Blog de noticias literarias. Dirigido por Iván Thays.

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  1. Andrés Barba, librero

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    Andrés Barba

    Una experiencia original de la librería Tipos Infames que debería replicarse en algunas librerías de Lima y todo América Latina. Escritores como libreros. ¿Será que un escritor es también un buen librero? Andrés Barba es el invitado de esta semana. Antes estuvieron Marta Sanz, Mercedes Cebrián, Patricio Pron, Marcos Giralt Torrente, Jesús Marchamalo, Luis Magrinyà y Edmundo Paz Soldán.

    Dice la nota en “El Cultural”:

     -¿Qué haría -le pregunto- si un cliente le pide ese libro amarillo que se está vendido tanto pero cuyo título y autor ha olvidado, o la tercera parte de Anatomía de las sombras de Grey; El Capital, de Artur Mas, o El fantasma de los Baskerville, de Dorian Grey (que son consultas reales publicadas en Facebook por Libreros que ocultan preciosa información…)?
    -Sonreír, supongo, y orientarle y aconsejarle libros mejores… y volver a sonreír…

    Sin embargo, ayer no estaba el tiempo apacible para libros: menos de diez personas tomaban café o leían, ajenas al escritor, que aprovechaba el tiempo con su futura editora y Pablo Angulo, que va a ilustrar su próximo libro, Desaparecidos, para revisar, vía iPad, las pruebas del libro y el futuro diseño.

    Si esperaba lectores en manada como gruppies no fue su tarde, pero no faltaron los amigos, y Andrés Barba estaba feliz:
    -“La verdad -confiesa- es que el oficio de librero entre cañas y amigos es demasiado divertido para ser cierto… En realidad es mi segunda vocación… ¿existe algo mejor que vivir entre libros, y compartir pasiones, a veces inconfesables, a veces desesperadas, pero casi siempre felices?”

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  1. El verano lector de Andrés Barba

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    Leer en verano

    Mientras que Antonio Muñoz Molina recomienda leer Casa desolada de Charles Dickens durante el verano, Matilde Asensi piensa degustar (¿esa es la palabra?) el bestseller Canción de hielo y fuego de G. R. R. Martin. “El Cultural” ha preguntado a cuatro escritores españoles qué recomiendan leer en esta temporada de vacaciones y, cómo ven, los gustos son bastante diversos. Entre las recomendaciones, me gustó especialmente la de Andrés Barba, para quien la crisis que atraviesa España, dice, debe hacer a los lectores más selectivos. Además, recuerda el verano en que leyó El oficio de vivir de Césare Pavese. 

    Esto dice Barba:

    Sospecha de que las campañas de fomento de la lectura son necesarias sólo para aquellos que no están verdaderamente convencidos de su poder, que, de hecho, las diseñan “los que no leen”. Andrés Barba (Madrid, 1975), crítico de libros de viajes en estas páginas y uno de los nuevos y más prometedores escritores españoles, elegido en la última lista de Granta, marcha de vacaciones tras publicar su última novela, Ha dejado de llover (Anagrama, 2012) sin ceder a la tentación del pesimismo. Ha notado la crisis, “en las ventas, en los anticipos” pero no quiere participar en ese malditismo retroalimentado que se ha instalado en el mundo del libro y que, a la postre, podría ofrecer positivos resultados: “Creo que las crisis tienen siempre un agradable lado “purificador” y que era insostenible el volumen que se producía en España. Tal vez de ahora en adelante eso nos ayude a ser más selectivos, tanto en lo que leemos como en lo que editamos”. 

    La maleta lectora de Andrés Barba responde a un patrón a priori contradictorio. A un lado libros de viajes “comprimidos, cortos, intensos”. Al otro novelas “larguísimas, oceánicas”. Las lecturas postergadas por su tamaño encuentran así su momento junto a joyitas reservadas para ser devoradas sin interrupciones. Y los clásicos conviven con los contemporáneos sin estridencias. De entre los primeros recomienda la lectura de El viaje sentimental, de Sterne. Mucho más reciente, llama la atención sobre Los mares del Wang, de Gabi Martínez. 

    Andrés Barba no quiere olvidarse de recomendar dos novedades que devora en estos momentos: The marriage plot de Jeffrey Eugenides, que publicará Anagrama el año próximo, y las Cartas de verano de 1926 de Tsvietaieva, Rilke y Pasternak (Minúscula, 2012), reseñado en estas mismas páginas. “Pero mi lectura veraniega más intensa fue El oficio de vivir de Pavese, que cayó en mis manos cuando tenía sólo 20 años. ¿Y si uno de los elegidos decepciona? 

    “Se me cae de las manos en el acto. Si es verano, generalmente cae al mar”. 

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  1. “Una narración de conflictos individuales e intrasferibles”

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    Andrés Barba

    Andrés Barba ha publicado Ha dejado de llover (Anagrama) y viajó a Barcelona, pues ahora reside en Buenos Aires, para presentar la novela. Una “novela de nouvelles”, según la califica. Aquí la reseña de ABC sobre la presentación.

    Dice la nota:

    El escritor Andrés Barba empezó a escribir “Ha dejado de llover” con la idea de hacer el retrato global de una ciudad a través de sus barrios, pero la novela se fue modificando y ahora cree que en las historias que cuenta lo que más aparece es la comprensión como una forma de anular los problemas.

    Barba ha presentado hoy en Barcelona una “novela de nouvelles”, publicada por Anagrama, en la que incluye cuatro historias donde asoman cuestiones siempre presentes en sus títulos, como la incapacidad de comunicar los propios sentimientos, la irrupción súbita del amor, el miedo a la felicidad, la muerte y también lo que significa la paternidad.

    A su juicio, aunque la verdadera protagonista del libro es una ciudad muy parecida al Madrid en el que ha vivido la mayor parte de su vida, las historias se estructuran a partir de cuatro variaciones de un mismo tema: “Alguien súbitamente comprende la vida de una persona y eso supone el final de un problema”.

    Con “Dublineses” de referencia obvia, Barba construye cuatro relatos en los que trata tanto sobre la paternidad “desastrosa” de algunas personas, que empiezan a entender lo que ello supone “diez años después de haber sido padres”, como sobre la infidelidad que descubre una hija adolescente en su padre.

    El último de los relatos “Compras”, que dice ser su favorito, es la descripción de un largo día de compras en el que “una hija se reconcilia con una madre excéntrica, disparatada y perversa”.

    “Me interesaba -ha dicho- que la novela funcionara por acumulación. Que no fuera un libro de relatos, sino que cada ‘nouvelle’ necesitara de las otras”.

    Asimismo, afirma que tenía ganas de hacer “una narración de conflictos individuales e intransferibles”.

    Preguntado por su trayectoria a lo largo de la última década, desde que se diera a conocer en 2001 con “La hermana de Katia”, Andrés Barba considera que desde diferentes perspectivas nunca se ha “salido del tema familiar”, aunque sí reconoce que con el paso del tiempo la oscuridad inicial de algunas de sus narraciones se ha ido diluyendo. “Hacer literatura realista pasa por la búsqueda permanente de la esperanza, el amor y el optimismo”, ha apostillado.

    Residiendo actualmente en Buenos Aires (Argentina), a donde partió por amor, Barba está trabajando en una nueva novela y conociendo la literatura argentina contemporánea, que ha calificado de “estimulante”.

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  1. Fama y olvidos literarios

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    Julio Ramón Ribeyro

    Excelente la idea de El Cultural de hacer una mesa redonda sobre Mis Olvidados Favoritos, en la que cuatro escritores contemporáneos como Juan Gabriel Vásquez, Santiago Roncagliolo, Jorge Eduardo Benavides y Mercedes Castro, quienes hablarán respectivamente de Porfirio Barba, Enrique Amorim, Charlotte Perkins y el enorme Julio Ramón Ribeyro.

    Sobre Julio Ramón Ribeyro dijo Jorge Eduardo Benavides:

    El caso más atenuado de los cuatro que traen a colación los protagonistas de este encuentro organizado por elcultural.es es el de Julio Ramón Ribeyro (Lima, 1929-Lima, 1994). “Es un ejemplo paradigmático de escritor de culto, ajeno a las modas, una condición que le ha podido perjudicar, porque se le ha encasillado ahí, aunque su obra es muy accesible, nada difícil, y habla casi siempre de las clases medias”. Paradójico olvido el del autor deProsas apátridas, que vio triunfar delante de sus narices a compatriotas suyos como Bryce Echenique y Vargas Llosa, novelistas ambos que siempre han reconocido el influjoriberyano en su escritura. Él, en cambio, a pesar del unánime reconocimiento de su talento como cuentista (sobre todo), no ha conseguido traspasar las fronteras peruanas con la fuerza de ellos. “En Perú todavía se le lee bastante, pero en el resto de Latinoámerica muy poco, al igual que en España”, explica Benavides. Su olvido podría catalogarse de injusto.  

    El encuentro, que se llevó a cabo en una calurosa tarde en Casa de América, sirvió también para hablar del vano oficio de la literatura y, en concreto, de esa impostora (lo dice Kipling, lo decía Borges) que es la fama literaria. 

    Dicen:

    A todos la celebridad literaria le has sido esquiva. Algo normal si tenemos en cuenta que, como dice Jorge Eduardo Benavides, “la fama para un escritor es siempre un accidente”

    Siglos y siglos de literatura. La memoria no da para tanto. Demasiadas páginas, demasiadas palabras, demasiadas historias… Los lectores no tenemos siquiera capacidad para retener los detalles de libros que leímos hace sólo unos meses. El olvido es, por tanto, consustancial a la literatura. Y la celebridad de los autores una mera contingencia, salvo para cuatro clásicos indiscutibles. 

    Pero ¿es más volátil la fama de los escritores que la de la de las de otros artistas? Roncagliolo cree que no: “Si escribiste un libro que tuvo éxito en su día, la gente, 20 años después, te considera famoso. La fama en literatura, aunque es casi imposible conseguirla, perdura más”. Juan Gabriel Vásquez ofrece su teoría al respecto: “Es que, al contrario de lo que ocurre con la música, que se difunde en gran medida gracias a conciertos en directo, en los libros no está físicamente el autor. Hay una disociación del escritor y sus criaturas, que viven autónomamente”. 

    ¿Cuánto influye la venta de libros? ¿Es un factor determinante? Jorge Eduardo Benavides no lo tiene claro: “Hay casos de todo tipo. Autores que vendieron mucho en el pasado y ahora nadie los recuerda. Autores que no han vendido casi nada y los recuerda todo el mundo”. Aquí tampoco está la clave de la fama. ¿Dónde está entonces? Mercedes Castro viene a decir que no está en ninguna parte, que es un misterio: “¿Por qué A.S Byatt cuando se publica España pasa casi desapercibida y la armada de McEwan, Amis, Barnes tiene tanta repercusión? ¿Por qué Galdós es tan conocido y a la Pardo Bazán, otra escritora magnífica, una gran transgresora en su época, apenas se la lee?”. ¿¡Por qué, por qué!?

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  1. Sobre los 22 de GRANTA

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    El canon de Granta empieza a generar opiniones a favor

    Apenas apareció la nómina de los 22 elegidos de GRANTA, el diario español El País se preocupó por conseguir las declaraciones de algunos de esos elegidos. Cuatro fueron los que se sumaron a una entrevista digital: Andrés Barba, Andrés Neuman, Patricio Pron y Javier Montes. 

    Hoy, Javier Rodríguez Marcos comenta la selección en el mismo diario, en el artículo “Canon literario se escribe con Ñ” donde dice:

    La literatura universal es una Babilonia que se expresa en todos los idiomas del mundo. Su difusión mundial, entretanto, es un selecto embudo que desde hace medio siglo habla inglés. La edición española de la revista británica Granta presentó ayer su apuesta de 22 escritores en español menores de 35 años elegidos para la gloria. Entre ellos hay autores con varios premios y años de carrera como Santiago Roncagliolo, Andrés Neuman y Andrés Barba y otros, como Carlos Yushimito, que han sido una sorpresa incluso para parte del jurado internacional encargado de la selección. (…) Uno de los seis miembros del jurado seleccionador -junto a los directores de la revista, el escritor argentino Edgardo Cozarinsky, la crítica española Mercedes Monmany e Isabel Hilton, corresponsal especializada en América Latina y China- fue el novelista Francisco Goldman, artífice de la publicación -y consagración- de la obra de Roberto Bolaño en Estados Unidos. El novelista chileno rompió la costumbre anglosajona de medir a cada nuevo escritor latinoamericano con Borges y García Márquez y, según Aurelio Major, la nueva generación ya no reacciona contra el boom de los años sesenta: “Forma parte del paisaje. Los jóvenes no tienen que matar al padre”. Esa es una de las señas de identidad comunes a un grupo de autores que, en muchos casos, viven fuera de su país pero ya no por motivos políticos. “Son cosmopolitas, no siguen solo su propia tradición”, apunta Miles. Por su parte, John Freeman, director de Granta en inglés, destaca -además de que “hablan mucho de sexo”- un experimentalismo y un riesgo formales que llamará la atención sobre todo en Estados Unidos: “Allí triunfa el realismo. Hay demasiados talleres de escritura, y eso termina por uniformar el estilo”.

    “No hemos pensado en cuotas, solo en el talento”, repiten los autores de una selección en la que hay cinco mujeres -“el canon sigue siendo masculino”, dice Elvira Navarro- y en la que son mayoría los narradores argentinos (ocho) y los españoles (seis). Sin negar el argumento de la calidad, el escritor hispanoargentino Andrés Neuman apunta también a la predisposición de los lectores: “Hay una tradición lectora que hace que a ciertas literaturas se les dispense una atención no necesariamente justa”.

    Por otra parte, J. Ernesto Ayala Dip también opina acerca de la selección en el mismo diario, en el artículo “De las glorias efímeras” que, a pesar de lo que podría pensarse por el título, es mas bien entusiasta:

    No he leído a todos los autores que se citan. Pero aquellos a los que he leído merecen estar. Y aprovecharé la ocasión para leer a aquellos otros pocos autores que la lista me sugiere. La edad de 35 años supongo que es metódica. Y como tal me parece apropiada, porque permite sacar a la luz a un grupo de escritores que serán los que ya van empujando para dibujar una generación de reemplazo en el futuro. También debe de ser metódico el número de elegidos, aunque ya me cuesta más vislumbrar su operatividad. Ahora bien, independientemente de estas consideraciones, incluida cierta cuota de escepticismo que espero que no se confunda con descortesía ni con ningún cuestionamiento ético, la lista tal como es me parece una buena noticia. Y me lo parece porque integra a autores de un lado y otro del Atlántico. Y cuando hablo de integrar hablo de vincular mediante el lenguaje de la imaginación distintas instancias estéticas, estrategias narrativas, géneros como la novela y el cuento que comparten espacio en el universo global de la ficción. Nada hay tan diferente a una novela del argentino Andrés Neuman que una novela del español Javier Montes. Ni nada tan diferente a un cuento de la española Sònia Hernández que otro de la argentina Samanta Schweblin (entre españoles y argentinos, suman 14 de los 22). No es mi intención echar más leña al posible fuego de las menciones y omisiones, pero no puedo dejar de alegrarme de que el chileno Carlos Labbé forme parte de este enigmático canon. Y Paola Oloixarac. Y Andrés Barba. Y Alberto Olmos.

    Para terminar me gustaría encontrar alguna cita que reflexionara sobre la gloria efímera o cosa parecida. Seguramente habrá alguna de Cervantes o de los poetas barrocos españoles, que de eso sabían bastante. O de Montaigne. Toda lista de este tipo siempre tiene un doble filo. La alegría de los que salen en ellas y la tristeza de los que no. Seguro que algún estoico latino nos informaría debidamente sobre esta tan humana materia.

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  1. "En España hay cierta arrogancia y mira con cierto desprecio a Latinoamérica. En festivales como este conoces a gente que hace cosas interesantes y que pasan desapercibidos porque no están dentro de las grandes editoriales españolas"
    – Andrés Barba, invitado al Festival Eñe en Montevideo, entrevistado por “Público”
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