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Bohumil Hrabal, cien años
El centenario de Bohumil Hrabal no puede pasar desapercibido. El gran autor checo, quien firmó libros tan extraordinarios como Trenes rigurosamente vilgilados o Una soledad demasiado ruidosa, y en especial la muy recomendable picaresca contemporánea Yo he servido al rey de Inglaterra, es recordado en el diario El País por Ramiro Villapadierna, quien lo califica como “rey sin corona” por el desconocimiento general que existe sobre su muy notable e influyente literatura.
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James Salter: “¿No se dan cuenta de que las cosas han cambiado?”
La publicación de All That Is concluye con 35 años sin publicar una novela de James Salter. Ahora que en España la obra de Salter -que ha pasado de El Aleph a Salamandra- goza de una segunda juventus (no hay que dejar de leer Quemar los días, su autobiografía) Eduardo Lago lo entrevista para El País.
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Lo que se viene en el 2013 (España y traducciones)

El retorno de Jeffrey Eugenides
El blog Papeles Perdidos del diario “El País” ha elaborado una lista de libros que podemos esperar para el 2013, tanto de autores españoles como traducciones. Aquí están los avances de lo que se viene. En castellano, libros de Lolita Bosch, Laura Restrepo, Yuri Herrera y Rafael Chirbes. En traducciones, el año se presenta extraordinario, con la traducción del Booker de Hilary Mantel, y del NBA Louise Erdrich, una nueva novela de Philipe Claudel, un libro rescatado de Danilo Kis, libros de David Mitchell, Michael Chabon, Cynthia Ozick, Dacia Maraini, Emanuelle Carrere, Erri de Luca y la esperadísima nueva novela de Jeffrey Eugenides (además, sé que para marzo Anagrama traducirá la nueva novela de Ian McEwan, aunque no lo dice el post de Papeles Perdidos).
Dice:
El tema de la mujer cobra fuerza con obras como Reflejos en el ojo de un hombre (Galaxia Gutenberg), de Nancy Huston, que aborda la violencia, las desigualdades, los prejuicios y la prostitución; La ridícula idea de no volver a verte (Seix Barral), de Rosa Montero, sobre el papel de la mujer a lo largo de la vida (…)
La ficción literaria en español trae a Carme Riera con su novela autobiográfica Tiempo de inocencia (Alfaguara), Rafael Chirbes con En la orilla (Anagrama), Laura Restrepo con Hot Sur (Planeta), Ramiro Pinilla con El cementerio vacío (Tusquets), Manuel Vicente con El azar que la mujer nubla (Alfaguara), César Aira con Libro de cuentos y Los fantasmas (Mondadori), Cristina Fernández Cubas con La puerta entreabierta (Tusquets), Santiago Roncagliolo con Óscar y las mujeres (Alfaguara), Lázaro Covadlo con Taimir (RBA), Martín Casariego con El espejo del día (Planeta), Eduardo Lago con Siempre supe que volvería a verte (Destino) y Francisco González Ledesma con Peores momentos de morir (Planeta), Lolita Bosch con Campos de amapola antes de esto (El Aleph), Yuri Herrera con La transmigración de los cuerpos (Periférica) e Ildefonso Falcones con título aún por definir en Grijalbo.
La narrativa en otros idiomas traerá dos libros premiados como los mejores en 2012 en Reino Unido y Estados Unidos, respectivamente: Una reina en el estrado (Destino), de Hilary Mantel, con el cual ha logrado por segunda vez en Booker, y La casa redonda (Siruela), de Louise Erdrich. Otro autor doblemente premiado con el Booker que estará presente este 2013 es el australiano Peter Carey con La naturaleza de las lágrimas (Alfaguara); de Francia llegará Emmamuel Carrere con Limónov (Anagrama), Philippe Claudel con Olores (Salamandra), Mathias Enard con Calle de ladrones (Mondadori); de EE UU Cynthia Ozick con Cuerpos extraños (Lumen), Jeffrey Eugénides con La trama nupcial (Anagrama), John Irving con Personas como yo (Tusquets), David Foster Wallace con su primera novela La escoba del sistema (Pálido fuego), Michael Chabon con Telegraph Avenue (Mondadori), David Mitchell con El bosque del cisne negro (Duomo) y Ben Lerner con Saliendo de Atocha (Mondadori); de Serbia Danilo Kis con Lección de anatomía (Acantilado); de Italia Dacia Maraini con Amor robado (Galaxia Gutenberg), Paolo Giordano con El cuerpo humano (Salamandra), Lorenza Foschinni con El abrigo de Proust (Impedimenta) y Erri de Luca con El crimen del soldado (Seix Baral); de Albania, Fatos Kongoli con Una nulidad de hombre (Siruela). Uno de los libros que cerrará el año será el primer volumen de todos los cuentos de Anton Chéjov (Páginas de Espuma).
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Los 20 libros del 2012 para Babelia

Tony Judt
El libro Pensar el siglo XX, las conversaciones de Tony Judt -quien falleció en el 2010- con Timothy Snyder, editadas por Taurus, ha sido elegido por los críticos convocados por la revista Babelia como El Libro del Año y encabeza la lista de los 20 mejores libros del año. Mañana, un número especial dirá qué ha sido lo mejor en libros, discos y exposiciones 2012. En el blog Papeles Perdidos encontramos un adelanto:
Editado por Taurus con traducción de Victoria Gordo del Rey, Pensar el siglo XX reúne las conversaciones que el ensayista británico mantuvo en 2009 con su colegaTimothy Snyder, que define el resultado como “un libro de historia, una biografía y un tratado de ética”. Como recuerda el ensayista e historiador de la literatura José-Carlos Mainer —que mañana analiza en Babeliael libro elegido—, pese a todo lo que tuvieron de “cámara de los horrores”, lo esencial de los últimos 100 años no fueron para Judt las guerras ni los conflictos identitarios sino los debates que desembocaron en Estados democráticos fuertes, “con una fiscalidad alta y activamente intervencionistas, que podían abarcar sociedades de masas complejas sin recurrir a la violencia o la represión”. O sea, justo lo que hoy está en la UVI de la política. En 2012, sostiene Mainer, hubo otros libros “excelentes”, pero “ninguno nos habla tan claramente de la estirpe rahez del poder financiero y de la estupidez de sus corifeos políticos y periodísticos, dedicados al resignado masoquismo (los sacrificios nos harán dignos de la felicidad futura) y al cuidadoso desmantelamiento de aquello que, desde hace más de 100 años, tanto ha contribuido a la libertad y la dignidad de los seres humanos”.
Con Judt a la cabeza, entre los 20 libros más destacados de la lista de Babelia hay títulos de todos los géneros literarios:
Narrativa en español: Absolución, de Luis Landero (Tusquets), Cuentos completos, de Juan José Saer (El Aleph); Las leyes de la frontera, de Javier Cercas (Mondadori); Mala índole, de Javier Marías (Alfaguara); El tango de la Guardia Vieja, de Arturo Pérez-Reverte (Alfaguara); La hija del Este, de Clara Usón (Seix Barral); Ayer no más, de Andrés Trapiello (Destino).
Narrativa traducida: Antigua luz, de John Banville (Alfaguara. Traducción de Damià Alou);Ciudad abierta, de Teju Cole (Acantilado. Traducción de Marcelo Cohen); Barrio perdido, de Patrick Modiano (Cabaret Voltaire. Traducción de Adoración E. Rodríguez).
Poesía en español: Canción errónea, de Antonio Gamoneda (Tusquets); Poesía reunida, de Juan Gelman (Seix Barral); Entreguerras, de José Manuel Caballero Bonald (Seix Barral); Lo solo del animal, de Olvido García Valdés (Tusquets);
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El oficio editor de Mario Muchnik

Mario Muchnik
Mario Muchnik, argentino radicado hace décadas en España, ha publicado varios libros de memorias como editor (el más conocido lleva el singular título Lo peor no son los autores) pero, al parecer, aun queda más que decir en el tintero. Acaba de editar Oficio editor en El Aleph y Juan Cruz lo lleva a una panadería francesa en Madrid para hablar de lo que no puede comer (extraña la carne argentina) y lo que sí puede editar.
Dice la nota:
Su libro comienza con esta frase: “Hacer libros puede significar escribirlos o editarlos. Yo he hecho ambas cosas y soy incapaz de optar por lo uno o por lo otro: escribir me divierte tanto como editar, si bien editar tuvo la ventaja de darme de comer”. Y en el libro hay comidas memorables, “y también difíciles”. En las comidas uno puede arreglar cosas “si tiene voluntad de arreglarlas, pero también pueden ser un martirio”. En uno de sus vaivenes tuvo una importante relación con Planeta y con el hijo mayor de Lara, José Manuel, comió varias veces. “Siempre hubo armonía, incluso cuando había complicaciones por medio”. Vino blanco, pescado, buenos restaurantes. “Si no comes bien, no hablas bien, ¿no te parece?”. El hijo menor de Lara, Fernando, fallecido cuando era muy joven, le explicó un día por qué lo echaban de la empresa: “Porque tú no eres un empleado”.
No, no es un empleado. Es él mismo, acaso por eso su editorial, cuando dependía de otros, también se llamó Muchnik Editores. Él y su padre, don Jacobo. “José Manuel Lara lo llamó don Jacobo. ¡Qué feliz le hizo eso!”.
Oficio editor es un recuento y también una lección para editores nuevos. “Ahora los editores parecen cirujanos que vienen con su batita verde”. Y, entre otras cosas, “han cambiado las cenas y las comidas. Ahora comen bocadillos. ¡Si los editores trabajamos en las pausas, en las cenas, en los almuerzos!”.
Durante sus épocas más afluentes, Muchnik almorzaba con libreros de cualquier sitio. “Llamábamos a los almuerzos Cinco horas con Mario, pues podíamos estar ese tiempo hablando de libros”. Al final, también retrata a su entrevistador antes de irse a casa. Van a llamarle de Bilbao. “¡Nunca me habían hecho tantos reportajes!”. Es que es un autor, como los 500 que tuvo.
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El gurú Coupland

Douglas Coupland
Mientras que en Estados Unidos acaba de aparecer Player One, la nueva novela de Douglas Coupland, en España la editorial El Aleph ha traducido la novela que publicó en el 2009, Generación A. Rodrigo Fresán hace la reseña en el ABCD Las artes y las letras.
En resumen: Coupland es uno de esos autores que nos cuentan para que sepamos que contamos con él. Un gurú, un profeta, un filósofo, un artista multimediático llegado desde ese país ideal que rara vez sale en los periódicos, capaz de darnos a Glenn Gould y a Leonard Cohen pero, también, a Celine Dion y a Jim Carrey. De ahí que a Coupland y su perfecto equilibrio sobre la fina cuerda que separa al genio del ingenio -y como a sus gemelos maléficos Bret Easton Ellis y Chuck Palahniuk- se le ame o se le odie.
Y «todos hemos nacido con una letra dentro nuestro; solo si somos honestos con nosotros mismos se nos permitirá leerla antes de morir» advirtió Coupland en una entrevista.
Lo que nos lleva a las muy honestas primeras personas -monologando por turnos-del granjero Zack Laemle en Iowa, de la especialista en «sandwiches planetarios» Samantha Tolliver, con base en Nueva Zelanda, del parisino adicto a los video-games Julien Picard, de la padecedora del Síndrome de Tourette y rigurosa cristiana en Ontario Diana Beaton, y del vendedor por teléfono Harj Vetharanayan con conexión desde Sri Lanka. Todos ellos en un futuro próximo en el que se consume una droga que suprime toda ansiedad provocando la sensación de vivir pura y exclusivamente en el presente.
Pero, de pronto, los cinco son picados/elegidos por abejas que se suponían extintas. Y abducidos por funcionarios ominosos e interrogados por separado. Y, luego, reunidos por un científico à la Willy Wonka en una remota isla canadiense. Y destellos de Ballard y de Philip K. Dick pero, básicamente, estamos en Couplandia. Un lugar donde la «cultura acelerada» de los noventa devino en sobredosis informativa del nuevo milenio donde se sabe demasiado de nada y todo está lleno de vacío. Ese sitio donde el fin del mundo revela, además, la finalidad de ese mundo. Solo en el final sabremos reconocer cuáles son nuestros más verdaderos y nobles principios, parece decirnos Coupland quien, de paso, se sabe algo responsable y cómplice de tanta banalidad eléctrica cuyos inicios alabó en sus propios comienzos.
Y, mientras desenreda tanto enredo por culpa de la Red, Coupland nos sigue sorprendiendo. Porque, inesperadamente, Generación A es un eficaz techno-thriller con guiños a Michael Crichton que, a pesar de ser tan moderno (o quizás exactamente por eso), acaba abogando por el retorno a cierto clasicismo y por la supremacía de la palabra impresa en un universo con demasiadas pantallas donde los fragmentos parecen desplazar al todo. Solo las buenas historias pueden salvarnos, predica Coupland. Y Generación A es una buena historia. Y -al fin, por fin, en fin- nos sentimos bien. Otra vez.
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“Tomé una situación de crisis similar a la de 2001 y la potencié hasta la destrucción total”

Pedro Mairal. Foto: Daniel Mordzinski
Pedro Mairal empieza, poco a poco, a introducirse otra vez en España luego del éxito enorme que tuvo hace unos años Una noche con Sabrina Love (Anagrama). El Aleph publicará el próximo año Salvatierra y ya apareció la estupenda El año del desierto. Sobre esa novela responde algunas preguntas en el ABCD las letras.
Una misteriosa intemperie avanza borrando Buenos Aires y las costumbres civilizadas. ¿Esta vuelta a la barbarie es un reflejo de la eterna crisis que vive Argentina?
En la novela, tomé una situación de crisis similar a la de 2001 y la potencié hasta la destrucción total. Pero eso no significa tanto que la novela avance hacia la barbarie. Yo puse en orden cronológico (inverso) un deterioro gradual, pero muchas son situaciones que conviven hoy día en la Argentina: gente que vive la posmodernidad, otra que vive una modernidad menguante, otra que vive una Edad Media de pobreza y otra en un estado casi prehistórico. Mi novela es una exageración de algo que existe y sucede hoy, algo que se ve muy claro, por ejemplo, en las condiciones cada vez más precarias de los hospitales. En algunos aspectos se retrocede. Pero la barbarie atraviesa todos los momentos y está incluso disimulada y latente en las torres espejadas del poder financiero.
Detrás de esa intemperie que todo lo devora está también la enfermedad de su madre.
Bueno, eso es algo que descubrí después de escribir el libro. Yo creía estar escribiendo un libro que hablaba de una situación nacional y después descubrí que también hablaba indirectamente de la enfermedad de mi madre, que fue algo que avanzó gradualmente hasta enmudecerla. Es decir, que uno no sabe sobre qué está escribiendo en realidad, como dice Borges de Swift, que creía estar escribiendo una sátira política con Los viajes de Gulliver, y terminó siendo un libro para chicos.
La Historia de Argentina retrocede hacia sus orígenes. ¿Qué tipo de novela es «El año del desierto»?
Vi algunas lecturas de la novela hechas en clave de ciencia ficción, pero tengo que confesar que no es un género que me guste mucho ni del que sepa demasiado. Me gusta pensar el libro no como la Historia argentina, sino como la pesadilla de la Historia argentina sucediendo hacia atrás a toda velocidad. Y esto era algo que en 2001 sucedía realmente: los nietos de los inmigrantes italianos y españoles se iban a Europa a buscar trabajo y se convertían en emigrantes. Había una extraña sensación de rebobinado. Un día, en el lugar donde yo trabajaba, se cayó todo el sistema informático y alguien dijo «Uy, se cayó para siempre», y por un momento pareció posible: había sido bueno tener internet y mails, pero ya estaba, se había acabado. En esos años se cayó el telón pintado del Primer Mundo que nos habían querido vender y vimos que detrás estaba la tierra baldía. Es algo que tenía que suceder.