
María Kodama en Nueva York
En el instituto Cervantes de Nueva York, donde presentará el Atlas de Jorge Luis Borges, a María Kodama no le tiembla la boca para calificar a Bioy Casares, el mejor amigo en vida de Jorge Luis Borges, como un “desecho humano”. No le perdona el que se haya publicado póstumanente el libro Borges donde presenta al autor argentino como el hombre ingenioso, chismoso y prejuicios que fue, que todos somos de algún modo. Pero para Kodama Borges es intocable. Incluso ha logrado que dos libros que tienen intertextualidad con la obra de Borges (“El Aleph engordado” de (Pablo Katchadjian y “El Hacedor”, remake de Agustín Fernández Mallo) dejen de venderse.
Aquí una reciente entrevista en Nueva York, a cargo de Hernán Iglesias, para el diario La Nación.
-¿Cuál es la diferencia entre Borges y otros escritores?
-La diferencia está, aunque les duela a muchos, en que hay gente que es muy buena escritora y hay personas que crean, que tienen otra historia dentro de ellas. Nacen así. Leonardo [Da Vinci] era así. En la época de Leonardo había 200 pintores que eran excelentes, pero Leonardo era único.-Y Borges era único.
-Sí, les guste o no les guste. Lo lamento.(…)
Sé que a usted esto no le gustó, pero el Borges de Bioy es bastante polémico.
-Eso no es polémico. Eso es traición. Borges me definió a Bioy una vez con una palabra: “Cobarde”. Ésa era la palabra con la que lo definía.-¿En general o por algo específico?
-En general, por cosas que hizo Bioy en su vida y él se daba cuenta de que era un cobarde, algo que, por otra parte, era lo que Borges más despreciaba. Además, si vos mirás las entrevistas de Borges, sólo elogia dos cuentos de Bioy, y esos cuentos fueron recontracorregidos por Borges. Eso Bioy no se lo perdonó nunca. Bioy es el Salieri de Borges. La verdad es la verdad y las cosas como son. Yo te pregunto: ese hombre escribe un libro en el que inventa, distorsiona lo que vos decís o pone en tu boca lo que él no tiene el coraje de decir. Y lo publica después de que vos morís y él también muere (que ya es una cobardía, porque no quiere hacerse cargo). En el otro mundo se encuentran, ¿vos creés que ese hombre es amigo tuyo? Como hombre te pregunto.-En esas condiciones, no.
-Son las condiciones en que fueron hechas, según el propio Bioy escribe. Además, ¿qué amigo espera que vos te vayas para contar conversaciones privadas? Porque una cosa es si nosotros tenemos un amigo en común y te digo “Che, qué estúpido que es Fulano”. Pero vos, por el tono de voz y los años de conocimiento que tenemos, te das cuenta de que por ahí lo digo en broma o estoy en un momento malo. Pero si vos lo escribís, negro sobre blanco, sin todo el entorno de lo que significó en ese momento, es brutal. Y si sos una persona sensible y correcta y ética, no lo hacés. Si vos sos un hombre ético, correcto y normal, no escribís una autobiografía en la que ponés nombre y apellido de todas las mujeres que fueron tus amantes, muchas de ellas casadas, arruinando matrimonios, incluyendo la seducción de la propia sobrina de tu mujer. ¿Eso es un hombre? Eso es un desecho humano para mí.(…)
Siempre dice que las críticas hacia usted son, en el fondo, críticas a Borges.
-Exactamente. ¿Qué es lo que no se bancan? Lo que está a la vista. Poder hacer lo que quisieran con su obra. Decir que era un infeliz, un desgraciado, que nadie lo quiso. No es así. Lo lamento, pero no fue así. Lo lamento por ellos, no por Borges y por mí, que vivimos una vida fascinante. Y eso es lo que envidian y codician. Y yo [a Borges] lo tuve, lo tengo y lo voy a tener hasta el día del juicio final. Y ellos, nada. Solamente el resentimiento y la vileza.-Una última pregunta. Este guardián en el que se ha transformado usted…
-No soy un guardián. Según tu concepto soy guardián. Según mi concepto cumplo con un deber terrible. Son dos cosas diferentes, ¿eh?

Una manita de gato.
En un artículo muy documentado de Iván Almeida (para la Universidad de Pittsburg) acerca de los poemas “Instantes” y “Remordimientos”, falsamente atribuidos a Jorge Luis Borges según afirma su viuda, y la aparición de esos poemas en el libro de homenaje de México a Borges dentro de una entrevista a Elena Poniatowska (quien luego ha aceptado que se equivocó al incluirlo) al escritor argentino en los 70, encontramos aquí una explicación más exacta del affaire Poniatowska y su confesión acerca de los “retoques” que le hizo a la entrevista. Es decir, no se trata de colocar esos poemas solamente sino de inventarse incluso una conversación respecto a ellos.
Dice el ensayo:
Tal vez de mayor prestigio a ún, el libro de Elena Poniatowska Todo M éxico, que contiene un capítulo de 45 páginas consagrado a una supuesta entrevista con Jorge Luis Borges. El libro es de 1990, pero la autora toma la precaución de fechar la entrevista en 1976.
En la página 144, mientras Borges y Poniatowska hablan de Shaw y de Conrad, y antes de pasar a una abrupta pregunta por “Tolstoi y Dostoievski y Balzac y Proust”, la periodista nos concede un s úbito entreacto, durante el cual tiene el privilegio inusitado de recitarle a Borges dos poemas seguidos, sin ninguna interrupción por parte del poeta. El primero es nuestro “Instantes”, el segundo, recitado sin transición, es “El remordimiento”. A continuación, Poniatowska decribe minuciosamente la reacción de Borges:
Borges escucha con incredulidad, con atención, acostumbra escuchar con seriedad, no se distrae, sin el bastón, sus dos manos sobre la colcha, se ve más desamparado. Sonríe. — ¿Qu é puede importarme ser desdichado o ser feliz? Eso pasó hace ya tanto tiempo… Estos poemas son demasiado inmediatos, autobiográficos, son remordimientos. — ¿Y Tolstoi y Dostoievski y Balzac y Proust? (145-146)En 1976 Borges tenía, según parece, 77 años, y no se ofusca de haber dicho “hace ya tanto tiempo”: “Pero ya tengo 85 años y s é que me estoy muriendo”. Tampoco interrumpe a la recitadora para decirle, por ejemplo, “caramba, en castellano no se dice ‘yo fui una de esas personas que vivió’”…
Sería relativamente sencillo tratar de resolver este intríngulis pidiendo amablemente a Elena Poniatowska que d é a conocer las bandas grabadas de la entrevista. Pero nuestra encuesta perdería en inter és lo que ganaría en realismo y siempre es mejor someterse a la consigna de Dunraven: “la solución del misterio es siempre inferior al misterio”.
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Elena Poniatowska
Un error de Elena Poniatowska ha hecho que la viuda temible, María Kodama, lance una bomba nuclear (la segunda, después de insultar a Bioy Casares llamándolo cobarde y mediocre) que obligó a Mondadori a retirar el libro Borges y México, que será reeditado en dos semanas. ¿Qué ocurrió? Pues que Elena Poniatowska publicó un artículo en dicho libro titulado “Un agnóstico que habla con Dios” basado, sobre todo, en los poemas “Instantes” y “Remordimientos” que, como todos saben, son apócrifos. Poniatowska declaró que en una entrevista de 1973 le preguntó a Borges por el poema. Pero como Kodama ha recordado, y todos lo sabemos, esos pésimos poemas apócrifos aparecieron muchos años después.
Ahora Poniatowska ha declarado “lo hice sin darme cuenta”. Igual, la Poniatowska al asumir que ese poema mediocre era de Borges, y al querer darle credibilidad a su suposición mencionando esa entrevista en los70, ha pasado un papelón.
Dice:
Después de que se desatara la polémica porque en un texto de Elena Poniatowska, se atribuye a Jorge Luis Borges el poema “Instantes”, que ha circulado de forma frecuente en sitios de internet como si fuera parte de la obra borgiana, en realidad creado por Nadin Stair, la escritora respondió y aceptó el error respondiendo “lo hice sin darme cuenta”.
Poniatowska aceptó que fue un error haber incluido los poemas “Instantes” y “Remordimiento” en una segunda versión de la entrevista que en 1973 le hizo a Jorge Luis Borges, y dice que se arrepiente. “Lo hice sin darme cuenta, cuando se publicó el libro pensé en que estaba bien poner los poemas, fue un descuido”.
“Lo que sucedió es que yo entrevisté a Borges una primera ocasión y en otra vez que lo vi en una conferencia de prensa volvimos a hablar y le cité esos poemas. Después a mí José Emilio Pacheco me dijo que eran apócrifos”, agregó la escritora.
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María Kodama en México
La bomba Kodama ha sido lanzada y ha estallado, esta vez en México DF. La famosa viuda de Borges, la Dama de los Palacios de Justicia, llamó “cobarde” a Adolfo Bioy Casares por publicar ese libro de anécdotas chismosas Borges. Además, declaró que ese libro demuestra que Bioy nunca fue su amigo sino su Salieri. Fuerte. No hay que apretarla demasiado para que lance un titular la Kodama. Es la Mourinho del mundo de las letras latinoamericanas.
Dice la nota:
“Adolfo Bioy Casares fue lo que en una oportunidad dijo (Jorge Luis) Borges: un verdadero cobarde”, dijo hoy de forma contundente en México María Kodama, la viuda y albacea del famoso escritor argentino, autor de libros de cuentos como “El Aleph” e “Historia universal de la infamia”.
Las duras declaraciones de Kodama se dieron en el marco de una conferencia de prensa llevada a cabo esta mañana en el Palacio de Bellas Artes de Ciudad de México para anunciar la exposición “Borges en México: Crónica visual y literaria” y la publicación de las obras completas del escritor por parte de la editorial Random House Mondadori.
La viuda del autor fallecido en Ginebra a los 86 años se refería de esta forma así al monumental libro “Borges”, un diario de 1.200 páginas escrito por Bioy Casares sobre sus conversaciones con el escritor que fue publicado después de la muerte de ambos, un hecho que Kodama consideró cuanto menos “una traición”.
“Ya Borges no puede defenderse y ya Bioy no puede asumir la responsabilidad de lo que escribió”, expresó.
“Su libro revela que Bioy fue en realidad el Salieri de Borges y que nunca fue su amigo. Dice cosas como por ejemplo que Borges comía con las manos. He estado con Borges en cientos de comidas y hasta en un almuerzo con el marido de la reina de Inglaterra y nunca comió con las manos”, precisó.
“Bioy Casares fue un hombre digno de compasión que da hasta el nombre de sus amantes”, agregó.
Además de estos comentarios, Kodama anunció la salida de un libro de su autoría donde contará cómo su vida, después de la muerte de su marido, “se convirtió en un horror”.

María Kodama enjuicia y pierde
María Kodama pierde, por segunda o tercera vez, un juicio contra Roberto Alifano, ex secretario de Jorge Luis Borges. Pero seguirá insistiendo, sin duda, esa viuda ama los tribunales más que las Obras Completas de su esposo. No digo más porque ahorita me mete juicio por llamarla “viuda” o lo que sea.
Dice la nota:
En esta oportunidad, la resolución de la Corte Suprema de Justicia es por un viejo choque con el poeta Roberto Alifano. La demanda había sido por infracción de la Ley de Propiedad Intelectual por El Aleph.
El caso fue llevado a los tribunales hace un tiempo. Kodama había acusado al Alifano de haber falsificado textos del escritor al conmemorarse 25 años de su muerte. “Falsificaron 25 textos de Borges haciendo collage y los vendían como inéditos al exterior”, había alegado entonces. Ante lo cual, Alifano, ex secretario privado de Borges, había replicado que no se atrevería “a sacar una sola coma de cualquier texto, menos de eliminar poemas, dedicatorias y citas amistosas”.
Todo sucedió así: en primera instancia, Alifano había sido sobreseído por “prescripción de causa”. Y esa decisión ya había sido ratificada por la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional. Kodama, entonces, presentó quejas ante la Corte Suprema de Justicia. Pero los jueces del máximo tribunal las desestimaron por “improcedentes”, con lo cual dejaron firme las decisiones de los tribunales inferiores que favorecieron al poeta demandado.
Este no fue el primer cruce con Alifano. Entre otras querellas por calumnias e injurias, Kodama lo había querellado también por la propiedad intelectual de El humor de Borges. Tampoco en aquella oportunidad la Justicia había fallado a su favor.

Arroz con manteca y queso rallado.
Y ya que está tan de moda meter secciones gastronómicas en todas las secciones culturales del mundo, aquí les quito la curiosidad y les digo cómo se prepara el plato favorito de Borges. Quizá un día quieran servirlo en un club de libro, después de leer “El Aleph engordado” por ejemplo.
A ver, tomen nota:
Ingredientes
Arroz (cantidad segun personas a comer 1 pocillo de cafe = 1 persona)
agua
Sal a gusto
Manteca (o aceite)
Queso rallado a gusto
Se pone a hervir el agua con la sal, y una vez que hubiera alcanzado el punto de ebullicion se agrega el arroz, se deja cocinar hasta que el arroz este a punto (si consume mucha agua, hay que agregar mas para que no se seque y se queme), una vez a punto el arroz NO SE CUELA y ahi mismo se agrega la manteca (o el aceite), el queso rallado (tambien se le puede agregar queso mantecoso)… se mezcla todo y se lo deja reposar 5 minutos… queda espectacular…(Nota: tiene que quedar una cantidad de agua no muy grande para que no parezca sopa)

María Kodama en Lima
” (…) él es quien tiene problemas y los va a tener serios.” Eso es lo que dijo María Kodama sobre Pablo Katchadjian y su obra El Aleph engordado. Kodama está en Lima para la muestra El Atlas de Jorge Luis Borges, en la Universidad de Lima. Pedante, antipática, arrogante, canchera, teatral, ha asumido su papel de viuda con todas las de la ley. Cuenta cuál era su plato favorito (el improbable platillo arroz con manteca y queso), dice cómo movía las cejas cuando estaba molesto, repite anécdotas conocidas como las del premio Nobel y hasta nos adelanta que guarda un inédito. Pero en cuanto le buscan la boquilla, la encuentran. Yo diría incluso que le fascina ser la Cruella de Vil, la guachimán del patrimonio de Borges.
Aquí algunas preguntas de la entrevista que le hace Pedro Escribano en La República:
¿Cómo así se organiza esta muestra?, ¿qué orden tiene?
Es un poco como un Atlas, tiene la misión de mostrar los distintos lugares geográficos y momentos de vida de Borges en el mundo. Esta muestra comenzó a raíz de que cuando volvíamos de los viajes nos encontramos con el poeta argentino Alberto Girri y con un profesor y veíamos las fotos. Allí nació la idea de hacer un libro con las fotos mías y con texto que Borges escribiera. Así surgió.
A mí me resulta paradójico, lo digo por curiosidad, en el sentido de que Borges era ciego y esta muestra es visual.
Sí, bueno pero digamos si uno lee la obra de Borges, yo creo que esa es la trampa en la que muchos directores de cine han caído. La obra de Borges es muy visual, debajo de eso está todo el aparato, digamos, de la filosofía, las religiones, las reflexiones. Pero cuando uno ve la reflexión que hace de las cosas, esa es la trampa para los directores porque dicen “tengo la escena”, pero se les escapa la esencia de esa historia.
(…)
Borges para los intelectuales generalmente es un escritor admirado, pero para otros, por sus declaraciones, podía haber resultado antipático.
No, para nada. Él decía que la gente era libre. Nadie es querido por todo el mundo ni odiado por todo el mundo. Siempre uno tiene mitad y mitad. El decía que uno debe vivir con firmeza y no traicionarse a sí mismo.
Muchos pueden pensar que algunas declaraciones las hacía para fastidiar. ¿Era así?
No lo hacía para fastidiar. Eso es lo que la gente quiere hacer creer. No hacía ni decía cosas para fastidiar. En lo que respecta a sus posiciones políticas siempre las sostuvo y era lo que él creía.
¿Y usted cree que ese humor corrosivo le ganó algunas antipatías?
Ah, sí, seguro. Uno, aunque no tenga humor corrosivo, igual tiene antipatías. Eso es inevitable. No podemos pretender que todo el mundo nos quiera, que todo el mundo nos odie. Siempre hay por suerte un equilibrio.
(…)
Ante una mesa, ¿cuál era su plato preferido?
¿Comida gaucha?
No, aunque tendremos que decir de gaucho japonés, porque el arroz es típico de los japoneses.
Ah, es influencia suya entonces…
No, no, antes de mí ya le gustaba eso. En eso era muy divertido. Recuerdo una vez que un señor nos llevó al restaurante Maxim’s de París. Allí este señor, divino, que se desvivió porque es un restaurante carísimo, hablaba de vino y elegía potajes y pronto vi que Borges empezó a impacientarse. Cuando eso ocurría, yo me daba cuenta porque las cejas se le empezaban a erizar como chuña.
Entonces yo dije este pobre hombre va a terminar mal, pero en fin, yo no me podía meter. El hombre se desgañitaba diciéndole que este plato o este otro, pero Borges no, decía: “yo quiero arroz, manteca y queso”. El señor, desesperado, le dice “usted está aquí, en el mejor restaurante de París, estamos en el Maxim’s”.
Mire, nosotros teníamos en Buenos Aires un restaurante al que íbamos, era muy pequeño, no sé si aún estará, pero uno de los mozos cazaba jabalíes, y lo divertido es que Borges era jabalí en el horóscopo chino. Entonces, cuando se enteró de eso, le dijo al mozo: “Entonces ya no puedo venir más a este restaurante”. El mozo, horrorizado le dice ¿por qué, maestro? y Borges le responde: “Aquí corro peligro, usted es cazador de jabalíes”. (risas)
¡Borges un jabalí!
En el horóscopo chino es jabalí… No, en realidad es chancho, pero él me decía, jabalí, María, por favor, eso es de mayor dignidad. Pero allá, en París, ante este buen señor dale con que maestro, este es el mejor restaurante de París. Borges al escuchar eso me pregunta: “María, ¿este no será una sucursal del nuestro de Buenos Aires?”, con lo cuál el señor casi se muere. Y después Borges mira al mozo y le dice: “Yo quiero probar, en el mejor restaurante de París, cómo preparan mi plato preferido: arroz con manteca y queso” (risas).
¿Le molestaba a Borges que lo consideraran una suerte de faro luminoso argentino?
No, él decía, la gente exagera, siempre…
Ah, lo tomaba con modestia…
Sí, era modesto, pero mucha gente dice que no. Pero sí, nunca se creyó…
Pero tampoco nunca se atrevió a escribir novela.
No le gustaban. Me decía un poco en broma que las novelas, de pronto, cuando uno está leyendo, aparecen almohadoncitos, señoras tomando el té. Decía que la novela requiere rellenos. Eso para él era perder el tiempo. Además, él consideraba importante la poesía y el cuento porque era como una flecha disparada al blanco. Buscaba la certeza, la perfección.
¿Y leyó a García Márquez?
Ah, hacía siempre bromas sobre Cien años de soledad. Decía que el título era precioso (risas).
Borges aún tiene inéditos?
Yo tengo un prólogo y un script que le habían pedido. Son totalmente inéditos.
El prólogo sobre qué se refiere?
Es sobre El libro sagrado de los muertos egipcios.
La última, Borges no recibió el Nobel. ¿Cómo lo tomo?
Le encantaba porque, decía, se convertía en el mito escandinavo en lugar de ser un número más en una lista.
(…)
–ahora usted tiene problemas con el escritor argentino Pablo Katchadjian, autor de El Aleph engordado.
–Yo no tengo problemas, él es quien tiene problemas y los va a tener serios.
–¿Ha hecho un remake?
–O sea, yo tomo tu obra sin pedirte autorización, la copio y agrego cosas en el medio para “engordarla”, yo te pregunto, ¿dejarías que eso fluya así? Bueno, tú estás vivo y puedes aceptarlo o no. No es el caso de Borges, que ya no está. Ocurre que todo el mundo trata de alcanzar notoriedad y fama trepando el nombre de Borges de cualquier manera.
–Pero Borges hacía remakes también, tiene Pierre Menard, el autor del Quijote.
–Esa es otra historia. Primero, Cervantes está en el dominio público hace 500 años. Segundo, yo invitaría que lean a Julia Kristeva y Harold Bloom y entiendan qué es intertextualidad para que no digan que ese mamarracho es intertextualidad.

María Kodama en una muestra que une a Borges y Kafka en Praga
¿Por qué María Kodama resulta tan antipática a la mayoría de personas? Es prepotente, es altanera, es frívola, es canchera, es abusiva (como lo ha demostrado su último affaire) y es la viuda de Borges, uno de los autores que todos queremos como nuestro, y no nos resignamos a que ella nos refriegue constantemente de que es la dueña oficial de ese patrimonio. En fin, odiar a María Kodama no nos conduce a nada, pero es inevitable. Es la mala de la película y, me atrevo a decir, incluso disfruta del papel. Ahora, en una entrevista en el diario El País de Uruguay, concedida a Gabriela Vaz, anuncia que está escribiendo un libro para seguir señalando con el dedo a todos los que alguna vez se enfrentaron a ella. A ver, pues.
Dice la entrevista:
En la entrevista, a la que llega puntualísima en un café porteño, se vuelve recurrente el tema de su relación con la prensa, así como las acusaciones, adjetivos e intenciones que se le han adjudicado por parte de personas allegadas o no al célebre escritor argentino, desde que éste murió en 1986. “Habrás leído todas las cosas que han dicho sobre mí, inventadas, falsas, muy perversas. Yo estoy para difundir su obra más de lo que ya lo estaba en vida de él, para mantener viva su presencia. Es un trabajo que me lleva la vida y es muy mal reconocido por la prensa, que se deja llevar por un grupo de personas totalmente tristísimas porque no tienen vida propia, que se ocupan de vivir a costa de hablar mal de mí. Y me cansé de todo eso. Tengo derecho a cansarme después de 25 años”.
(…)
Públicos fueron sus enfrentamientos con Epifanía Uveda, más conocida como “Fanny”, mucama de la familia Borges por décadas -en el correr de la entrevista asegura que de lo único que se arrepiente en su vida es de, en un momento, “haber asumido” su “defensa, para que no la echara” y la describe como “un monstruo”-, y con Adolfo Bioy Casares, amigo del escritor durante décadas, a quien no le perdona las infidencias cometidas en un libro. Lo define como “el Salieri de Borges” y dice con énfasis: “Era la envidia; él le debe su carrera y su nombre a Borges y lo que hizo me parece la peor de las cosas que un ser humano puede hacer a un amigo: es la traición”.
(…)
-¿Cuándo comenzó la relación amorosa entre ambos? ¿Sobre los últimos años?
-Los últimos no. Para algunos, la relación se inició post mórten (se ríe). Yo he leído cada cosas, alucinantes. No fue en los últimos años, claro que no.
-Ha descrito la relación como “compleja”. ¿Fue un vínculo difícil de entender para los demás?
-Era compleja en el sentido de una persona genial, que no es una persona común. No es una relación en la que puedes hablar de que llueve, tengo hambre o qué vamos a comer. Eso no existía. La relación, y la conversación, era continuamente intelectual. ¿Te das cuenta?
-¿Todo el tiempo?
-Pero no es una cosa terrible. Para mí era normal. Los otros lo viven así, como ¿en serio, todo el tiempo? Para mí, no. Yo adoraba eso. Vivía en un aprendizaje.
-¿Por qué cree que a Borges le gustaba estar con usted?
-Habría que preguntárselo a él (se ríe). Él decía que porque yo le recordaba a su abuela inglesa. Yo tenía el mismo placer ante la vida, la misma alegría. Y la misma capacidad de asombro.
-¿Por qué cosas discutían?
-No discutíamos. Era muy difícil discutir con Borges. No era un hombre belicoso. Además, yo pensaba en la mayor parte de las cosas como él. Coincidíamos porque, como él decía a veces, mi padre me había educado para él. Por la forma de ser. Nunca molestar al otro con preguntas que no te gustaría que te hicieran a vos, nunca invadir la vida del otro, respetar su privacidad.
-Elsa Astete, la primera esposa de Borges, dijo que no fue feliz a su lado y lo describió como “introvertido, callado, poco cariñoso, etéreo, impredecible”. Opinó que “no vivía en un mundo real”.
-Yo la conocí y la defendí siempre mucho porque me daba cuenta de una cosa: ella lo quería. A su modo, que era el modo normal de una señora normal, que quiere que llegue su marido del trabajo, charle y se siente a mirar televisión con ella. ¿Comprendes? La vida normal. No era una bruja, como dicen. Nada de eso. Su modo de quererlo era un modo normal, común. En cambio, él no podía llevar esa vida. Jamás podía sentarse frente al televisor y mirar el programa de Tinelli de la época, por ejemplo, que a lo mejor es divertido y fascina a todo el mundo o es muy respetable, pero a él no le interesaba.
(…)
-¿Escribirá un libro sobre su relación con Borges?
-No sé si sobre nosotros. Voy a escribir un libro aclarando todo y dando las biografías reales de todos los individuos que me han acosado durante 25 años. Va a ser muy divertido para mí.
-¿Y la historia de ustedes?
-No, eso es distinto. Para empezar, quiero dejar claras todas estas cosas, con toda esta gente deleznable, uno por uno. Están todos vivos, claro. Yo no hago libros después que mueran. No soy cobarde.
-Ha dicho que no tiene instinto maternal, pero ¿nunca se arrepiente de no haber sido madre?
-No, no. Siempre digo que, si como Borges decía, uno vuelve, se reencarna, que según él es lo más lógico, voto por ser mujer y por no tener hijos de nuevo. Un hijo es una hipoteca de por vida. Borges decía que yo era la primera prisionera de la libertad, porque para ser libre cortaba no importa qué, todo. Y decía que esa era una forma de prisión. Yo le contestaba: “Tiene usted toda la razón, pero esa es la única que psicológicamente yo soporto”. Con esa lógica cartesiana, imposible continuar la discusión.
-Hace 25 años que dedica su vida por entero a otra persona. ¿Nunca le resulta agotador?
-Ah, pero yo lo amo. Si amas a alguien esa es tu vida. Es la mitad de mi alma.
-Pero eso nunca le permitió rehacer su vida con otra persona.
-Pero si vos tenés… no sé, ¿cuál es el brillante más importante del mundo? La Peregrina… Cuando los dioses te han dado eso en tu vida, ¿qué vas a hacer? Ya está. Yo no puedo arruinar eso. No quiero.

Pablo Katchadjian, engordó “El Aleph” y ahora está enjuiciado penalmente.
Esto ya parece una broma de mal gusto, el colmo de la ironía, lo que ud. quiera decir. Ya saben que María Kodama no es santo de la devoción del Moleskine Literario, pero lo que ha ocurrido ahora más que indignación causa risa: la viuda del escritor que mejor entendió la intertextualidad, los juegos con otros textos, que construyó sus obras con referencias a obras de otras, y que hizo de la cita literaria un arte superior, ahora demanda penalmente (6 años de cárcel) a un joven escritor por hacer lo mismo que le enseñó Borges.
Aquí la nota de Gabriela Cabezón:
Los procedimientos son herramientas propias de cada arte. Por ejemplo, el del par dispar. Un personaje muy gordo y otro muy flaco, como Laurel and Hardy y Olmedo y Porcel, por ejemplo, son una fórmula de éxito en la comedia. Otra, también muy exitosa, es la del enfrentamiento del gigante con el pequeño. Sí, como David y Goliat o el Cíclope y Odiseo. De eso, de procedimientos y de fuerzas muy diferentes, se trata esta nota.
El escenario de este duelo es la Secretaría 110 del Juzgado Número 3. El título, “Demanda por infracción de los artículos 72 y 73 de la Ley 12,723”, –la de propiedad intelectual. Es un delito de la familia de las defraudaciones. La pena, hasta seis años de cárcel. Los contendientes, María Kodama –no hace falta aclarar de quién se trata–, y Pablo Katchadjian, un escritor argentino nacido en 1977 y apreciado sobre todo por otros escritores, por su diestro manejo de diversos procedimientos literarios y el cultivo de una poética del absurdo.
La cosa es así: el escritor joven tiene una muy pero muy pequeña editorial que se llama Imprenta Argentina de Poesía (IAP). En ese sello sacó un librito donde hizo uso de uno de esos procedimientos de los que hablábamos al principio: intervino El Aleph, el famosísimo cuento de Borges. ¿Qué hizo? Lo engordó. Literalmente, le agregó palabras, hasta que las 4 mil originales llegaron a 9.600. Y así se llama el librito: El Aleph Engordado. Termina con una aclaración del autor, que, por si hiciera falta, explica que “el texto de Borges está intacto pero totalmente cruzado por el mío”. La tirada fue de 200 ejemplares.
Este procedimiento, intervenir las obras ajenas, tiene una larga tradición en la literatura y el arte. Para empezar, podemos recordar una obra de Duchamp, LHOOQ (ver recuadro). El título es complicado, pero la obra no: agarró una reproducción de la Gioconda, le pintó bigote y barbita, le puso un título y lista la obra de arte. A ese tipo de intervenciones, Duchamp las llamó ready made. En literatura, a procedimientos semejantes se los llama intertextualidad. Hay de varias clases. Por ejemplo, se toma un personaje de otro autor y se escribe sobre él. Ultimamente lo hizo el francés Michel Lafon, en su novela Un día en la vida de Pierre Menard. El personaje sale de otro cuento muy famoso de Borges, “Pierre Menard, autor del Quijote”: un escritor francés que se propone escribir el Quijote en el siglo XX. Y lo hace: escribe tres capítulos de la obra de Cervantes. Copiados letra por letra. Pero es otro libro. Incluso el crítico que aparece en el cuento juzga que “el fragmentario Quijote de Menard es más sutil e infinitamente más rico que el de Cervantes”.
Otro caso de intertextualidad que lo tiene de protagonista a Borges: un escritor salvadoreño, Alvaro Menen Desleal, escribió un libro que tituló Cuentos breves y maravillosos. El primer cuento se llamaba “Prólogo de Borges”: el centroamericano tomó frases encomiosas de, efectivamente, distintos prólogos de Borges, las mezcló, cambió los apellidos de los autores encomiados por el propio y listo. Borges terminó enterándose. Y parece que le resultó divertido, a juzgar por la carta que le escribió a quien lo había puesto al tanto:
“No recuerdo haber escrito la generosa y acaso justa epístola que me atribuye el señor Álvaro Menen Desleal, a quien no conozco; sospecho que se trata de un ingenioso mosaico de frases mías, tomadas de diversos textos y amplificadas por el mismo señor A.M.D. Ya que el volumen consta de una serie de juegos sobre la vigilia y los sueños, queda la posibilidad de que mi carta sea uno de tales juegos y travesuras.”Otra pareja despareja la forman la lógica del mercado y las tradiciones de la literatura. Para explicarlas, fuentes que prefirieron guardar el anonimato contaron a Clarín que la defensa de Katchadjian –un abogado que además es un escritor y un crítico de culto, Ricardo Strafacce– propone como testigos expertos a Beatriz Sarlo, César Aira, Jorge Panessi y Leonor Acuña. Gente de Letras, claro. En esta instancia, está en manos del juzgado sobreseer a Katchadjian, o citarlo a indagatoria, imputarlo y elevar la causa a juicio oral y público. La estrategia de la defensa, según las fuentes citadas, es demostrar que no hay delito porque no hubo ni hay beneficio ecónomico en la operación de Katchadjian.
Consultada por Clarín, María Kodama fue muy breve y contundente: “Toma todo el cuento sin pedir autorización. Hemos perdido el respeto a nosotros mismos, por eso no respetamos a los otros. Si uno usa algo que no es propio, lo mínimo que puede hacer es pedir permiso”.
Me pregunto: señora Kodama ¿a cuántas personas debió pedir permiso Borges, entonces, para hacer sus jugos intertextuales? Ni me imagino. El escritor argentino Damián Tabarovsky escribió una columna muy buena al respecto, en el diario Perfil, donde no solo celebra la idea de Katchadjian (a quien considera uno de los escritores argentinos más interesantes de su generación) sino que aclara el punto: ¿quién es el que se aprovecha y beneficia económicamente del legado de Borges? ¿Un escritor experimental con un libro de 200 ejemplares o la Maquinaría Kodama y sus ediciones póstumas, que incluyen libros que el autor desdeñó y que no incluyen, porque lo que importa es vender mucho, libros con un aparato crítico serio que solo comprarían los especialistas?
(…) a causa de este pequeño texto inofensivo, experimental y de circulación limitadísima, que María Kodama y su ejército de abogados entablaron una demanda en nombre de la sacrosanta ley de propiedad intelectual. Defendido Katchadjian por el abogado Ricardo Strafacce (escritor él también, autor de la notable biografía de Osvaldo Lamborghini) por estos días, con la feria judicial terminada, el juez debe determinar si hace o no lugar a la demanda penal –¡sí, penal!– que la heredera de los colosales derechos de autor de Borges interpuso. Desechar la demanda sería lo más sensato, razonable y justo que podría ocurrir.
Como es sabido, María Kodama ha entablado también, en el pasado, demandas contra otros por calumnias e injurias. Pues nada inoportuno contra ella saldrá de mí. Al contrario, no tengo más que bellas palabras. Esta es mi catarata de elogios: en este caso, como de costumbre, Kodama vuelve a demostrar su inteligencia superior y su don de gente; vuelve a poner en escena la exquisita sensibilidad estética y literaria que la caracteriza; no hay en ella ninguna actitud protofascista ni brutal; es falso que no le interese en absoluto la calidad de las ediciones de las Obras completas de Borges –en Emecé y Mondadori– ni la ausencia de aparato crítico ni la fealdad de esos libros; doblemente falso entonces es que sólo le interese la plata y nada más. Jamás me haré eco yo de esas patrañas.

¿Y cuándo censura Kodama los aceites de oliva Borges?
Solo era cuestión de tiempo. María Kodama, la dueña de la marca Borges (por decirlo de algún modo) ha exigido que se retire de librerías el libro de Agustín Fernández Mallo, que es un remake de El Hacedor. De nada sirven las explicaciones, los sampler, la intertextualidad, la obra misma de Borges (quien juega con la posibilidad de recrear libros escritos anteriormente, y lo hace incluso cuando “samplea” Vidas imaginarias de Marcel Schwob) lo que sea… ella es la puta dueña -como diría Pep Guardiola- de su ex esposo y hace lo que quiere.
Dice la nota:
María Kodama ha forzado a retirar El Hacedor (de Borges). Remake de Agustín Fernández Mallo de las librerías, según nos informan fuentes cercanas al autor. El libro, y damos eco a continuación a la información recibida, dejará de existir tal y como ahora está concebido. Por cuestiones legales, no se puede contar con detalles más específicos. Lo que aquí se está censurando no es un plagio, sino una técnica literaria, similar a la que se valen los dj cuando samplean una trompeta de Charlie Parker para una sesión (algo que, por cierto, también está siendo criminalizado).
Aunque aún no hemos podido contrastar a fondo la información con Agustín Fernández Mallo ni con la editorial Alfaguara, queremos hacernos eco de este atropello. Resulta tristemente paradójico que esto suceda con una obra que revisita y homenajea a Borges, un autor que siempre gustó de investigar el tema del plagio y el juego de espejos que se produce entre los textos de los autores a lo largo de la historia. Que María Kodama haya dado este paso nos parece triste, incongruente y condenable.

Jorge Luis Borges y María Kodama
Y como no podía estar ausente de cualquier homenaje, la viuda María Kodama también hace su aparición en este especial de “Babelia” entrevistada por Juan Cruz. El título de la nota lo dice todo: “Que digan que yo altero la obra de Borges no tiene perdón”. Hay cosas que se perdonan menos, en realidad, como apropiarse de un personaje que pertenece a sus lectores, como Jorge Luis Borges.
Dice la entrevista:
PREGUNTA. Veinticinco años desde que acabó el viaje físico, la cercanía con Borges. ¿Qué supone para usted este viaje?
RESPUESTA. Borges entró en el gran mar, como llamaban a la muerte los florentinos. Lo que él me dio fue algo muy importante para una persona como yo, que era muy, muy tímida. Asistí a una conferencia. Yo tenía 12 años y la sala estaba colmada de gente. Vi a este señor que entraba y sentí que era tanto o más tímido que yo y ahí pensé que yo podía acercarme, aprender, él me podría enseñar… Pensé: “Si este señor puede hablar delante de toda esta gente yo también voy a poder dar un día una clase”. Lo que me dio, y me siguió dando, fue la convicción de que era posible realizar mi vocación, enseñar, hacer lo que verdaderamente quería hacer.
(…)
P. Ese viaje en globo. ¿Cómo asumía él esa aventura intensa pero paradójica?
R. Con entusiasmo… Un día yo estaba buscando otra cosa en una guía telefónica y encontré una entrada que decía: “Viajes en globo. Compañías”. Se lo comenté e inmediatamente él evocó a Julio Verne. Su imaginación era su mirada, sus ojos, las lecturas que había tenido eran sus ojos, su forma de ver era su manera de haber leído… Así que un viaje en globo entonces no era paradójico, no, era su modo de cumplir sueños.
P. ¿Hubo algún límite a su curiosidad?
R. No. Yo jamás lo consideré a él una persona muy mayor o una persona que no veía, es decir, ciega; para mí justamente era lo contrario. Cuando yo tenía 16 años, él tenía 18 para mí: Borges era la compañía para la diversión, para la aventura. Era totalmente diferente a esa imagen que han dado siempre de él. También podía dar esa imagen que se tiene de él cuando está en público, con otros, pero Borges era verdaderamente otro cuando estaba en la intimidad.
P. ¿Cómo asumió él los últimos tiempos?
R. Con un espíritu magnífico. Él sabía que se iba a morir. Pero aceptó una gira por Italia. Estuvimos allí antes de ir a Ginebra, y vivimos un tiempo muy gozoso, era una compañía magnífica y lo pasamos muy bien… Vivimos una vida plena, a pesar de todo lo que dice gente que vive difamándome, ¿no es cierto?, gente que ha trazado toda una atmósfera siniestra en torno a mi persona de una manera verdaderamente vergonzosa. Esas difamaciones de las que le llegaron ecos sí lo mortificaron en sus últimos tiempos… Pero, bueno, toda esa gente quedó destruida a través de los juicios que he hecho en los que, por supuesto, no pudieron probar las cosas absurdas de mí o de mi comportamiento con respecto a él… Él era una persona libre que me eligió; sé que eso ha dado muchísimo fastidio, pero no fastidio por amor, es fastidio por avidez, fastidio por deseo de notoriedad, fastidio porque quieren ser él y no pueden serlo, no llegan a serlo, nadie va a llegar a serlo.
P. Esa atmósfera que describe le afectaba ya en los tiempos de Borges, pero ahora es más explícita mostrando su desagrado. ¿Cómo ha cambiado?
R. Bueno, he cambiado gracias a mi abogado francés, porque mis amigos me decían prácticamente lo mismo pero desde el cariño y la amistad. Pero el abogado francés me hizo ver, y me lo dijo de una manera muy dura y muy cruda, que yo tenía que cambiar porque si yo dejaba que los otros hablaran, dejaba que personas totalmente espantosas que están con un proceso penal por estafas a la propiedad intelectual, personas despechadas… y yo no decía nada porque fui criada de otra manera… En fin. El abogado me hizo ver que yo tenía que cambiar y mis amigos están muy contentos porque dicen que estoy dejando de ser extraterrestre para convertirme en una persona humana y normal que reacciona y que dice las cosas cuando tiene que decirlas y me dicen que no las digo con la suficiente agresión, que necesito hacer salir la agresión.
P. ¿Y cómo se siente en esa situación de terráquea que ha bajado del globo? ¿Cómo ve el mundo que tiene alrededor?
R. Bueno, realmente por un lado lo veo maravilloso. Pero también hay esas barbaridades que uno lee en la prensa, por ejemplo en España… Los periódicos españoles realmente han sido excelentes conmigo, pero también hay algunas personas totalmente descastadas que dicen y hablan y escriben y no hacer honor al oficio de periodistas porque ni son periodistas… Pero yo dejo de lado eso, y así he logrado sobrevivir sin que me perturben, haciendo el trabajo que yo debo hacer que no es otro que el cuidado permanente de la obra de Borges. Así que yo dedico mi vida al cuidado de esa obra. Y si hay alguien que dice que yo altero esa obra no tiene perdón de Dios ni del demonio ni de nadie, y el mío tampoco lo va a tener.
(…)
P. Usted decía que es la mitad de su alma. ¿Y cómo era el alma de Borges? ¿Cómo era Borges?
P. Pues era divino porque estaba lleno de sentido del humor, era irónico, leíamos mucho, paseábamos y era una persona que estaba siempre dispuesta, de una humildad absoluta, los chóferes de taxi en Buenos Aires lo adoraban porque subía al taxi y les preguntaba: ¿la vida está cara?, por la familia, ¿cuántos hijos tiene?… Era una persona que entablaba fácil relación con la gente y esa era una relación desde un punto de vista digamos humano, muy lindo y de una humildad extraordinaria.
P. ¿Usted tiene la impresión de que Borges sigue siendo en parte un desconocido?
R. Él es conocido como si fuera un icono. Él decía: “A mí me conoce todo el mundo por las entrevistas, por lo que digo, por las polémicas que despierto, pero mi obra no la leen”. Y, en general, el hecho de que hayan creído que ese poema Instantes es de Borges, ya eso demuestra que no han leído ni una línea de él. Pero al mismo tiempo hay todo un nivel de gente que estudia literatura, que ha leído toda su vida y que tiene un real entusiasmo en la obra de Borges. Lo que sucede también es que no hay un criterio para hacer que los chicos entren en su lectura, entonces eligen obras que son espléndidas, pero que como estilo y vocabulario no pueden estar al nivel de chicos que tienen 14 años y nunca han leído.

María Kodama
Luego de la muerte de Jorge Luis Borges, María Kodama ha adquirido una dimensión gigantesca, convirtiéndose no solo en la albacea de los libros sino también del personaje. En el 25 aniversario de su muerte, desde luego que ella será la más solicitada con preguntas sobre la cotidianidad del genio, preguntas que ella nunca deja de contestar a quien quiera, resaltando la imagen de un Borges feliz y sonriente que no a todos parece contentar.
En una extensa nota en Perfil de Graciela Russo la entrevista sobre el personaje:
—Ya pasaron 25 años de la muerte de Borges, ¿siente que fue ayer, el dolor ya pasó o sigue vivo en sus recuerdos?
—Es un tema muy complicado. Yo no hice su duelo, no sé cuándo lo haré, entonces mientras tanto –que todo el mundo me lleva a eso– es como una presencia. O sea, no siento su pérdida.—¿No hizo el duelo porque no pudo, porque no quiso o porque no supo?
—Es obvio que no pude hacer el duelo por todos los ataques que fui recibiendo de la gente que me agredía y difamaba. Hay una sola forma de desahogarse, y para hacer un duelo uno tiene que quedarse en carne viva, y si yo me hubiera quedado en carne viva me hubieran deshecho. Y yo no podía permitir eso.—¿Siempre se tuvo que mantener fuerte para resistir los embates?
—Exacto. Yo siempre pensaba, les decía a mis amigos, que era como un camino con un Blindex de un lado y un Blindex del otro. De éste, estaban los que yo llamo los monstruos, que hablan en un lenguaje y tienen una manera de comportarse que no es la mía. Y del otro lado, el duelo por hacer. Las dos cosas imposibles. Entonces me puse a pensar –porque a veces pienso– que como en la Edad Media, como la dama andante en lugar del caballero andante, que Borges partió de esta vida sintiendo una vibración mía. Dicen que cada uno con la simpatía, la antipatía, el amor o el odio, o lo que sea, establece un puente con el otro y él partió sintiendo esa corriente. Si yo cambio eso, y si existe algo como si fuera una energía en algún punto del espacio, lo pierdo para siempre. Si cambio por esa gente deleznable, lo pierdo para siempre, y eso no lo voy a permitir.—No le perdonan que Borges la haya elegido a usted como su representante cuando él ya no estuviera.
—Por supuesto, y sobre todo también hay una cosa de xenofobia. Algo muy fuerte.—¿Xenofobia, por qué?
—Bueno, si no le parece xenofobia que me llamen “la piel amarilla”, entonces yo soy Mahoma.—¿Cómo era Borges?
—Borges era un ser sumamente divertido y una persona que amaba profundamente la vida.—¿La diversión es lo que más marca siempre de su relación con Borges?
—Sí. La verdad es que lo pasábamos bomba, como dicen los italianos.—Seguramente debe tener infinidad de anécdotas. ¿Puede recordar alguna?
—¡Hay tantas! De viajes, sobre todo. Una divertida fue cuando hicimos el viaje en globo sobre el valle de Napa, en California. Borges estaba entusiasmadísimo, no durmió esa noche imaginando cómo iba a ser el globo. Teníamos que salir a las dos de la mañana del hotel. Cuando llegamos al hangar, la gente que iba a dirigir el globo creyó que iba a subir yo y que Borges iba a ir en el auto siguiendo el globo. Entonces, Borges dijo: “No, no, voy a subir yo”. A lo que el señor del hangar le dijo: “Pero, señor, esto es muy difícil para subir”. A lo que él le contestó: “Bueno, pero ustedes pueden izarme”. Fue muy divertido, porque a medida que subíamos se iba quemando el gas arriba y él me miraba asombrado y me decía: “María, pensamos en todo menos en traer dos sombreros de paja, porque hace tanto calor acá adentro”.(…)
—En su paso por Argentina, Mario Vargas Llosa dijo que si resucitara Borges, él le daría el Premio Nobel. ¿Cree que a Borges le hubiera gustado recibirlo?
—No sé, él decía que era mejor que no se lo entregaran nunca porque de esta manera era el mito escandinavo.—Pero, puertas adentro, ¿sufrió que por una cuestión política nunca se lo entregaran?
—No, no, para nada. A él realmente esas cosas no le importaban, no le interesaban.—¿(…), permitiría que los restos de Borges fueran traídos al país?
—Su deseo fue morir allá debido a la falta de respeto de los argentinos. Yo nunca me voy a olvidar de que, cuando Borges estaba enfermo, tuvimos una larga gira por Italia y después de Italia me dijo que quería ir a Ginebra. Yo pensé: “Ok, quiere despedirse”. Pero cuando llegamos a Ginebra, me dijo que nos quedaríamos. Entonces, yo pensé que se sentía mal, fue por eso que lo consulté con los editores de Francia y de España para ver la posibilidad de conseguir un avión sanitario, a lo que ellos me dijeron que no había ningún problema. Entonces, yo se lo dije al médico de Borges para que se lo comunicara a él porque si se lo decía yo me iba a sacar corriendo, porque la determinación de Borges era que nos quedáramos en Ginebra. Esa noche, cuando estuvimos solos, él me dijo algo terrible. Me dijo que si yo lo quería, como él sabía que lo quería, no podía ver su agonía empapelando las calles de la ciudad, convertida en un espectáculo público. Que él quería morir sereno, en paz, con la persona que él quería a su lado y en una casa como habían muerto sus antepasados. Borges no quería para sí lo que había sucedido con Balbín. Entonces, ¿de quién es la responsabilidad de todo esto, de la falta de respeto?—¿Cómo fue conocerlo, estar, enamorarse y permanecer hasta convertirse en la mujer de Borges?
—Como una maravilla en mi vida. No sé, como el brillante Koh-I-Noor, el brillante más espléndido que hay en el mundo. Es eso. Para mi vida, él es y seguirá siendo eso. Porque 25 años después de que murió sigo con él y sigo haciendo todo como si estuviera él. Yo vivo de esa manera, no hago, como podría decir, como mi vida personal, sino que todo siempre está volcado a lo que él quería, a lo que es mejor para él, a lo que a él le hubiera gustado.
—¿Siente de alguna manera que le entregó toda su vida a Borges?
—Yo creo que no es entregar la vida, es que es la mitad de mi alma. No es entregar nada, es la mitad de uno.—Hace 25 años que él ya no está. ¿Cuántos años estuvieron juntos?
—Y… casi toda mi vida. Desde que tenía 16 años. Lo conocí, empecé a estudiar con él y en ese momento no sabía que esto iba a ser así, pero de alguna manera, si nos atenemos a lo que decía Einstein respecto a que el tiempo no es lineal, sino que es un bloque que está todo unido, quizás sin saberlo, lo sabía.

Y mientras en Girona nombran como Roberto Bolaño a una calle, en Venecia nombran Jorge Luis Borges a un laberinto.
Dice la nota:
El escritor argentino Jorge Luis Borges tendrá un laberinto de Venecia con su nombre, que será inaugurado el 14 de junio próximo, en coincidencia con el vigésimo quinto aniversario de su muerte.
El laberinto está ubicado en uno de los tres claustros de San Jorge Mayor, informó hoy la Fundación Cini, autora de la iniciativa y propietaria del convento anexo a la iglesia, que se yergue frente a la famosa basílica de San Marcos. El laberinto, de 3 kilómetros de largo sobre una superficie de 2.300 metros cuadrados, será inaugurado en una noche de luna llena, en el tercer claustro que sigue a los renacentistas, proyectados por Andrea Palladio -el arquitecto de San Jorge Mayor- y Giovanni Buora. Los ligustros del laberinto miden 75 centímetros de alto y, por ende el recorrido será completamente visible para las personas.
La viuda del escritor, María Kodama, para aprobar el proyecto exigió que existiera en el lugar la consabida biblioteca, otro de los “sitios” mágicos del escritor.

Mario Vargas Llosa
Mario Vargas Llosa se encuentra en Argentina para inaugurar la Feria del Libro de Buenos Aires. El jueves dará su charla inaugural. Uno de sus primeros actos públicos ha sido la visita al Museo Borges, junto a la anfitriona María Kodama. Además, observó la muestra que en homenaje a Louise Bourgeois está ofreciéndose en Buenos Aires. Además, ha concedido entrevistas a diversos medios, como la que dio a Daniel Ulanovsky para la Revista Ñ del diario Clarín. Aunque la entrevista empieza un poco aburrida, hablando de política argentina y tratando de hacerlo pisar el palito, termina muy bien con esa confesión de Vargas Llosa, quien asegura que nunca se psicoanalizará.
Dice la entrevista:
Como buen encantador de palabras, Mario Vargas nada entre dos orillas: de a ratos destaca el Premio Nobel abierto al juego literario; de a otros sobresale el –¿pensador? ¿militante?– político convencido de que el populismo ofende al futuro y de que no es tiempo de falsas sonrisas. La diferencia se intuye en su postura, en un sutil gesto de gladiador que lo envuelve, quizás incluso a pesar suyo, cuando se produce el click. Pero ni siquiera en ese rol ha traído declaraciones guerreras: guarda por sobre todo las formas y dice que sería “inelegante” venir a nuestro país a criticar a la Presidenta, además de que le agradece su defensa ante los propios intelectuales kirchneristas.
Usted habla de debate. Después del intento de vetar su participación en la Feria del Libro, ¿no le tienta invitar al director de la Biblioteca Nacional, Horacio González a tomar un café para discutir posiciones? No, no me tiene ningún cariño, estoy seguro de que no me aceptaría semejante invitación. (Ríe) Si no me quiere ver parado en una tribuna, menos en una mesa de café sentado a su lado.
Pero si llegara a aceptar, ¿qué le comentaría? Que estoy siempre a favor de conversar, de conocer, y que por eso me sorprendió tanto que colegas argentinos quisieran vetarme en un acto eminentemente literario. Eso. Al director de la Biblioteca Nacional le diría que los intelectuales tienen que estar abiertos al disenso. Su posición revela una intolerancia que creo lamentable, lo menos que se le puede pedir es respetar el principio de la diversidad, del diálogo entre opciones diferentes porque si no, ¿a qué llegamos? A un soliloquio monocorde y eso no puede considerarse cultura. Me pone incómodo hablar en medio de este entredicho, pero me comprometí a hacerlo y lo haré. A nadie le gusta sentir que no es un invitado aceptable para todos los comensales en una fiesta: en ese lugar me han puesto.
Acerca de la presidenta Cristina de Kirchner, usted le ha dicho muchas cosas… (interrumpe) Hombre, preferiría no tocar ese tema ahora. Sería imprudente, inelegante. Me acaba de defender frente a los intelectuales kirchneristas. Debería estarle agradecido, ¿no? Cierto, ¿pero por qué la ha acusado entonces de demagógica? Mire, las políticas que ha implementado no me parecen las ideales ni para la Argentina ni para ningún país.
Percibo su incomodidad. Pero si usted cree que hay algo para criticar, ¿no vale la pena hacerlo aquí mismo? No quiero dar la impresión de que vengo a la Argentina a criticar a la Presidenta. Sería falso, de mal gusto. Pero sí hablo con mucha libertad, cuando corresponde, sobre lo que ocurre aquí porque es mi derecho. Sin embargo, respeto las formas –seguramente porque soy escritor y sé de su importancia en una trama– y le aseguro que no me anima ninguna lógica de provocación.
(…)
Usted sabe que una novela –y no por militante sino por reflejar lo no dicho, lo morboso de nuestras sociedades– roe huesos. ¿Por qué, entonces, la idea de una literatura que logra jaquear el poder y el sentido común parece estar en crisis? De eso tratará mi próximo libro “La civilización del espectáculo”, del nuevo sesgo de la cultura como entretenimiento, como diversión y ya no como problemática. Durante muchísimo tiempo consideramos el debate cultural como una forma de conocimiento y de sensibilidad que enriquecía nuestra experiencia del mundo, de las relaciones. Eso ha cambiado, tanto en los países desarrollados como en los que no son. Lo que ahora se llama cultura es una práctica que tiende a librarnos de preocupaciones, que nos hace vivir una especie de ficción o de juego en vez de provocarnos y de abrir nuevas ventanas.
¿Cambia el rol del intelectual en esta nueva noción de cultura? Enfrentamos algo más grave aún: los intelectuales desaparecen. La idea de un discurso crítico que le permita a la sociedad repensarse suena extraño e indeseable. El intelectual que surge es, cada vez con mayor fuerza, alguien que no genera problemas, que no ofrece orientaciones, que no pone nada en duda. Por eso los nuevos escritores muestran cierto desprecio por ese rol que planteaba incomodidades e intentaba esbozar respuestas. La misma idea de escribir para producir un cambio provoca risas: esta es la manifestación más seria de la sociedad del espectáculo.
Le confieso algo. Cuando leí su autobiografía, “El pez en el agua”, pensé que a usted, para ser un intelectual de ley, le faltaba pasar por el diván, algo que nunca quiso. Pregunto: ¿para interpretar no hay que interpretarse? ¡No! Nunca me psicoanalizaría.
¿Le tiene temor? Un escritor vive de sus neurosis, entre otras cosas. Creo que el psicoanálisis es un juego intelectual que se parece a la literatura, no lo veo como una ciencia. Sin embargo, me fascina leer los casos que escribió Freud, pero pensándolos como construcciones imaginarias, equivalentes a las mejores ficciones. Como decía Karl Popper parece difícil validar las doctrinas que se muerden la cola, aquellas, como el psicoanálisis, en la que no hay forma de comprobar si lo que se dice es cierto o no.
La verdad: ¿nunca se tentó por analizar si se enamoró primero de su tía y luego de su prima –y actual esposa– sólo por azar? (carcajada) Nooo. Yo estoy muy contento con mis neurosis, las resuelvo escribiendo mis novelas, leyendo. Creo que hay que cultivarlas como uno lo hace con su jardín, al menos si se es escritor. Además he conocido a muchos psicoanalizados que han perdido todo el interés que tenían antes de iniciar ese camino. Las neurosis no son siempre perjudiciales.

María Kodama. Foto: cristóbal manuel
María Kodama ha sido entrevistada en “El País” para una cena con Javier Rodríguez Marcos, pero ella solo aceptó un café (dos desayunos bufé en el Hotel Palace a 68 euros, dios mío, qué caro está Madrid). Habló desde luego de Borges y de los “monstruos” que poblarían su supuesta autobiografía: todos aquellos que atacan a Borges y no la “perdonan” por haberse casado con él.
Dice la nota:
Ese momento (el de escribir su autobiografía), afirma, no está lejos. “Los editores insisten: ‘Escribe, escribe, que se va a vender más que El Código da Vinci”. Y bromea con un título -La historia negra: novela gótica- para un volumen con tres partes: vida junto a Borges, “los monstruos” y la ley (las sentencias que le dieron la razón frente a los anteriores).
Los “monstruos” son, por un lado, los escritores que, dice, han “tergiversado” la memoria de su marido o falsificado su obra; por otra, los que la “atacan” a ella por desautorizar “falsas atribuciones de textos”. O por insistir en que su boda con el escritor poco antes de que él muriera fue una maniobra para administrar su legado: “Borges sabía que yo no creo en el matrimonio porque mis padres se separaron. Me dijo: ‘Si el problema es el divorcio, casémonos antes de que yo muera”.
El “monstruo” más ilustre es Adolfo Bioy Casares, muy crítico con Kodama. “Su libro sobre Borges tenía una parte interesante, la literaria”, afirma ella. “La personal demuestra que nunca fue su verdadero amigo. Borges era ciego y Bioy cuenta que comía con las manos. ¿Quién tiene la culpa? Yo he comido con Borges en todas partes -desde comedores universitarios hasta con el marido de Isabel II cuando le dieron el doctorado en Cambridge-. Nunca nadie lo vio comer con las manos”.
Guante de seda en mano de hierro, María Kodama es rotundamente dulce. Dedica media hora a cada huevo, sonríe como una niña, no levanta la voz y, aunque tiende a poner la venda antes de la herida, no elude la polémica. “Solo soy la mala de la película para los sinvergüenzas. Cumplo con mi deber porque sobre todas las cosas es mi amor. Algunos no me perdonan que quisiera a Borges”.