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La nueva novela de Daniel Alarcón
La nueva novela de Daniel Alarcón, que salió publicada este año en inglés con el título At night we walk in circles, tiene casa editorial. Seix Barral anuncia que la publicará el 25 de marzo y se titulará De noche andamos en círculo. Un libro muy esperado.
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Escritores peruanos sobre Alice Munro
Los escritores peruanos también celebramos el Premio Nobel de Literatura a Alice Munro. Enrique Planas reunió para “El Comercio” a Alonso Cueto, Daniel Alarcón, Santiago Roncagliolo, Jerónimo Pimentel, Giovanna Pollarolo y a mí para que comentemos -en 50 palabras- lo que pensamos sobre la Nobel 2013. PD.- En mi foto, que fue tomada para un artículo para Deporte Total en el 2010 titulado “Mi vida como Drogba”- estoy con la camiseta de Costa de Marfil. ¡Bravo!
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El Festival de la Palabra calienta motores
Puerto Rico vuelve a ser escenario del Festival de la Palabra, ahora en su cuarta edición, y siempre con el tandem Mayra Santos Febres y José Manuel Fajardo a la cabeza. Esta vez la lista de invitados incluye a Daniel Alarcón, Eduardo Lalo, Jorge Franco, José Ovejero, Juan Gabriel Vásquez, Edwin Madrid, Ana María Shúa, Alan Mills, Leonardo Padura, Santiago Gamboa, entre otros. Una nota en El Nuevo Día de Ana Teresa Toro.
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El vuelo de la nueva literatura latinoamericana
Bajo el título “Letras en vuelo libre”, Raquel Garzón comenta en El País la nueva literatura latinoamericana, citando varios nombres de autores de mi generación, que conozco y cuyas obras sigo con atención (algunos de ellos miembros del, para mí, inolvidable Bogotá39).
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Lo que leeremos en el 2013 (Perú)

Daniel Alarcón publica novela en el 2013
El blog Lee por Gusto ha tenido la iniciativa de comunicarse con editoriales peruanas, tanto las transnacionales como las alternativas, para preguntarles qué novedades podemos esperar en el 2013. Un nuevo libro de Daniel Alarcón, la novela finalista del Premio Tusquets de Carlos Calderón Fajardo y una nueva novela de Santiago Roncagliolo destacan entre lo que se viene.
Aquí algunos adelantos por editorial:
Santillana
“Para el 2013 tenemos un plan bastante grande. Tenemos una nueva novela de Santiago Roncagliolo (se llamaría Óscar y las mujeres) que saldrá a la venta en febrero. A nivel internacional tendremos la novela Desnuda, que ha salido en versión digital y ha sido un éxito de ventas. Saldrá en enero. Publicaremos una edición especial de la novela The Host, de Stephenie Meyer, la autora de Crepúsculo. Eso es todo lo que te puedo contar por ahora”, afirma la gerente de Santillana, quien considera que la piratería sigue causando mellaa editores y autores, al tiempo que recordó que está por vencer la Ley del Libro, que exonera de Impuesto General a las Ventas (IGV) al precio final del libro. “Es una ley que tendría que prorrogarse”, señaló.
Planeta
Para el 2013 en cuanto a narrativa, Planeta publicará una nueva novela de Daniel Alarcón, titulada At Night We Walk in Circles -según nos dijo el autor por Twitter- y está previsto a publicarse en el segundo semestre del año entrante. Otros títulos de autores nacionales serán las novelas Una bala en la frente, de Manuel Aguirre, y Tus ojos en una ciudad gris, de Martín Mucha.A nivel internacional, se tiene previsto que lleguen a Lima de la mano de sus respectivos libros Laura Restrepo (Colombia), quien publicará su novela Hot Sur; María Dueñas (España), con su novela Misión olvido; y J. J. Benítez con una nueva edición de su saga Caballo de Troya. En tanto, el cantante Joaquín Sabina publicará un libro autobiográfico y probablemente también lo presente en el Perú.
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La primera vez

Foto: Joel Robinson
Leila Guerrero ha escrito un excelente artículo para “El País” donde comenta la primera vez de muchos autores, qué tan difícil les fue publicar entonces. Aparece Santiago Roncagliolo, Lolita Bosch, Daniel Alarcón, Pedro Mairal, Marcelo Figueiras, Martín Kohan, Juan Pablo Villalobos, Rafael Gumucio. Para ninguno fue fácil. Y aún ahora, estoy seguro, tampoco lo es.
Aquí algunas de las historias:
Lolita Bosch, en cambio, tenía un plan. Ella, catalana y residente en México desde los 18, decidió que iba a publicar solo cuando tuviera 35 años.
—Un año antes de cumplir los 35 fui a una librería y anoté nombres de editoriales. Envié cinco novelas para adultos, una novela para niños, y empecé a recibir rechazos de todas. Debo tener 50. Pero yo pensaba que era un proceso natural. Un día supe que un editor, Constantino Bértolo, estaba al frente de un sello llamado Caballo de Troya. Lo llamé, pero me decían: “No se puede poner”. Entonces llamé y dije: “Le hablo de parte de la agencia Balcells”. Y se puso. Le dije: “Mira, no te llamo de la agencia Balcells. Soy Lolita Bosch y tengo cuatro novelas”. Se las envié y doce horas más tarde me escribió diciendo que se había enamorado de tres. Y publiqué Tres historias europeas en 2005. No me cambió a mí, pero sí a mi entorno. Para empezar, todo el mundo deja de preguntarte de qué vas a vivir.
Después de haber enviado una novela a catorce editoriales de cuatro países, y haber recibido el rechazo de todas, el peruano Santiago Roncagliolo, autor de Abril Rojo, se fue a España para intentar ser un escritor profesional. Allí supo que Ediciones del Bronce había iniciado una colección de libros sobre ríos y presentó una propuesta —el Amazonas— que fue aceptada. Pero él nunca había estado ahí, de modo que se encerró durante tres meses a leer todo lo que se hubiera publicado sobre el asunto y a fingir que estaba en Brasil.
—El libro se llamó El príncipe de los caimanes y salió en 2002. Un año después me llegó una carta de la editorial, preguntando si quería una caja con ejemplares, porque los iban a destruir. Pero yo sentía que había cumplido. “He publicado un libro en España. Si todo sale mal puedo volverme a Perú y trabajar como empleado bancario”.
(…)
El argentino Marcelo Figueras, autor de Kamchatka, era un periodista joven cuando, en 1992, publicó El muchacho peronista, en Planeta.
—Todas las críticas fueron más o menos buenas, excepto la de Clarín. Era atroz. Mi siguiente novela, El espía del tiempo, es de 2002. Diez años me duró el trauma. Pero pensar que cuando publicás un primer libro te transformás en escritor es lo mismo que pensar que cuando sos padre por primera vez te transformás en padre. Es algo que vas a tener que demostrarte a vos mismo todos los días.
El chileno Rafael Gumucio, autor deLa deuda, era, en los años noventa, un joven inédito pero conocido (asistía al taller de Antonio Skármeta, del que salió un grupo de talentos magnéticos), cuyo primer libro se esperaba con ansias. En 1995, cuando tenía 25 años, entregó sus relatos a Planeta.
—Se llamaba Invierno en la torre y El Mercurio publicó una reseña que se llamaba “A patadas con las palabras” y decía que la condena para el autor era pasar cinco años y un día sin escribir. En un programa de televisión donde había críticos y escritores preguntaron: “¿Cuál es el peor escritor de Chile?”, y una señorita dijo “Rafael Gumucio”. Me quedé bloqueado por años, hasta que escribí Memorias prematuras, en 1999, y dije, bueno, si está mal, es el final de todo. Pero hubo críticas halagüeñas y ahí empezó mi carrera real.
El chileno Alberto Fuguet, autor de Missing, consiguió su primer contrato porque Antonio Skármeta, a cuyo taller asistía, le habló con admiración de un texto suyo a un editor de Planeta.
—El editor me citó en un café y me hizo firmar un contrato en una servilleta. Fue como existir antes de existir. Tardé tanto en escribir esa novela que antes publiqué un libro de cuentos, Sobredosis, en 1990. Es superimportante cómo se lanza un escritor y en ese sentido yo siento que sobreviví a pesar de todo. La fiesta de lanzamiento se hizo en una discoteca, con cocaína, con actrices. La crítica que salió en El Mercurio fue atroz, pero el libro se agotó en cuatro días. Si bien me dolía no ser aceptado, tampoco me interesó porque yo quería ser director de cine. Y entonces me envalentonaba, y pensaba: “¿Quieren pelear? Vamos a pelear”.
Si Daniel Alarcón, nacido en Perú y criado en Alabama, no hubiera recibido una beca del programa de escritura creativa de Columbia y no hubiera tenido como profesor a un editor de la revista Harper’s y si ese editor no hubiera mostrado interés por sus textos y no le hubiera dado la tarjeta de Eric Simonoff, un agente literario, y si Simonoff no hubiera firmado contrato con él y si el editor del New Yorker no se hubiera retirado dando así lugar a que la editora que lo continuó quisiera dedicar un número a nuevos escritores, y si Simonoff no le hubiera hecho llegar a esa editora un relato de Alarcón y si esa editora no lo hubiera publicado, ese relato no hubiera despertado, como despertó, el interés de tantas editoriales y es probable que su primer libro, Guerra a la luz de las velas jamás se hubiera editado en Harper Collins en 2007.
(…)
Para el escritor argentino Martín Kohan, autor de Bahía Blanca, la primera publicación fue consecuencia de una paradoja blindada.
—La condición que me ponían las editoriales grandes para publicar un primer libro era tener ya publicado un primer libro. Había un grupo de escritores que estaban formando una editorial, y me acerqué. En 1993 salió La pérdida de Laura, en Tantalia. A la novela le fue bien, tuvo buenos comentarios, y entonces fui a Sudamericana. Yo había cumplido mi parte. Ahora quería que el sistema editorial cumpliera con la suya. Y en efecto, me publicaron mi segundo libro. Yo creo que el primero me abrió una posibilidad de publicación. Hasta ese momento me parecía imposible que alguien pudiera editar un libro mío.
Lo primero que publicó el argentino Pedro Mairal fue un libro de poemas, en 1996, y, si se comparan la discreta repercusión y los delicados comentarios que recibió ese libro con los de su primera novela, el resultado es porno duro.
—Yo había escrito Una noche con Sabrina Love, y un día un amigo me pasó las bases del Premio Clarín y la mandé. La novela ganó el premio en 1998. Se vendieron 20 mil ejemplares, estaba en las librerías, en los kioscos. Me reconocían los taxistas. Fue arrasador. Era una máquina de mercadeo puesta al servicio del libro, pero una máquina. Sentí que tenía que recuperar el silencio, hacerme invisible. Como si todo eso me quedara grande. Así que estuve cinco años sin publicar. Pero creo que el primer libro es importante, porque empieza a quedar claro un rol que era confuso: antes la gente se preguntaba, “¿y este qué hace?”. Después, sos el que hace libros.
(…)
El mexicano Juan Pablo Villalobos trabajaba en Barcelona en una empresa de comercio electrónico. Después de que en México le rechazaran unos cuentos, escribió una novela que fue rechazada en tres editoriales de México y de España. Un día, mirando las novedades de Anagrama en la web, vio que estaba abierta la convocatoria al premio Herralde.
—La mandé pero asumí que no iba a ir a ningún lado. Cuatro meses después Herralde me mandó un mail diciendo que quería hablar conmigo.
El día de la cita, Villalobos se sentó a esperar en la recepción de Anagrama, entre las fotos de Vila-Matas, Paul Auster, Sergio Pitol.
—Pensaba, “joder, es como el peso de la tradición literaria”. Ese día Herralde me dijo: “Si yo fuera un editor serio no te publicaría, porque nadie te conoce, pero la novela me gustó”. Cuando publicaron Fiesta en la madriguera yo me seguí sintiendo tan escritor como antes, pero la mirada de los otros cambia. El libro te legitima.
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Presentan antología “Sam no es mi tío”

invitación al evento
Hoy presentan la antología de cronistas sobre el tema de la inmigración a Estados Unidos, Sam no es mi tío (Alfaguara), en Lima. Estarán presente uno de los antologadores (y autor de una de las crónicas), Diego Fonseca, y Julio Villanueva Chang. Será en la librería El Virrey a las 7:00 pm. Aquí les dejo una de las notas que ha dado Fonseca sobre el libro. La nota es en el diario El Universal de México.
Dice:
Jorge Volpi propone una crónica sobre la frontera que está llena de fuerza y es brutal; Elloy Urroz apuesta por una mezcla de ensayo y relato; Ilan Stavans hace un texto académico sobre el ciempiés y deja una crónica preciosa; Wilbert Torre encara lo político y lo social revisitando a un tipo del que ya había escrito, Guillermo Osorno plantea como si fuera hoy un partido de futbol de 1997; Yuri Herrera hace un repaso por la gastronomía mexico-americana; y Diego Osorno se va a Manhatann a perseguir las huellas de Carlos Slim.
Esa es la mirada de los mexicanos, sean cronistas, escritores de ficción, periodistas o académicos que encararon desde la crónica la relación de los latinos con Estados Unidos; pero ellos no son los únicos hispanos que participan en Sam no es mi tío, un libro que recoge 24 crónicas migrantes, además de un sueño americano.
En esa propuesta editorial coordinada por Diego Fonseca y Aileen El-Kadi también participan escritores de Argentina, Brasil, Colombia, Perú, Guatemala, Chile y Bolivia, entre los que destacan Santiago Roncagliolo, Edmundo Paz Soldán, Daniel Alarcón, Jon Lee Anderson, Eduardo Halfon, Hernán Iglesias Illa, Joao Paulo Cuenca, André de Leones y Claudia Piñeiro.
“El gran mérito de la edición es haber desafiado la idea de que íbamos a hacer un libro previsible en el sentido de que nos íbamos a poner la camiseta ideológica y salir a repartir palos. No. Partimos del intento de hacer un gran fracaso y ese gran fracaso es intentando dar una explicación completa, una explicación a la relación entre los latinos y Estados Unidos”, dijo Diego Fonseca.
El escritor y periodista, de visita en México, dijo en entrevista que es muy complejo y casi imposible explicar cualquier nación, incluso México que es tan diverso; sin embargo, es más complejo tratar de explicar a EU, país donde el proceso de migración no ha terminado y sigue recibiendo gente, un país que aún está por hacerse.
Partiendo de la base de que el fracaso existía e interesados en tratar de explicar lo inexplicable, lograron conformar 24 crónicas de migrantes y un texto, el de Jon Lee Anderson, que es un sueño americano.
“El gran éxito del libro es tratar de mostrar el mapa caleidoscópico de Estados Unidos y de los latinos en su relación con este país, de la relación de los gringos con los latinos y de los latinos entre sí; tratando de explicarnos eso que no existe que es la latinidad. Coincido con Volpi, quien dice que no existe la latinidad, que tenemos una especie de acuerdo de que somos latinos por algo, pero no somos un grupo social que tenga cierta homogeneidad ni racial ni cultural”, aseveró.
En esa apuesta por al fracaso seguro hallaron el éxito a través de historias sin tiempo, crónicas que se pudieron haber escrito ahora o en unos años más porque son transicionales y no dudan de que EU es un país transicional.
Diego Fonseca cuenta que uno de los primeros puntos clave era que México era la primera minoría de Sams, por eso hay muchos escritores mexicanos más que de cualquier otra nacionalidad; otro de los puntos es su sentido crítico.
“El primer punto que nos sacamos de la cabeza es que íbamos a hablar del imperio y del imperialismo, todos sabemos de la fuerza imperial que tiene EU sobre América Latino; el criterio básico es exponer una historia y dejar que el lector buceé dentro y construya su propia lectura crítica. Quisimos separarnos de la lectura ideológica perse y tratar de que la crítica social, si tiene que existir como tal, fluya a partir de construir la historia”, comentó.
A partir de esa certeza se concentraron en contar historias cotidianas y mostrar a la gente en Tepito o en Manhattan; crónicas con perfectos mecanismos técnicos y piezas narrativas para contar los grandes conflictos y crisis universales. “En el día a día tienes amor, odio, soberbia, pereza, avaricia, ambiciones, derrotas, victorias, y una historia bien contada sobre una persona es una historia bien contada que incluye muchas otras historias que no están contadas allí”.
Cuando Fonseca comenzó a escribir la crónica de la crisis económica en EU, a partir de su historia personal, estaba de luna de miel cuando le avisaron que la empresa en la que se había mudado a trabajar a EU había decidido cerrar, pensó en publicarla y entonces surgió la pregunta dónde y también ¿quienes escribían crónica en español?
Se dio cuenta que eran muchos los cronistas, escritores, periodistas, reporteros regulares y corresponsales latinos que escribían crónica pero casi todos trabajan para medios de América Latina.
Pero había historias por contar. Fonseca sabe que en el momento en que la crónica toma estrategias narrativas de la ficción, el límite está muy difuso. “Muchos de los escritores que están aquí han ensayado crónica antes; algunos vienen del periodismo como Roncagliolo”.
Lo rico del libro es que pudo constatar que la crónica latinoamericana aún tiene que incorporar la lectura académica, el análisis más profundo, incluso científico, a la construcción de la crónica.
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¿De qué hablamos cuando hablamos de nueva narrativa estadounidense?

EEUU
“Gutun Zuria” es el nombre de un Festival Literario en Bilbao que celebra desde este 16 y dura hasta el 22 de abril. Tiene a EE UU como país invitado y asistirán los escritores William Gibson, Chuck Palahniuk y John Verdon. Con motivo del Festival, en El País se preparó una nota sobre qué está sucediendo ahora en EEUU con los escritores menores de 40 años. La respuesta la busca Silvia Hernando. Y además, como coda, una explicación para que el premio Pulitzer de Ficción haya quedado desierto. Falta de grandeza. Aburrimiento. Liviandad. Nihilismo. Tibieza. ¿Será?
Dice la nota:
Entre la rebeldía y la desidia. Entre el genio espontáneo y la escritura tallada en el laboratorio de los talleres literarios. Entre el viejo estereotipo del indomable escritor americano embebido en la propia nación como única excusa argumental y el joven escritor despertado a la conciencia de que el mundo global podría ser nada más que la intrincada suma de sus partes. El viaje emprendido por la narrativa estadounidense en el siglo XXI —ese que ha llamado la atención de revistas como The New Yorker o Granta, empeñadas en señalar estos y otros puntos de la cartografía de una generación de autores menores de 40 años— es uno de los ejes que centrará el festival bilbaíno Gutun Zuria, que este año celebra su quinta edición (hasta el 22 de abril) con EE UU como país invitado. Una buena ocasión para preguntarse: ¿de qué hablamos cuando hablamos de nueva narrativa estadounidense?
El escritor Javier Calvo, traductor de algunos de estos jóvenes cachorros, explica que uno de los sentimientos que unen a estas nuevas generaciones acaso sea el alivio. Librados de la responsabilidad de abordar la empresa de “la gran novela americana” tal como la entendían los grandes colosos de la narrativa estadounidense —de Phillip Roth a John Updike o Saul Bellow—, sus intereses son más livianos. Y más tibios.
Aunque los problemas siguen ahí. “Autores como Tao Lin ahondan en el angst de la generación de los nativos digitales”, explica Ana S. Pareja, editora de Alpha Decay, que publica sus libros en español en un catálogo en el que destacan nombres como los de Stewart Home o Breece D’J Pancake. Tao Lin, llamado el Kafka de la generación Facebook, “se centra en el aislamiento y la incomunicación de la juventud actual”.
Aunque más allá de la angustia, dice José Luis Amores, editor de Pálido Fuego, lo que mueve a los jóvenes escritores es la desidia. “Un aburrimiento que en muchos casos lleva de vuelta al nihilismo en su acepción más práctica: gente que no hace nada, como en Flatscreen, de Adam Wilson, o que hace poco, como en Leaving the Atocha Station, de Ben Lerner, y que desemboca también en la desesperación, como en There is no year, de Blake Butler. Estas novelas quizá retraten mejor la sensación de fracaso que sobrevuela la sociedad norteamericana que la laureada Libertad, de Jonathan Franzen”.
Nacido en Nueva York de padres taiwaneses, Tao Lin es ejemplo no solo de la ciberliteratura del tedio, construida desde y alrededor de Internet. Su multiculturalidad es hoy en día sistemática en las letras en EE UU, además de justificante de su apertura al mundo. “En EE UU siempre ha habido una literatura de los inmigrantes de segunda o tercera generación”, señala Valerie Miles, editora de Duomo y la voz de Granta en España.
Lo que ahora es novedoso es que son los propios inmigrantes, y no sus hijos, quienes están escribiendo en inglés. Ejemplos: Gary Shteyngart, neoyorquino nacido en Leningrado; Nami Mun, originaria de Seúl y criada en el Bronx; Daniel Alarcón, limeño que creció en Alabama. ¿Más? Téa Obreht, Miguel Syjuco, Teju Cole, Aleksandar Hemon o Junot Diaz se enfrentan a la ficción con una mezcla de influencias globales con la reivindicación de sus orígenes.
Pero no son solo los autores los que han ampliado las miras: “El público de EE UU está sediento de conocer literatura de otros idiomas”, asegura Miles, “y ha habido una explosión de traducciones, en parte gracias a autores como Roberto Bolaño o Stieg Larsson. Antes, las puertas de EE UU estaban un poco cerradas, pero eso está cambiando”.
Del microcosmos, al macrocosmos. De los relatos locales a las historias globales. Aunque como tendencia, esta tiene también sus notables excepciones. “En el terreno de la narrativa más o menos simbolista, asociada con la naturaleza y las relaciones familiares, están las dos obras de David Vann, Sukkwan Island, (Alfabia, 2010), y Caribou Island, (Mondadori, 2011)”, señala Calvo. “También tiene un entorno rural Knockemstiff, de Donald Ray Pollock (Libros del Silencio, 2011), más cercana al mundo de un Dennis Cooper o un Harmony Korine”, añade.
“Knockemstiff está en la línea del gótico sureño, de carácter retratista, costumbrista, pero más cañero. Es muy negro, plagado de vidas desesperanzadas, pero con ráfagas de humor”, puntualiza Marc García, de la editorial Libros del Silencio. Esa querencia por el realismo sucio, en la línea de Bukowski, también se refleja en propuestas como Una mañana radiante (Mondadori, 2009), de James Frey (no tan joven -nació en 1969-, pero sí medianamente novato en la escritura), o Nami Mun. “Lejos de ninguna parte (Libros del Silencio, 2011) está enmarcada en los ambientes marginales, y trata temas como la prostitución, la vida en la calle…”, explica García.
Y del drama simbolista (como el del exitoso David Vann) a la risa. “En el terreno de la sátira es donde han aparecido en mi opinión más autores relevantes, desde el hilarante Shalom Auslander hasta Nathan Englander y Gary Shteyngart. Curiosamente, los tres son judíos y se encuadran en la tradición de la sátira judía”, apunta Calvo. “Y los seguidores de la narrativa más experimentalista o posmoderna, con un tono lúdico y a la vez profundo, tienen a Jennifer Egan”.
(…)
Ante toda esta amalgama, ¿hay algo que todos estos escritores tengan en común? “En todos los casos estamos ante situaciones generales retratadas sin un afán de grandeza”, señala Amores. Acaso tras esa falta de ambiciones se halle la razón a la noticia conocida este lunes de que el premio Pulitzer de ficción ha quedado desierto por primera vez en 35 años (el mismo galardón, por cierto, que en su pasada edición dio por vencedora a la nueva Jennifer Egan frente al viejo Jonathan Franzen).
El jurado debía decantarse entre tres finalistas: Train dreams, de Denis Johnson; Swamplandia!, de Karen Russel; y El rey pálido, novela póstuma de David Foster Wallace. Probablemente en la misma terna esté la explicación de la decisión. Y una última certeza sobre la nueva narrativa estadounidense: la sombra de Foster Wallace (que siempre pareció un perro del hortelano de las letras yanquis) sigue siendo, cuatro años después de su suicidio, demasiado alargada.
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Radio Ambulante de Daniel Alarcón

Daniel Alarcón
La novela Radio Ciudad Perdida (Alfaguara) de Daniel Alarcón no solo le trajo éxitos literarios y muchos más lectores, sino que además un vínculo con ese medio de comunicación tan interesante como desperdiciado, que ahora además tiene un salto cualitativo gracias a los podcast. Así nació el proyecto Radio Ambulante.
Aquí Guido Carelli, para Revista Ñ, da algunos alcances sobre el proyecto:
En 2007, la BBC lo contrató para dirigir un documental radial sobre la migración andina hacia Lima. Por la limitación del idioma –por hablar en español– muchas de las voces más interesantes del proyecto quedaron afuera del corte final. Se preguntó entonces cómo sería, si existiera, un espacio para esas voces. Así nació www.radioambulante.org , el sitio con el que pretende llevar crónicas –un género que goza de buena salud en América latina– a un formato radial sin resignar una estética cuidada y una pretensión literaria. “La historia oral es el primer género literario. ¿Cuántos de los que somos ahora escritores nos enamoramos de la literatura escuchando historias?”, le pregunta vía mail a Clarín desde California donde vivió buena parte de sus 35 años.
Radio Ambulante planea producir podcasts (archivos de audio que se pueden descargar) mensuales y ya forjó una red de periodistas en una veintena de ciudades para reflejar la realidad de los latinoamericanos lejos de los estereotipos que nos muestran como víctimas o villanos. Hasta el momento, aseguran, recibieron más de 50 propuestas de 20 países, mientras buscan –por medio de donaciones de oyentes y fundaciones– hacerse con los 40 mil dólares necesarios para sostener el emprendimiento. Desde abril, planean publicar programas de una hora de duración cada seis semanas . El primer tópico, visto desde distintos países serán “las mudanzas” y seguirá “el fútbol”. “El próximo año esperamos aumentar el ritmo de producción, pero estamos comenzando”, dice.
También habrá historias impactantes y profundas, entre ellas una sobre el exilio del ex-presidente hondureño Manuel Zelaya, otra sobre una transexual nicaragüense y su mejor amiga (su ex-esposa) y hasta la de un pueblo colombiano que adopta a los NN, los cadáveres desconocidos que trae el río. “No hay formato. Tenemos crónicas simples, cortas y de una sola voz, presentadas casi sin adorno, y también crónicas muy complejas, de largo aliento, con múltiples entrevistas, muy producidas y ricas en términos de sonido. Buscamos buenas historias”, explica Alarcón, que además de producir y dirigir Radio Ambulante escribió sus propias crónicas radiales. “Es otro lenguaje, más simple, más hablado, más natural. La radio es un medio muy democrático”, asegura.
El novelista no es el único escritor involucrado. En el sitio ya están disponibles un piloto de su compatriota radicada en Barcelona Gabriela Wiener y otra del chileno y residente argentino Cristian Alarcón. Ninguno pudo negarse a la invitación. En poco más de 7 minutos, Wiener –autora de Sexografías y Nueve lunas – indaga sobre los inmigrantes latinoamericanos que deciden regresar a sus países en medio de la crisis económica española. “El método que proponía Daniel se parecía mucho al que los periodistas narrativos solemos usar: narrar literariamente historias reales, con escenas, personajes, emociones. A mí en particular me atraía la posibilidad de hacer una historia muy cercana para mí, que me afectara directamente”, confía Wiener desde Barcelona, la ciudad que el mismo año abandonaron sus dos mejores amigas y su hermana.
Para Cristian Alarcón el desafío no fue menor. El autor de Si me querés quereme transa , uno de los grandes exponentes de la crónica en Argentina, resumió en 12 minutos la naturaleza trágica y humana del descenso de River, protagonizada por el relator Atilio Costa Febre. El resultado es una crónica que –con saltos temporales y cierta complejidad narrativa– conmueve a futboleros y a analfabetos de la pelota. “Lo que más le impresiona a alguien que viene de la escritura es la economía de lenguaje en la radio. Para escribirla habría necesitado 30 mil caracteres y en radio esta historia de pocos minutos parece contarlo todo”, explica.
El modelo de Radio Ambulante -aclara su creador- tanto en los contenidos como en la financiación existe en Estados Unidos: This American Life es un ejemplo. “Me siento cómodo en este registro, en este tono de conversación entre amigos”, dice. Para él, se trata de una extensión de su proyecto literario. “Sigo escribiendo una novela, más lentamente de lo que quisiera, pero a paso firme. Soy novelista, pero también narrador. Me encanta llegar a lugares donde no debería estar. Ahora lo hago con el micrófono en mano, pero lo básico no ha cambiado. Sigo trabajando en lo mismo”.
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Hay Festival Cartagena 2012 por Daniel Mordzinski

Francisco Goldman por Daniel Mordzinski

Juan Gabriel Vásquez, Juan Carlos Botero, Santiago Gamboa por Daniel Mordzinski

Claudia Piñeiro por Daniel Mordzinski

Mario Bellatin por Daniel Mordzinski

Ben Okri por Daniel Mordzinski

Carlos Fuentes por Daniel Mordzinski

Daniel Alarcón con Daniel Mordzinski

Joumana Haddad por Daniel Mordzinski
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Shortlist del Premio Las Américas
afiche del festival de la palabra
El Segundo Festival de la Palabra en Puerto Rico ha establecido un Premio especial llamado Premios Iberoaméricano de narrativas Las Américas, dotado con 25,000 dólares, y que será entregado en pleno Festival. El Presidente del jurado es Edmundo Paz Soldán, quien está acompañado de siete narradores de Puerto Rico, Argentina, España, México, Perú y Colombia, que pronto se conocerán también.
Mayra Santos, presidenta del Salón Literario y organizadora del Festival de la Palabra, ha declarado a El Nuevo Día: “Me alegra mucho que haya habido personas tan distintas, por ejemplo está un Ricardo Piglia, un autor consagrado junto a escritores que presentan su primera novela. Este premio se trata de resaltar la literatura que se está haciendo en Iberoamérica desde esta comunidad global; todos los cambios que ha experimentado nuestra literatura ayudarán a darle forma al premio que, ante todo, es un premio literario”.
Los finalistas son:
Perra brava de Orfa Alarcón
Estrellas muertas de Alvaro Bisama
La vida doble de Arturo Fontaine
Tiempo de vida de Marcos Giralt Torrente
Blanco nocturno de Ricardo Piglia
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Alarcón reseñado

Daniel Alarcón
El libro de cuentos de Daniel Alarcón El rey está siempre por encima del pueblo (Alfaguara), que aquí salió hace unos años pero en España recién se ha distribuido, ha sido reseñado para “Babelia” por Ernesto Ayala-Dip.
Dice la reseña:
El tema del poder y la autoridad o el autoritarismo es uno de los rasgos distintivos del libro. No el poder y el autoritarismo que siempre ejercen los mismos, sino el que está instalado en las capas bajas de la sociedad, el que ejerce el pobre sobre el más pobre, el débil sobre el más débil. Daniel Alarcón expresa la maquinaria del autoritarismo, denuncia (aunque el verbo no sea el más exacto) su contaminación a toda la sociedad, en todos los extractos sociales, sin diferencia de clase ni de sexo. En el cuento ‘El rey siempre está por encima del pueblo’, la subordinación al imperio paterno, incluso en una clase social baja, funciona con la misma rigidez y respeto ciego que si se tratara de una jerarquía militar. Un joven que huye de la casa familiar para buscarse la vida en la ciudad descubre la violencia y el fin del espejismo de una vida mejor. En otro cuento, 'República y Grau’, un niño es obligado por su padre a hacer de lazarillo de un ciego. Aquí la solución formal del relato, como sucedía en el primero, no respeta el dibujo naturalista a pesar del tema abordado: Daniel Alarcón recurre a ese ramalazo de invención luminosa que sortea el telurismo y el costumbrismo y nos sitúa en el umbral de lo insondable, de esa chispa de libertad individual de sus protagonistas en lucha contra el destino lacerante. Aquel relato, 'República y Grau’, es la imagen exacta de lo que un día defendió el escritor guatemalteco Rey Rosa en su narrativa, como nos los recuerda la ensayista Elena Pérez de Medina: “Para seguir escribiendo desde el espacio de los derrotados, la salida es el humor, no el héroe trágico, sino el pícaro superviviente”. Como ocurre en otro cuento del volumen, 'El presidente idiota’, historia de la representación itinerante de una comedia del absurdo, sólo éste, el absurdo, puede darnos la clave del funcionamiento patológico de la miseria y la violencia en la sociedad contemporánea.
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Alarcón gráfico

Shila Alvarado, compañera de aventura gráfica de Daniel Alarcón
“Ciudad de payasos” es un cuento muy especial en la vida de Daniel Alarcón. No solo es uno de sus mejores relatos sino, si no me equivoco, es el que fue elegido en medio de miles de relatos inéditos por The New Yorker para ser publicado y luego… todo lo demás. El cuento apareció en su colección de relatos Guerra en penumbras y ha sido traducido y reseñado. Pero ahora ocurrirá algo especial con él: ha sido dibujado.
Daniel junto a Shila Alavarado han hecho una versión gráfica del cuento y será presentada en la FIL Lima. Los dos dan su versión del proyecto en El Comercio.
“Comenzamos a imaginar páginas —cuenta la artista—. Lo que no queríamos era encerrar la historia en los cuadraditos del típico cómic”, dice la ilustradora y lectora voraz de las historias de Daniel. ““Ciudad de payasos” fue siempre mi cuento favorito. Me gustó porque me abrió la visión que tenía de Lima. Y eso es lo que he querido hacer en el libro, dejar entre sombras la ciudad para que el lector la complete”.
La complementación de ambos en este proyecto de novela gráfica no es algo que ocurra todos los días. Si bien el género es aún una curiosidad en nuestro país, la industria suele llevar por cuerdas separadas el trabajo de un dibujante y el del escritor. Empero, en “Ciudad de payasos”, editado por el sello Alfaguara, la sintonía entre ambos a lo largo de año y medio de trabajo, de reuniones, de largas sesiones en el Skype o el correo electrónico, queda clara al hojear las páginas de una obra tan íntima y personal.
“Me apoyé siempre en la visión estética de Sheila y creo que llegamos a entendernos muy bien. Yo opinaba sobre la imagen y ella opinaba sobre el texto. Lo que importaba era que existiera una empatía. Que ninguna mirada rigiera sobre la otra”, explica Alarcón.
Alvarado está de acuerdo: “Aprendimos en el camino a ceder, tanto en el texto como en la imagen. Incluso aprendimos a cuidar uno del trabajo del otro. Daniel siempre defendió mi trabajo, el espacio, el número de páginas del proyecto. Y yo siempre estuve pendiente de que la gráfica no cortara su texto”.
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Adiós al HAY FESTIVAL en Zacatecas
Despedida. Últimas fotos del blog del HAY FESTIVAL ZACATECAS de Daniel Mordzinski y Gastón García.

Daniel Alarcón. Foto: Daniel Mordzinski

Hernán Rivera Letelier y Sasha Sokol. Fotografía: Daniel Mordzinski

Alejandro Zambra. Foto: Daniel Mordzinski
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Daniel Alarcón y la piratería libresca
Daniel Alarcón
Hace más de un mes, el The New York Times hizo una nueva lista de promesas para tener en cuenta en la narrativa en lengua inglesa, “20 de menos de 40”, entre los que destacaba el peruano Daniel Alarcón junto a otros autores tan reconocidos como Chimamanda Ngozi Adichie (Nigeria, 32) David Bezmozgis (Canadá, 37) Joshua Ferris (Estados Unidos, 35) Jonathan Safran Foer, (Estados Unidos, 33) Nicole Krauss (Estados Unidos, 35) Z Z Packer (Estados Unidos, 37) Karen Russell (Estados Unidos, 28) o Gary Shteyngart (Rusia, 37).
Pero las noticias sobre Daniel Alarcón nunca terminan. Hoy veo que en The Barcelona Review han traducido un largo y documentado artículo de Daniel titulado “Vivir entre piratas” sobre la piratería libresca en el Perú. Vale la pena leerlo. Dice (traducido por Alejandro Tellería) Un testimonio es especialmente revelador (ahora que se viene la FIL Lima 2010):
Fue un vendedor de libros llamado Ángel quien me contó el modo de actuar de los ladrones. Estaba totalmente fascinado por la devoción que tenían al arte de robar libros. La cadena de librerías para la que trabajaba, Íbero, se enteró de la existencia de estas mafias en 2007 después de sufrir un robo en sus almacenes. Me pareció un crimen bastante extraño – ¿asaltar un almacén de libros?– pero, como lo explicaba Ángel, tenía mucho sentido. Íbero tiene la representación exclusiva de Larousse, un diccionario de bolsillo popular entre los universitarios de la ciudad. Cada edición puede vender entre dos y tres mil ejemplares por año. Es el tipo de libro del que la gente se precia de tener. Los piratas lo saben y una noche desapareció la mitad del stock del almacén de Íbero. No hubo huellas del atraco ni se forzó una sola cerradura. Fue un robo hecho desde el interior. En cuestión de días, los diccionarios estaban en Quilca por la mitad de su precio. Como Íbero no tenía forma de saber quién los había traicionado, despidieron a todo el personal del almacén y, desde entonces, se toman la molestia de etiquetar todos sus libros. Ángel, como vendedor principal, incluso imprimió un dossier con fotografías de los más notables ladrones de libros, que distribuía a su personal al comienzo de la feria. A pesar de estos esfuerzos, Íbero pierde casi diez por ciento de sus ventas por año a manos principalmente, según sospecha Ángel, de ladrones altamente especializados.
Pero la feria es importante por un motivo más simple. Los piratas, como su contraparte de la industria editorial formal, saben lo difícil que es predecir qué libro venderá. Aunque no gastan en editores, diseñadores, mucho menos en escritores, y aunque no pagan beneficios a sus trabajadores ni impuestos al fisco, los piratas también tienen que anticiparse al mercado y hacer inversiones de riesgo en libros que a veces no venden. Por ello, la Feria es un buen barómetro de lo que está en boca de todos y, por lo tanto, es negocio. ¿Qué eventos tienen más asistencia? ¿De qué libros se está hablando? Todo es parte del informal análisis de mercado que los piratas usan para decidir qué libro será pirateado después. Leen las páginas culturales de los periódicos locales, los cuales llenan sus páginas con notas sobre libros y entrevistas a los autores antes, durante y después de la feria. Prestan atención a la voz de la opinión pública. Desde la feria, las conversaciones se esparcen por el resto de la ciudad. ¿Qué es lo que la gente está pidiendo en Quilca? ¿Y en Amazonas? ¿Qué libros se están vendiendo en los semáforos? Y los rumores recorren toda la cadena, desde las esquinas, pasando por el distribuidor, hasta el productor. Si uno comparece para unas cuantas entrevistas, o llena un auditorio en la Feria del Libro, ya está; podrán pasar unos días –hasta una semana– pero las probabilidades de ver el libro propio en las esquinas, muy poco después, se hacen altísimas.
Había pasado un mes desde el operativo policial al mercadillo del Consorcio Grau, y todo había vuelto a la normalidad como si nada hubiese pasado. El juicio se había quedado estancado y ni un solo pirata o vendedor había sido puesto en prisión. Una mañana me pasé por allí, para ver con mis propios ojos la cara misma de la impunidad. A diferencia de Amazonas, aquí todo era pirateado y no había libros de segunda mano. En el tiempo que me quedé allí, casi una hora, seguía llegando mercadería: cajas de libros infantiles, novelas de vampiros, versiones abreviadas del superventas mexicano de libros de autoayuda Carlos Cuauhtémoc Sánchez, y, cómo no, El vencedor está solo de Coelho. La justificación más oída de boca de los compradores de piratería, “los que escriben esto ganan tanto que ni se enteran”, era seguramente cierta sobre algunos autores. Es decir, ¿estará Stephenie Meyer preocupada por sus ventas en el Perú?