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Un año sin Carlos.- Hoy se cumple un año de la triste muerte del escritor peruano Carlos Calderón Fajardo, gran amigo y mentor de los escritores jóvenes. Son varias las generaciones que le deben palabras de aliento y consejos. En Miraflores se realizará un homenaje al autor con presencia de muchos de sus amigos escritores, el cual servirá también para presentar una nueva edición de la novela Sarah (ediciones Altazor).
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Un recuerdo de Carlos Calderón Fajardo
Me encuentro en el Facebook de Ricardo Sumalavia este texto del escritor argentino Damián Tabarovsky sobre el fallecido Carlos Calderón Fajardo. El texto fue publicado en el diario Perfil y Tabarovsky llama a Calderón Fajardo “ uno de los más agudos –y secretos– escritores peruanos contemporáneos”.

Dice la nota:
En su catálogo, entre otros, se encuentran libros de Mario Levrero, Diego Vecchio, José de la Cuadra, Rafael Pinedo, y Carlos Calderón Fajardo, uno de los más agudos –y secretos– escritores peruanos contemporáneos, muerto en abril de este año, lamentablemente casi desconocido entre nosotros (más allá de que mis topos me indican que hacia 2008 estuvo a punto de ser publicado en la editorial Interzona: finalmente los avatares del cierre y venta de esa editorial lo impidieron). De Calderón Fajardo leí recientemente El fantasma nostálgico, publicado en la buena editorial peruana Animal de invierno (en la que también se editó una edición local de Boca de lobo, de Sergio Chejfec), que incluye frases como “En la cocina gané yo, pero la guerra continuó en otros escenarios de la casa”. Antes había leído Playa, conjunto de cuentos tal vez algo desparejo, y sobre todo La conciencia del límite último, su obra maestra. Novela en clave de falso policial, narra la historia de un periodista fracasado –o a punto de serlo– que inventa un crimen inexistente y escribe una nota en la sección Policiales del diario en el que trabaja, acompañado de fotos igualmente falsas. La nota gusta al jefe de redacción que le pide que investigue el tema, y entonces se suceden uno a uno los artículos inventados, hasta que la novela –que toma cierto toque gótico– desemboca en un cruce entre metaliteratura, policial negro puro y duro, y reflexión crítica sobre el estado de la lengua, literaria y periodística.
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Perú en la Feria del Libro de Santo Domingo

En estos días se está llevando a cabo la Feria Internacional del Libro en Santo Domingo, con el Perú como país invitado. Algunos bloggers dominicanos, como José Carvajal, lamentan la ausencia de dos autores peruanos muy ligados a República Dominicana: Mario Vargas Llosa y Santiago Roncagliolo. Se sabe que el segundo declinó la invitación, porque su libro Memorias de una dama nunca fue reeditado por Alfaguara, y sus ejemplares retirados, por presión de una familia notable del país. Del primero, no se sabe bien si decidió no asistir por compromisos previos, pero es poco probable que no se le haya invitado.
Sin embargo, y pese a la opinión que el mismo José Carvajal coloca en otro post de su blog, a partir del hecho de que no encontró libros de Mario Vargas Llosa en el stand de Perú, el que la muestra resaltase a Julio Ramón Ribeyro y no a nuestro Nobel, y la supuesta “delegación Humala” que no sé de dónde ha sacado (y tampoco sé si sabe que el humalismo y Vargas Llosa no son enemigos sino, al contrario, aunque con críticas, Vargas Llosa siempre ha defendido este gobierno), la verdad es que la delegación peruana fue bastante interesante -obviamente incompleta, eso es inevitable, faltan muchos nombres y espero que todos tengan su oportunidad en algún momento- y alguien que quisiera conocer lo que ocurre en la literatura peruana podría haber sacado bastante provecho de los invitados.
(Antes de pasar a lo siguiente debo aclarar que yo soy invitado a la Feria por los organizadores de Santo Domingo, no por la cancillería peruana, así que no tengo interés alguno en defender a la supuesta “delegación humalista”)
En primer lugar, Vargas Llosa tiene un lugar privilegiado en la muestra de Daniel Mordzinski sobre escritores peruanos. Así que censura del gobierno dominicano no hay. La carencia de libros de Vargas Llosa en el stand de Perú puede deberse a muchos factores, pero nunca a una censura. Luego, el hecho de que la cancillería haya decidido privilegiar a Julio Ramón Ribeyro antes que a Vargas Llosa tiene como antecedente la FIL Bogotá, donde la muestra principal fue dedicada al poeta Antonio Cisneros. El Perú intenta aprovechar estos espacios para mostrar una diversidad mayor frente a los autores mundialmente conocidos, como Vargas Llosa o César Vallejo. Para eso usa las Ferias del Libro, que son espacios privilegiados para abrir el abanico. La carencia de algunos libros (como los de Blanca Varela o Jorge Eduardo Eielson) tiene que ver con una carencia vigente en el propio país: no hay ediciones de esos autores, como muchos otros en el mismo Perú, donde se reedita poco; es triste pero cierto.
Por otra parte, si un lector se interesase por la literatura peruana más allá de los consagrados Vargas Llosa y Roncagliolo (que, desde luego, hubiera sido estupendo que estuvieran en la feria, así como Alfredo Bryce Echenique, quien no pudo asistir por motivos personales al igual que otros autores) se hubiera encontrado con una delegación muy interesante. Autores de prestigio, de aquellos que suelen asistir a diversas ferias, como Jorge Eduardo Benavides y Alonso Cueto. Poetas que no suelen participar en ferias pero con obras poderosas, como Enrique Verástegui, Rosella di Paolo, Marco Martos, Domingo de Ramos. Autores que representan la literatura andina como Mario Guevara y Oscar Colchado. Autores que actualmente han sido redescubiertos y son considerados como maestros para la generaciones actuales, como Augusto Higa. Y autores jóvenes que ya tienen bastante prestigio, como Jennifer Thorndike o Francisco Ángeles, cuya segunda novela ha sido unánimemente celebrada el año pasado en el Perú. Sé que también fueron invitados Jeremías Gamboa (quien es actualmente el autor joven más prestigioso del Perú en España) y Gabriela Wienner (una de las principales cronistas del nuevo periodismo peruano), pero no pudieron asistir. Sin embargo, sus nombres muestran el interés de la organización de tener una delegación amplia y significativa, pese a los escasos recursos con que cuentan.
Finalmente, hay que indicar que en el stand Perú hay una gran muestra de literatura de editoriales independientes. Las jóvenes editoriales peruanas que han apostado por el país y que luchan por encontrar un espacio entre los dos grandes grupos de poder, como son Penguin Random House y Planeta. Si el blogger José Carvajal se anima a ir al stand de Perú para darle otra oportunidad a esta delegación “humalista”, como la llama él sin mayor crédito, encontrará libros que pueden mostrarle un Perú que no es el de nuestro Nobel, pero es igual de válido y atractivo. Le recomiendo especialmente la novela de Carlos Calderón Fajardo, El fantasma nostálgico, un autor cuya muerte nos acaba de sorprender y cuyo valor literario es innegable. Y espero que pronto República Dominicana sea País Invitado de Honor en la FIL Lima para conocer a sus autores, no a sus célebres, sino a ese abanico de escritores que difícilmente cruzan las fronteras pero cuyo interés y talento es enorme.
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Murió Carlos Calderón Fajardo
Nunca pensé que tendría que dar una noticia tan triste en este blog. Mi amigo, el escritor Carlos Calderón Fajardo, murió el miércoles en la madrugada. Durante los años 90, cuando empecé a escribir, fue el primer escritor que realmente me impulsó a insistir. Su amistad está ligada a mi adolescencia, cuando él tenía la edad que yo tengo ahora, y aceptó hablar de libros con un grupo de jóvenes de 21 años que lo admiraban y lo tomaron como maestro. Me ha emocionado ver en el Facebook cómo las siguientes generaciones de autores seguían viéndolo como nosotros lo vimos a él: un maestro y amigo. Carlos vendría a catalogarse como un autor de aquellos que ingresan a esa lista imaginaria que guarda cada país: “el secreto mejor guardado de X”. Pero su obra merece más difusión. Y más lecturas. Sin duda las tendrá.

Dice la nota de Juio César Zavala en La República:
Recordar a Carlos Calderón Fajardo es recordar a un escritor inclasificable. Un autor que tuvo muchas voces y muchas vidas a través de sus viajes, la forma en que la realidad lo fue haciendo escritor y la gran pericia de sus lecturas. Recordarlo ahora que acaba de fallecer por la secuela de un accidente.
Nacido en Puno, el 19 de mayo de 1946, bajo el nombre de Carlos Salazar-Calderón Fajardo. Viajó por muchas ciudades del interior del país acompañando a su padre, que era médico militar. Allí aumentó la pasión por la literatura. Desde muy joven fue amigo de escritores referenciales para él como José María Arguedas o Juan Gonzalo Rose. Al terminar la secundaria, a los 17 años, su padre lo envió a Viena a estudiar filosofía y aprender alemán, este plan quedaría interrumpido al enfermar de tuberculosis y pasar un larga estadía en el sanatorio. Es gracias al contacto con el médico que lo trataba que se inicia en la literatura alemana. Descubre una tradición que lo marcaría para siempre: Leer a Kafka, Tomas Mann, Wassermann, Hesse en alemán harían de él un lector diferente. En su primera novela La colina de los árboles (1980) nos refiere esta experiencia y el gran cambio que se daría en su escritura y su personalidad.