Blog de noticias literarias. Dirigido por Iván Thays.

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  1. Se viene el FILBA

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    Margo Glantz

    Del 12 al 16 de setiembre el Festival FILBA de Buenos Aires espera a visitantes de distintas partes del mundo, en especial de México. Son más de 65 autores. Una nota en la revista Ñ nos comenta qué autores estarán presentes y cuáles serán las sedes

    Dice:

    Fernando Vallejo, Ricardo Piglia, Margo Glantz, Fabio Morábito y Angélica Gorodischer son algunas de las más de 65 personalidades que participarán de la cuarta edición del FILBA Internacional, el festival literario que se desarrollará del 12 al 16 de septiembre en diez sedes, en Capital y La Plata y que este año homenajeará a México. Del 6 al 9, además, se hará el Festival Filbita, para los más chicos.

    Entre otros, participarán los escritores argentinos Liliana Heker, Luis Chitarroni, Hernán Ronsino, Selva Almada, Gabriela Bejerman, Damián Tabarovsky, Marcelo Figueras, Carlos Gamerro y Pedro Mairal. El francés Laurent Binet –ganador del Premio Goncourt con HHhH–, el chileno Alvaro Bisama, el boliviano Rodrigo Hasbún, los brasileños Ronaldo Correia de Brito y Sergio Sant’Anna, la española Mercedes Cebrián, el noruego Kjartan Flogstad y la “argenmex” Sandra Lorenzano también serán de la partida.

    Pablo Braun, director del FILBA y de la editorial Eterna Cadencia, explica que se harán treinta actividades entre paneles, entrevistas, diálogos, lecturas, talleres y performances en lugares como la Biblioteca Nacional, el Centro Cultural Recoleta –que por primera vez serán sede del festival– y el Malba. Allí, Piglia inaugurará el encuentro con la conferencia “Sobre la interpretación”. En el mismo museo tendrá lugar el cierre a cargo del colombiano Vallejo, autor de La Virgen de los Sicarios.

    El homenaje a México busca recorrer la obra de las voces más significativas del siglo XX mexicano (Octavio Paz, Sergio Pitol, Carlos Monsívais) y, además, “acercar al lector argentino las nuevas expresiones de su narrativa, poesía y música,”, señaló Braun.

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  1. Los mejores extranjeros del 2010 de Revista Ñ

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    libros

    Una lista de nueve títulos es la que presenta Revista Ñ con lo mejor de la literatura extranjera. Hay traducciones y autores latinoamericanos, cada uno con una breve reseña. No parece haber un orden especial en la lista.

    La lista incluye:

    La última noche en Twisted River
    John Irving
    Tusquets 
    Novela 
    658 págs.  

    Cuentos reunidos
    Kjell Askildsen 
    Relatos
    Lengua de trapo
    298 págs.

    Verano 
    J.M. Coetzee
    Novela 
    Mondadori
    255 págs.

    Galilea
    Ronaldo Correia Do Brito 
    Adriana Hidalgo
    Novela 
    306 págs.

    Nocturnos
    Kazuo Ishiguro
    Relatos 
    Anagrama 
    294 págs.

    Mi perra Tulip
    J.R. Akerley
    Novela
    191 págs.

    Tres ataúdes blancos
    Antonio Ungar
    Novela 
    288 págs.

    El tutú. Costumbres de fin de siglo
    Princesa Safo
    Club Burton 
    224 págs. 

    Grieta de fatiga
    Fabio Morábito 
    Relatos 
    Eterna Cadencia 
    192 págs. 

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  1. Más Fabio Morabito

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    Fabio Morabito en Argentina

    Pero dos entrevistas no son suficientes. La Revista Ñ consigna la presentación de los dos libros de cuentos de Fabio Morabito en Argentina, editados por Eterna Cadencia, y lo hace a través de frases citables en un almuerzo, entradas enciclopédicas digamos. Ahora está en la Patagonia. Volverá el martes 9 de este mes a seguir conversando con sus lectores en la librería.

    Aquí algunos ítems:

    LOS INSATISFECHOS. Un escritor es el que, en rigor, no sabe escribir. Nadie sabe escribir, pero un escritor es el que se da cuenta y convierte eso en un problema. El escritor norteamericano E. L. Doctorow cuenta una anécdota sobre la vez que tuvo que escribir un justificativo de la ausencia de su hijo a la escuela. Lo escribió muchas veces, porque quien es verdaderamente escritor, hasta cuando escribe algo banal se enfrenta al problema del lenguaje. No resiste un mal adjetivo, un problema sintáctico, una coma mal puesta. En cambio quien solamente redacta, no pasa por ese problema. Redacta de manera clara, comunicativa. Esa es la gran diferencia, entre ser alguien que lucha contra el lenguaje y siente una gran insatisfacción, y la redacción que simplemente sirve para fines prácticos.  

    PROBLEMAS. Cada vez más hay obras de escasa calidad. Pero un escritor sigue enfrentándose a los mismos problemas a los que se han enfrentado todos. Cambia el estilo, cambia la forma de comunicación, por supuesto. Pero el compromiso artístico –escribir con cierta originalidad, cavar en profundidad – eso no cambia.

    AQUÍ, LATINOAMÉRICA. Cuando un libro atrapa, qué nos importa si el autor es mujer, hombre, viejo, joven, exitoso, desconocido, checo. Me considero latinoamericano porque estoy aquí, y por la lengua. A mí me dio gusto el premio a Vargas Llosa porque en muchos sentidos representa un tipo de escritura que ya ha caducado, y no todo lo que él ha escrito a mí me interesa. Me parece que si esta literatura de aspecto decimonónico se puede sostener, ¿por qué no? Una parte nuestra necesita todavía un tipo de secuencia y de narración más tradicional. No es como con otros Premios Nobel que uno se pregunta: “Caramba, ¿por qué se lo dieron a Dario Fo, un excelente actor y un escritor mediocre? Pero ojo, porque la nueva literatura, a veces puede tener los visos exteriores de mucha modernidad y los contenidos pueden ser terriblemente añejos, con imaginarios muy desfechados.

    ETERNO EN SU CADENCIA. Uno tiene que saber de qué está hecho. Yo no soy Vargas Llosa ni García Márquez. Yo pertenezco a una franja numerosa de escritores que también hacen literatura seria pero que no viven de la literatura. Eso es muy importante para decir: “Bueno, ¿qué espero yo de un editor?”Un trato personal: simplemente, que no sea un gran fábrica de libros, sino donde sienta que hay respaldo y afinidad. El editor es el primer lector oficial. Yo creo que los grandes editores han sido siempre capaces de mantener eso. Sentirse en casa. Las editoriales chicas tienen la ventaja de prestarle más atención a cada escritor.

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  1. Fabio Morabito x 2

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    Fabio Morabito

    El escritor mexicano Fabio Morabito ha acaparado las páginas literarias de la Revista Ñ y aparece en tres notas distintas, en menos de un día, a partir de la publicación de cuentos suyos en Eterna Cadencia: La lenta furia y Grieta de fatiga.

    Oliverio Coelho se concentra en la primera novela, Emilio, los chistes y la muerte, editada por el Fondo de Cultura Económica. Lo entrevista así:

    No estaba particularmente interesado en escribir una novela. La historia nació con visos de cuento infantil, pues lo primero que se me ocurrió fue ese detector de chistes con el que el protagonista, Emilio, inspecciona el entorno de su nuevo barrio. En seguida apareció el cementerio y, junto con él, Eurídice, la masajista de cuarenta años que acaba de perder a su único hijo y que visita el cementerio una vez a la semana. Tan pronto como ella y Emilio se encuentran y se ponen a hablar, supe que había dado con una historia larga, de corte muy distinto al que había imaginado. Con todo, aun cuando me quedó claro que traía entre manos una novela, no quise suprimir el detector de chistes, y creo que fue una buena decisión. 

    -A un poeta y cuentista nato como usted, ¿qué experiencia le deparó la escritura de una historia más larga? 

    -Estas escasas ciento sesenta páginas me han perseguido durante quince años. Estuve a punto de renunciar muchas veces, pero la historia no se dejaba abandonar fácilmente. Fue durante mi estancia de ocho meses en Buenos Aires, en el 2007, cuando pude al fin tomar el toro por los cuernos. Me dediqué a ella sin pensar en otra cosa. Tuve que volver a escribir a mano, porque mi mujer necesitaba el ordenador para su trabajo de investigación. Quién sabe si no fue este regreso a la escritura a mano lo que destrabó todo y me permitió vislumbrar al fin la secuencia y el sentido de toda la historia. Con respecto a los cuentos, aprendí que la novela supone una lucha menos intensa, pero más angustiosa. En la novela hay que aprender a tantear en lo oscuro y a no precipitarse, esperando que muchos cabos sueltos y muchos motivos apenas esbozados, tengan en algún momento su resolución. Hay que tener fe y ser paciente, armándose de una mentalidad agrícola. Los cuentos pertenecen más bien al orden de la depredación.

    -¿Cómo concibió esa especie de Funes joven que ejercita la memoria en un cementerio?

    -La idea me surgió a partir del cementerio. Aquí entra algo de anécdota autobiográfica. En la calle donde vivía, en el D.F., había un mega cementerio que yo visitaba de vez en cuando. Me fumaba ahí un cigarro a la hora de la digestión, mirando los nichos y los nombres de los difuntos. Me atraían las fechas y los nombres. Terminé por adoptar a uno de esos muertos, le llevaba flores y un día llevé a mi hijo para que lo conociera. Como mi patria es Italia y no tengo muertos en México, me pareció bien adherirme a uno, por así decirlo. No lo elegí al azar. Había nacido el mismo año que yo y había muerto a los 24 años, una edad que fue crucial en mi vida. Sentí que él no había podido cruzar una línea que yo, más afortunado, había cruzado. Todavía le llevo cada año, en el día de Muertos, sus cempasúchil, la flor de los muertos que inunda en noviembre todos los cementerios mexicanos. Pues bien, no me fue difícil imaginar que Emilio, mi protagonista, fuera atraído por lo mismo que yo, o sea los nombres de los muertos, y pensé adjudicarle una memoria prodigiosa para aprendérselos. Un niño con un detector de chistes, que se pasa las mañanas y algunas tardes aprendiéndose los nombres de un cementerio. Ahí estaba todo el meollo de la historia.  

    Por otra parte,Patricia Kolesnicov lo entrevista a partir de los cuentos editados por Eterna Cadencia y consigue estas declaraciones:

    Ahora, desde el cuarto de su hijo en Ciudad de México, por teléfono, arrastrando una “erre”, dice que su preferido es un cuento en el que un escritor se niega a aceptar los cambios que le sugiere un corrector de estilo. “Es un fantasma el corrector de estilo”, dice. “Es un recordatorio de cómo en el lenguaje es imposible ser infalible”.

    Redactar, dice, es fácil: hay un objetivo, se aprende una técnica, funciona. Escribir es otra cosa.

    ¿Cuál es la diferencia? En literatura hay tantas cosas que comunicar que el texto no puede comprometerse con ninguna. Entonces, se tiene que disfrazar de todas. Y la esperanza es que entre todas se diga algo tan profundo que el propio escritor no adivine qué es.

    ¿Como un médium, dice algo que no sabe qué es? Sí. Desconfío de los escritores que tienen claro lo que van a decir. Si tiene un plan y no se sale de él, lo siento sospechoso de ser un pésimo escritor.

    ¿Corrige mentalmente cuando lee a otros? A veces sí, pero si el texto me gana, ya no pienso en eso.

    ¿Qué hace que un texto pueda “ganarlo”? Justamente, poder desligarme del lenguaje, que parezca que eso no puede escribirse de otro modo. Eso pasa cuando uno está muy atrapado con su lectura y le permite a esa lectura no detenerse en nada. Yo quiero olvidarme de lo que está pasando en la superficie, quiero sentirme realmente en el viaje, como cuando está uno en un tren, el ruido de las ruedas, el traca–traca, pues uno deja de oírlo a los pocos minutos.

    Olvidar el procedimiento.

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