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Nobel 2014: ¿Peter Nadas? ¿Patrick Modiano? ¿Assia Djebar?
Más allá de Ngũgĩ wa Thiong'o o de Haruki Murakami ¿qué otros autores suenan fuerte a pocas horas de conocer el nombre del ganador? Dos autores han llamado la atención por su ascenso en la casa de apuestas Ladbrokes. Uno de ellos es Patrick Modiano, ausente en las otras casas de apuestas, por lo que se supone que es un soplo o una apuesta muy grande de un conocedor. Y el otro es Peter Nadas, quien sonó mucho hace un par de año (cuando finalmente se lo concedieron a Mo Yan), y ha vuelto a llamar la atención de medios tan bien informados como Smalandposten, quien también se tira un chance por Assia Djebar. Sin embargo, todas son conjeturas. Y desde luego, los nombres de siempre: Adonis, Svetlana Aleksijevitj, Joyce Carol Oates, Philip Roth, Ismaíl Kadaré, Antonio Lobo Antunes, Jon Fosse y hasta Bob Dylan.
Faltan pocas horas. El próximo post tendrá el nombre del ganador.

Peter Nadas

Patrick Modiano

Assia Djebar

Ngũgĩ wa Thiong'o

Adonis

Svetlana Aleksijevitj
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Mo Yan: “La censura sirve de motivación a los escritores”
A un mes de que se declare al ganador del Premio Nobel de Literatura 2013, y el escritor chino Mo Yan deje el cetro, este ha vuelto a declarar sobre el polémico tema de la censura que viven los escritores en China. Su opinión no ha cambiado desde que ganó el premio: sigue justificando la censura, al menos como motor de la creación literaria. La nota en Revista Ñ.
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“No soy un escritor del Partido, detesto a los funcionarios corruptos”

Mo Yan
Estupenda la entrevista de Bernhard Zand a Mo Yan que aparece hoy en el diario El País. El premio Nobel le ofrece unos minutos que, al final, serán un par de horas. Y dice todo lo que tenía guardado desde que ganó el Nobel.
Algunas preguntas:
Pregunta. Su nombre artístico Mo Yan significa literalmente “no hables”. Parece que se toma eso muy en serio. ¿Por qué rehúye el contacto?
Respuesta. Porque me cuesta realizar comentarios de corte político. Escribo deprisa, pero pienso de manera concienzuda. Cada vez que hablo en público, me pregunto posteriormente si me he expresado con claridad. No obstante, mis opiniones políticas están muy claras. Se pueden consultar en mis libros.
(…)
P. Sus libros pintan un amargo retrato de la China moderna. Parece que ni sus personajes, ni la sociedad, ni el propio país evolucionan en estas novelas.
R. En ese sentido no soy típicamente chino. Las historias y los dramas chinos suelen terminar bien. Pero la mayoría de mis libros tienen un final trágico. Sin embargo, hablan de esperanza, dignidad y fuerza.
P. Desde un punto de vista artístico, sus novelas se leen como películas: esquivan la mirada directa dentro de la mente de sus personajes.
R. Eso forma parte de la experiencia espiritual de mi generación. Algunas personas han reconocido que la Revolución Cultural fue un error del Partido, pero también han aceptado que el Partido ha corregido este error.
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195 aspirantes al Nobel de Literatura

Mo Yan, el reciente Nobel de Literatura
195 escritores de todo el mundo son los posibles candidatos para ganar, en octubre de este año, el Premio Nobel de Literatura 2013. La Academia empezará a hacer su depuración. ¿Quién reemplazará a Mo Yan en el honor?
Dice la nota:
Un total de 195 escritores, de los que 48 no habían sido nominados antes, conforman la lista de candidatos a ganar el premio Nobel de Literatura en 2013, informó la Academia Sueca.
El número de aspirantes es menor que el del año pasado, cuando 210 escritores optaban al premio, que ganó finalmente el chino Mo Yan por unir en su obra el cuento, la historia y lo contemporáneo.
El secretario permanente de la Academia Sueca, Peter Englund, explicó que este año han aumentado las invitaciones enviadas a universidades africanas para que participen en el proceso de nominación, al igual que el año pasado se hizo con instituciones académicas de EE.UU.
El Comité del Nobel de Literatura envía cada año en septiembre entre 600 y 700 cartas a personas e instituciones cualificadas para proponer candidatos al premio. Entre quienes pueden nominar a candidatos figuran los miembros de la Academia Sueca o de otras organizaciones, profesores de Literatura y Lingüística de universidades, ganadores del premio y presidentes de sociedades de autores representativas en sus países.
El Comité del Nobel de Literatura tiene ahora unos 2 meses para recortar a la mitad el número de aspirantes, que tras pasar varias cribas quedarán reducidos a los 5 finalistas. De ellos saldrá el ganador, que cada año se suele anunciar a principios de octubre.
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Estimado Iván: Te reitero una pregunta que espero me la constestes de manera breve para ilustrarme: Qué diferencias temáticas, estilísticas y políticas hay entre Gian Xingjian y Mo Yan. Gracias, espero no molestar.
Imposible responder bien esa pregunta brevemente. Lo obvio: en lo político, Gao X. es un disidente mientras Mo Yan es el orgullo del estado chino. En lo estilístico, Gao X. es más lírico, Mo Yan usa mucho el absurdo, lo carnavalesco y el esperpento incluso. En lo temático, Gao X. habla de una China idealizada, Mo Yan, cuando no escribe fábulas, escribe sobre hechos concretos como el sometimiento a políticas públicas discriminatorias y el rol marginal de las mujeres en la China de Mao.
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Cómo andan los libros en China

Lector en china
La industria editorial china siempre ha sido un enigma, pero ahora que las puertas se han abierto descubrimos que no hay tanta diferencia con el mercado occidental: libros de ex policias y novelas sobre la corrupción. ¿Habrá una E.L.James china? La nota en Revista Ñ es de Miguel Petrecca.
Dice:
La complejidad del sistema proviene de la superposición entre una estructura económica que ha avanzado rápidamente hacia la mercantilización y una superestructura legal que todavía refleja en gran parte el estado de cosas previo a las reformas de mercado. Existen en la práctica editoriales llevadas adelante por privados, pero siempre en asociación, de una manera u otra, con editoriales del Estado. Puesto que carecen de estatus legal, no están en condiciones de adquirir directamente un ISBN y deben comprárselo a las editoriales estatales o lograr que éstas se lo cedan gratuitamente, en el mejor de los casos. Quien aparece en la tapa del libro como responsable de la publicación no es la editorial privada, que en los hechos hace todo el trabajo de edición (desde la selección, la traducción, la impresión, etc.), sino la editorial del Estado, cuyo trabajo a veces sólo consiste en cederle el ISBN.
Recién ahora, me cuenta Gloria Masdeu, de Shanghai 99, una de estas editoriales de origen privado, la situación está cambiando un poco y se permite que aparezca el logo de la editorial privada, aunque siempre en segundo lugar con respecto al de la estatal. Gloria es, dentro del mundo hispano parlante, una de las personas que más saben del mercado editorial chino y cómo se inserta la literatura latinoamericana y española. Después 10 años en la agencia Carmen Balcells, hace dos decidió dar un vuelco en su carrera y se mudó a China. A los tres meses, consiguió trabajo en Shanghai 99, una de las editoriales con las que ya había tratado en la agencia, y desde entonces vive en Beijing, en el centro viejo de la ciudad, cerca del templo Lama y no tan lejos del Palacio Prohibido. “Prefiero Beijing, en primer lugar, porque es mejor para aprender mandarín. En Shanghai, entre el dialecto y que cuando ven que eres extranjera te hablan en inglés, es más difícil aprender. Pero además, prefiero la manera de ser de los pekineses, y me parece una ciudad con más vida cultural.”
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La (propia) trampa de la Academia sueca

Trampa
En Radar Libros Fernando Bogado ha publicado un artículo, titulado “Tinta china” (a propósito de Mo Yan y el premio Nobel), donde resume las vueltas, trucos y re trucos en los que se ve envuelta la Academia Sueca, encargada de dar los premios Nobel de Literatura, tratando de mantenerse siempre en la delgada línea de lo políticamente correcto. Agradezco a Fernando que se haya interesado en mi opinión sobre el tema (que adelanté en un post de Vano Oficio, y que antes había sido citada en Página12).
Les dejo aquí algunos fragmentos:
Si ponemos en duda las declaraciones oficiales y tomamos como cierto el lugar común de que la “orientación política” (tímidamente) progresista de la Academia Sueca es la que influye en la selección del autor a consagrar, sería lógico el rechazo de escritores abiertamente conservadores y del polo opuesto pero, claro, esto pondría en cuestión el hecho de que varios seleccionados han sido identificados con regímenes dictatoriales de derecha, como Camilo José Cela, o que abiertamente abjuraron de su pasado juvenil en la izquierda y abrazaron el liberalismo de derecha, como sucedió con Mario Vargas Llosa, laureado en 2010.
El premio, entregado desde el año 1901, sólo ha sido rechazado por dos autores por motivos que también aunaron literatura y política: el primero fue Boris Pasternak, el gran poeta y autor de la novela Doctor Zhivago, quien fue forzado a declinar por las autoridades de la URSS en 1958. Jean– Paul Sartre, el segundo de nuestra breve lista, rechazó el galardón en 1964 y afirmó a posteriori que “desde hace cierto tiempo este premio tiene un tinte político” y que, “en la actual situación, el Nobel es otorgado objetivamente a los escritores de Occidente o a los rebeldes del Este”. Siguiendo esta lógica, Mo Yan sería una novedad: un escritor conservador… comunista.
Consultado por Radar, el escritor peruano Iván Thays, quien ya se ha pronunciado a favor de la entrega del Nobel a Mo Yan en su blog Vano oficio, resume bien la dificultad que cualquier crítico o lector tiene con respecto a los motivos de cada elección. “Creo que la Academia con sus decisiones, muchas veces discutibles, de premiar a autores políticamente correctos, aunque no tan notables, y sobre todo de negarles el premio a escritores talentosos, pero a quienes consideran incorrectos políticamente (Pound, Borges, Nabokov, Tolstoi), ha creado su propia trampa. Ahora se deja de lado el objetivo final del premio, que es brindarle un homenaje a una obra de calidad indiscutible, a favor de un concepto para mí erróneo de compromiso. La Academia, premiando mediocres políticamente correctos en momentos clave, o negándoles premios a autores geniales para no ‘ofender’ a países o personas, se ha vuelto vulnerable y susceptible a críticas en cada decisión que tome.”
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Mo Yan y los censuradores

Mo Yan en medio de la polémica
El pasado 29 de diciembre, en Página12, Silvina Friera comentó la polémica en torno a Mo Yan y tomó algunos fragmentos de mi post en “Vano Oficio” respecto al tema. Me alegra mucho que Silvina haya recuperado ese post, porque es algo en lo que siempre he creído y contra lo que siempre he luchado: que aquellos que exigen libertad de expresión terminen convirtiéndose en censuradores.
Aquí el artículo de Silvina Friera:
¿Por qué los partidarios de la libertad a veces terminan siendo comisarios políticos y abanderados de la censura que tanto repudian? La pregunta viene a cuento por la catarata de críticas –y exabruptos– de muchos escritores contra la pertinencia de haberle concedido al chino Mo Yan el Premio Nobel de Literatura 2012, un narrador satírico que eligió un seudónimo literario cuya traducción significa no hables. “Hombre de paja del régimen”, lo llamó Salman Rushdie, autor que ha padecido la persecución fundamentalista y del que se esperaría una argumentación de mayor espesura. “Una prostituta que insiste en que sus servicios son limpios”, lo comparó el poeta Ye Du. Pero el cruzado mayor es Liao Yiwu, escritor chino exiliado en Alemania desde 2011. La carta que le envió al comité de la Academia sueca lo convirtió –según el escritor peruano Iván Thays– en una suerte de “dictador literario”. “Escribir poesía después de Auschwitz es una barbaridad. En el caso de China, luego de la masacre del Tiananmen en 1989, la escritura que evita el testimonio es vergonzosa”, plantea Yiwu.
¿Evita el “testimonio” Mo Yan? Se podría afirmar que el autor de Sorgo Rojo pisa una raya sin saltarla: critica dentro de un margen de maniobra reducido, parodiando los absurdos de la sociedad comunista del pasado. No es complaciente, aunque sea afín al régimen.
(…)
Según recuerda Yiwu, Mo Yan era un participante activo en el movimiento para la libertad y la democracia, pero luego de la represión se apartó inmediatamente. “Mo Yan (…) decidió evadir el tema de 1989 en su obra. Esto es equivalente a la situación de los escritores en la Unión Soviética que se abstuvieron de hablar sobre el gulag de Stalin, y a la de los escritores judíos que evitaban el tema del Holocausto”, compara el escritor chino exiliado y agrega que el autor de Grandes pechos, amplias caderas es un escritor perteneciente al sistema, pero que “ahora ha establecido el nuevo estándar de ‘los cínicos lo tienen todo’”.
Quien ofrece otra mirada es Iván Thays. Vale la pena recuperar lo que escribió hace unos días en el blog Vano oficio. “Lo que Liao Yiwu, ni los demás críticos desencajados, perciben es que frases como ‘escribir sin dejar testimonio es vergonzoso’, los convierten en lo mismo que atacan: dictadores literarios. Son ellos los comisarios que imponen los límites, los censuradores que dictan cuáles son los temas obligatorios que un escritor debe escribir para no caer en ‘vergüenza’ ni ser llamado ‘prostituta’, como han calificado (…). El tema Mo Yan demuestra lo frágiles que son los límites entre la censura y la libertad, lo voluble que son las convicciones, lo ideológico camuflado detrás de cualquier principio que se pretende universal. (…) ¿Tan pronto se han olvidado Liao Yiwu o Salman Rushdie que la libertad de expresión que ellos defienden, y que les fue negada por escribir un poema o una novela contra el poder de turno, es la misma que le quitan a Mo Yan de escribir lo que quiera y como quiera? ¿Tan fácilmente los líderes de la libertad y los defensores de la literatura como un objeto que trasciende la ideología y el sometimiento a cualquier idea que no esté en el autor, se convierten en censuradores y quieren obligar a Mo Yan a escribir sobre lo que ellos quieren, creer en lo que ellos creen y opinar como ellos opinan?”.
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Balance Literario 2012

2012 literario
Desde que llevo mi blog Moleskine Literario hago un balance literario personal de cada año. Ahora sumo a Vano Oficio a esa costumbre. Subrayo que es “personal” porque, como quedó explícito en un post anterior (Los 21 del 2012), hay muchos libros que me quedaron en la mesa del velador por leer.
Aquí dejo, entonces, el balance de lo que me dejó este año tan intenso:
Los cinco libros del 2012
1.- El libro uruguayo de los muertos de Mario Bellatin (Sexto Piso)
2.- El sentido de un final de Julian Barnes (Anagrama)
3.- Más allá del tiempo de David Grossman (Lumen)
4.- La soledad del lector de David Markson (La Bestia Equilátera)
5.- Antigua luz de John Banville (Alfaguara)
La revelación del año: La soledad del lector, de David Markson, un libro fragmentado, híbrido, que presenta atinadamente al lector como un alter ego del escritor.
La decepción del año: Joseph Anton, de Salman Rushdie, las esperadas memorias de los años de la fatwa mostraron a un escritor egocéntrico, rencoroso, vengativo e incapaz de tomar distancia sobre sí mismo y convertir su tragedia en un aprendizaje.
El evento del año: La FIL Guadalajara se ha convertido en la Gran Feria del Libro en castellano y una de las más importantes del Mundo. Autores de calidad en varios idiomas, buena información, muy versátil y diversa en los temas expuestos, estupendas ventas y récord de visitantes. Pero, sobre todo, entrañable. Mejor, imposible. Una mención honrosa para el evento “El canon del boom” que, en plena crisis, se llevó a cabo en diversas sedes de España con gran éxito de público, autores y ponencias extraordinarias.
Lo feo del año: La discusión a favor y en contra del premio FIL Guadalajara a Alfredo Bryce Echenique era previsible y comprensible, pero la decisión de entregarle el premio al autor fuera de la FIL no se justifica y dejó descontento a todos.
La editorial del año: La editorial Sexto Piso ha mostrado la fortaleza que tiene las editoriales alternativas cuando son bien dirigidas. Autores como Bellatin, Glantz, Goldman, Keret, Petrovic, Powers, Rolin son aval de un trabajo bien hecho. Mención honrosa a las premiadas editoriales argentinas Adriana Hidalgo y Eloísa Cartonera.
El escritor del año: Mo Yan, un premio Nobel que puso en el tapete el tema de la censura y el compromiso del escritor pero cuya calidad literaria es incuestionable y el premio merecidísimo. Mención honrosa a Mario Vargas Llosa, infatigable como ensayista, novelista (su nueva novela se publicará el próximo año) y conferencista, quien mantiene su vigencia como el escritor más importante del idioma.
La pérdida del año: Aunque todas las muertes son lamentables, dos ausencias literarias me han conmovido especialmente, dos autores notables y auténticos animadores culturales: el narrador mexicano Carlos Fuentes y el poeta peruano Antonio Cisneros.
El blog literario del año: “Las cosas de la velocidad”, el blog que lleva Rodrigo Fresán en “El Sindicato”, es de lectura obligatoria.
Para tener en cuenta: Algo interesante en el 2012 es la consolidación de las escritoras, tanto en súper ventas como el fenómeno 500 sombras de Grey, de E.L.James, como en premios literarios para Hilary Mantel (Booker), Louise Erdrich (National Book Award) o el Premio de los lectores de “El País” a Almudena Grandes como Mejor Libro del año por El lector de Julio Verne. En América Latina, una cantidad de escritoras consagradas (como Hebe Uhart, Margo Glantz, Damiela Eltit, Laura Restrepo) y autoras jóvenes como Mayra Santos Febres, Pilar Quintana, Andrea Jeftanovic, Samantha Schweblin, Valeria Luiselli, Katya Adaui, entre otras, muestran un porvenir muy atractivo para los próximos años.
Finalmente: Quiero agradecer a todos los lectores de “Vano Oficio”, y a la gente del diario “El País” digital, que confió en mí a principios de año para la escritura de este blog. Un abrazo y feliz 2013.
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“Cambios” reseñado

carátula de la novela
La novela Cambios de Mo Yan, publicada por Seix Barral, es el mejor modo de ingresar al mundo de un novelista complejo. Un texto breve, autobiográfico, escrito hace dos años, donde Mo Yan revisa su pasado y da una versión dulcificada del régimen chino actual. La reseña en El Cultural es de Darío Villanueva.
Dice la nota:
Me parece muy feliz coincidencia que a un tiempo el escritor chino Mo Yan reciba el premio Nobel de Literatura de 2012 y llegue a los lectores españoles precisamente Cambios, libro escrito hace dos años. Difícil sería encontrar un texto más conveniente para introducirnos en la obra de un autor que comenzó a ser conocido en España gracias al éxito internacional en 1987 del filme de Zhang Yimou basado en su novela Sorgo Rojo, cuya primera traducción española lo fue a través del inglés. Desde entonces, en los primeros años noventa, media docena de otros títulos suyos fueron apareciendo en una editorial de culto como es Kailas, ya mediante versiones directas desde el chino mandarín.
Cambios es un juguete narrativo de carácter autobiográfico que en apenas cien páginas convierte al nuevo Nobel en un personaje de novela, Mo Xie. Los datos fundamentales que jalonan su recuento autobiográfico coinciden en lo sustancial, sin embargo, con los del escritor Guan Moye, nacido en la región norteña de Shandong en 1955, cuyo seudónimo Mo Yan significa, en un guiño irónico, “No hables”. La narración parte de un episodio fundamental, la injusta expulsión del colegio de la que es víctima el protagonista en 1969.Allí conocerá a otros dos personajes capitales, cuyas vidas se trenzarán con la suya durante cuarenta años. Se trata de la chica más hermosa de la clase y buena jugadora de ping-pong, Lu Wenli, y el que el narrador define como “el personaje principal de este escrito”, He Zhiwu, todo un tipo cuya envergadura se pide “que el lector juzgue por sí mismo” (página 18). El personaje narrador lo hace en términos de encendida admiración. Aquel alumno un tanto estrambótico, que al ser también expulsado abandona el aula rodando sobre sí mismo por el pasillo, está siempre seguro de sus capacidades y fuerza vital pues le sobran “arrojo e ingenio”, y así, al igual que Mo Xie acaba convirtiéndose en una escritor famoso, él se hará rico, como ejemplo de ese fenómeno tan sorprendente para nosotros del florecimiento de nuevos millonarios en una sociedad comunista.
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Cuando los censurados se convierten en censuradores
Mi nuevo post en “Vano Oficio” sobre el premio Nobel a Mo Yan, sus censuradores y la frágil frontera entre ser censurado y convertirse en un dictador literario.

“¿Vamos a tener que volver a los tiempos en que se juzgaba la calidad de la obra literaria por la adscripción del autor a una u otra opción política?” se pregunta José María Guelbenzu en un artículo publicado ayer en El País, dedicado al premio Nobel chino Mo Yan y sus detractores. Concluye: “Lo que escribe Mo Yan es gran literatura y como tal acabará siendo apreciado por encima de la coyuntura política y bajo esa luz ha de ser juzgado”.
Todos conocemos los desagradables productos literarios que esa época produjo. Libros absolutamente prescindibles, folletos de propaganda sin ningún interés, libros que no pasaron de ser proyectos ideológicos sin valor literario. Nadie necesita que regresen esos años, nadie necesita dictadores ni censuradores literarios.
Sin embargo, el premio otorgado a Mo Yan ha despertado los fantasmas de la censura, esos espectros que andan rondando donde uno menos lo imagina y que no necesitan demasiados pretextos para aparecer. Es cierto que Mo Yan es un escritor afín al actual régimen chino, vicepresidente de la sociedad de escritores de su país, un autor que ha mostrado su poco o nulo interés en distanciarse de la censura a la que somete China a los pensadores y escritores que no están alineados con ellos. En la poco acertada conferencia de prensa que dio a su llegada a Estocolmo, donde estuvo a la defensiva, exculpó a China declarando que todos los países son censuradores, en mayor o menor grado, e incluso comparó la censura con el control que se hace a los pasajeros en los aeropuertos. Un trámite incómodo pero necesario para protegerse. ¿Protegerse de qué? ¿De los que agreden al régimen, de quienes lo critican o se burlan de ellos?
Quedó mal parado el ciudadano Mo Yan, sin duda, pero no el escritor. Mo Yan es un extraordinario escritor, dueño de una imaginación fabulosa, un narrador que relata en sus novelas -incluso las más fantasiosas o absurdas- la condición humana, el abuso del poder, el machismo imperante que considera a las mujeres como inferiores. Sus novelas son novelas políticas, aunque se cuida de que sus dardos nunca estén dirigidos contra el actual régimen sino contra la época anterior, los años oscuros de Mao.
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Mo Yan recibe el Nobel.- Y finalmente el escritor chino Mo Yan recibe el premio Nobel. Esta vez no tuvo que decir nada, solo hacer tres venias. Sin embargo, el presidente del comité literario sí habló, según informa el diario El País. Dijo que Mo Yan: “Describe un pasado que, con sus exageraciones y parodias, supone una revisión convincente y mordaz de cincuenta años de propaganda (…) A través del ridículo y el sarcasmo, arremete contra la historia y sus falsificaciones, contra la penuria y la hipocresía política. La brutalidad de la China del siglo XX nunca ha sido descrita con tanta desnudez”. El escritor Liao Yiwu arremetió en Le Monde: “Para ser justo, hay que reconocer que sus escritos denuncian los males del régimen. Mo Yan ha desvelado algunas sombras del periodo maoísta, en los límites autorizados, pero evitando evocar las que han sido cometidas durante la regencia de los actuales dirigentes (…) Adorno dijo que escribir poesía después de Auschwitz era un acto de barbarie. En China, el equivalente es este: escribir sin dejar testimonio es vergonzoso”.
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El paseante de cadáveres. Liao Yiwu. Sexto Piso: 2012. 420 páginas.
Lea un adelanto aquí.
Una reseña aquí.
Libro de crónicas con entrevistas a personajes marginales, escritas por Liao Yiwu, opuesto al régimen chino, lo que le costó cuatro años en prisión por el poema “Masacre”. Actualmente, es el principal opositor del premio Nobel otorgado a Mo Yan.
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Política en los Nobel: El caso Mo Yan

Mo Yan
Mo Yan es un “Premio Nobel político a su pesar” dice Álex Vicente en un artículo en el diario El País. Mientras China celebra el premio, y Mo Yan se niega a unir política y literatura (aunque en su discurso y en sus declaraciones del jueves hizo concesiones al régimen chino que representa), muchos intelectuales chinos y occidentales atacan a Mo Yan. Comenté antes lo que le dijo Hertha Muller. Ahora Salman Rushdie, especialmente sensible a los temas de censura obviamente, lo llamó “hombre de paja del régimen” y lo comparó al rusoMikhail Sholokhov.
Dice la nota:
Durante el fin de semana, el poeta Ye Du lo comparó con “una prostituta que insiste en que sus servicios son limpios”, mientras que el artista Ai Weiwei tildaba sus palabras de “impotentes, vergonzosas, una traición y una capitulación”. El viernes, Salman Rushdie se había sumado a las críticas llamándole “hombre de paja del régimen”.
Desde la Academia Sueca se apoyaba ayer la distinción entre política y literatura que Mo Yan utilizó para fundamentar su discurso. “Comparto esta separación, porque se alinea con la que utiliza la Academia. El premio nunca se concede por razones políticas, aunque casi siempre tenga efectos políticos”, explica el presidente del comité del Nobel de Literatura, Per Wästberg. Un académico poco sospechoso de no creer en la causa: se trata de un militante histórico por los derechos humanos que luchó contra el apartheid en Sudáfrica y fundó la delegación sueca de Amnistía Internacional durante los sesenta. Pese a todo, asegura que los cinco miembros del comité, encargados de proponer una lista de 200 finalistas a los académicos, siempre logran distinguir el escritor del personaje público. “No le dimos el premio a Mario Vargas Llosa por criticar la dictadura en Perú, ni tampoco a Orhan Pamuk por posicionarse contra el genocidio armenio”, agrega.
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Mo Yan, el cuenta cuentos

Mo Yan en la ceremonia
“Cuentacuentos” es el nombre que Mo Yan le dio al discurso con que recibió el Premio Nobel de Literatura. Si alguien -muy ingenuo- esperaba que este discurso fuese una proclama a favor de la libertad de expresión, contra la censura, o algo parecido, pues no sucedió. Al contrario, puede leerse como un discurso esquivo con guiños favorables a China:
“El mayor problema no era que tuviera miedo de enfrentarme a las oscuridades sociales y criticarlas, sino cómo controlar la pasión ardiente y la furia para no desviarme hacia la política ni alejarme de la literatura (…) Si no hubiera sido por los grandes progresos y el desarrollo de la sociedad china durante estos treinta años, por la apertura y la reforma, no existiría un escritor como yo”.
Fue un recuerdo nostálgico sobre su madre analfabeta, sobre su pueblo, sobre su fealdad incluso (“Soy genéticamente feo desde que nací, muchas personas de mi pueblo me gastaban bromas en mi cara; unos malvados compañeros de clase incluso me pegaron por esa razón”), sobre su sobrenombre (“Como dice un refrán chino: Es fácil cambiar de dinastía, es difícil modificar la personalidad y aunque mis padres me habían educado con mucho cuidado, no consiguieron cambiar el hecho de que a mí me gustara hablar. Esto le había dado un sentido irónico a mi nombre Mo Yan que significa “no hables”) pero sobre todo del cuentacuentos que una vez visitó su ciudad:
Una vez vino un cuentacuentos a nuestro mercado. Yo me escaqueé de los trabajos que me había asignado mi madre y fui allí en secreto a escuchar los cuentos. Mi madre me criticó por ello. Por la noche, cuando mi madre se disponía a confeccionar las chaquetas de invierno bajo la débil luz de la lámpara de aceite, no pude controlarme y recité los cuentos que había aprendido durante el día. Al principio, ella no tenía ganas de escuchar ni una palabra porque le parecía que ser cuentacuentos no era una profesión normal y que los cuentacuentos eran personas charlatanas y unos farsantes; además, los cuentos que contaban no versaban sobre cosas buenas. No obstante, poco a poco le fueron atrayendo los cuentos que le recitaba. Más adelante, cada vez que se celebraba la feria, mi madre no me asignaba ninguna tarea; me había dado un permiso implícito para ir a escuchar los cuentos. Para recompensar su gratitud y también para presumir de mi buena memoria, le recitaba con todo detalle todos los cuentos que había escuchado durante el día.
En una de las partes memorables del discurso, Mo Yan habla de sus influencias literarias, en las que incluye a William Faulkner y Gabriel García Márquez:
Tengo que confesar que en el proceso de creación del distrito Dongbei de Gaomi en mis obras, William Faulkner, el escritor estadounidense, y García Márquez, el escritor colombiano, me han inspirado mucho. Entonces no había leído sus obras minuciosamente, pero su espíritu creador y su generosidad me animaron mucho. Me hicieron entender que cada escritor debía tener una especialidad. Una persona tiene que ser modesta en su día a día, sin embargo, debe ser altiva y decidida en su producción literaria. Durante dos años seguí los pasos de estos dos maestros, pero luego me di cuenta de que tenía que alejarme de ellos. Esto lo expresé en un artículo: “Estos dos maestros son como dos hornos al rojo vivo y yo como un trozo de hielo, por lo que si me acercase mucho a ellos me evaporaría”. A mi juicio, la influencia que se recibe de otro escritor se debe a la semejanza espiritual que escondemos en el fondo del corazón, como lo que se dice en China: dos espíritus similares se entienden enseguida. Por tanto, aunque no les hubiera leído muy atentamente, con solo unas páginas podía entender lo que habían hecho, podía entender cómo lo habían hecho y a continuación me quedaba claro lo que debía hacer y la forma de hacerlo.
Lo que hice fue muy sencillo: contar mis cuentos a mi manera. Mi manera es la misma de los cuentacuentos del mercado de mi pueblo, a quienes conocía muy bien; es también la manera de mis abuelos y los ancianos de mi pueblo natal. Sinceramente, cuando cuento mis cuentos, no puedo imaginar quiénes serán mis lectores. A lo mejor, es alguien como mi madre, o alguien como yo.
Pueden leer el discurso completo en este enlace.