-
Un retrato de la narrativa hispanohablante
La I Bienal Vargas Llosa, que empieza la próxima semana en Lima, es un buen motivo para que “El País” realice un retrato sobre la nueva narrativa hispanoamericana. Para algunos está en su mejor momento, otros consideran que es más bien predecible y con falta de riesgo y compromiso. La nota entrevista editores, agentes, críticos y escritores y la firma el siempre al día Winston Manrique Sabogal bajo el título “Geografías de la novela”.
-
Las listas de Julio Ortega
Julio Ortega está presentando, en su blog en el Boomerang, una serie de listas de los mejores libros del año 2013. En ambas listas incluye más autores latinoamericanos que españoles, y aprovecha para quejarse de que las listas de los diarios en España no consideran la literatura latinoamericana. Aquí está la primera lista (que incluye a Pérezagua, Guzmán Rubio, Claudia Salazar, Nicolás Poblete, Armando Luigi Castañeda, Yuri Herrera, Ricardo Sumalavia, Juan Carlos Méndez, Alvaro Enrigue y Jorge Eduardo Benavides) y la segunda lista (que incluye a Manuel Vilas, Antonio López Ortega, Basilio Baltasar, Diamela Eltit, Javier Vásconez, Ricardo Piglia). Cada título incluye una breve reseña.
-
Moby Dick es chileno

ilustración de la historieta Mocha Dick
Mientras en el Perú libramos una intensa batalla contra nuestro vecino del sur por la nacionalidad del pisco souer, en Chile van por algo más grande: Moby Dick es chileno. Así lo sostiene esta historieta gráfica escrita por Francisco Ortega y dibujada por Gonzala Martínez, que será editada por Norma.
Dice la nota:
Pese a que tomarán libertades creativas para hacer más interesante el relato, desde el punto de vista narrativo, la base de la historia es la siguiente: “Mocha Dick: la leyenda de la ballena blanca es una obra de ficción, pero está basada en hechos reales y documentados, como el hundimiento del ballenero Essex en 1820 y la existencia de un verdadero cachalote blanco en los alrededores de la isla Mocha, en el sur de Chile; también en el mito mapuche del Trempulcahue y el descanso de las almas de los grandes guerreros”. Hay un trabajo de investigación que aborda el mito y también los antecedentes históricos del cetáceo albino, en una aventura que mezcla marineros, monstruos marinos, cazadores y tradiciones mapuches.
-
50 años de Cronopios

Julio Cortázar. Ilustración: Fernando Vicente/ El País
Hace 50 años apareció, en la editorial Minotauro, el libro Historias de cronopios y famas, firmado por Julio Cortázar. Es decir, hace 50 años que existen los cronopios, esos seres incapaces de pisar tierra firme, líricos, absurdos, sentimentales. Ayer se realizó un homenaje al libro, con la presencia de Aurora Bernárdez, quien comentó detalles sobre la escritura de este libro fundamental.
Ese libro, que fue precursor del microrelato (publicado por Minotauro), cumple 50 años y conserva todo su poder fabulador. Y es el hilo conductor del homenaje a Cortázar que se celebró ayer en el Centro de Arte Moderno, en Madrid, presidido por su viuda, Aurora Bernárdez. En la presentación del libro Mundo Cronopio, con ilustraciones de la artista italiana Judith Lange, Bernárdez dijo que Cortázar escribía estas historias “cuando se le ocurría, no como una novela que se empieza y termina”.
“Julio nunca se puso a escribir ‘los cronopios’. Era algo circunstancial. El iba al correo, por ejemplo, y le salía una historieta cómica, según se le iba ocurriendo. Después, con todo eso se armó el libro”, recordó Bernárdez, quien también es albacea del escritor.
Historias de cronopios y de famas es uno de los libros que mejor muestra hasta qué punto Cortázar “podía prescindir de los géneros. Escribe y basta”, dijo la especialista y profesora de la Universidad de Roma La Sapienza, Rosalba Campra. “Sus libros encierran un modo nuevo de acercarnos a las cosas y por eso uno queda enganchado, se contagia y empieza a encontrar elementos cortazarianos en aquello que ve”, comentó Campra. Y agregó: “Los ‘cronopios’ son despreocupados, poéticos pero también pueden ser crueles, hacer canalladas por diversión, y en los ‘famas’ uno podría ver a la gente más encasillada, menos tierna”.
Del homenaje a Cortázar, además de Bernárdez y Campra, participaron expertos en su obra, como Julio Ortega, miembro de la Cátedra Julio Cortázar de la universidad mexicana de Guadalajara.
Por otra parte, Juan Cruz también le rinde homenaje al libro y a los cronopios en su columna de hoy en el diario “El País”, donde resume la conferencia. Dice:
Ortega cree que enCronopios la voluntad de fragmentación que hay en el resto de la obra de Cortázar se manifiesta aquí como en otros artefactos (La vuelta al día en ochenta mundos, por ejemplo, o Prosa del observatorio). Pero enHistorias de cronopios y de famas alcanza una apuesta divertida y diversa que le sirve a Cortázar para dar rienda suelta a todos los factores de su ironía literaria…
En cuanto a la invención misma, dice Ortega, cronopios puede provenir de Cronos (tiempo) y topía (lugar), “lo casual que hay entre el tiempo y el lugar…”, el tiempo que se encarna en un lugar… Famas ya es más obvio, dice Ortega, y esperanzas “son más socializadas”… El profesor ha rastreado en las cartas que Cortázar le envió a Porrúa cuando se iba a editar el libro, en torno a julio de 1962… Le decía que eran personajes “petulantes y malignos”; se aconsejaba que, por si acaso se desmandaban esos tipos insolente, había que tener las ventanas abiertas de par en par, pues son intrusos, casuales y divertidos, pero también “bichos verdes y húmedos”.
Cortázar, decía Aurora, sintió ante este libro y ante todos los que publicó “la misma alegría”; en la carta que le envía a Porrúa agradeciéndole que se haya decidido a publicarlo destaca la figura heroica del editor, capaz de poner “entre dos tapas” sus ocurrencias, esos personajes “sinvergüenzas y atorrantes” capaces de “bromas espantosas” que le van “a hacer la vida imposible”…
Los cronopios, decía la cortazariana Rosalba Campra, autora deCortázar para cómplices, nos llevó a ver el mundo de otra manera, de una forma precisamente cortazariana, “pues Julio es de los pocos autores que ha convertido su apellido en un adjetivo; como hay kafkiano, hay cortazariano”, y eso proviene de la capacidad que tuvo para hacer que lo que escribió se pareciera a los sueños que uno no se atreve a explicar y que él escribió con una magia que perdura. La profesora Mariángeles Fernández, cortazariana de la primera hora, no pudo estar en el acto, muy a su pesar, pero me envió unas notas: “¿Acaso alguien volvió a subir inocentemente una escalera o dio cuerda a un reloj en adelante sin recordar las Instrucciones del gran cronopio Cortázar? Claro, todos queremos ser cronopios pero también, afortunadamente, tenemos algo de famas y algo de esperanzas. De lo contrario siempre perderíamos los trenes y no llegaríamos nunca a las citas. El mundo quizá sería más divertido pero tal vez habría demasiados cronopios desorientados llorando en las esquinas”.
-
Julio Ortega y la innovación

Julio Ortega
Julio Ortega estuvo en Lima y presentó en la FIL Lima 2010 La imaginación crítica. Prácticas de innovación en la narrativa contemporánea, editado en Chile en la Universidad Alberto Hurtado. Es una revaluación del Boom Literario por parte de un crítico que siempre está atento a la novedad. Su mesa de “novísimos¨es célebre en la FIL Guadalajara y ahora, en la FIL Lima 2010, la repitió con tres autoras: Gabriela Alemán, de Ecuador, Katya Adaui y Rossana Díaz de Perú.
Justamente hablando de autores novísimos peruanos, destacando a Carlos Yushimito y Katya Adaui.
(…) para Ortega, los últimos actores ecuatorianos, venezolanos, argentinos, chilenos o peruanos tienen un aire de familia. “Todos ellos tienen los mismos sistemas de referencia —dice—. No son producto de una tradición nacional. Son autores que leen en otros idiomas, que dialogan con sus pares. Son más permeables porque tienen menos autoridades canónicas encima. La nueva generación tiene la ventaja de la libertad y eso es fundamental porque tienen más capacidad de opción. Sus preguntas son más pertinentes para definir su propia identidad, no regional sino transfronteriza”.
En el caso de los autores peruanos, sin embargo, el crítico percibe un cierto tono monocorde en el discurso: “Estuve hablando con muchos novísimos peruanos porque quería hacer una antología del nuevo cuento peruano, y los 30 textos que reuní eran todos muy parecidos. Todos prometen, pero todavía no hay entre los escritores jóvenes una voz propia”.
En ese sentido, Ortega destaca los cuentos de autores como Ka- tya Adahui y Carlos Yushimito, la primera por su gran trabajo de concentración y el segundo por su impecable prolijidad para escribir cuentos sobre el Brasil, país que el autor limeño nunca ha pisado. “Ambos prometen mucho”, añadió. Asimismo, el crítico señaló que, aunque han aparecido nuevas antologías y editoriales, el sistema de distribución que sostiene a estos autores no ha tenido aún el impacto necesario para mostrarlos.