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David Mitchell reseñado

David Mitchell
Pronto aparecerá en España, en las ediciones Duomo, el libro de David Mitchell Los mil otoños de Jacob de Zoet. Edmundo Paz Soldán ha seguido la obra de Mitchell y dice, sin apuro, que no le quedan dudas de que estamos ante “el más complejo, el más interesante” narrador inglés contemporáneo.
La reseña aparece en “La Tercera” y se reproduce en El Boomerang:
Hace una década cayó en mis manos una reseña de A. S. Byatt a una novela de un joven escritor inglés. La reseña me interesó lo suficiente como para leer la novela. Se llamaba Ghostwritten y el autor, David Mitchell. Luego leí, fascinado, Cloud Atlas y Black Swan Green (tengo pendiente Number9 Dream). Después de leer su última novela, Los mil otoños de Jacob de Zoet, que será publicada en los próximos meses por la editorial española Duomo, no me quedan dudas: entre los escritores ingleses contemporáneos, Mitchell me parece de lejos el más interesante, el más complejo, el más capaz de tender un puente entre la necesaria renovación de la novela y la recuperación de sus tradiciones más notables.
Mitchell se reinventa con cada nuevo proyecto. Ghostwritten y Cloud Atlas son novelas con impresionantes estructuras narrativas, ambiciosos juegos de pirotecnia postmodernista en los que la forma dialoga de manera sustancial con el contenido.Los mil otoños es, como Black Swan, una novela más tradicional, más fácil de fijar entre los subgéneros conocidos. Pero Black Swan, la más autobiográfica de Mitchell (su personaje principal es un adolescente de trece años que tartamudea como él), está ambientada en la Inglaterra de los años ochenta; Los mil otoños es, en cambio, una novela histórica en el sentido más clásico del término.
Lo interesante en este caso es ver qué hace con Mitchell con la novela histórica. Y lo que sorprende es que, pese a todo el arsenal de recursos de que dispone, decide no reinventar la pólvora. La novela funciona porque funcionan los viejos recursos de la creación de una atmósfera original, de personajes complejos, de una historia que atrapa, de un mundo que está aparentemente muy lejos pero que puede decir mucho de nosotros. Los mil otoños está ambientada en el Japón de entre los siglos XVIII y XIX, un país cerrado a los extranjeros que, para negociar con ellos, ha creado Deshima, una isla artificial en el puerto de Nagasaki. La isla es pequenísima –ciento veinte por setenta y cinco metros–, y está a cargo de ella una compañía holandesa. A Deshima llega Jacob de Zoet, un joven y honrado contador de un grupo supuestamente encargado de limpiar las finanzas corruptas de la isla. Pero Jacob descubre pronto que no es fácil luchar contra la corrupción.
La novela comienza lentamente: hay que pagar el peaje de una buena cantidad de páginas para acceder a este mundo hermético. Todo se acelera cuando Jacob se enamora de Orito, una japonesa estudiante de medicina con el rostro desfigurado. Cuando Orito es entregada por su familia a un templo en las montañas, en el que el abad organiza siniestros rituales sintoistas para asegurar la inmortalidad de sus miembros, lo extraño se convierte, si cabe, en algo aun más extraño. Ese templo pertenece al linaje notable de la literatura inglesa, especializada en narrar la vida en residencias confinadas en las que sus miembros se ven sometidos a reglas arbitrarias (dos de sus representaciones contemporáneas más destacadas son la serie de Harry Potter, y Nunca me abandones, de Kazuo Ishiguro, novela con la que esta sección de Los mil otoños tiene una peculiar afinidad).
Mitchell ha dicho que quería escribir una novela verdaderamente bicultural y lo ha logrado. Como en Cloud Atlas, impresiona su capacidad para encontrar el lenguaje adecuado para sus personajes, sean estos nobles japoneses o marineros holandeses. En la interacción entre culturas incapaces de entenderse del todo encontramos el diálogo de la novela con el presente: todo gira en torno a nuestra dificultad para traducir aquello que nos es ajeno. En eso, Los mil otoños es sutilmente metaliteraria: varios personajes centrales son traductores, y Jacob deberá aprender por su cuenta el japonés -está prohibido enseñarlo a los extranjeros– para poder traducir el mensaje en el corazón de la novela. Traducir cuesta, y en lo que tarda uno puede perder el amor de su vida o lograr, al fin, la justicia ansiada.
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Knockemstiff

carátula de la novela
Si hay un título extraño es el de Knockemstiff, el título del libro de cuentos de Daniel Ray Pollock al que Edmundo Paz Soldán, en su reseña en Babelia y en su blog en el Boomerang, califica de “magistral”. Con traducción de Javier Calvo, el libro ha sido traducido al castellano por la editorial Libros del Silencio. El prólogo, por cierto, lo escribe Kiko Amat. Pueden leerlo acá.
Dice la reseña:
Para hablar de Knockemstiff, el magistral libro de cuentos de Donald Ray Pollock, se han mencionado nombres muy diversos: Sherwood Anderson, Denis Johnson, Chris Offut. A esos nombres hay que agregar el de Daniel Woodrell, el autor deWinter’s Bone, aunque para narrar sus cuentos de perdedores Pollock tiene más humor. En el pueblo de Knockemstiff, en una desolada zona rural de Ohio, sus habitantes white trash no tienen más vías de escape que el alcohol, el sexo y las drogas, sobre todo las drogas: meth, speed, crack, crank, anfetaminas, todo sirve para soñar con escaparse a California y dejar atrás una vida miserable. Pero no: el lugar pesa más, como si se tratara de una maldición, y nadie puede salir de él por mucho tiempo. Pollock es un maestro para agarrar al lector desde la primera línea del cuento: “Mi padre me enseñó a hacer daño a la gente una noche de agosto en el autocine Torch cuando yo tenía siete años” (“La vida real”); también lo es para terminar el cuento con una imagen que abre el texto en múltiples direcciones. Los personajes de un cuento reaparecen en otro, con lo que queda la sensación de que se nos ha contado la historia de una familia, de todo el pueblo. Y por ahí desfilan un vagabundo retardado que ve a un chiquillo llamado Truman teniendo sexo con su hermana de doce años en Dynamite Hole, y Bobby y Frankie, dos adolescentes que se roban anfetaminas para venderlas para terminar colocados con ellas, y Jimmy y su amigo, que aspiran Bactine en una bolsa de plástico para, con los ojos rojos mientras cae la nieve, poder ver algo que no han visto antes. Pero ya todo ha sido visto, y no queda más que repetir de manera determinista los errores de los padres y de los tíos. La magia de Pollock consiste en lograr que, pese a que en ningún cuento hay redención posible, no sintamos nunca que el autor está siendo repetitivo. Sabemos lo que nos espera, y aun así nos sorprendemos. La traducción de Javier Calvo es impecable.
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El álbum limeño de Eñe

repartiendo programas

Julio Villanueva, Edmundo Paz Soldán y Alan Pauls

Wáshington Cucurto

Andrés Neuman
Se terminó el Festival Eñe en Lima. Muchos vuelos salieron anoche del aeropuerto de Lima llevándose con ellos a escritores de distintos países, hacia distintos rumbos. Quedan las fotos del Festival, que se irán actualizando poco a poco.
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Edmundo Paz Soldán en Lima

Edmundo Paz Soldán
Edmundo Paz Soldán está en Lima para el Festival Eñe y, de paso, ha presentado dos libros suyos. Una reedición de sus cuentos Amores Imperfectos, con Estruendo Mudo, y la edición en Mondadori de su nueva novela Norte, que hoy presenté en la recién estrenada librería Ibero de Comandante Espinar junto a Enrique Sánchez Hernani.
En “La República” entrevistan a Edmundo sobre Norte:
El tema de la violencia de las grandes urbes, la psicopatía, parece seducir al escritor boliviano como un problema que asombra y preocupa, tanto que se ha constituido una trilogía en su narrativa. Así se aprecia en Los vivos y los muertos o en su reciente novela, Norte. Las escenas son violentas: un escolar repentinamente saca un arma y dispara contra sus compañeros y profesores.
En Norte, Jesús, un muchacho mexicano, abandona el colegio y se une a una pandilla, y allí, a más crímenes, más importante se cree.
“Describo otra vez la violencia en los EEUU y toca mucho mi experiencia personal como inmigrante, cuando descubrí que el sueño americano es un mito que no funciona. Es pesadilla americana”, dice el escritor.
“Jesús, el personase principal –agrega–, está basado en un personaje real: el mexicano Ángel Maturino, que se convirtió en el Railroad Killer, el psicópata más buscado por el FBI”, explica el escritor.
–¿Retrata la violencia que se tiene contra los inmigrantes?
–También retrata el desarraigo, extravío de los inmigrantes, la pesadilla de vivir lejos, pero claro, la xenofobia y la ansiedad de violencia que le provoca a los gringos la presencia de inmigrantes.
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Los 75 años de Mario Vargas Llosa

cumpleaños de vargas llosa
Hoy cumple 75 años Mario Vargas Llosa, y además del pastel de cumpleaños y los saludos multiplicados después del Nobel, recibirá un número de la revista española Turia especialmente dedicado a él.
La nota en La República:
El premio Nobel de Literatura 2010, Mario Vargas Llosa, recibió un homenaje de 24 escritores latinoamericanos a través de un reconocimiento en la edición de la revista “Turia”.
Hoy lunes, al cumplir 75 años, el escritor peruano recibió este importante reconocimiento intelectual de un grupo de destacadosescritores procedentes de diversos países y universidades.
La revista Turia publicó textos inéditos de importantes escritoresJavier Cercas, Jorge Volpi, Rodrigo Fresán, Alberto Fuguet, Iván Thays, Juan Carlos Méndez Guédez, Edmundo Paz Soldán, Juan Gabriel Vásquez, Eduardo Halfon, Leonardo Valencia, Carlos Cortés y Mayra Santos-Febres y Jorge Eduardo Benavides.
Mario Vargas Llosa agradeció esta iniciativa de la publicación turolense facilitando el texto ‘Breve discurso sobre la cultura’, ensayo sobre la actual situación de encrucijada que vive la cultura y que escribió en 2010.
Turia es una revista de periodicidad cuatrimestral que lleva 28 años de trayectoria y fue galardonada con el Premio Nacional al Fomento de la Lectura, España.
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“Norte” de Edmundo Paz Soldán

carátula de la novela
La novela Norte de Edmundo Paz Soldán apareció el viernes 18 de marzo en España y se presentará pronto en Madrid. Además, Edmundo será parte del Festival Eñe en Lima, así que podrán verlo a mediados de abril por acá, aunque habrá que esperar a que su novela la traigan a Lima los distribuidores de Mondadori.
En el blog de Edmundo Paz Soldán en “El Boomeran(g)” aparece la contratapa de la novela. Al parecer, es una novela de fronteras e inmigrantes y viene con epígrafe, cómo no, de Yuri Hererra. Dice la contratapa:
Los personajes de Norte permanecen extraviados en el cruce de mundos y fronteras que caracteriza a nuestra época. La novela comienza en 1984 en el norte de México con Jesús, un adolescente obsesionado por su hermana que, con los años, se irá convirtiendo en el Railroad Killer, un psicópata en la lista de los más buscados del FBI. Luego pasamos a la California de 1930, en la que Martín Ramírez, un inmigrante indocumentado, está a punto de ser enviado a un psiquiátrico en el que se convertirá en uno de los grandes pintores autodidactas del siglo XX. La narración salta entonces a Texas en la primera década de este siglo, y se enfoca en Michelle, una joven que debe lidiar con su vocación de dibujante y guionista de comics, y con una tortuosa relación con uno de sus profesores. Tres destinos separados por el tiempo y el espacio pero interconectados por la violencia, el desarraigo, la creación y la locura. Una mirada ambiciosa y compleja a la forma en que Estados Unidos está siendo reinventado por los nuevos inmigrantes latinoamericanos.
Además, en este enlace pueden leer dos primeros capítulos del libro.
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Se viene el Festival Eñe en Lima

Fernando Iwasaki ante la tumba de César Vallejo. Foto: Daniel Mordzinski
Falta menos de un mes para que empiece el Festival Eñe (del 13 al 16 de abril), que la revista española celebra en distintas ciudades de Latinoamérica. El primero fue en Montevideo, el año pasado, donde estuve y pude ver a autores como Ricardo Piglia y la última presentación pública de Fogwill, además de narradores como Edmundo Paz Soldán, Yuri Herrera, Martín Caparrós o Agustín Fernández Mallo. ¿Quiénes vendrán ahora?
Uno de ellos es Fernando Iwasaki. Y así lo anuncia la revista Eñe.
Fernando Iwasaki no para. Escribe, viaja, publica libros, ensayos, artículos de crítica literaria y columnas de opinión. Dirige la Fundación Cristina Heeren de Arte Flamenco y la revista de literatura Renacimiento. Ve fútbol y habla sobre fútbol. Recibe a los escritores y amigos que llegan a Sevilla, la ciudad donde vive desde 1989. Es jurado de premios de cuento, ensayo y novela. Y, como si todo esto fuera poco, es a menudo invitado (con una frecuencia que asustaría a su médico) a presentar no solo libros de otros escritores, sino obras de creadores tan distintos como músicos y sacerdotes.
Justamente de esto va Arte de introducir, su libro más reciente (acaba de salir de la imprenta, vaya), una selección de sus presentaciones a más de treinta escritores y personalidades de España y América Latina.
En ese libro encontrarás ensayos introductorios a las obras de Mario Vargas Llosa, Enrique Vila-Matas, Antonio Muñoz Molina, Jorge Edwards, Fernando Savater, Ernesto Sábato, Javier Marías, Santiago Gamboa, Jorge Volpi, Rosa Montero o Andrés Neuman, y de otras figuras como Paco de Lucía, Luis Eduardo Aute o monseñor Corrado Balducci, exorcista del Vaticano.
Por eso también, cuando le pedimos que nos enviara su lista de «cinco algo» para la web de Eñe, eligió Cinco recomendaciones para presentar a otro escritor, tema del que es un experto, y que puedes leer pinchando aquí.
Iwasaki viajará de Sevilla a Lima, la ciudad en la que nació en 1961, como parte de la delegación de escritores que llegarán desde fuera para participar en el Festival Eñe que se celebrará allí exactamente dentro de un mes, del 13 al 16 de abril. Así que, generoso como es, además de sus cinco recomendaciones, también nos ha sugerido cinco títulos de otros tantos narradores peruanos que todavía no han sido publicados en España:
1. Las pruebas del fuego (1999), de Peter Elmore (Lima, 1960).
2. Crónicas del argonauta ciego (2002), de Carlos Herrera (Arequipa, 1960).
3. Kilómetro cero (1995), de Jaime Bedoya (Lima, 1965).
4. Camino de Ximena (2002), de Santiago del Prado (Lima, 1968).
5. Puesta en escena (2002), de Enrique Planas (Lima, 1970).
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El año del realismo (o de Franzen)

Jonathan Franzen cómodo en su año
Sin duda, el 2010 ha sido un año marcado por la publicación de Freedom, la novela de Jonathan Franzen. No solo ha sido mencionada por la mayoría de listas literarias anglosajonas (suponemos que cuando se traduzca lo será en las listas en castellano) sino que ha sido la excusa para muchísimas discusiones literarias. Las más importantes de ellas tiene a la necesidad (o posibilidad) de volver al realismo decimonónico como manera de recuperar el poder de la novela.
Así lo explica muy bien Edmundo Paz Soldán en su último post en el Boomerang:
En los Estados Unidos, la novela es hoy más un entretenimiento sofisticado que el vehículo de crítica cultural que fue en manos de Roth, Bellow y compañía. Elestablishment literario neoyorquino sueña con una novela -y un novelista- capaz de reinventar la forma para este nuevo siglo (por eso, quizás, la manera redentora en que se recibió la obra de Roberto Bolaño); como no existe ese escritor, queda la nostalgia por aquello que la novela alguna vez fue. Franzen no abre la novela hacia el futuro; más bien muestra que se puede escribir un gran libro en pleno siglo XXI con todo el arsenal de trucos y estrategias narrativas desarrolladas por la novela europea del XIX. Se puede jugar a ser enorme con Tolstoi y Flaubert de la mano y dejando de lado a Joyce y Faulkner y Kafka.
En la Revista Ñ aparece una entrevista de Matilde Sánchez al hombre del momento, donde habla del realismo y la novela clásica como una toma de posición. Es una nota extensa, estupenda, una verdadera crónica sobre Franzen y su vida de yuppie literario, a la que se agrega su deseo de atacar algunos enemigos literarios con el desdén y la soberbia que ya le conocemos.
Dice la nota:
El departamento donde Franzen vive, en el Upper East side, en lo mejor de NuevaYork, (“¿qué más se puede pedir?”) es de un estilo cool sin exagerar, un retrato aproximado de su dueño. A diferencia de la mayoría de los novelistas hoy, él tiene posiciones tomadas y da la impresión de sufrir un poco de más. Pero no se ha convertido en un opinador marmóreo. Es una rara avis, un escritor sin pose que ni siquiera busca agradar diluyendo sus opiniones en ironías ingeniosas. Es muy alto y delgado, con un aspecto collegeinvariable, y tiene ese aire entre absorto e inhibido de los miopes, parapetados tras los anteojos–o bien los binoculares para el avistaje. Aunque Freedom tiene un episodio en un resort patagónico y una escena de grotesco en Paraguay, solo conoce Ecuador y Bolivia por los pájaros. Militante en temas ambientales, conoce América Latina por la conservación de las aves más que por sus autores, de lo cual se disculpa. “Estoy cada vez más comprometido con la preservación de la fauna, en la fundación American Bird Conservancy. En Bolivia estuve en las reservas que administra la fundación Armonía”.
Más allá de los pájaros, cree que el doble período de G. W. Bush fue “una desgracia” y que “éstos son años de oscuridad”.Continúa publicando sus ensayos –periodísticos o bien intimistas y autobiográficos–, en la revista The New Yorker. Por estos días viaja a Chile para uno de sus artículos.
Esta conversación tuvo dos ocasiones: la primera, en la Pascua de 2009 y en su piso de N.Y. Acababan de salir en castellano los ensayos de Zona fría y él intentaba retomar su novela tras el suicidio de uno de sus mejores amigos, el brillante novelista David Foster Wallace, quien padecía una depresión crónica. La segunda instancia fue telefónica, en los días previos a esta Navidad y en su casa decampo en California. Pertenecen a ésta las preguntas relacionadas con su última novela.
Freedom despliega algunas nociones clave de la idiosincrasia estadounidense, la competencia y la libertad, desde su lugar central en la utopía del Estado americano hasta sus empleos más cínicos. En su novela, ambos resultan incompatibles con la familia. A ellos les cuesta mucho más sacrificarse que en otros tiempos.
Y a mí me cuesta muchísimo hablar de la libertad en abstracto… Hay una dimensión muy cruda de la libertad en el sistema de consumo expuesto salvajemente en mi país. Se afirma que la única libertad que nadie puede quitarte es la de elegir entre numerosas variedades de un mismo producto. La libertad que maneja Hegel, que empieza en la necesidad, es completamente distinta. Yo deploro la idea superficial de libertad empleada para vendernos cosas, o usada para publicitar una mala política exterior. El epítome de esa libertad es el automóvil, centro de la cultura estadounidense que nos esclaviza y símbolo supremo de las elecciones. La tecnología digital puede ser su prolongación. Pero si uno mira la vida real de la gente, la ve oprimida y atrapada por esas decisiones y esos bienes supuestamente liberadores. Cuando uno analiza esa forma espuria de la libertad, ve que el primerísimo factor que la obstaculiza es la familia. Estamos esposados a una familia, es lo único que no elegimos. Eso duele, claro, porque hoy todos tenemos el impulso adolescente de ser libres de reinventarnos cómo se nos ocurra y la familia nos plantea un obstáculo y una frustración.
¿Diría que la tecnología nos hace más infantiles, como dice Don DeLillo?
Tal vez. Por ejemplo, aunque los padres estadounidenses son proclives a sentirse “pares” de sus hijos, el lugar de los padres es ineluctable: la persona está sobredeterminada biológicamente a actuar como el mayor. Es un buen ejemplo de cómo la familia es un estorbo a este concepto tan radical de la libertad en nuestro capitalismo de alto consumo. Yo mismo me río y me encojo de hombros cuando me sorprendo actuando como el adulto que soy.
(…)
Le llevó casi siete años concluir ésta; hoy no hay presente que dure tanto.
Así es; ¡cada novela me lleva un promedio de “dos administraciones”!
La repuesta de la hora es la contraria: una ráfaga de novelas breves, a razón de una por año, a fin de estar siempre entre las novedades y garantizar un continuo de prensa.
La novela larga probablemente tenga mucho que ver con mis preferencias de lector. Cuando me gusta un libro y lo paso genial, no quisiera que acabe. Y además, como novelista soy un convencido deque la perspectiva de una persona sola siempre es insuficiente y que la superioridad de la novela consiste en que permite descomponer una misma historia desde innumerables ángulos. Esto no es tan fácil de lograr en un cuento o en una película de una hora y media.
Esa es la definición de la novela clásica de inmersión; casi una novela rusa… En su libro hay referencias directas a Guerra y paz, de Tolstoi.
Siempre voy a las grandes novelas del siglo XIX como uno de los modelos más aptos. Me encanta sumergirme y volver laspáginas, empezando con Dostoievsky y siguiendo con Proust, Thomas Hardy y Faulkner. Algunas novelas de Bellow lo logran también. Soy un fanático de William Faulkner, el tipo que estuvo en el momento justo y en el sitio indicado para crear esos libros increíbles. Aunque estén enraizados en el pasado, en los personajes de Faulkner siempre aparecen las ansiedades contemporáneas sobre la clase social, la cuestión racial y la sexualidad con una modernidad impresionante. En los alemanes modernos, todas las cuestiones psicológicas, esamateria profunda, sale a la superficie. Me interesan esos modelos paradescribir el paisaje social. Y lo hago porque puedo y me divierte mucho, noporque me proponga ser espejo de la realidad. D.H. Lawrence, por ejemplo, noestá entre mis favoritos: él se acercaba a esa materia innombrable, tanteaba el camino, pero no lo hacía con humor. Quizá era demasiado sincero, ¿no? La ficción se volvió profunda con ellos.
Pero esos autores no pertenecen al mismo conjunto.
Lo siento pero ese es el lector que soy. Me encantaría combinar la psicología profunda y el efecto perturbador de Kafka,por ejemplo, con una actitud más apolínea y seductora, al estilo Tolstoi, en una prosa sin esfuerzo como la de Scott Fitzgerald en El gran Gatsby – ¡la novela de tus sueños!
(…)
Ante un panorama de aclamación casi general, aparecieron algunos comentarios delirantes, que reclamaban que Freedom no se ocupa de la religión.
Mi objetivo no es ser amado por todos sino conseguir que se vuelva a hablar de libros y novelas apasionadamente. En ese sentido, me parece un signo vital que haya disputa y desacuerdo.
Ha sido un observador muy atento de los cambios en la lectura. Dijo que uno de los desafíos de los autores hoy es crear ficciones atrapantes.
Pero, en efecto, es una época en que los novelistas ya no podemos dar al lector por sentado. Si estamos de acuerdo en esto, podemos asumir dos posiciones: desestimar olímpicamente al lector, pensar “soy un artista y estoy cada vez más comprometido con mi arte”, o bien agudizarla imaginación para involucrarlo en nuestras historias. Sin duda, la gran ventaja de los EE.UU. es la dimensión del mercado y su capacidad económica. Quiero decir, esto nos permite a los escritores pergeñar libros innovadores y aún conseguir una masa respetable de lectores, que además pueden pagar lo que cuesta el libro. Si entre el 10 por ciento y el 1 por ciento de la población en edad de leer compra tu libro, está más o menos resuelto. Pero cuando voy a Europa en gira y menciono esto, me siento un escritor vendido, un tipo al que le interesa más el dinero que la literatura, cuando no es así… Al mismo tiempo, soy consciente, al examinar la historia de la lectura, de que ésta es una distinción muy nueva. Hace cien años no existía la figura del escritor “vendido”. No existía para Charles Dickens ni para Dostoievski; por entonces, solo existían los escritores. Pero me temo que, si queremos que la novela siga siendo una forma artística viva, fatalmente nos confrontamos con estas cuestiones y debemos darles una respuesta particular. La vanguardia fue y es formidable pero hoy estoy convencido de que no alcanza paraque el proyecto de la novela siga vivo y potente, sino que se convierte en una forma artística muerta.
Fue un poco alucinante que, cuando la revista Time lo publicó en la tapa, en agosto, la contratapa fuese… ¡un aviso del libro electrónico Kindle! Uno se pregunta qué fue primero, si el aviso del libro electrónico o el artículo.
Más perturbador todavía era ver el aviso de esa tapa en los iPads…; el vértigo, directamente. Pero no hay que perder de vista que Internet siempre está atrasada respecto de la realidad; la television también. Es uno de los malentendidos de esta época. Lo que realmente se adelanta a su tiempo es siempre la literatura –precisamente porque no está pendiente de la basura televisiva–.
¿Piensa en autores como James Graham Ballard o Philip Dick?
No precisamente, mi temperamento es hostila los futuristas… No estoy obsesionado con el futuro, al estilo Dick –un radar interesante como él no necesariamente produce novelas geniales sino libros de los que salen buenas películas–. A mí lo que me interesa es la experiencia del ser humano en la actualidad. Para describirla e indagar enella, me temo que no hay mayor autoridad que el escritor y el poeta. Una persona que se pasa catorce horas enchufado a Internet no es alguien cuya opinión me resulte interesante.
(…)
¿Cuál es su relación con Internet?
Internet opera tan al minuto que no datiempo a pensar. Nunca vi una obra de arte superior salida de Internet, sino piezas que son colaterales o derivadas de algo genial que se gestó fuera de la red. Nunca crea algo a partir de la nada, sino que crea a partir de pequeños retazos de un montón de cosas. Lo que no quiere decir que no emplee Internet. De hecho, en 2008, debido a la campaña pro Obama, estuve bastante adicto al blog de un supermatemático y sus cálculos estadísticos. El analizaba lasproyecciones de cada estado ¡actualizadas dos veces por día! Pero a la vez,este matemático tan sofisticado también parasitaba la información generada endiversas instituciones: ¡Internet no fabrica nada! Es otra distracción, un mecanismo que fragmenta la vida de la gente y le impide concentrarse por sobreestimulación. Es como la Coca-Cola, un hábito que engorda, te pudre los dientes y ni siquiera alimenta. A mí me preocupa cómo construir un libro que la derrote. Hoy tenemos el imperativo, como nunca, de crear historias atrapantes. La adhesión del lector ya no es automática; debemos encontrar procedimientos para recrear nuestro oficio obsoleto.
Son conocidas sus peleas con la generación que lo precede. Recuerdo su furia cuando el inglés Ian McEwan dijo que en los Estados Unidos ya no quedaban autores “serios”, salvo Philip Roth.
No soporto la pretendida honradez moral delos autores llamados “serios”. Hay literatura popular extraordinaria y literatura seria muuuy pesada. Ian McEwan puede ser considerado un autor serio, o Coetzee… Updike nunca me gustó. La moral es algo tan importante que uno no debería ponerse serio en ese asunto. Ante la moral, es mejor asumir un espíritu juguetón. Pensemos en Alice Munro, mi escritora viva favorita; sus personajesno se conducen con corrección pero ella no los juzga. Y cuando me gusta unescritor, me gusta todo lo que escribe. Hace poco releí El teatro de Sabath, de Roth, me gustó a pesar de que me saltée unas cuarenta páginas… El libro suyo que más me gustó fue Goodbye, Columbus, o El lamento de Portnoy. Es decir, los primeros. Es un buen signo cuando todos los amigos que uno encuentra por ahí prefieren una novela suya distinta… Roth es un escritor bastante malo que, no obstante, consigue ser una figura heroica. Me irritaría que le dieran el Nobel por su escaso valor artesanal pero de algún modo se lo merece. Falla en los principales méritos del novelista: no sabe crear personajes salvo a él mismo yes un dialoguista penoso. Pero una vez que se pone en marcha llega a lugares insospechados, hasta el heroísmo. Siempre mantiene el humor, y eso está bien. ¡Que le den el Nobel, después de todo!
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Primer Premio Anual de Narrativa Las Américas

Premio Internacional en Puerto Rico
El Primer Premio Anual de Narrativa Las Américas acaba de ser inaugurado, con miras a convertirse en uno de los más importantes premios a obra editada en castellano durante el año. La nota de prensa anuncia plazos y al Presidente del Jurado, Edmundo Paz Soldán. El premio se entregará durante el Festival de la Palabra en mayo del 2011.
Dice la nota:
La organización del festival de la Palabra acaba de nombrar a los ocho miembros del jurado del primer Premio anual de Narrativa Las Américas, auspiciado por Plaza Las Américas y Fundación Funalledas en alianza con otras fundaciones. El presidente del jurado será el escritor boliviano Edmundo Paz Soldán; las identidades de los otros miembros se mantendrán en secreto. Este premio aspira a un rol protagónico en el panorama de nuestras narrativas.
Nace en Puerto Rico, pero quiere abarcar a todo el territorio de la Mancha. Modelado en el premio Salambó, el premio Las Américas será otorgado al mejor libro de narrativa –novela, cuento, crónica, novela gráfica, etc– publicado anualmente en los países de Iberoamérica y sus diásporas. El jurado estará compuesto por escritores de prestigio pertenecientes a las nuevas generaciones de la región. Es un premio de escritores para escritores.
Otras características importantes del premio: atendiendo a los principales idiomas de Puerto Rico, las obras podrán ser en español e inglés, publicadas entre el 1 de enero y el 31 de diciembre del 2010; el monto anual se establece en 25.000$us; en marzo del 2011 se hará pública la lista de finalistas, y el premio será anunciado en San Juan en mayo del 2011, en el transcurso del segundo Festival de la Palabra.
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Lo nuevo de Eggers

carátula del libro
Qué pena no haber leído antes esta reseña, pues dejé pasar la novela en librerías. Edmundo Paz Soldán ha comentado para “Babelia”, y lo he replicado en su blog, la nueva obra de no ficción de Eggers Zeitoum, editada por Mondadori. Una novela con el huracán Katrina.
Zeitoun redime a Eggers de un guión tan pretencioso e indulgente como el de El mejor lugar del mundo; es su mejor libro desde el sublime Una historia conmovedora, asombrosa y genial. Hay libros que cuentan de manera más detallada lo que significó el huracán Katrina; ninguno ha logrado el registro íntimo y confesional de Zeitoun. Eggers se centra en la historia de Abdulrahman Zeitoun, un inmigrante sirio, y su esposa Kathy. Cuando está a punto de llegar el huracán, Kathy decide evacuar Nueva Orleans con sus cuatro hijos; Zeitoun, terco como siempre, decide quedarse.
Eggers se mueve con soltura del mundo doméstico y ansioso de Kathy, al enfrentamiento épico de Zeitoun con Katrina. Cuando pasa el huracán, Zeitoun, que se ha guarecido en el segundo piso de su casa inundada, recuerda que tiene una canoa en el garaje, y sale en ella a recorrer el “nuevo mundo”. Gracias a la canoa, Zeitoun, un musulmán muy religioso que siempre se ha sentido destinado para grandes cosas, podrá ayudar a sus vecinos. Hay momentos de gran poesía: cuando la canoa de Zeitoun golpea las antenas de los coches sumergidos en el barrio, o cuando se encuentra en un parque con tres caballos salidos de quién sabe dónde. También están los aullidos incesantes de los perros dejados atrás por sus dueños. Esos aullidos condensan el impacto emocional del huracán.
La última parte del libro es kafkiana: Zeitoun, confundido con un ladrón, es arrestado por la policía. En una ciudad con un sistema administrativo deshecho, Zeitoun pasará un mes en una cárcel improvisada en la estación de buses. Los soldados creen que pertenece a Al-Qaeda, y él comienza a asustarse: después del 11 de septiembre, esas cosas también pasan en los Estados Unidos. Zeitoun, humillado, se vuelve más humilde, pero eso no le impide perder su optimismo: es un buen hijo de su patria adoptiva.
Son muchos los méritos de Eggers en Zeitoun: haber logrado unir los dos grandes traumas norteamericanos de la década pasada (el 11 de septiembre y Katrina); contar una historia de gran alcance social sin perder de vista la microhistoria del individuo. Balzac decía que la novela es la vida privada de las naciones; Eggers demuestra que la no ficción a veces puede contar esa vida privada mejor que las novelas.
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El boom de la narrativa boliviana

La nueva narrativa boliviana empieza a ser leída fuera
Hubo un tiempo en que, más allá de algunos nombres que sonaban esporádicamente, el cupo de la narrativa boliviana lo ocupaba exclusivamente Edmundo Paz Soldán. Pero parece que ya no es así. Y él mismo es el primero en dar el clarín de alerta. “La narrativa boliviana está atravesando por un muy buen momento” dice Paz Soldán refiriéndose a la generación de autores que han aparecido en ese país en los últimos años. Y para demostrarlo da no solo nombres sino algunos comentarios de autores chilenos, como Alvaro Bisama o Andrea Jeftanovic, sobre la nueva narrativa en Bolivia. Y se permite una explicación sociológica, incluso.
El artículo se publicó en La Tercera y también se reproduce en El Boomerang:
No se trata sólo de que algunos autores del siglo pasado están comenzando a circular, sino de que su nueva generación, aquella conformada por escritores nacidos en las décadas del setenta y del ochenta, ha irrumpido en el escenario con una fuerza sorprendente. Para que los autores de un país latinoamericano sean leídos por sus vecinos, el largo viaje pasa en general por España: Giovanna Rivero (1972), Maximiliano Barrientos (1979) y Rodrigo Hasbún (1981) ya han publicado o están a punto de publicar en reconocidas editoriales independientes (Bartleby, Periférica y Duomo, respectivamente).
Curiosamente, en un momento en el que Bolivia atraviesa una revolución político-social bajo el gobierno de Evo, la mayoría de estos escritores ha escogido darle la espalda a la tradición de la novela política, del gran fresco social. Sus textos suelen ser intimistas, y trabajan en detalle la subjetividad de sus personajes. Esto ha provocado que algunos críticos apurados los llamen narcisistas, o, en el caso de Rivero, se asombren ante la exploración sin vueltas del deseo femenino. A mí se me ocurre, sin embargo, que el gesto aparentemente apolítico de estos escritores es profundamente político: en un momento de profundas transformaciones históricas en las que prima la experiencia colectiva, estos escritores se han puesto a indagar en el territorio frágil del yo. En un país pudoroso, en el que la gente es poco dada a hablar de sí misma y cuesta dar validez a la aventura personal, narrar los pequeños temblores de la intimidad puede ser más riesgoso que escribir una novela sobre el triunfo de los movimientos sociales.
En el fondo, como dice el escritor chileno Álvaro Bisama, estos escritores escriben contra todo: “contra Bolivia pero también contra McOndo y contra el Boom”. Se trata de una narrativa sobre “la crisis de los lugares comunes de la narrativa en español más actual”. Bisama destaca algunos libros, entre ellos Los daños, de Barrientos y El lugar del cuerpo, de Hasbún (“Me siento cada vez más cercano a esos paisajes miniaturizados, a esas calles vacías”). La escritora Andrea Jeftanovic, por su parte, da otro par de títulos: Sangre dulce, de Rivero, y Vacaciones permanentes, de Liliana Colanzi (1981), y acota: “los textos de Rivero tienen un interesante manejo de lo erótico y una exploración de la adolescencia como espacio de crisis con mezclas a veces de gore o género negro. Vacaciones permanentes tiene una solvencia para indagar también la adolescencia y la juventud con esa desolación y descubrimiento de una adultez que se llena de grietas antes de llegar”. Diego Zúñiga, autor de Camanchaca y crítico de Rolling Stone (Chile), mencionaCinco, de Hasbún, y dice, tajante: “me cuesta pensar en otro autor latinoamericano de su edad que escriba cuentos con tanta fuerza como él”. Hay varios autores que todavía no son muy conocidos fuera de Bolivia, entre ellos Wilmer Urrelo (1975), Juan Pablo Piñeiro (1979) y Sebastián Antezana (1982).
Los bolivianos hemos estado tan obsesionados con nuestro enclaustramiento territorial que éste se ha convertido en un aislamiento emocional. La infraestructura, precaria, no ha ayudado: a nuestras mejores creaciones artísticas les ha costado salir, hacerse conocidas, influir en otras culturas. Algo está cambiando con la nueva narrativa boliviana: por lo pronto, no sólo está en sintonía con lo que ocurre en otras partes (búsquedas “fragmentarias, íntimas, contenidas”, como dice Zúñiga), sino que incluso está ofreciendo libros mucho más interesantes que los de otras literaturas supuestamente mayores.
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¿El eclipse Bolaño?

Eclipse
En la nota sobre los convocados en idioma español de la revista Granta, Javier Calvo dice algo que me llama la atención sobre el éxito de Roberto Bolaño y su supuesto eclipse sobre su generación contemporánea. Polémico y cuestionable, vale la pena discutirlo:
Yo he tenido ocasión de contemplar en Estados Unidos el alcance casi inimaginable de la Bolaño-manía, sobre todo a partir de la publicación de Los detectives salvajes en FSG. No solamente ha colocado a Bolaño en el trono de Gran Escritor Latinoamericano de Nuestro Tiempo (yo siempre digo que los americanos solamente tienen espacio mental para un único escritor de cada categoría), sino que lo elevó en cuestión de meses a la talla de Borges o García Márquez. A nivel de público, ahora mismo Bolaño me parece un fenómeno bastante más grande en el mundo anglosajón que en el español. Hasta tal punto es así que ha reconfigurado completamente el mapa de la narrativa latinoamericana contemporánea. El efecto más concreto ha sido el de alterar el mapa de las generaciones literarias. Bolaño era un desclasado también en el sentido generacional, ya que nunca se lo asoció a ninguna. Sin embargo, pese a ser mayor que ellos, su obra surgió al mismo tiempo que la de las generaciones de McOndo y el Crack, a las que ha terminado eclipsando por completo. Su éxito póstumo ha sido en definitiva un certificado de defunción en América para autores como Jorge Franco, Fresán, Fuguet o Paz Soldán, ya que ha eclipsado a todo lo demás. A quien ha beneficiado, paradójicamente, es a la generación siguiente, la de los Vásquez, Roncagliolo y compañía, ya que les ha abierto mercado. Los autores que ahora están entre los 30 y los 40 son contemplados por el mercado anglosajón como “potenciales nuevos Bolaños por descubrir”, y es aquí donde, por supuesto, entra el número especial de Granta.
Me pregunto qué tan cierto es eso. Y solo ateniéndome a los nombres que menciona Calvo. Creo que la obra de Jorge Franco y la de Alberto Fuguet, por ejemplo, nunca encajó bien en España, y eso es algo que no tiene que ver con Bolaño. Quizá a Franco lo veían como demasiado regionalista y a Fuguet, al contrario, demasiado “agringado” (sin sospechar que el AfterPop de Nocilla, la generación de Calvo, iría más lejos que eso). En cuanto a Rodrigo Fresán, su influencia en España es notable. Edmundo Paz Soldán sí tuvo un momento de incertidumbre, pero luego de Los Vivos y los Muertos parece haber encontrado una propuesta atractiva para obtener la vigencia que siempre le fue esquiva en España. Ninguno de ellos, por supuesto, podrá desplazar a Roberto Bolaño, quien está surfeando en la cresta de la ola, pero creo que las olas suben y bajan y luego se pondrán las cosas en su sitio. Y ese sitio, para mí, sigue siendo la desaparición de las entidades “latinoamericanas”, las que representa Bolaño, y la atención a los valores individuales, en relación por supuesto con temas de su generación resaltando las igualdades y las diferencias, pero no leídas como un “paquete postboom” o un proyecto común.
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LOS VIVOS Y LOS MUERTOS de Edmundo Paz Soldán
RESEÑAS SIN PLUMAS
por Luis Hernán Castañeda
FANTASMAS DE INVIERNO
Una vez un amigo escritor y lector fanático de John Fante me dijo que el futuro del arte y la literatura de Estados Unidos estaba asegurado por la gran reserva de desamparo y locura que prometen y cumplen las enormes distancias del territorio del país. Hace pocas semanas, en la presentación de “Los vivos y los muertos” en la Feria del Libro de Lima, Edmundo Paz Soldán afirmó que su más reciente novela ofrece el “otro lado” del clásico mito literario norteamericano, el mito del drifter, quizá en ningún otro libro más nítido que en “On the road” de Jack Kerouac. En la versión más ligera y luminosa de ese mito, nos vemos liberados en medio de un país inmenso, propicio a la imaginación salvaje, surcado por carreteras infinitas por las que transitan esos ángeles oscuros y ardientes de la poesía hacia y entre ciudades alucinantes –los esperan noches urbanas de jazz y libertad, sexo y epifanías–; un país de apertura y fluidez que halla su reverso en el mundo pequeño y provinciano, cerrado y conservador, opresivo, ultra-religioso y republicano, de la minúscula ciudad de Madison, en upstate New York, escenario inventado donde transcurre esta historia de adolescentes muertos, y de muertos en vida que sólo sueñan con salir, moverse, largarse de ese mundo blanco y protestante: con abandonar el estatismo de death row de su vida cotidiana.
En Madison, New York, la nieve cae sin cesar durante seis meses y el sol se oculta para no asomarse hasta la primavera. En esta burbuja invernal de vientos helados y calles vacías, se desata una cadena de muertes que parecen encajar en una larga estación mental: el invierno de la muerte y la melancolía se prolonga, el tiempo se estanca.¿Quiénes son los que van a morir? En primer lugar, cae Tim, deseado jugador del equipo de fútbol, en un accidente mientras conduce su auto para ver a Amanda, su novia escritora y protagonista, en mi opinión, de la novela; lo sigue Jem, su hermano gemelo, quien, vencido por la ausencia del otro, se suicida provocando un choque en el sitio exacto donde falleció Tim; poco tiempo después vienen las muertes de Hannah y Yandira, la primera una porrista muy popular y, la segunda, amiga suya e hija de inmigrantes latinos, ambas violadas y brutalmente asesinadas por el señor Webb, vecino de Hannah, ex-militar desempleado y padre de familia, que se quita la vida estando en la cárcel; tras los cuatro primeros adolescentes y su verdugo suburbano, surge la historia del Enterrador, un chico dark, poeta y cantautor y el mejor amigo de la fallecida Yandira, que, tras ser abandonado por su novia Christine, se venga de ella asesinándola junto a su padre en su propia casa, para luego suicidarse; por último, Rhonda, amiga muy cercana de Hannah y Yandira, que tuvo la buena suerte de no estar con ellas la noche del ataque del señor Webb, fallece una noche al regresar de una fiesta, acompañada por un número no especificado de amigos, en el accidente automovilístico que cierra el ciclo fatal de Madison.
En total hablamos de, por lo menos, nueve muertes de adolescentes y adultos, causadas por accidentes, asesinatos y suicidios. La cantidad, la concentración temporal y espacial, impresionan, parecen sugerir que “hay algo detrás de todo esto”: justamente, este espejismo será el que la novela se encargará de disipar. En algunos casos, las muertes están directamente relacionadas: una conduce a la otra, como sucede con los gemelos Tim y Jem, calco uno del otro hasta en la forma de morir. También es posible que se dé una vinculación indirecta, más tenue y apenas esbozada, como la que existe entre la muerte de Yandira y la de Christine, la primera obra del pervertido Webb y la segunda del Enterrador, muchacho solitario y desgarrado por el dolor que, después de perder a Yandira, siente que no tiene a nadie en el mundo, salvo a su novia Christine: hasta que también ella lo abandona, y todo se viene abajo. Sin embargo, no todas las muertes pertenecen a la misma red de causas y efectos, de afectos y soledades. Podría decirse que existen al menos cuatro núcleos fatídicos, un cuarteto de nudos de relaciones interpersonales de los que nacen bloques de muertes hermanas que articulan, en la memoria colectiva de Madison, a ciertos sujetos unidos por la desgracia: Tim y Jem integran el primer núcleo; Webb, Hannah y Yandira son los cadáveres del segundo nudo; la tercera red enlaza al Enterrador, a Christine y a su padre; en cuarto lugar, se encuentran Rhonda y los que viajan con ella en el auto. Por cierto, hay líneas que cruzan de un núcleo a otro, pero no son de carácter causal, sino tal vez analógico, lírico: las muertes invitan a realizar lecturas grupales, a imaginar tragedias pueblerinas; no obstante, la novela se encarga de defraudar estas posibilidades de significado, que serían limitantes.
Porque hablar de “la tragedia de Madison” implicaría ya empezar a interpretar, quizás a aceptar y superar, a simplificar y asimilar los hechos. Es interesante ver que la cadena de muertes –dato clave– empieza y termina con accidentes de tránsito: el azar tiñe los eventos, los inaugura y los cierra. Algunas de las muertes que ocurren entre la primera y la última sí responden a ciertas causas determinadas, incluso a acciones humanas deliberadas, como el suicidio de Jem; pero no todas ellas son “claras”, como los asesinatos del señor Webb, un ser oscuro, habitado por pulsiones que mal haríamos en etiquetar como patológicas, pues su dinámica no se circunscribe a la órbita del típico sex offender cinematográfico: lejos de ser un marginal y un excéntrico, Webb parece hallarse en el centro de la comunidad, como una pesadilla en mitad del día, y sugerir desde allí cuáles son las leyes secretas que la rigen.
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McOndo + Nocilla

Mesa redonda entre Paz Soldán y Fernández Mallo
Una mesa redonda en el Festival Eñe de Montevideo unió a Edmundo Paz Sodán, quien participó en la antología McOndo, y Agustín Fernández Mallo, cuya novela dio origen al nombre “Nocilla” con que se conoce a una generación de escritores españoles. Aunque los distancia más de 10 años de diferencia, hay varias cosas en común entre los dos grupos: los referentes pop en un lugar central del relato, la influencia de la cultura norteamericana, el rechazo a los temas de la generación anterior (el realismo mágico o el tema de la guerra civil española).
Braulio García, del diario Público, comenta la mesa redonda entre los dos autores:
Mutante o nocillero, Fernández Mallo “Nocilla no me gusta porque particulariza ese movimiento en torno a mis libros” sí que se identifica en cambio con ese “grupo de escritores que en España estamos haciendo algo que antes no se venía haciendo”. ¿Y qué es lo que hacen Jorge Carrión, Eloy Fernández Porta o el propio Mallo? “Una lectura transversal de lo que tenemos alrededor: tú lees un spot publicitario y lo pones al mismo nivel que una cita de la más alta cultura que te puedas imaginar, y todo eso dialogando sin jerarquías dentro de tu obra. Por supuesto, a eso ha ayudado mucho internet: porque internet obliga a empezar a pensar así. Las jerarquías, aunque existan, parece que no existen”. Eso y una narración a menudo fragmentada.
diferencia de Nocilla, en McOndo había sobre todo un enemigo, más que una estética común. “Yo creo que había como mucho un aire de familia, sobre todo la identificación con los nuevos medios en la vida cotidiana: que para algunos era el cómic, para otros la televisión o la computadora, aunque creo que Nocilla ha hecho mucho más con el imaginario de internet, o de Google, ¿no?”, preguntó Paz Soldán.
Es entonces Nocilla una actualización de ese imaginario? Fernández Mallo: “Si es una actualización y de qué, yo ahí ya no me meto. Lo que sí puedo decirte que si Edmundo dice que hemos llegado más lejos, no es que hayamos llegado más lejos, es que han pasado 15 años. Entonces, por necesidad cada uno narra con su presente. Ellos no podían narrar con Google porque no existía Google. Si hubiera existido, habrían hablado de ello”, explica el autor de Postpoesía. Hacia un nuevo paradigma, finalista del Premio Anagrama de ensayo.
Debo decir que Braulio fue quien introdujo, dentro del encuentro, la inquietud sobre el libro electrónico que ya comenté antes. Y aunque en la mesa redonda no se les preguntó por eso, sí lo hizo él en una entrevista con los autores. Aquí las respuestas:
“Bueno, tal y como está ahora, que es un volcado de pdf, no me va afectar en nada”, avanza Mallo, aunque añade: “Para mí, como creador y como lector me resultará muy interesante cuando esté plenamente desarrollado el poder introducir imágenes, vídeos, música, y que yo sea también el que haga toda esa orquesta”.
Emundo Paz Soldán: “Para mí estas tensiones que surgen cada tanto son muy antiguas. Pensemos, por ejemplo, en Kafka. Un escritor iba a publicar La metamorfosis, se niega a que su editor incluyera una ilustración del insecto, para él era algo que había que dejar a la imaginación del lector. Esas tensiones viven momentos de intensificación, como puede ser ahora. Pero igual que habrá escritores que se abran a las posibilidades del libro electrónico, que en una novela como El Código da Vinci, por poner un ejemplo de super bestsellers, y con un simple click tengas a la Mona Lisa, o a la historia de los masones; pero habrá otros también que se cierren, y que busquen mantener su escritura en lo estrictamente literario. Y ninguno de los dos caminos me parece que tenga que ser el camino correcto”.
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Fernández Mallo quiere hacer un remake de Borges.

Agustín Fernández Mallo
El escritor español Agustín Fernández Mallo es uno de los invitados al Festival Eñe en Montevideo. Aquí dará un taller e impartirá una charla esta tarde, junto con Edmundo Paz Soldán, sobre McOndo y la Generación Nocilla. Una entrevista en EFE nos adelanta algo de lo que dirá en la charla (la importancia de la fragmentación para la literatura de los Nocilla, por ejemplo) pero, sobre todo, anuncia un proyecto literario ambicioso, casi suicida: hacer un remake de “El hacedor” de Jorge Luis Borges.
Al respecto dice la nota:
Tras alcanzar el éxito con su “Proyecto Nocilla”, el escritor coruñés Agustín Fernández-Mallo ya prepara una nueva transgresión literaria: nada más y nada menos que una nueva versión de la novela “El hacedor”, de Jorge Luis Borges, sobre la que no tiene dudas de que muchos se le “echarán encima”. "En el arte contemporáneo se hacen ‘remakes’ (nuevas versiones) de todo y sin ningún reparo, pero por alguna razón en la literatura parece algo casi prohibido".
Por otra parte, Fernández Mallo anuncia dos influencias no literarias en su obra: las series de TV y las ciencias puras.
Es seguidor de exitosas teleseries como “Lost” y “House”, y no tiene ningún reparo en confesar lo mucho que le divierten las tertulias de prensa rosa. "Los programas del corazón (de chismes o prensa rosa) me parecen muy interesantes. Ves cómo la gente se construye una personalidad, se la derriban, la vuelve a construir, o cómo se meten con esa persona y cómo se defiende. Es un circo muy divertido", señaló el escritor.
Por si fuera poco, otra de sus grandes musas es la física, ciencia en la que se licenció y a la que aún se dedica profesionalmente en un hospital gallego, donde trabaja en el tratamiento del cáncer con radioterapia.
“En la física hay una poética y una sensibilidad estética muy clara. Hay un punto muy emocionante en el que el lenguaje que se usa en las ciencias se convierte en metáfora”, aseguró el poeta.
Aunque parezca complicado, a Fernández-Mallo le resulta muy fácil fusionar todas esas influencias y llevarlas al papel, ya que, según dice, él se limita a escribir lo que tiene en la cabeza.