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El regreso de Scott Fizgerald

Francis Scott Fitzgerald
La figura de Scott Fitzgerald se convierte, poco a poco, en central en la literatura norteamericana, desplazando a otros nombres y amenazando incluso al mismo Hemingway. Pronto una nueva versión de El gran Gatsby (a juzgar por el tráiler, malísima) traerá la moda Gatsby, con su tragedia y su belleza frágil de la Era del Jazz. Edmundo Paz Soldán, en su blog “Río Fugitivo”, ensaya las razones de esta perpetua resurrección.
Dice:
En el obituario de F. Scott Fitzgerald (1896-1940) publicado por el New York Times se puede leer que “la promesa de su brillante carrera jamás se cumplió”. Pocas frases más equivocadas que ésta: Fitzgerald se convirtió en un clásico en vida con la publicación de El gran Gatsby (1925) y nunca perdió su relevancia; es cierto que los excesos que llegaron con el éxito repentino, el alcoholismo, los problemas de salud y una tempestuosa relación de pareja con Zelda hicieron que, muy pronto, en sus últimos años, Fitzgerald fuera visto como un escritor que había desperdiciado su talento. Digamos que él también se veía así, pero eso no quita nada del hecho de que con su obra temprana había cumplido con creces. Lo irónico de todo esto, sin embargo, es que buena parte de esa obra es una lúcida reflexión sobre el fracaso, sobre la corrupción de los ideales. Esta reflexión aparece incluso en los mejores momentos, cuando el joven Fitzgerald estaba en la cumbre: como si hubiera algo en el fracaso que lo sedujera.