Blog de noticias literarias. Dirigido por Iván Thays.

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    La muerte de la novela

    En el último ensayo de Luis Goytisolo la noticia, tantas veces anunciada, de la muerte de la novela vuelve a surgir. Y Winston Manrique Sabogal, en El País, entrevista a una veintena de escritores para ver qué opinan. ¿Los muertos que vois mataste gozan de buena salud?

    Aquí algunas respuestas:

     Guadalupe Nettel (México): “Mi generación ha visto tantos fines de tantas cosas que ya no creemos en el final de nada. El mundo va cambiando y la novela se va adaptando. Otra cosa es que haya tipos de novela que se escriban menos pero surgen otras formas y no por ello dejan de ser novelas”.

    Oliverio Coelho (Argentina): “La novela conserva su esencia y cualquier pensamiento apocalíptico al respecto es coyuntural. El cambio de paradigma tecnológico puede modificar el modo de leer, pero es prematuro pensar que pueda cambiar, ahora, el modo de escribir novelas. Es más probable que cierta vuelta a la narración más ambiciosa operada en series como Mad men, Breaking bad o, Six feet under intervenga en el imaginario de los escritores e incida en el futuro de la novela, no extinguiendo la novela, sino dándole un nuevo horizonte narrativo que la devuelve a su origen totalizador: género capaz de hilar, bajo el espesor de una voz, vidas, familias, sociedades, procesos históricos, distopías”.

    Juan David Correa (Colombia): “La novela nunca ha sido un género estático. Su definición está precisamente en su heterodoxia y diversidad de enfoques. Que ahora quepan cosas del mundo virtual no quiere decir que estemos ante el abismo, sino todo lo contrario”.

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  1. Piglia enseña por TV

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    Ricardo Piglia en televisión

    Un bloque cultural de cuatro clases magistrales dictadas por Ricardo Piglia es la nueva aventura cultural en televisión. Sin duda, serán clases estupendas. Y sin duda, además, el rating será bajísimo. Las palabras cultas y la televisión no hacen una buena dupla.

    Dice la nota de Patricia Kolesnicov en revista Ñ:

    Era Buenos Aires, era 1856 y las calles aparecieron empapeladas con un anuncio: el luchador estadounidense Charles desafiaba a los varones porteños a vencerlo, puño a puño. Si el retador hacía que Charles mordiera la lona se llevaría 2.000 pesos. Se inscribieron –cuenta el profesor– “tres argentinos, tres italianos, dos vascos, un irlandés, un francés y un hombre de nacionalidad desconocida, que peleó enmascarado”. El jurado: José Toribio Martínez de Hoz (fundador de la Sociedad Rural), el Jefe de Policía y …¡Sarmiento! Antes de que empiece la pelea, un hombre se levanta desde un palco y reta a otro a duelo. El desafiante es Lucio V. Mansilla, escritor y personaje de la época. El desafiado, José Mármol. El profesor mira a sus alumnos y la cámara los mira a todos. Esto es el estudio mayor de Canal 7. Esta es una clase del escritor Ricardo Piglia y, también, un programa de televisión. La clase/capítulo de hoy girará alrededor de los libros de los contrincantes: Una excursión a los indios ranqueles (Mansilla) y Amalia (Mármol).

    “Escenas de la novela argentina” será un ciclo de cuatro entregas, producido entre el Canal y la Biblioteca Nacional, que irá los sábados a las 20.30, desde esta semana. En él, Ricardo Piglia –autor, entre otros, de Respiración artificial y Plata quemada– dará un curso, que es el mismo que ya dio en las universidades de Buenos Aires y de Princeton.

    En todas las clases hay tres bloques. El primero abre con una escena, como la de la pelea –“no la inventé, está ahí”, se ríe Piglia– y sigue con conexiones que van de la novela elegida a la cultura y la literatura contemporáneas. En el segundo el profesor/conductor charla con un invitado, sentados en sillones. En el tercero, redondeo y preguntas.

    El primer programa, el de Masilla y Mármol, está dedicado a “La vida privada” y la invitada es María Moreno. El segundo se trata de “La voz argentina”, cuenta las reflexiones de Eduardo Wilde cuando, en 1888, tiene en las manos un invento nuevo, el grabador, y se centra en Juan Moreyra, de Eduardo Gutiérrez. El invitado es Juan Sasturain.

    En el tercer capítulo se habla de “La conspiración”, los autores son Roberto Arlt y Rodolfo Walsh y el invitado, Ricardo Bartís.

    El ciclo termina con un programa sobre “La utopía”. El protagonista será Macedonio Fernández, que en 1928 se fue a leer una novela por la radio, dos años antes del primer radioteatro. Ahí el libro será Museo de la novela de la Eterna, de Macedonio, y el invitado, Horacio González, director de la Biblioteca Nacional.

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  1. El anticanon de Ricardo Piglia

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    Ricardo Piglia

    Dirigir una colección de libros, seleccionando a los autores, puede tener pretensión de hacer un canon. Y si la selección de los autores no son, precisamente, los hegemónicos, podríamos decir que es un anti-canon que aspira a convertirse en canon. ¿Delicado, verdad? Serie del Recienvenido es el nombre de la colección que Ricardo Piglia conduce en el Fondo de Cultura Económica y Rubén Ríos en Perfil lo entrevista respecto a ella.

    Dice la nota:

    —Como usted sabe, la resonancia macedoniana de Serie del Recienvenido evoca una de las obras más singulares de la literatura argentina. Y en ese sentido, la pregunta es obligada: ¿qué relación existe, si la hay, entre los títulos de la colección y la sombra de Macedonio Fernández?
    —Está presente, sí… Ya sabemos que Macedonio reaparece siempre como si fuera la primera vez. Un clásico imposible, podríamos decir, nunca está fijo. Es el anticanon, es como si todos sus libros fueran primeros libros. Ojalá podamos alguna vez publicar todos los cuadernos inéditos de Macedonio en el orden en que fueron escritos y siguiendo la forma que tienen sus originales, donde una larga reflexión filosófica está seguida por la receta de un caldo y un capítulo de su novela está acompañado por un ensayo político o una lista de direcciones de sus amigos muertos.


    —¿En algo así está pensando para la colección?
    —Bueno, en principio estoy pensando reeditar Una novela que comienza, ese libro que gracias a la generosidad del crítico peruano Luis Alberto Sánchez se editó en Chile en 1942 y fue lo único que Macedonio publicó en vida de su proyecto del Museo de la novela de la eterna. La propuesta de la edición completa de sus cuadernos es una deuda que todos tenemos con su obra. Hace falta un esfuerzo para financiar la transcripción de los manuscritos, la edición crítica de los inéditos… Es increíble que en la Argentina no exista un proyecto de ediciones críticas de las obras de nuestra tradición cultural. Ni siquiera hay una edición de las obras de José Hernández. Por suerte Elida Lois ha hecho una excelente edición del Martín Fierro, pero habría que publicar una edición crítica de todos sus escritos. He insistido mucho en la necesidad, por ejemplo, de hacer una edición cronológica de las cartas de Sarmiento, pero esos proyectos no encuentran el apoyo que necesitan. Horacio González impulsa estas iniciativas y está haciendo un muy buen trabajo con las ediciones que publica la Biblioteca Nacional, pero falta mucho trabajo en esa dirección. De hecho tampoco existe una edición completa de la obra de Lucio V. Mansilla.

    (…)

    —Me refería a que Serie del Recienvenido incluye textos, como “Nanina”, de Germán García, que no sé hasta qué punto no se encontraba en las profundidades de la literatura argentina.
    —Sí, era una novela muy conocida, por sus ecos y sus resonancias, y por el itinerario de su autor, un gran conspirador macedoniano, generoso promotor de la edición de El Fiord, de Osvaldo Lamborghini, y del Frasquito, de Luis Gusmán –director de la revista Literal y uno de los discípulos más entrañables de Oscar Masotta, es decir, uno de los integrantes iniciáticos de la tribu de los lacanianos originales de Buenos Aires–, pero estaba lejos del alcance de los posibles lectores a causa de la prohibición y el secuestro de las ediciones decretado en los tiempos del oscuro y olvidado general Onganía. La novela mantiene toda su energía y puede ser leída hoy en el contexto de las así llamadas ficciones del yo. La novela tiene varias virtudes, una de ellas es que quien la escribe es un joven de veinte años, contemporáneo de los hechos que narra. En ese punto Nanina está en diálogo con muchas novelas y ejercicios autobiográficos en la web de la narrativa argentina actual. La poética de narrar la propia vida mientras sucede es, dicho sea de paso, una cuestión secretamente ligada al psicoanálisis.

    (…)


    —En una reciente entrevista usted dijo que hay muchos cánones literarios. ¿Cuál es el suyo o, mejor, el de Serie del Recienvenido?
    —Podemos usar la fórmula del canon también para definir los gustos personales. Muchos de los libros que intentamos editar están en ese registro y otros son libros que me parecen importantes, más allá de mis preferencias personales. El canon es un lugar de disputa (un poco ridículo), pero en verdad técnicamente se define en relación con la enseñanza, ésa ha sido siempre su función. Una lista de libros básicos a partir de los cuales se puede discutir líneas y tendencias de la cultura. Ahora el canon se ha vuelto una cuestión de los medios y entonces los escritores se preocupan por estar ahí.


    —¿Cuáles libros que editó o intenta editar le parecen importantes más allá de sus preferencias personales? También me gustaría saber, si es posible, lo contrario.
    —Por ejemplo, en los años sesenta edité La lombriz, de Daniel Moyano, y los Cuentos completos, de Enrique Wernicke, porque son libros muy buenos, aunque no están ligados a mi concepción de la literatura, digamos así. Me parece que uno de los inconvenientes de la discusión sobre las obras es que muchos creen que hay una sola manera de hacer literatura, pero ésa no es mi posición. En cuanto a libros que no son considerados importantes, pero que me parecen extraordinarios, podría citar las novelas de David Goodis o los cuentos de Ezequiel Martínez Estrada. En un caso por el género que a menudo oculta, hace invisibles, a grandes escritores, y en el otro porque se considera que lo fundamental son los ensayos de Martínez Estrada, mientras que para mí es sobre todo un extraordinario cuentista.


    —Todo indica, me parece, que Macedonio, para usted, está en un punto de convergencia de esa doble trama.
    —Sin duda, Macedonio es una referencia en cualquier reflexión sobre el sentido de publicar literatura. No sólo porque pensó con gran claridad este problema y construyó múltiples cartografías del lector sino porque su práctica de la dilación, de la ausencia del circuito público y de la irrupción en espacios alternativos, con actitudes de choque y de provocación, sintetizan la gran tradición de la vanguardia. Macedonio siempre pensó la figura del autor, la difusión de sus escritos, las lecturas posibles o desviadas, como parte de la obra misma. En definitiva la obra literaria no es sólo el texto, Macedonio lo entendió y practicó esa evidencia antes que nadie.


    —¿Cuáles son los próximos títulos de la Serie del Recienvenido?
    —Bueno, los dos próximos  son Oldsmobile 1962, un libro de cuentos de Ana Basualdo, y El mal menor, la novela de terror de Charlie Feiling. Después  seguiremos con La pasarela del alcohol, un relato autobiográfico de María Moreno, y con Minga!, la novela de Jorge Di Paola. En principio, esos son los libros que pensamos publicar en 2012.

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