Blog de noticias literarias. Dirigido por Iván Thays.

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  1. Los invitados al FILBA 2013

    Tobias Wolff, Delphine de Vigan, Carsten Jensen, Simon Reynolds, Adam Thirlwell, Pilar Quintana, Alberto Fuguet… esos son algunos de los invitados al FILBA 2013, que se llevará a cabo en Santiago de Chile y Buenos Aires.

    La lista completa, con fotos, en este enlace. 

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  1. Se viene el FILBA

    Mientras en el Perú se discute si los escritores deben o no participar de la Feria Internacional del Libro, debido a los múltiples problemas surgidos con la actual directiva de la Cámara Peruana del Libro, en Argentina nació el FILBA como un Festival Literario para lectores y escritores que ha ido creciendo tanto que ahora, por primera vez, se hará simultáneamente en Santiago de Chile y Buenos Aires, tendrá a Colombia como País Invitado de Honor y además la presencia de una lista de autores de primer orden. Una actividad hecha por una Fundación no agremiada, con aporte de capital privado, cuyo único interés -a diferencia de una Feria de Libro- es la lectura y la escritura. ¡Bravo!

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    La muerte de la novela

    En el último ensayo de Luis Goytisolo la noticia, tantas veces anunciada, de la muerte de la novela vuelve a surgir. Y Winston Manrique Sabogal, en El País, entrevista a una veintena de escritores para ver qué opinan. ¿Los muertos que vois mataste gozan de buena salud?

    Aquí algunas respuestas:

     Guadalupe Nettel (México): “Mi generación ha visto tantos fines de tantas cosas que ya no creemos en el final de nada. El mundo va cambiando y la novela se va adaptando. Otra cosa es que haya tipos de novela que se escriban menos pero surgen otras formas y no por ello dejan de ser novelas”.

    Oliverio Coelho (Argentina): “La novela conserva su esencia y cualquier pensamiento apocalíptico al respecto es coyuntural. El cambio de paradigma tecnológico puede modificar el modo de leer, pero es prematuro pensar que pueda cambiar, ahora, el modo de escribir novelas. Es más probable que cierta vuelta a la narración más ambiciosa operada en series como Mad men, Breaking bad o, Six feet under intervenga en el imaginario de los escritores e incida en el futuro de la novela, no extinguiendo la novela, sino dándole un nuevo horizonte narrativo que la devuelve a su origen totalizador: género capaz de hilar, bajo el espesor de una voz, vidas, familias, sociedades, procesos históricos, distopías”.

    Juan David Correa (Colombia): “La novela nunca ha sido un género estático. Su definición está precisamente en su heterodoxia y diversidad de enfoques. Que ahora quepan cosas del mundo virtual no quiere decir que estemos ante el abismo, sino todo lo contrario”.

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  1. Más secretos latinoamericanos

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    Pilar Quintana, entre las 16 de Babelia

    Hay tantos narradores latinoamericanos que las listas se suceden una tras otra, y aunque algunos nombres se repiten otros se estrenan por primera vez para muchos, sobre todo porque es muy difícil salir de las fronteras de los países y las ediciones nacionales. Como preparación para la FIL Guadalajara, Winston Manrique publicó en “Babelia” una lista de 16 nombres (que no coinciden necesariamente con los 25 nombres de la FIL Guadalajara) de autores poco conocidos en España pero que vale la pena tener en cuenta a futuro. Les pidió, además, que escriban unas líneas sobre su experiencia literaria a manera de “retratos autobiográficos”

    Aquí algunos de los nombres y sus textos:

    Pablo Casacuberta

    Uruguay (Montevideo, 1969)

    Fui criado bajo la premisa de que el conocimiento es fragmentario, elusivo, parcial, pero también posible. Mis padres, ambos científicos, me acostumbraron a considerarme un ser vivo rodeado de muchos otros seres vivos, cada uno siendo lo que es en virtud de unos procesos materiales. Se me enseñó a observar el mundo y a prestarle atención a lo que cada pequeño hecho físico nos dice al oído. Hay una historia que narramos mediante el simple acto de mirar lo que vemos, de elegirle un orden y de ponerle nombre. Pero no se construye verdadero sentido sin darle a esa búsqueda una dimensión amorosa. Del mismo modo que amar a una persona supone desear profundamente conocerla, amar el hecho de estar vivo implica intentar comprender por qué.

    Fabián Casas

    Argentina (Buenos Aires, 1965)

    Soy más lector que escritor, me gusta leer esos textos que crecen al tuntún, como las matas de pasto en los intersticios de las paredes viejas. Durante treinta años escribí sin que nadie reparara en mí, eso fue salvador, me permitió estudiar los grandes poemas, releer mis propios versos. Ahora escribo poco, sólo cuando escucho la musiquita en el oído. Los demás días practico karate, una disciplina que te permite mantener el equilibrio. Para mí la literatura es algo colectivo, no individual. Me inspira tanto Bob Dylan o Joan Manuel Serrat como la genial Holanda de Rinus Michel y Johan Cruyff.

    Ena Lucía Portela

    Cuba (La Habana, 1972)

    Los datos acerca de mis libros, premios, traducciones, etcétera, se encuentran dispersos en Internet. Pero lo más interesante, para mí, no es lo publicado, si no el work in progress: La última pasajera, novela en la que he invertido varios años -y sigo-, escribiendo en circunstancias particularmente difíciles acá en Cuba. Me motiva lo oscuro de nuestra condición humana pero también lo ridículo. Quiero estremecer, pero también divertir. Me importa muchísimo, como escritora y como ciudadana, el desvalimiento del individuo bajo un régimen totalitario donde la libre expresión está criminalizada. Soy una criminal. Encima, leo con avidez a otros que antaño fueron criminales allá en Europa del Este. Y en noches angustiosas invoco al fantasma de Bulgakov y a sus diablejos.

    Pilar Quintana

    Colombia (Cali, 1972)

    Lo primero que hice, cuando aprendí a juntar sílabas, fue escribir un poema. Era malísimo. Un payaso con la cara pintada de risa que lloraba por dentro. Lo impresionante es que 30 años después sigo escribiendo de lo mismo. Las máscaras que nos ponemos. La Flaca de Coleccionistas de polvos raros se pone tetas y un nombre nuevo para no parecer de abajo. Mis personajes son simuladores. Se niegan a ser lo que les tocó en la vida y escapan. La de Coquillas en la lengua renuncia a todo lo conocido para irse. Lucía, en Conspiración iguana, encuentra más realidad en el mundo de sus sueños. Tal vez, en el fondo, todas sean esa niña que descubrió, tan pronto, para qué servían las palabras.

    Giovanna Rivero

    Bolivia (Santa Cruz, 1972)

    Mi historia comienza en 1970, con una canción de Spinetta. O quizás antes, el punto de partida siempre puede cambiar. Lo cierto es que en 1970 se conocen mis padres y ella abandona Filosofía y Letras y él la idea de vengar la muerte del Che. Y ese estigma, el de los proyectos juveniles renunciados, se me transfiere genéticamente en 1972 y mi cerebro no encuentra mejor manera de lidiar con el síntoma que hacer y comer literatura. En el principio fueron las historietas, D'Artagnan, Magnum 47, con sus detectives grandullones y cínicos. Marqué a fuego mi pubertad con los pockets prohibidos de mi abuelo: El último tango en París, Justine, la revista esotérica Duda. Hoy, completamente jugada, creo en la promiscuidad y la contaminación literarias.

    Jacinta Escudos

    El Salvador (San Salvador, 1961)

    ME GUSTAN las historias que pegan duro, que le muerden a uno el alma sin ser necesariamente violentas, historias que saben jugar con el lenguaje, las estructuras y la imaginación, que rompen las convenciones, que nos dicen algo de la realidad más íntima de las personas, esa realidad de la cual no hablamos porque no son noticia para nadie. Me gusta también la exploración de lo onírico, de lo misterioso, de la fantasía absoluta como un recurso para comprender esta dimensión de la realidad. Como escritora busco en la literatura comprender un poco la realidad, ponerla en orden, asimilarla de la mejor manera posible. Busco provocar algo de reflexión, crear sensaciones y emociones y, finalmente, contar una buena historia.

    Yuri Herrera

    México (Actopan, 1970)

    ME GUSTA Dashiell Hammett porque, como Flaubert pero sin miedo a ensuciarse, encuentra siempre la palabra exacta. Me gusta Boris Vian, que hace lo que se le pega la gana pero nunca deja al lector fuera del libro (experimenta, mas no enfundado en bata blanca). Me gusta Mercé Rodoreda porque sabe hablar de amor sin pena, y de dolor sin lástima. Me gustan los escritores medievales porque inventaban el piso sobre el que caminamos aunque no lo sabían: también inventaron abismos. Me gusta la poderosa lucidez de los Contemporáneos, me gustan Daniel Sada y Jesús Gardea por su capacidad para sacarle brillo a la lengua con instrumentos romos. Llevo más de diez años mudándome, pero siempre regreso a mi país, a mi lengua y a mis libros.

    Andrea Jeftanovic

    Chile (Santiago de Chile)

    VENGO DE UN PAÍS que ya no existe. Leer o escribir para saber si soy de aquí o de allá. Leer para ir en la dirección opuesta. Escribo leyendo en diagonal las noticias del periódico. Escribir para que en un punto mínimo mi biografía se cruce con la historia.

    Atreverse a ser otro enunciado. La literatura es un trabajo de orfebrería donde las costuras siempre quedan a la vista. Leer es recorrer un hilo, escribir es devanarlo. En la memoria las cosas ocurren por segunda vez. En la lectura por tercera. Escribo ensayando una sintaxis emocional. Encumbro imágenes como cometas. El mundo tiene algo de campo minado. El lenguaje puede ser una violencia sensual. Pienso mis libros como artefactos explosivos. Me guardo las esquirlas en el bolsillo.

    Sylvia Sellers-García

    Estados Unidos (Boston, 1975)

    CUANDO ESTOY en Guatemala todosmeidentifican como gringa; cuando estoy en EE UU mevuelvo híbrida. Ser mitad gringa (por parte de padre) y mitad guatemalteca (por parte de madre) me recuerda continuamente lo que significa ser del margen y del centro: la satisfacción de ser tan visible; el pavoneo disminuido de ser siempre —pero invisiblemente— de la periferia. Intento escribir respetando la complejidad política de esta dualidad, y me inspiro en escrituras en inglés y de autores en cierta forma desplazados: Ishiguro inventando Japón; Sebald recordando Alemania. He llegado no sólo a aceptar la dualidad, sino a buscarla: soy mitad escritora de ficción, mitad historiadora. Ver cada mitad por fuera es una primera comprensión.

    Carlos Yushimito

    Perú (Lima, 1977)

    CUANDO ESCRIBO, a mí megusta levantarle la tela a las cosas, como si le abriera un párpado al que duerme. Pero la gente que no me conoce más que por mis libros dice que soy demasiado viejo o que les cuesta leerme.

    Hace diez años que aparento 24 y en la vida real las personas pasan por mi izquierda y siempre encuentro formas de arrugarles el malhumor. Una vez metí un libro mío en un sobre y lo mandé por vía postal. Desde entonces hablo demasiado en público. De otro modo yo sería solo el lector de Felisberto, Faulkner y Vallejo, de David Lynch; y no escribiría más que para no estar solo, y publicaría endeudando a mis amigos. Ahora tengo dos libros que siguen creciendo lentos y me da un poco de pena verlos: es como si advirtiera a un par de caracoles que se arrastran con optimismo en una autopista.

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  1. Reseñan a Mairal y Quintana

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    Pilar Quintana reseñada en España

    Dos amigos del Bogotá 39, el argentino Pedro Mairal y la colombiana Pilar Quintana, han sido reseñados elogiosamente en el suplemento Babelia de El País. Ambos libros han aparecido reeditados en la editorial española El Aleph. Comparto con uds. las dos reseñas.

    Sobre Coleccionistas de polvos raros dice Fernando Castañedo:

    Tal vez la anécdota con la que arranca esta primera novela de Pilar Quintana lleve a algunos a pensar en Sin tetas no hay paraíso, el best seller de Gustavo Bolívar que ha triunfado también como serie de televisión. Sin embargo, dejando a un lado la anécdota común de la muchacha que se implanta prótesis de silicona para convertirse en la querida de un capo, y que los dos libros documentan la intrahistoria de una sociedad regida por el narcotráfico, las diferencias saltan a la vista. Ambientada en Cali, la novela de Quintana narra el encuentro de dos jóvenes: la Flaca Estrellita, hija natural de una modista a quien un mafioso de segundo orden pone pechos y un piso, y el Mono Estrada, un tipo feo de familia bien. Sin embargo, lo que en un primer momento parece un coito esporádico reaviva antiguas pasiones en ambos y empuja al narrador a hacer inventario de sus vidas. Por ello la historia va más allá del encuentro entre dos coleccionistas de polvos raros, como los describe el título, y más allá del ascenso de una trepadora social. También trasciende la rivalidad entre el Mono y su amigo Aurelio, el seductor que le usurpa todas las mujeres, incluida Estrellita. La novela va más allá porque socialmente refleja el encuentro de dos ciudades, la de arriba y la de abajo, la rica y la pobre, con sus urbanismos y sus áreas de intersección geográfica y humana. Y sobre todo porque refleja la necesidad moral de dignificarse o de justificarse por el amor que, como decían los antiguos, todo lo vence. En una ciudad donde los cheques procedentes del narcotráfico pasan de mano en mano sin encontrar quien los blanquee, el sexo en cualquiera de sus formas parece lavado con Ariel. Formalmente, la novela se articula en breves secuencias que despliegan un repertorio de recursos impresionante, desde los juegos con los tiempos verbales hasta los cambios de una tercera persona omnisciente al monólogo interior, y desde algunos vertiginosos saltos temporales hasta esa forma modesta y contundente de resolver las intrigas. La trama principal, sin embargo, queda en suspenso, como si se hubiese quedado pequeña para una prosa de un virtuosismo tan fuera de lo común, o como si fuese irrelevante frente a los problemas de una sociedad que busca renunciar al dinero fácil y a una opulencia de cartón piedra, y no sabe cómo hacerlo.

    Mientras tanto, Ernesto Ayala Dip comenta Salvatierra de Pedro Mairal.

    En menos de dos meses leo otra novela del escritor argentino Pedro Mairal. Fue primero El año del desierto, y es ahora Salvatierra. Una novela breve si la comparamos con la primera, pero en la misma estela de sorprendente simbiosis entre materia y forma. Si en El año del desierto primaba el aliento audazmente imaginativo, o una cronometrada libertad a la hora de apurar el realismo para que dejara de ser el realismo de todos los días, en Salvatierra se despliega un relato aparentemente realista desde el principio, con tintes incluso naturalistas, pero desde el fondo del cual emana una historia fantástica. Salvatierra es un pintor casi secreto que al morir dejó a sus hijos una herencia hermética. Cuatro kilómetros de rollos donde el pintor (mudo desde los nueve años debido a un accidente) plasmó cada minuto de su vida. Miguel, el hijo menor (su hermano mayor, Luis, se suma luego a la aventura), es el principal encargado de llevar a cabo algunas gestiones alrededor de la insólita obra: rescatarla del almacén donde estaba escondida o abandonada y tramitar su traslado a un museo holandés, tras intentar rescatarla de la tutela patrimonial del municipio de una ciudad del Litoral. Miguel y su hermano se trasladan de Buenos Aires al Litoral. Y aquí comienza el trabajo de estudio de la obra, un estudio íntimo mediante el cual cada escena de los rollos es entendida con diferente espíritu según se trate de un contenido u otro. Miguel se ve en uno de los rollos cuando era pequeño, circunstancia que le depara una pequeña sorpresa emocional, toda vez que no esperaba tal atención de parte de su padre. Miguel y Luis otro día descubren a una mujer que no es su madre, como si se tratara de una mujer furtiva, una presencia hiriente en la memoria de la progenitora. Todas son escenas vívidas. Y a la vez reveladoras de un hombre distinto al que conocían. O desconocían. Mairal crea un espacio narrativo distinto al que exigía su historia. El espacio literario que no espera el lector. Los rollos pictóricos, llenos de incógnitas, son las páginas que se leen. Son la historia familiar de Salvatierra y su historia secreta. Mairal hace de pronto que su escritura desaparezca de nuestro foco de atención. Solo nos importa la obra indescifrable de Salvatierra. La otra escritura y la otra materia de su novela. Pedro Mairal es mi descubrimiento personal de este año editorial. Solo me sirve a mí. Pero si el lector quiere compartirlo, bienvenido sea.

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