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Rescatando a Clemente Palma

En el blog “Papeles Perdidos” Edmundo Paz Soldán participa de la sección Segundas Oportunidades, donde se rescata a Clemente Palma, el hijo de don Ricardo, el que criticó negativamente a César Vallejo, quien escribió cuentos fantásticos (la colección Cuentos malévolos es la más célebre), fue el alcaide de la literatura peruana de su tiempo y cayó luego en el olvido.
Dice:
A Clemente Palma (1872-1946) le tocó ser hijo de Ricardo Palma, lo más cercano que tiene la literatura peruana del siglo XIX a un autor fundacional. También tuvo, en 1917, la mala suerte de no gustarle un poema de Vallejo (llamó a sus versos “burradas más o menos infectas”). Así, Palma hijo se convirtió en una anécdota en la historia de la literatura latinoamericana. Sus Cuentos malévolos (1904), sin embargo, merecen ser más conocidos; son necesarios para entender el desarrollo del cuento moderno en el continente.
En los modernistas, la corriente decadentista era parte de un amplio espectro de opciones formales y temáticas; en Clemente Palma, el decadentismo aparece de una forma tan explícita, tan sin matices –quizás hay más humor negro que entre los europeos-, que uno podría pensar que lo que quería el hijo era simplemente estar lo más lejos posible del padre prócer de la patria. Puede que algo de eso haya, pero importa más que los Cuentos malévolos, con su ataque a las convenciones de la moral burguesa (el amor romántico, el tabú del incesto, el rechazo a la droga), su fascinación por lo macabro y su gran manejo del ritmo narrativo, están muy vivos hoy.
“Estoy contentísimo: mi buena Luty se muere”, escribe el misógino autor del diario encontrado en “Idealismos”, que presenta cínicamente sus acciones para librarse de su mujer como gestos paradójicamente necesarios para que así ella escape de su amor por él (“ese anodadamiento del alma de Luty”).‘Los ojos de Lina’, 'La granja blanca’ y 'La layenda del haschish’ son otros cuentos recomendables. Su Narrativa Completa fue publicada en el Perú en 2006, en una edición de dos volúmenes a cargo de Ricardo Sumalavia. Los interesados también encontrarán allí XYZ (1934), una tan interesante como fallida novela de ciencia ficción.
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¿Qué es el “steampunk”?

teclado steampunk
La ciencia ficción entra con fuerza en el mundo editorial español. Muchos autores empiezan a escribir dentro de ese género, además de admirar a los maestros. Pero además del género, hay sub-géneros y estilos diversos, que incluye un merchandising alucinante, como lo descubro por una nota en El País por Carmen Mañana. Por ejemplo, ¿alguien sabe lo que es el steampunk?
Dice la nota:
“Desarrolla la idea de futuro que se tenía en la época victoriana. Asumiendo que sería la máquina de vapor la que impulsaría la tecnología, ya que no contempla la existencia ni de la electrónica ni de la informática”. Así define el steampunk (punk de vapor) Félix J. Palma,autor de la Trilogía victoriana, una de las primeras sagas en castellano catalogadas bajo esta etiqueta. Un subgénero de la ciencia ficción surgido a finales de los ochenta en Estados Unidos y que hoy se abre paso en España impulsado por títulos como Leviathan, de Scott Westerfeld, y transformado en movimiento cultural. Porque aunque su origen sea netamente literario y hunda sus raíces en la obra de Julio Verne, H. G. Wells o Mary Shelley, debe casi todo su peso como tendencia a un creciente corpúsculo de seguidores que traslada esta filosofía retrofuturista hasta su armario y la tecnología que maneja. Defensores de una suerte de estética híbrida entre la corte eduardiana y El gabinete del doctor Caligari de la que surgen ordenadores con teclas de máquina de escribir o corsés mecánicos.
De hecho, los makers (fabricantes), que confieren el aspecto propio de un artilugio de la segunda revolución industrial a los gadgets del siglo XXI son los verdaderos adalides de un fenómeno poliédrito en el que la producción editorial es solo una de sus caras.
Reverso cándido del ciberpunk, “el género steampunk surge en la misma época década de los ochenta y busca también ser una respuesta crítica a la sociedad hipertecnológica y posmodernista, protestar ante esa sensación de que cada vez estamos más dominados por la tecnología y no al revés. Pero mientras el ciberpunk muestra un futuro apocalíptico y sin esperanza, el steampunk vuelve a una época positivista comprendida entre 1850 y 1910 donde la ciencia todavía no tenía connotaciones negativas y todo era posible”, explica Elisabeth Roselló, creadora de uno de los primeros blogs especializados (Steampunk y otros retrofuturismos) y comisaria de la exposición Steampunk que acoge actualmente el Museo de las Ideas y los Inventos de Barcelona (MIBA).