Blog de noticias literarias. Dirigido por Iván Thays.

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  1. Un monstruo de apellido Benesdra

    La publicación de El traductor de Salvador Benesdra, o mejor dicho la recuperación de ese libro rarísimo (que yo conseguí en un viaje a Buenos Aires en su edición en Ediciones De la Flor), es un acontecimiento que no puede pasarse por alto. En un artículo en “La Tercera” Edmundo Paz Soldán comenta la nueva edición de Eterna Cadencia que “ha venido para quedarse”, según dice. Ojalá.

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  1. La máquina de pensar paranoias

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    Salvador Benesdra

    Flavio Lo Presti ha comentado en Revista Ñ la re aparición de Salvador Benesdra, gracias a Eterna Cadencia, con El traductor y su singular libro de auto ayuda El camino total.  "Un original escritor de imaginación sorprendente" sostiene.

    Dice la nota:

    Efecto de lecturas aluvionales y un sueño candoroso (“pegarla” económicamente con un libro) las más de trescientas cuarenta páginas de El camino total están dedicadas a convencernos de que la masticación dubitativa y reflexiva (la acción del hemisferio izquierdo del cerebro) solamente puede condenarnos a la inacción. El subtítulo nos advierte que las técnicas del método son “no ingenuas”: a una mente herida como la de Benesdra le tenía que gustar a la fuerza (como a la heroína de El traductor ) “la difícil y la retorcida”. Limpiemos el zen de formalismos (afuera los fetiches de la postura y la respiración) y nos quedemos con la aniquilación de los fantasmas producidos por el hemisferio izquierdo del cerebro, la ambición, el orgullo, el deseo; recordemos una idea central del zen, no hay metas, el obstáculo es la meta; reduzcamos las sensaciones a sus dos polos, el dolor y el placer, y tengamos conciencia de que el dolor es la máxima expresión del obstáculo. La conclusión es simple: el dolor debe ser el centro de nuestra meditación, el pivot sobre el que descanse nuestro esfuerzo para extinguir al mezquino “pequeño cerebro” y liberar la intuición, la creatividad, el poder mágico latente en el hemisferio derecho. La idea (perversa, “monstruosa” al decir de Fabián Casas en el prólogo) es unir la senda del zen y la senda del faquir, y en función de convencernos Benesdra despliega la que es (junto al humor judío y “serio”, a la Norman Erlich) su mejor cualidad como escritor: su omnivoracidad metabólica, la capacidad de enrolar en una argumentación coherente y demoledora a Mishima, a Kant, a la neurobiología, a David Morris, a Herrigel, a los maestros del zen, a García Márquez y a la Bossa nova mientras se refuta el estoicismo, se disecciona el masoquismo y se prohíbe (a cachetazos autoinfligidos) el fantaseo.

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  1. El traductor.- El día de hoy se presenta la reedición, o rescate sería más apropiado decir, de la novela El traductor de Salvador Benesdra, gracias a la editorial Eterna Cadencia. Recomiendo mucho leer este artículo en el blog de Eterna Cadencia,...

    El traductor.- El día de hoy se presenta la reedición, o rescate sería más apropiado decir, de la novela El traductor de Salvador Benesdra, gracias a la editorial Eterna Cadencia. Recomiendo mucho leer este artículo en el blog de Eterna Cadencia, titulado “El traductor Arltiano”, donde los escritores y críticos argentinos Alejandro Rubio, Daniel García Helder, Nora Avaro, Aníbal Jarkowski y Sergio Di Nucci hablan de El traductor, de Salvador Benesdra y el hallazgo sensacional de este escritor de culto.

    El traductor —dice Alejandro Rubio—, es el intento de novela realista más ambicioso y al mismo tiempo más monstruoso de la década del 90. Tiene muchos detalles criticables, pero su empuje inventivo se lleva por delante todas las reservas. Crítica mordaz a la izquierda argentina, sondeo de las profundidades de un alma progresista, novela de amor loco, prosa geopolítica ligera, El traductor es tan multiforme y resbaladizo como su tema, la década del 90 en Buenos Aires y su coctelera de identidades.

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  1. Reeditan a Salvador Benesdra

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    Salvador Benesdra

    Hace unos años fui a Argentina, visité como siempre la librería Eterna Cadencia y ahí me recomendaron buscar la novela El traductor de Salvador Benesdra. Me eché a buscarla por todas las librerías conocidas (en Eterna Cadencia no había) y luego en las librerías de viejo de Corrientes. No la encontré. El libro era inhallable. Llegué a Lima y, como siempre que no consigo encontrar un libro en el extranjero por estar desclasificado, acudí a las librerías limeñas, donde lo que en otros países está fuera de circulación a veces aparece incluso en la mesa de novedades. Entonces, en la librería El Virrey, encontré el estupendo libro de Benesdra.

    El año pasado, regresé a Buenos Aires y a Eterna Cadencia y entonces me dijeron que iban a reeditar la obra de Salvador Benesdra. Y así lo han hecho. Han publicado El traductor, desde luego, y también El camino total, un extraño libro de autoayuda subtitulado “Técnicas no ingenuas de autoayuda para gente en crisis en tiempos de cambio”.

    Aquí una nota de Ximena Tordini en Anfibia sobre la vida y una reseña de El traductor:

    A fines de 1995, Benesdra dejó su departamento en Buenos Aires y se fue a Arachania, un pequeño pueblo uruguayo sobre la costa atlántica. Alquiló una casa. Le gustaba escribir cerca del mar. Su novela El traductor había sido rechazada por varias editoriales: por ser demasiado extensa, demasiado compleja para el mercado. Algunos dicen que estaba tratando de acortarla. Otros dicen que no, que Benesdra se había rendido y que únicamente quería concentrarse en Puntería, una novela nueva que pensaba armar con la lógica del zapping. Por un fuerte dolor en la espalda, no podía quedarse sentado. Pasaba las horas en la cama, inmóvil, deprimido. Volvió a Buenos Aires, intuía que se acercaba un nuevo brote psicótico pero no quería internarse. Pocos días después, el 2 de enero, saltó por el balcón de un décimo piso.
    Su suicidio, las formas de su locura, su desmedida erudición y El traductor armaron la imagen de Benesdra que circula de boca en boca. Durante dos décadas la novela se difundió por las ganas de sus lectores de mantenerla viva. Con cada recomendación, el libro tuvo un nuevo aliento para enfrentar los dictados de la industria editorial.
    En la prensa masiva sólo se publicó una nota, en 2002 cuando él hubiera cumplido 50 años. Ahora, diez años después, la editorial Eterna Cadencia re edita El Traductor y publica, por primera vez, El Camino total, un libro de autoayuda. En una de las contratapas se lo menciona como el autor de la “mejor novela de los años noventa”, una hipérbole incomprobable que intenta hacer justicia con un escritor cuyos textos, aún hoy, permanecen sumergidos.

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