-
La FIL Guadalajara 2013 en marcha
La FIL Guadalajara 2013 ya está a toda máquina, acelerando, cuando faltan pocos meses para que inicie. Ya puede verse la lista de invitados y los eventos que tendrá a Israel como País Invitado de Honor. Una nota en El Universal comenta las actividades e invitados como Mario Vargas Llosa, David Grossman, Alessandro Baricco, Etgar Keret, Gonçalo Tavares, Colm Tóibín, Jöel Dicker entre otros. Además, latinoamericanos como Mayra Montero, Ana María Shua, Piedad Bonnett, Edmundo Paz Soldán, Evelio Rosero, Alejandra Costamagna, Selva Almada, Rodrigo Hasbún y mexicanos como Fernando del Paso, Vicente Leñero, Mario Bellatin, Rosa Beltrán, Verónica Murguía, Carlos Velázquez, Margo Glantz, Élmer Mendoza, Julián Herbert y Álvaro Enrigue. El 5 de diciembre habrá una mesa de escritores peruanos en la que tendré el honor de participar. ¡Nos vemos en Guadalajara!
-
Alessandro Baricco: mecenas digital

Alessandro Baricco
El signo de Baricco es, definitivamente, el de la comunicación. No solo es un escritor exitoso, sino que siempre ha estado inmerso en proyectos para comunicarse con los demás, desde programas de radio hasta proyectos digitales, como su escuela de creación multimedia que es gratuita. En el ABC comentan el último de sus proyectos.
Dice la nota:
El escritor italiano Alessandro Baricco ha presentado en el madrileño Instituto Italiano de Cultura su nueva escuela narrativa. Fundada hace 20 años por el autor de «Seda», la Scuola Holden imparte clases de escritura, cine, actuación, y series en inglés e italiano durante dos cursos.
A partir del 8 de octubre, la escuela se situará en la ex Caserma Cavalli, un viejo cuartel militar situado en un barrio histórico de Turín. El objetivo es incrementar el número de estudiantes de 60 a 200, según ha anunciado su director Alessandro Baricco.
«Dirigir una escuela es como escribir un libro o rodar una película», dijo Baricco. Su principal objetivo es conseguir que los estudiantes, de entre 18 y 30 años, «puedan ser libres trabajando en lo que les apasiona». Algunos lo han logrado con éxito, como el escritor Paolo Giordano, autor del «best-seller» «La soledad de los números primos».
Para justificar su apuesta por la enseñanza multimedia y el «storytelling» (la narración de historias en varios formatos), Baricco dijo que «solo el dinamismo nos puede salvar de la crisis que vivimos». Según el literato italiano, «nuestros chicos están ante una gran oportunidad. Todo va a cambiar».
-
“Se trata de una historia sobre este oficio, llena de fe y mucho amor al acto de escribir”
Alessandro Baricco en Barcelona
Alessandro Baricco estuvo en España presentado Mr Gwyn, su nueva novela, publicada por Anagrama. Ahí se entrevistó con Anna Pazos para El País, y declaró que esta novela -que trata sobre un escritor que deja el oficio de escribir- es la que había querido escribir toda su vida.
Dice la entrevista:
Lo dijo Valéry: todo comienza con una interrupción. En el caso de Jasper Gwyn, con la de su vida de brillante escritor de éxito. A sus 40 años, tras regresar un día de un paseo por Regent’s Park en Londres, decide que nunca más volverá a escribir un libro. Nadie, ni sus fans ávidos de novedades, ni las llamadas histéricas de su desesperado editor, le convencerán de lo contrario. Con esta determinación se enfrenta al resto de su vida el protagonista de Mr Gwyn (Anagrama), la penúltima novela de Alessandro Baricco (Turín, 1958), quien niega que esa sea su forma de anunciar que planea abandonar la escritura. “Se trata de una historia sobre este oficio, llena de fe y mucho amor al acto de escribir”, afirma el autor italiano, que visitó recientemente Barcelona.
Amor al oficio que, tanto en Jasper Gwyn como en el propio Baricco, se manifiesta en una incapacidad crónica de despojarse de él. En el segundo, este apego queda más que patente en su fertilidad en los campos de la novela —es autor de Seda, Sin sangre, Océano mar y Emaús, entre otros—, el ensayo, la dramaturgia y el guion cinematográfico. “Al acabar Mr Gwyn comprendí que aún tenía ganas de escribir y en tres meses terminé Tres veces al amanecer [aún sin publicar en España]”, explica, alejando aún más las posibles sospechas de su abandono literario.
-
“Tengo tantos estilos como mujeres tiene Don Juan”

Alessandro Baricco en Barcelona
Aunque el avión se retrasó y no pudo llegar a Barcelona para su encuentro con la prensa, Alessandro Baricco finalmente aterrizó en España y tuvo ya algunas entrevistas para presentar su libro Gwyn (Anagrama), la historia de un escritor que decide dejar de escribir. ¿Un Bartleby? Puede ser, pero Baricco dice que su novela es más bien un canto de amor a la escritura.
Aquí la nota de Toni Polo en el diario.es:
No. No es que Alessandro Baricco (Tutín, 1968) haya dejado de escribir. Todo lo contrario. La novela Mr. Gwyn (Anagrama, La Magrana), que narra la historia de un escritor que decide dejar de publicar, es una declaración de amor por la escritura: “Es una historia sobre este gesto tan bonito que es escribir”, comenta el autor.
El protagonista es Jasper Gwyn, un escritor que descubre que no sólo no quiere escribir libros, “tampoco querría haberlos escrito”. Y pone todo su empeño en buscar una nueva profesión: “Le gustaba pensar que estaba dilapidando sus ahorros tratando de dedicarse a un oficio que ni siquiera sabía si existía. Quería sentirse atrapado, porque era la única manera de poder encontrar dentro de sí mismo lo que buscaba”.
-
Martin Amis desprecia la literatura infantil

Martin Amis
Este comentario lo encontré el pasado sábado en Babelia. Es de Manuel Rodríguez Rivero y, tiene razón, Martin Amis gana el premio a la arrogancia de lejos. Tengo varias anécdotas -que no vienen al caso- de cuando lo vi y oí en Guadalajara y en Xalapa.
Esto dijo Amis:
Dice Martin Amis, que siempre ha tenido un don especial para irritar al personal, que “solo una lesión cerebral” le haría escribir para niños. Y no lo dice en cualquier sitio, sino en la BBC y en un programa de gran audiencia. Y, encima, y para arreglarlo, justifica su aserto con un peregrino argumento: “La ficción es libertad (…) y nunca escribiría sobre algo que me obligara a hacerlo en un registro más bajo del que puedo”. Las reacciones de editores y autores de libros infantiles no se hicieron esperar y el apelativo más suave que Amis ha recibido del gremio es el de estúpido. Después de haber leído sus declaraciones me debato en si conceder el primer premio europeo “Sillón de Orejas a la arrogancia” al ministro Wert (otro prodigio de petulancia incontinente, pero sin méritos apreciables) o al (por otra parte estupendo) autor de La viuda embarazada (Anagrama).
-
La Central en Madrid

Baricco, Feltrinelli, Vargas Llosa y Herralde en La Central. Foto: Luis Sevillano.
En plena crisis europea, en plena época del libro electrónico, la mítica librería catalana La Central ha decidido abrir un local espectacular en la calle Callao, de Madrid, con cuatro pisos y lugares para departir o comer. La inauguración esta semana tuvo cuatro invitados de lujo: Mario Vargas Llosa, Alessandro Baricco, Jorge Herralde e Inge Feltrinelli.
El entusiasmo ha sido tan grande que los blogs no lo han dejado pasar por alto. Javier Rodríguez Marcos en “una librería europea” hace un retrato dialogado de la inauguración. Mientras que Juan Cruz titula “El grito de Feltrinelli” su post donde cita una estupenda, y absolutamente cierta en mi caso, frase de Jorge Herralde: “Dijo el director de Anagrama que una librería es ese lugar en el que entramos a buscar un libro que ya conocemos y nos vamos con muchos libros de los que no nos habíamos enterado.”
Así cuenta la inauguración Jesús Ruíz Mantilla en El País:
“Cuando yo era joven, las librerías no eran así…”, comentaba Alessandro Baricco junto a Mario Vargas Llosa en la inauguración de La Central de Callao. Quería decir el escritor italiano que no tenían cuatro plantas, no se podía comer, ni beber, y en pocas se podían encontrar los 70.000 volúmenes que decoran las estanterías del nuevo negocio que se inauguró en pleno centro de Madrid.
Lo de La Central fue una declaración de intenciones a la que acudió en masa el mundo editorial. Una audacia, un atrevimiento, toda una provocación ante la parálisis general, ante el terror creciente. A las siete de la tarde, en la Plaza de Callao había cola.
Una avalancha de lectores, editores y escritores pugnaba por entrar con cuentagotas a merodear entre la madera y el cemento de sus recovecos. Casi para comprobar que era sencillamente verdad la noticia: unos libreros catalanes se habían empeñado en abrir en la capital un negocio para el que han tomado un edificio entero y en el que pretenden vender ese objeto al que muchos han presagiado la muerte en un plazo más o menos inmediato.
Para la inauguración tiraron de relumbrón. Junto a Vargas Llosa y Baricco acudió el padrino Jorge Herralde, editor de Anagrama y constante impulsor de los negocios de La Central. Todos escenificaron un auténtico acto de resistencia. Declararon la guerra a las pantallas y a los agoreros de la desaparición de la imprenta. Hasta Vargas Llosa, uno no sabe si en un desliz entusiasta, utilizó la palabra espectáculo. Dijo el premio Nobel que eso precisamente era la inauguración. Él, que ha escrito un ensayo criticando precisamente la suplantación de dicho concepto por el de cultura. Sería el inconsciente, o una señal de esperanza provocada tanto en él como en Baricco por ser testigos de dicho acontecimiento.
(…)
“Puede ser un acto demencial, contracorriente, suicida, en un mundo en el que las pantallas derrotan poco a poco al libro y vivimos una crisis sin fondo”, comentaba Vargas Llosa. “Pero resulta algo absolutamente racional, no una ceguera, sino la convicción de que no existen leyes inflexibles y que la historia no está escrita. En una época que incita al pesimismo, es necesario tomar iniciativas a favor de lo que el libro representa”.
Vargas Llosa glosó el único objeto que, según él, nos libra de la barbarie: “No existe nada que represente de forma tan meridiana la cultura, lo que nos aparta del caos, la violencia, las pasiones irracionales”. Una librería así es un lugar donde se acude a soñar, cree el Nobel. “Los libros nos adentran en vidas más sutiles, más complejas de todo aquello que podemos experimentar limitadamente. Además persiguen el sueño de una sociedad con ciudadanos rebeldes, provistos de imaginación y conciencia”.
Alessandro Baricco aportó también su visión optimista. “El futuro está aquí dentro”, comentaba el autor de Seda. “Frente al invierno del alma que parece que vivimos, actos así nos demuestran que estamos ante una primavera”, aseguraba el italiano. “No hay que ver estos lugares como un granero, sino como la cosecha que recogeremos en unos meses”. El autor italiano, novelista, ensayista, crítico musical e impulsor en Turín de una escuela de letras, se mostró muy concienciado sobre el mensaje que actos así deben lanzar a los jóvenes. “Deben saber que aquí empieza algo, que no termina, que es necesario el optimismo para afrontar lo que para mí es una auténtica mutación cultural. No son muchos los intelectuales capaces de articular esto con lucidez. Muchos ven solo peligros, yo creo que estamos ante una gran oportunidad”.
-
Baricco y la pasión por el fútbol

Baricco en Puerto Madero
Alessandro Baricco es un fanático del fútbol, pero de esos fans masoquistas que hinchan por clubs en picada. El es hincha del Torino. Baricco estuvo en Buenos Aires y, además de firmar autógrafos, decidió pasar a ver un partido de fútbol y sentarse en cabina junto a Víctor Hugo Morales, locutor de fútbol (qué pena que no fue a ver una del Bambino Pons, se hubiera divertido más). La razón es que un locutor de fútbol es el personaje de su última novela (aún no traducida). No sé si Baricco sabe que tiene un antecedente en América Latina: el colombiano Ricardo Silva y su novela Autogol tiene también como protagonista a un narrador de fútbol. Alguien debería hacer, más bien, una novela que tenga como protagonista no al narrador sino al comentarista de fútbol. Una con Fernando Niembro, por ejemplo, sería aburrida y obvia como ver una opereta. Una con el “Tigre” Tito Navarro sería achorada y malaza. Prefiero una con Juan Pablo Varsky, le faltaría filo pero al menos sería atinada.
Dice la nota en Revista Ñ:
-¿Qué importancia han tenido en su vida los comentaristas de fútbol?
-Esa pasión viene de lejos porque cuando tenía 10, 12 años, el fútbol no se veía. Se iba poco a la cancha porque era costoso. Todo era voz porque en la radio se oía todo. La voz del comentarista tiene algo divino, sacerdotal. El comentador veía, en cambio, uno no. Él podía decir lo que quería y uno no podía controlarlo. Nos pegábamos a la radio. Los domingos, aparecían las parejas en las plazas y el marido tenía la radio en la oreja. En sus ojos veías que estaba “mirando” el partido. Y esa es la marca, de algún modo, de la épica del fútbol. Me fascina.-¿Y hoy cómo se vive?
-Hoy es otra cosa porque ves todo. De todos modos sigue existiendo esa cosa fascinante, porque la mediación sacerdotal lo es y el comentarista sigue siendo una figura muy particular, es el hombre de los partidos de verdad. Y eso hace enloquecer a los hinchas.-¿Pero se puede conocer una cultura, un país, a través del fútbol?
-Hay un nexo profundo.-¿Y los italianos cómo son?
-Son astutos. Los italianos no piensan que se gana si se juega mejor. Piensa que se gana si se hace un gol más. Algo que los holandeses no piensan, los españoles tampoco. En Madrid, si el equipo juega mal y gana, no están contentos. No les gusta. A nosotros eso nunca nos pasó. Del mismo modo los ingleses tienen cierta idea de dominio del terreno, un dominio físico, que forma parte de su tradición.(…)
-¿Y en qué es distinto este mundo del que usted imaginaba cuando era estudiante?
-No podía imaginar el cambio tecnológico. Pensaba con envidia en mi abuelo que había visto la llegada de la energía eléctrica, del teléfono, de la televisión y pensaba que yo nunca viviría cambios de ese tipo porque el progreso parecía que después de los grandes movimientos el mundo era ése. Y por eso miraba la existencia de mi abuelo como una existencia mágica. Porque había empezado con la lámpara de gas y había terminado con las halógenas. Y después en realidad eso me pasó también a mí. Porque llegado a cierto punto –yo tenía 20 años–, el mundo estaba totalmente bloqueado, quieto, no había grandes descubrimientos. Políticamente estaba inmovilizado por la Guerra Fría, era verdaderamente un mundo inmóvil. Y de golpe, tac: empezó a avanzar a una velocidad enloquecedora. Fue buenísimo, muy interesante.-¿Extraña algo del pasado?
-Sí, muchas cosas, pero en realidad soy un enamorado del presente y del futuro. Es algo instintivo. Me resulta mucho más divertido descubrir el futuro que recordar el pasado. Es mucho más excitante y fascinante. Después paso una buena parte de mi tiempo estudiando a Homero, o Beethoven pero siempre porque quiero llevarlos al futuro. Si tengo un vicio es el del futuro, no del pasado.
-
Novela de aprendizaje de Alessandro Baricco

carátula de la novela
Alessandro Baricco ha publicado con Anagrama su último libro, Emaús, una novela sobre cuatro adolescentes y su acercamiento traumático, moralista, ambiguo, con el sexo. Una novela de aprendizaje o Bildungsroman de viejo cuño, al estilo La ciudad y los perros o Las tribulaciones del estudiante Törless. ¿Es anacrónico escribir algo así hoy en día? En la reseña al libro en Revista Ñ, Dolores Gil responde a esa pregunta.
Dice la reseña:
Si algo caracteriza a la última novela de Alessandro Baricco es su anacronismo, al menos en la elección del género. ¿Para qué o para quién escribir, hoy en día, un Bildungsroman? Baricco va más allá: no sólo escribe una novela de formación en tiempos en que habría que pensar qué sentido tiene relatar una experiencia que devenga en aprendizaje, sino que además su novela trata sobre cuatro adolescentes de clase media cuya principal seña de identidad consiste en ser católicos: creen en Dios, no penetran a sus novias y se dedican a la acción social mientras observan a los demás con cierto horror fascinado. El encuentro de estos dos mundos es lo que relata Emaús; también el impacto desproporcionado que produce la experiencia amorosa y sexual cuando los cuatro conocen y se enamoran de Andre, una joven liberal de clase alta que oficiará de sacerdotisa en su iniciación. Emaús es el relato de quien ya ha perdido la fe, de alguien que vuelve a su pasado sabiendo que aquello en lo que creía con abnegación se ha desmoronado por completo.
El descorrerse del velo es paulatino y devastador. Andre es sólo una excusa que el narrador y sus amigos necesitan para dejar la adolescencia y adentrarse en el mundo de los adultos, con toda la confusión y el dolor que esto supone: porque Emaús también trata de un duelo, el de la pérdida de la primera juventud a medida que los personajes dejan la tranquilidad (y a veces el drama) de sus hogares de clase media y vislumbran los placeres y las atracciones que la burguesía laica les ofrece: ménages à trois, música, drogas, descontrol. Pronto la experiencia, o el exceso de experiencia, los sobrepasará y se convertirá en tragedia, porque en la adolescencia no hay tiempo para el término medio, y estos jóvenes, educados en una fe rígida que los demanda absolutamente, tardarán en darse cuenta de que de religión y heroísmo el hombre no puede vivir. El narrador, ahora un adulto aburguesado, es el único que se salva de los males que aquejan y transforman las vidas de sus amigos, a quienes juzga implacablemente, quizá para subrayar el mal que una educación católica puede hacer. Hay, sin embargo, una dimensión irónica en sus comentarios: ciertas observaciones no pueden sino leerse como propias de una mirada cínica y desapasionada, que ya no comprende ni las motivaciones de la adolescencia ni las de la fe.
Lucas es el único de los evangelistas canónicos que narra el episodio de Emaús. Dos caminantes afligidos comparten, sin saberlo, un largo trecho con Jesús, quien se les ha aparecido tres días después de su muerte. Hablan todo el camino sobre la interpretación de las Sagradas Escrituras, e incluso se queda a comer con ellos. Bendice el pan, y en el momento de partirlo reconocen a su maestro. Automáticamente, Jesús desaparece. El relato parece hablar sobre no darse cuenta. Los caminantes tienen una experiencia radical, y sólo la reconocen una vez que ha pasado, cuando ya es demasiado tarde. En la novela de Baricco el narrador y sus amigos se dan cuenta, sí, pero ya nada puede volver a ser como antes. Crecer es una experiencia transformadora y dolorosa, aunque, como dice uno de los personajes, el único que se da cuenta, no es un horror.
A lo extraño de la elección del género y el tema Baricco añade una extrañeza adicional con su estilo: el narrador es parco, y el lenguaje se convierte en mensaje para entendidos: “Tenemos todos dieciséis, diecisiete años –pero sin saberlo de verdad, es la única edad que podemos imaginarnos: a menudo sabemos el pasado.”
-
Se prepara el Hay Festival Cartagena

Cartagena en festival
Del 27 de enero hasta el 30 Cartagena volverá a llenarse de escritores y, sobre todo, de lectores. La nueva versión del Hay Festival Cartagena tiene como estrella principal a Alessandro Baricco y al narrador y cineasta francés Philip Claudel, quien dialogará con Guadalupe Nettel. Además estará Juan José Millas, Lydia Cacho, la revelación Miguel Syjuco, etc. Y en cuento a los conciertos, Phillip Glass, Rubén Blades y los sobrevivientes de Buena Vista Social Club interrumpirán el tránsito de la apacible Cartagena.
Pueden ver el programa en esta página.
Cartagena será espléndida: a su deliciosa oferta de restaurantes y rumba se sumará un cartel de escritores y músicos de lujo. Estos son los mejores planes para esos días.
Si se tratara solamente de oír conferencias, si fuera nada más que atender a disquisiciones eruditas sobre obras publicadas, entonces no hablaríamos del Hay Festival.
Desde el momento en que a Peter Florence -un actor graduado de Cambridge y, sobre todo, un gran lector- le surgió la idea de celebrar un encuentro literario en el pequeño pueblo británico donde nació (Hay-on-Wye, que suma 1.500 habitantes y ¡39 librerías!-), creyó que debería ser así: una fiesta. Una fiesta que convocara a amantes de los libros, para darles la posibilidad de oír de cerca y tener contacto con sus escritores preferidos.
De eso se trata el Hay Festival Cartagena de Indias -que llega ya a su sexta versión-: de un pretexto para hablar de literatura en una de las ciudades más lindas del mundo.
¡Qué más!
¿Qué pensarán los turistas desprevenidos si llegan por esos días del festival (del 27 al 30 de enero) al ‘Corralito de piedra’ y se encuentran en sus calles a Salman Rushdie, Mario Vargas Llosa o Hanif Kureishi, invitados en ediciones anteriores?
Porque es así: después de las charlas, que no superan los 60 minutos de duración, siempre informales pero llenas de ideas, el festival continúa: en las librerías, los restaurantes, las callecitas y los sitios de rumba (que en Cartagena son muchos y muy buenos).
Algo hace también el espíritu de la ciudad amurallada, que colabora a que invitados y público estén en actitud de diálogo y distensión. Durante los cuatro días de festival es común encontrar a varios de los escritores sentados en sitios públicos (se ha visto a Martin Amis, Almudena Grandes y Ian McEwan, por ejemplo), dispuestos a que cualquiera de sus lectores se les acerque con una pregunta y se forme una conversación.
“Es la suma entre una conferencia y una gran boda”. Con esta frase fue descrito el Hay Festival por The New York Times, que se refirió al carácter de institución que ha tomado este encuentro en muchos de los países a donde ha llegado Florence con sus ideas (entre ellos España, Italia y Brasil).
Puede que algunos ortodoxos se aterren del estilo del Hay, pero es en eso en lo que se parece más a la literatura: es un placer.El principal objetivo de este festival es celebrar la escritura contemporánea, según dijo Florence en entrevista con este diario.
“Cuando lo ideamos hace 25 años, alrededor de la mesa de la cocina de mi madre, solamente queríamos reunirnos con algunos compañeros, conocer escritores, comer, bailar y contar chistes. En gran medida, sigue siendo así -dijo el británico-. Hoy es más grande, por supuesto, y se celebra en diez países, con casi medio millón de personas al año, pero la idea básica permanece”.
Si esos son sus objetivos, los cumple cabalmente: el Hay Festival deja como efecto el deseo de leer (y no sólo ficción, porque el encuentro reúne a historiadores, cineastas, científicos, periodistas y grandes músicos), además de ser fuente de ideas provocadoras. Por algo buena parte de su público, en todas sus ediciones, está compuesta por los estudiantes, que llenan los auditorios.
Cartagena es siempre una ciudad grata. Y si se le suman artistas, música y letras, entonces parece ser el destino perfecto.