brillar como nunca. Publica en 1966 Ancho mar de los sargazos, gana el Royal Society of Literature Award y el W. H. Smith Award y se la considera y se la sigue considerando una de las grandes novelas del siglo XX. Redescubierta, las feministas no tardan en reclamarla para sus filas. Pero es una etiqueta tan fácil como inexacta y limitada. Mejor pensemos en Jean Rhys -fallecida en Inglaterra en 1979, un año después de ser condecorada Comandante del Imperio Británico- como en una mujer moderna. Entonces, ahora y siempre.

    (…)

    Justo antes de morir, Rhys confesaba estar cansada de «mi striptease mental; pero eso significaría romper todo lo que he escrito». Y, sí, Anne Morgan, Marya Zelli, Julia Martin y Sophia Jansen -velados álter egos y transparentes sombras de Rhys- suben y bajan, apátridas, por lo que Rhys consideraba su tema: «La tristeza del amor, no confundir con las tristezas del amor», en oposición a una anestesiada «supuesta vida feliz en la que ya no te importa si vives o mueres».

    En Rhys, la tristeza del amor está muy lejos de los anhelos y penurias románticas. Para Rhys -abandonada en serie, abandonadora compulsiva-, la tristeza del amor es el desastroso combustible que pone en marcha los motores de una catástrofe más existencialista que sentimental. Y todo con una prosa agridulce. En trance pero precisa, deambulante pero firme, sencilla savant pero calculada cuidadosamente, sórdida pero delicada, cínica a la vez que emotiva al retratar transacciones físicas y juegos mentales.

    Cerrado el ciclo que comprende Mi vida sin ti, a Rhys, renacida, solo le quedó vampirizar a una loca ajena pero cercana y, de paso, inventar la ahora tan de moda abducción de clásicos: en Ancho mar de los sargazos Rhys se puso en la piel de Antoinnette Conway, alias Berta Mason, la esposa demente confinada al ático del señor Rochester en Jane Eyre. Y antes de que estallen las llamas del adiós, Rhys le hace justicia a esa mujer -caribeña como ella, otra náufraga maltratada por los hombres-, lo que puede admirarse como una revancha insuperable y un plan perfecto. Aquello a lo que siempre aspira -y nunca consigue del todo- Joyce Carol Oates. A saber: si en sus libros anteriores Rhys llevaba ciertas pulsiones del gótico decimonónico a lo doméstico, íntimo y contemporáneo, aquí regresaba a una de las borrascosas cumbres de la especie para domesticarla.

    Jean Rhys -aunque puede argumentarse que ya la había concluido en estas cuatro «mentiras» tan verdaderas, tan solamente suyas- murió sin cerrar su autobiografía. Entonces, los editores bautizaron a ese último y póstumo recuento de su ayer con el cálido Una sonrisa, por favor, ignorando el más gráfico título que tenía pensado su autora: Y las paredes se vinieron abajo.

    Pues eso.

    Y no hace falta agregar nada más, pienso.

  2. 5
X
X
X
X